Brihuega guarda un secreto diminuto: el Museo Mundial de Miniaturas del Profesor Max
En el pueblo mágico de Brihuega, en Guadalajara, se encuentra uno de los museos más singulares de Castilla-La Mancha. ¿Quieres saber cómo es?
Se trata del Museo Mundial de Miniaturas del Profesor Max, dentro del antiguo Convento de San José, y su colección incluye escenas pintadas sobre granos de arroz y alfileres, casitas de muñecas de tamaño muy reducido ¡e incluso pulgas vestidas!
El museo nació a partir del trabajo de Juan Elegido Millán, «el Profesor Max», una persona tan polifacética como poco habitual, que dedicó años a recopilar miniaturas en sus viajes por el mundo.
Hoy, su familia mantiene su legado en este espacio convertido en una de las visitas más curiosas de la villa. Así que si buscas en Brihuega algo más que toros y campos lavanda, este museo es un descubrimiento inesperado. ¡Te lo digo yo!



Orígenes: ¿quién fue el Profesor Max?
Me parece importante empezar hablando de Juan Elegido Millán, «el Profesor Max», porque así vas a entender mucho mejor por qué este museo es tan curioso.
Nacido en Brihuega en 1914, desde joven se sintió atraído por el espectáculo y el ilusionismo, área en la que destacaría tras la Guerra Civil.
Su primer debut fue en Guijuelo, y aunque fracasó, pronto alcanzó el éxito en Béjar, Navalmoral de la Mata, Sevilla y finalmente en el Teatro de la Zarzuela de Madrid.
¡Y se convirtió en el primer hipnotizador por teléfono!
Actuó también para la alta sociedad y la realeza y participó en los primeros programas de Televisión Española y numerosos espacios de radio. Un hombre curioso, ¿verdad?
Pero, entonces, ¿de dónde salió esta obsesión por lo diminuto? La explicación es más sencilla de lo que parece. Durante años, mientras viajaba por medio mundo con apenas una maleta, Juan empezó a reunir pequeños recuerdos que pudieran acompañarlo sin ocupar espacio.
¡Con el tiempo llegó a acumular más de 35.000 piezas!



Cuando regresó a España, un buen amigo suyo, José Meliá (sí, el fundador de la cadena hotelera Meliá), le insistió un montón para que mostrara su colección al público.
Fue entonces cuando, en 1972, eligió Mijas (Málaga) para instalar un pequeño carromato («Carromato del Profesor Max», aún abierto hoy bajo el nombre de «Carromato de Mijas») lleno de miniaturas.
Lo curioso es que la elección de esta localidad no fue una casualidad: Mijas y Brihuega comparten patrona, la Virgen de la Peña.
Tras una muerte bastante trágica — un accidente de coche — el 20 de diciembre en 1975, la colección pasó a manos de su hermana Rosa María y su cuñado, quienes continuaron con la tarea.
En 1977 fundaron un segundo museo, el “Mundo de Max”, en Guadalest (Alicante), ampliando la colección y manteniendo vivo el espíritu de su hermano.
Y más adelante, cuando murió María Rosa, su hijo Javier (majísimo, tengo que decirlo) decidió cumplir lo que la familia siempre había querido: que el gran legado del Profesor Max volviera a su pueblo natal.
Después de siete años de obras para adaptar el antiguo Convento de San José, el museo abrió sus puertas hace más de una década.
Hoy solo se muestran unas 3.000 piezas — una muy pequeña parte del total, ya que cuenta con unas 65.000 –, pero entre ellas hay auténticas joyas: cuatro miniaturas con récord Guinness y la litografía más pequeña del mundo.
Y sí, Juan descansa aquí mismo, en Brihuega. Su tumba está en el cementerio del castillo, a escasos metros del museo. Si vas con tiempo, búscala: ayuda a cerrar el círculo de una historia realmente única.
Colección: ¡lo que puedes ver!
Entrar en el Museo Mundial de Miniaturas del Profesor Max es una experiencia curiosa incluso antes de mirar una sola vitrina.
En la entrada te recibe una figura a tamaño real del propio «Max», como si él mismo te invitara a entrar.
Eso sí, déjame avisarte: el recorrido no es muy largo, pero sí es de esos que te obligan a avanzar despacio. Muchas piezas requieren lupa o microscopios para verlas y por eso casi todas las vitrinas los incluyen. ¡Para que puedas detenerte y observarlas bien a fondo!



Como ya te he dicho antes, la colección total supera las 65.000 piezas, aunque solo se exponen unas 3.000. Aun así, es más que suficiente para quedarse con la boca abierta.
Hay miniaturas de más de 30 países, escenas a escala 1/12, 1/24, 1/100 y hasta 1/144, y una variedad enorme de objetos diminutos: sombreros, armas, maletas, juegos de café, esculturas, muebles de diferentes épocas, perros en distintos materiales — incluido uno tallado en vidrio, considerado el más pequeño del mundo — y una gran colección de zapatos minúsculos que siempre sorprende.
Uno de sus puntos fuertes son las casas de muñecas, elaboradas exclusivamente para el museo por diferentes artistas internacionales. Aquí se conserva incluso la casita de muñecas más pequeña del mundo. ¡Con uno de esos cuatro récords Guinness que te he dicho!
Algunas de mis piezas favoritas son:
Esculturas hechas en chicle, jabón, tizas o en la punta de una cerilla.
Un mensaje escondido en el canto de una tarjeta de visita. ¡A ver si lo consigues leer!
Un globo terráqueo y banderas del mundo pintadas en la cabeza de un alfiler, y una plaza de toros con su paseillo en otra.
«La Última Cena» — sí, la de Leonardo da Vinci — pintada en un grano de arroz.
Las Siete Maravillas del Mundo pintadas en una lenteja
Pulgas disecadas vestidas de novios, una pequeña rareza de artesanía mexicana.
Una cabeza reducida jíbara, regalo del jefe de una tribu africano a Max que se quedó sorprendido con sus habilidades hipnóticas y que es de las más valiosas del museo.
La prótesis dental más pequeña del mundo.
Una pajarita de papel en miniatura hecha por Miguel de Unamuno. ¡Una cucada!
Y la que a mí más me gusta de todas: una edición de Alicia en el País de las Maravillas en miniatura. Está en una escena navideña al final del recorrido, ¡pero no te diré más!



El museo también conserva piezas mucho más antiguas, desde la Edad de Piedra hasta el barro fenicio, pasando por mosaicos italianos, chinos de porcelana y ajedreces de marfil del siglo XVIII.
A pesar de todo lo expuesto, la mayor parte de la colección está almacenada por falta de espacio.
Al parecer, algunas piezas extraordinarias — como un Cristo tallado en el hueso de un hombre o una reproducción de La maja desnuda de Goya pintada en el ala de una mosca — esperan todavía encontrar un lugar en el museo. ¡Es muy fuerte!
Por cierto, el paseo termina en una pequeña tiendecita, donde puedes comprar algunas miniaturas y otros detalles relacionados con el museo. Un souvenir distinto, ¿no te parece?

Información práctica
Antes de ir al Museo Mundial de Miniaturas del Profesor Max, tienes que saber un par de cosas.
Lo primero, que el museo no es grande, pero sí requiere algo de tiempo para disfrutarlo, porque las piezas son muy pequeñitas y seguro que no querrás perderte ni un solo detalle.
Además, los horarios están bastante marcados, así que es buena idea organizar la visita para no llegar y encontrarlo cerrado. ¡Aquí tienes todo lo importante para planificarte sin sorpresas!



¿Cómo llegar?
El museo se encuentra en Plaza de Manu Leguineche, 3, en pleno centro de Brihuega.
Puedes llegar caminando desde cualquier punto del casco histórico y lo encontrarás muy fácilmente. ¡Está al ladito del castillo!
Si vienes en coche, aparcar suele ser más sencillo en las calles cercanas o en las zonas de aparcamiento público del casco urbano. No tiene pérdida, ya verás.
Horarios y tarifas
El museo abre de martes a viernes de 12:30 a 14:00 y de 16:30 a 18:00. Los sábados y domingos abre de 11:30 a 14:00 y de 16:30 a 19:30, excepto los domingos, que cierra una hora antes.
La entrada general cuesta 7,50€, y los menores de 4 años entran gratis.
¿Has visto qué fácil te lo he puesto? Ya no tienes ninguna excusa para no pasarte por aquí cuando vengas a visitar Brihuega, que, por cierto, forma parte de la red de Pueblos Mágicos de España.
Si aún no has ido, cuéntame: ¿te gustaría incluirlo en tu viaje? ¡Te leo en comentarios!


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