Historia y secretos de la Colegiata de Santa Juliana, un icono de Santillana del Mar
La Colegiata de Santa Juliana no es solo el edificio más importante de Santillana del Mar, es también el origen del propio pueblo.
Su nombre, de hecho, así lo demuestra: «Santillana» deriva de «Santa Juliana».
Y esto que hoy es una villa medieval súper bien conservada, nació alrededor de este templo románico, que fue creciendo en importancia con el paso de los siglos.
Situada en pleno casco histórico, la colegiata es un ejemplo muy destacado del arte románico en el norte de España. Tiene elementos arquitectónicos y escultóricos del siglo XII que se conservan en muy buen estado, como su claustro, sus portadas y sus capiteles.
En este post, repaso un pelín su historia desde sus orígenes como monasterio y te cuento algunas curiosidades y detalles menos conocidos.
Si tienes pensado pasar por este pueblo de Cantabria, visitar la Colegiata no es algo opcional: es un lugar al que hay que entrar sí o sí. ¡Te va a encantar!



Del siglo IX hasta hoy: ¡una larga historia!
La historia de la Colegiata de Santa Juliana comienza en el siglo IX, en una época en la que las costas del norte de la Península Ibérica aún se estaban consolidando política y religiosamente tras la invasión musulmana.
En algún momento de ese siglo, un pequeño grupo de monjes trajo a este lugar las reliquias de Santa Illana (o Juliana, como se la conoce en los ambientes católicos) de Nicomedia, una mártir cristiana del siglo IV que fue ejecutada por negarse a casarse con un pagano romano.
Con la llegada de esas reliquias, se construyó una pequeña ermita para albergarlas y dar culto a la santa. Ese templo fue el origen del monasterio, que con el tiempo acabaría evolucionando hasta convertirse en la actual colegiata.
Los primeros registros documentales del monasterio aparecen en el siglo X, aunque algunos estudios apuntan a que ya estaba plenamente operativo en décadas anteriores. Desde entonces, el lugar comenzó a recibir donaciones y privilegios de nobles locales, lo que nos da una idea de la relevancia tanto espiritual como económica que tuvo en aquel momento.
En el año 1045, el monasterio recibió un impulso decisivo. El rey Fernando I de Castilla otorgó un fuero a la comunidad monástica, lo que legalmente fortalecía su autonomía y garantizaba ciertos derechos y rentas.
Este privilegio no solo benefició a la institución religiosa, sino que también atrajo población al entorno, ya que vivir bajo la protección del monasterio aseguraba mejores condiciones de vida y mayor seguridad jurídica.
¡Así nació Santillana del Mar!


En la segunda mitad del siglo XII se produce un cambio importante. El monasterio benedictino se transforma en colegiata, es decir, deja de ser una comunidad monástica tradicional para pasar a ser gestionada por un cabildo de canónigos, probablemente vinculados a la regla de San Agustín.
En ese mismo periodo se inicia la construcción del edificio románico que ha llegado, con cambios, hasta nuestros días. ¡Y ahora es uno de los principales templos religiosos de Cantabria!
Poco después, entre finales del siglo XII y principios del XIII, se construye uno de los elementos más valiosos del conjunto: el claustro. Que, por cierto, es una preciosidad, con sus más de 40 capiteles tallados con escenas bíblicas, figuras fantásticas y motivos vegetales.
A lo largo de los siglos siguientes, especialmente entre los siglos XIII y XIV, se introdujeron reformas estructurales en la iglesia, como la sustitución de los techos de madera por bóvedas de crucería, siguiendo la estética del gótico, aunque sin alterar la estructura románica de base.
Durante el siglo XVI, la colegiata vivió un periodo de cierta renovación artística. Se encargó un nuevo retablo mayor, que fue realizado entre 1520 y 1529 por encargo de Don Diego Hurtado de Mendoza, abad y señor de Santillana.
También en este siglo se realizaron reformas en la sacristía y en parte del claustro, especialmente en el ala este, que reconocerás porque tiene un aspecto algo diferente al resto, siguiendo una línea más renacentista.
¡Pero esos no fueron los únicos cambios! En los siglos XVII y XVIII se hicieron más reformas, añadiendo nuevos espacios y adaptando los ya existentes a las necesidades litúrgicas de momento.
Esto, y todo lo anterior, afectó bastante a la coherencia románica original del edificio, y de ahí toda esa mezcla de estilos y materiales que la caracteriza tanto. Cuando visites la colegiata, te vas a dar cuenta enseguida de todo esto que te estoy contando, créeme.



Pero ya sabéis cómo es esto… La colegiata también tuvo su periodo de decadencia, y al llegar el siglo XIX, su deterioro era más que evidente: ¡necesitaba una restauración urgente!
Afortunadamente, en 1889, el Estado la declaró Monumento Nacional, lo que permitió activar varios mecanismos de protección y financiación para su conservación. Poco después se iniciaron las obras de restauración, centradas especialmente en el claustro, que estaba muy dañado.
A día de hoy sigue abierta al culto, pero sobre todo es un lugar visitado por miles de personas que cada año quieren ver con sus propios ojos uno de los mejores ejemplos del románico en Cantabria. ¿Serás tú el siguiente?
Curiosidades de la colegiata
Aunque la Colegiata de Santa Juliana ya impresiona por su historia y su arquitectura, hay detalles que muchos visitantes pasan por alto. ¡Yo te voy a contar cinco!
Uno de los detalles más llamativos son los grabados caballerescos que hay en algunos sillares de la colegiata. No son obra de los canteros ni decoraciones planeadas, sino incisiones posteriores realizadas por peregrinos, caballeros o devotos entre los siglos XII y XIV. Se ven caballos con montura, esqueletos de escudos heráldicos, espadas antiguas e incluso figuras humanas en actitud de oración o súplica. Se cree que eran exvotos: ofrendas en piedra como agradecimiento por favores recibidos, supervivencia tras viajes o batallas. ¡Curiosísimo!
Otro misterio relevante es la tumba con una inscripción poética que hay cerquita de la sacristía. Durante mucho tiempo se dijo que pertenecía a una persona noble importante, pero la inscripción que hay en ella apunta a que es de un infante: «Viví feliz con mi esposa y mi padre el rey. Convertido en cenizas, espero que el tiempo pase en esta tumba. Te darás cuenta de que la abundancia de riquezas ha desaparecido en mí, por no haber podido vencer a la muerte». ¿Pero de quién se trata? ¡Nadie lo sabe!
Como te mencionaba antes, cada capitel del claustro cuenta algo distinto: escenas bíblicas, animales fantásticos, figuras humanas, alegorías del bien y del mal… Hay capiteles que representan la fidelidad, con perros; otros que aluden al pecado, con serpientes; aparece también el centauro, símbolo de las pasiones desordenadas; y animales que representan la mentira, la traición o la noche. No te pierdas ninguno, porque además se conservan muy bien.
Un detalle menos visible: el Pantocrátor sobre la portada sur guarda restos de policromía original. Aunque el color se ha perdido en gran parte con el paso del tiempo (muy normal, al estar a la intemperie), hay zonas donde aún se pueden distinguir pigmentos. Esto da idea de cómo era originalmente, mucho más vivo y colorido. Ojalá haberlo podido ver en su mejor momento, ¿verdad?
Finalmente, al pasear por el exterior fíjate en el ábside izquierdo. ¿No lo ves un poco raro? ¡Pues sí! Está ligeramente desplazado respecto a los otros por algunas de esas reformas de las que hablábamos antes. No es algo muy visible a simple vista, pero si te fijas, lo notas.
Pero llegados a este punto, quizá todavía te lo estés preguntando: ¿qué pasó exactamente con Santa Juliana? ¿Quién era ese hombre con quien querían casarla?



Un «secreto» que combina historia y leyenda
La historia de la Colegiata de Santa Juliana está marcada por un secreto que mezcla hechos reales y leyendas que han ido creciendo con el tiempo.
Todo gira en torno a las reliquias de Santa Juliana, que no solo fueron el motivo para construir el templo, sino que siguen siendo motivo de peregrinación hacia Santillana del Mar.
Juliana nació en el siglo III en Nicomedia, lo que hoy es Turquía. Pertenecía a una familia noble y lo tenía todo para poder vivir una vida cómoda, pero decidió abrazar la fe cristiana en una época en la que eso significaba arriesgarlo todo.
Cuando su familia quiso que se casara con un senador pagano, ella lo rechazó, pidiendo que él se convirtiera al cristianismo. Al no aceptar esa condición, su padre prefirió verla muerta. Así, con solo 18 años, Juliana fue torturada y decapitada, convirtiéndose en mártir.
Después de su muerte, sus restos comenzaron un largo viaje que terminó en Cantabria. Cómo llegarían hasta aquí desde tan lejos y el porqué son misterios que no tienen respuesta.
Pero, querido lector, lo que hace especial a estas reliquias no es solo su valor religioso, sino también las historias que las rodean. Muchos fieles aseguran haber vivido curaciones y recibido favores tras pasar delante de su sepulcro.
¡Y no es solo eso! Los escultores que trabajaron en el claustro dejaron un misterio grabado en piedra. Las escenas que tallaron no son simples decoraciones. Se cree que son relatos ocultos, símbolos que parecen contar la vida de Juliana, su sacrificio y la protección divina que, según se cree, ha cuidado la Colegiata a lo largo de los siglos.
¡Misterio, misterioso!



Información práctica
Ya hemos llegado al final del post y si has leído hasta aquí, seguramente estás pensando en visitar la Colegiata de Santa Juliana.
Y haces bien: si te gusta la arquitectura — y especialmente el estilo románico, como a mí –, este es uno de esos lugares que hay que visitar al menos una vez en la vida.
Para que no te pierdas nada, aquí tienes lo básico para poder planificar bien tu visita.
¿Cómo llegar?
La Colegiata se encuentra en pleno centro histórico de Santillana del Mar, en la Plaza de las Arenas.
El casco antiguo es peatonal, así que si vienes en coche, lo más práctico es dejarlo en alguno de los aparcamientos habilitados en los alrededores y recorrer a pie el pueblo hasta llegar al templo.
No te preocupes, porque no hay pérdida: basta con seguir el empedrado y dejarse llevar por las calles principales, porque todo en Santillana acaba llevándote hasta aquí.
Ah, y un pequeño consejo práctico: lleva calzado cómodo. Y si quieres disfrutar de la Colegiata con algo más de tranquilidad, evita las horas centrales del día, sobre todo en julio y agosto. Ir a primera hora de la mañana o a última hora de la tarde suele ser la mejor opción.


Horarios y tarifas
Los horarios cambian un poco según la época del año.
Durante el invierno, la Colegiata abre de 10:00 a 13:00 y de 16:00 a 18:00. En verano, el horario de tarde se alarga una hora más, hasta las 19:00.
Los lunes suele estar cerrada, así que tenlo en cuenta al organizar el viaje. Tampoco abre en fechas señaladas como Navidad, Año Nuevo y el Día de Reyes.
La entrada general cuesta 3€, y es gratuita para los menores de doce años si van acompañados.
Si puedes, dedica al menos media hora para verla bien, aunque lo ideal es que te quedes algo más. ¡Tiene muchísimos detalles!
En cuanto a las misas, el horario también depende de la temporada. En verano suelen celebrarse por la tarde, sobre las 20:00, y los domingos también hay una por la mañana. En invierno, normalmente las misas se adelantan una hora, a las 19:00. Si te interesa asistir, ¡lo mejor es consultarlo antes!
Y ahora cuéntame tú, si ya has estado, ¿qué fue lo que más te impresionó? ¿Descubriste algún detalle curioso más? Y si todavía no la has visitado, ¿a qué estás esperando?
Te leo en comentarios. Y si crees que este post le puede servir a alguien que esté planeando una escapada por Cantabria, ¡no dudes en compartirlo!
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