Cantabria

¿Y si perderse fuera el plan? Vive una aventura dentro del Laberinto de Villapresente

Puede sonar raro, pero perderse es exactamente lo que propone el Laberinto de Villapresente, en Cantabria. No hay mapas, ni pistas, ni apps que te guíen durante el trayecto.

Aquí estás solo tú (con tu pareja, tus amigos, tu familia…), tus ganas de explorar y un entramado de más de 5.600 metros cuadrados de caminos rodeados por muros verdes que te impiden ver más allá de unos pasos por delante. ¡Emocionante!

Este laberinto, inaugurado en abril 2017 en la localidad de Villapresente, en el municipio de Reocín, se convirtió rápidamente en una de las experiencias más originales de la zona.

Aunque pueda anunciarse como tal, no es el más grande de España — ese título lo ostenta ahora otro mucho más reciente, el de Humilladero en Málaga –, pero sigue siendo uno de los más extensos y, sobre todo, uno de los más visitados.

La razón es simple: es un plan divertido, diferente y apto para casi todo el mundo. ¿Te ateverías a probar la experiencia?

Un laberinto con historia (de amor)

Detrás del Laberinto de Villapresente no hay una empresa turística ni una gran inversión local. Lo que hay es la historia de un padre, Emilio Pérez, que ante la falta de oportunidades laborales, decidió apostar por una idea propia.

Hasta ese momento, Emilio se había dedicado a vender pinos para cerrar parcelas, pero con la crisis financiera de 2008, en 2010 sus ventas ya habían bajado un montón.

Al mismo tiempo, su hija no conseguía encontrar empleo, y entonces lo vio claro: si no había oportunidades, había que crearlas.

Durante años había tenido en la cabeza la idea de construir un laberinto natural. Algo diferente, que llamara la atención, pero también que pudiera sostenerse como negocio.

No nació como un capricho ni un pasatiempo, sino como un proyecto de vida, pensado para que su hija pudiera gestionarlo y trabajar de ello.

Cogió papel y lápiz, dibujó a mano el diseño del laberinto, y marcó con cal sobre la tierra las líneas donde plantar. Así, árbol a árbol — más de 4.000 — fue creando el recorrido. No usó maquinaria pesada ni planos técnicos. Solo tiempo, esfuerzo y determinación.

¡Tardó siete años en completarlo!

En 2017, el laberinto abrió por fin sus puertas. No tardó en convertirse en uno de los lugares más visitados de Cantabria. Y sí, puede que ya no sea el más grande del país, pero lo que lo hace único no es el tamaño, sino su origen.

Porque lo que hay aquí, más que una atracción, es una historia real de amor: la de un padre que quiso construir un futuro para su hija. De hecho, hoy es ella quien lo cuida y gestiona.

Si eso no es amor, ¿qué lo es?

Qué esperar: la experiencia desde dentro

Entrar en el Laberinto de Villapresente es, ante todo, un acto de soltar el control.

No hay señales, ni mapas fiables que te guíen, porque aquí no se trata de seguir instrucciones, sino de dejarse llevar. Y es que solo hay una cosa clara: hay una entrada y, frente a ti, un sinfín de senderos esperando atraparte para siempre.

Y dime, querido lector, ¿a quién no le viene bien, de vez en cuando, perderse un poco entre la curiosidad, la emoción, la adrenalina y un pequeño cosquilleo de nervios?

Porque, aunque sepas que vas a salir, no sabes cuándo, ni por dónde.

Desde fuera, el laberinto parece sencillo. Una gran estructura de cipreses perfectamente podados que alcanza los dos metros y medio de altura, plantados de forma tan densa que es imposible ver a través.

Pero una vez dentro, te das cuenta de que no hay puntos de referencia (solo vi un par de carteles en el suelo de «camino correcto»), y que cualquier intento de «vamos por aquí, porque me suena» suele acabar en un callejón sin salida.

¡Que me lo digan a mí, que estuve una hora ahí dentro dando vueltas!

La experiencia es genial, porque se anda un montón (ideal, si tienes un número mínimo de pasos que quieras dar al día), se ríe y se improvisa. Hay quien se lo toma como un reto serio, y quien simplemente da vueltas sin preocuparse demasiado.

Lo bueno es que no hay un modo correcto de hacerlo. Puedes tardar 10 minutos o más de una hora, y en realidad da igual, ya que la idea es disfrutarlo.

En el camino, no encontrarás pruebas ni trampas ni elementos decorativos llamativos. Todo el protagonismo lo tienen los árboles y los «¡nos hemos vuelto a equivocar!», «¡por aquí no es!», «¡callejón cortado!», «¡corre, que creo que he visto la salida!».

Y sí, te vas a pasar todo el tiempo escuchando las voces de otras personas igual de perdidas que tú, lo que da cierta sensación de estar acompañado aunque vayas solo.

No es muy agobiante (está al aire libre), pero sí puede ponerte a prueba si te frustras con facilidad. Lo recomendable es ir sin prisas, y si vas con niños, hacer del recorrido un juego: buscar referencias, inventar pistas, turnarse para elegir caminos.

Y si en algún momento alguien se agobia, ¡no pasa nada! Hay personal dentro pendiente de todo, y puedes pedir ayuda si lo necesitas o que te guíen hasta la salida de emergencia más cercana.

Eso sí, si te quedas hasta el final, cuando por fin das con la salida y vuelves a ver el cielo abierto, sientes una mezcla de alivio y satisfacción que no se puede comparar con casi nada. ¡Reto completado!

¿Para quién es esta experiencia?

El Laberinto de Villapresente es perfecto para cualquiera que tenga ganas de salirse un poco del guion y disfrutar de un plan diferente y al aire libre. Si estás dentro de alguno de los siguientes grupos, ¡no te lo pienses!

Pero eso sí, hay que saber a lo que se va y hay algunas cosas que hay que tener en cuenta:

  • No es un lugar muy accesible para sillas de ruedas (sobre todo las eléctricas) ni carritos de bebé grandes. Los caminos son de tierra, estrechos y algunos tienen desniveles.

  • No es apto para quien se agobia fácilmente en espacios cerrados o sin salida clara. Aunque no es claustrofóbico, hay momentos en los que puedes sentirte un poco desorientado.

  • Aunque la estructura es alta, no hay sombras constantes, así que si vas en verano te convendrá evitar las horas centrales del día.

  • No están permitidos los paraguas, así que si llueve (o tiene toda la pinta de que vaya a llover) llévate tu propio chubasquero. Si se te olvida, o te cae un chaparrón de repente, podrás comprar alguno allí mismo, no te preocupes.

Ah, y no te preocupes: no necesitas estar en forma ni tener buena orientación, solo ganas de dejarte llevar y, si te pierdes, saber reírte de ello. ¡Muy pocos requisitos!

Información práctica

Si ya has decidido visitar el Laberinto de Villapresente, lo mejor es tener claros unos cuantos detalles antes de ir.

En este apartado te cuento todo lo esencial para que organices tu visita. Así, podrás centrarte en lo que importa de verdad: ¡pasarlo bien y dejarte llevar!

¿Cómo llegar?

El laberinto se encuentra a tan solo 10 minutos en coche de Santillana del Mar y a unos 20-30 minutos de Santander. Acceder es muy fácil y hay aparcamiento gratuito.

Si lo que quieres es ir en transporte público, la estación de tren más cercana es Santa Isabel en Quijas, situada a unos 15 minutos a pie del laberinto (¡y una cuesta bastante empinada!). Puedes tomar la línea de Renfe Cercanías Santander-Cabezón de la Sal.

Los trenes pasan cada hora, con un tiempo de trayecto de aproximadamente 45 minutos desde Santander y 10 minutos desde Torrelavega.

En autobús, la línea Torrelavega-Cobreces tiene una parada cercana en Los Pisos de Cerrazo-Villapresente, a unos dos minutos a pie del laberinto. Eso sí, tienes que saber que solo hay un autobús de ida, sin servicio de vuelta.

Horarios y tarifas

El Laberinto de Villapresente abre sus puertas cada año durante la temporada que va desde mediados de abril hasta octubre, aprovechando así los meses de mejor clima en Cantabria.

Normalmente, la temporada comienza en Semana Santa y se extiende hasta mediados de octubre, por lo que si quieres disfrutar de esta experiencia, tendrás que adaptarte a estas fechas.

Durante los meses de abril, mayo y junio, así como la primera quincena de septiembre, el laberinto está abierto de miércoles a domingo, desde las 10:30 hasta las 20:00. La última entrada se permite una hora antes del cierre, para que todos tengan tiempo suficiente de disfrutar sin prisas.

En julio y agosto, la apertura es diaria, manteniendo los mismos horarios, lo que facilita que puedas visitarlo cuando mejor te venga durante tus vacaciones de verano.

En la segunda quincena de septiembre, el horario se reduce un poco. El laberinto sigue abriendo de miércoles a domingo, pero cierra media hora antes, a las 19:30, con la última entrada a las 18:30.

En cuanto a las tarifas, la entrada general para adultos — a partir de 13 años — cuesta 4€. Para los niños de entre 7 y 12 años, la experiencia cuesta 3€, y los menores de 6 años pueden entrar gratis.

Esto convierte la visita en una opción bastante económica si llevas un presupuesto ajustado. ¡Reserva tu plaza en su página web!

Es importante recordar que los menores de 13 años deben ir siempre acompañados por un adulto, para garantizar la seguridad y la mejor experiencia posible dentro del laberinto. Además, se admiten perros (¡yuhu!), lo que hace que sea un plan genial para los que no quieren dejar a su mascota en casa.

Y tú, ¿te animas a perderte en el laberinto? Cuando vayas, no olvides contarme cómo te fue: ¿lograste salir rápido o te tocó dar vueltas un buen rato?

¡Déjame tu experiencia o cualquier duda en los comentarios!

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