Los 12 tesoros de la Comillas Monumental: una ruta paso a paso por esta villa cántabra
Una preguntita: ¿estás planeando una escapada a Comillas y no sabes por dónde empezar?
Aunque todos venimos aquí buscando la sombra de Gaudí, esta villa cántabra tiene un atractivo que va mucho más allá de su famoso Capricho.
Se trata de un lugar que acogió pioneros, marqueses con mucha visión de futuro (y bien de dinero, las cosas como son) y de genios de la arquitectura.
Su declaración como Conjunto Histórico Artístico no es casualidad y la mejor forma de comprobarlo es perderte por sus calles.
Sin embargo, si eres de los míos y te gusta exprimir cada rincón, he preparado esta guía paso a paso para que conozcas todos los secretos que esconden sus ayuntamientos, sus plazas y los rincones donde la aristocracia del siglo XIX dejó su huella para que la siguieras.
Eso sí, ¡este recorrido no tiene sentido sino lo haces junto a la Ruta Comillas Modernista!
Solo así podrás marcharte de este precioso lugar con todos los imprescindibles tachados.
Y dicho esto, ¿te vienes a ver qué descubrimos hoy?



¡El mapa del tesoro en cuestión!
Para conocer la esencia de Comillas, hay que conocer su origen: una transición súper interesante entre sus raíces marineras y su consolidación como lugar de retiro para la aristocracia.
En concreto, esta ruta que vas a recorrer es el testimonio vivo de la influencia de un hombre: Antonio López y López, el primer Marqués de Comillas.
Pero lo que hace única a la «Comillas Monumental» es la convivencia de dos mundos que aquí encajan a la perfección:
- La Comillas medieval y marinera. Representada por sus «corros» — plazas –, el puerto ballenero y las iglesias de piedra.
- La Comillas de los Indianos. Esa arquitectura de los que «hicieron las Américas» y volvieron con la intención de modernizar y embellecer su tierra natal, construyendo escuelas como El Espolón y varios palacios.
A diferencia de la ruta puramente modernista — donde Gaudí es, sin ninguna duda, el protagonista –, a través de este itinerario explorarás la arquitectura civil y el trazado urbano de la villa.
Es un viaje por el siglo XIX, un siglo de progreso, de burguesía emergente y de una visión estética que buscaba la belleza en el detalle, desde el pomo de una puerta hasta la estatua más alta de la colina.

1. El Espolón
Este edificio de 1885 es el mejor sitio para empezar porque explica muy bien el cambio de Comillas.
Lo mandó construir Claudio López Bru, el segundo Marqués, para cumplir el deseo de su padre de que los hijos de los obreros y marineros tuvieran una educación técnica y primaria de calidad.
Es un edificio de estilo neoclásico, muy sólido y sin adornos innecesarios, porque su función era ser útil.
Hoy funciona como centro cultural, pero en su día fue una de las escuelas más modernas del norte de España, con un patio central que servía de zona de recreo y eje de las aulas.
2. Corro de San Pedro
Desde El Espolón entramos directamente en esta plaza, que para mí es el rincón más auténtico de la Comillas vieja.
Su suelo es de piedra desigual — así que cuidado con los resbalones y los tropiezos — y las casas tienen las típicas solanas o balcones de madera orientados al sur para aprovechar el poco sol del norte.
Se llama «corro» porque era donde se jugaba a los bolos cántabros y donde se hacían los mercados.
Es el sitio perfecto para ver cómo era la vida antes de que llegaran los grandes palacios y el modernismo catalán.



3. Casa del Duque de Almódovar del Río
¡Prepárate para un cambio radical de estilo!
En lo alto de la colina de Moria se alza esta joya del «legado inglés» en Comillas.
Diseñado por Francisco Hernández Rubio, esta casona se inspira en la arquitectura británica y los chalets suizos, con madera, ladrillo y una asimetría fascinante.
Su fachada exhibe un escudo imponente con corona de duque, pero lo más increíble es que su interior permanece inalterado, como un viaje en el tiempo.
Ese aire misterioso lo ha convertido en escenario de películas de terror como La herencia de Valdemar.
Si tienes un presupuesto amplio — muy amplio — puedes conocerlo a través de esta visita guiada con Get Your Guide.
4. La Cárcel
Situado en el barrio de La Peña, este edificio es un ejemplo de orgullo vecinal.
Fue construido y costeado por los propios comillanos en 1879 para albergar la cárcel de la villa, contando originalmente con dos calabozos y un patio interior.
Hoy ha cambiado radicalmente su función: es un albergue de peregrinos que acoge a todos aquellos que recorren la costa en su camino hacia Santiago.
5. Sagrado Corazón de Jesús
Ahora toca subir un poco hacia la colina de la antigua iglesia.
Esta estatua fue un capricho personal de Claudio López Bru, que quiso seguir con la corriente devocionista que puso de moda Alfonso XIII en toda España.
Eso sí, lo que ves hoy es una reconstrucción de los años 40, porque el original no sobrevivió a la Guerra Civil.
Y no te vayas sin fijarte en la Casa Rectoral, justo detrás, de 1770. Tiene un balcón-púlpito que es una auténtica rareza arquitectónica.
6. Ayuntamiento Antiguo
Camino hacia el centro de nuevo, verás este edificio del siglo XVIII, un ejemplo perfecto de barroco civil montañés.
Su soportal de arcos era el punto de reunión de los vecinos a resguardo de la lluvia.
En la fachada verás los cinco escudos de los «cinco mitrados», cinco obispos nacidos en Comillas que llegaron a lo más alto de la Iglesia, demostrando la enorme influencia histórica que siempre tuvo esta pequeña villa.
¡Por eso se la conoce como la «villa de los Arzobispos»!


7. Iglesia de San Cristóbal
Justo al lado se levanta la gran parroquia de la villa, del siglo XVII.
Este templo protagoniza una de las historias más chulis de la Comillas.
En 1617, durante una misa en la antigua parroquia — hoy el cementerio –, surgió un conflicto por el privilegio que el Duque del Infantado quería ejercer sobre un asiento.
La gente del pueblo, muy ofendidos, decidieron que no volverían allí y acordaron construir una nueva iglesia desde cero con su propio dinero y trabajo.
Tardaron casi un siglo en terminarla, pero el resultado es este edificio donde hoy se venera al Cristo del Amparo, el patrón de los pescadores y el gran orgullo de los comillanos.
8. Corro Campíos
Bajando apenas unos metros, entrarás en la plaza principal de Comillas y el centro de la vida de este pueblo.
Aquí es donde la gente queda, donde están las cafeterías de siempre y donde se celebran las fiestas. Antiguamente era el límite entre el pueblo y el camino que iba al puerto.
Lo interesante de Campios es ver cómo conecta la parte monumental con la zona comercial.
Es un espacio abierto que sirve de «pulmón social», digamos.



9. Ayuntamiento Nuevo
A finales del siglo XIX, Doña Manuela del Piélago — de la familia de Joaquín del Piélago y Sánchez de Movellán, influyente comerciante y empresario y yerno del primer Marqués de Comillas — mandó construir este edificio para que sirviera como escuelas gratuitas de párvulos, dirigidas por las Hijas de la Caridad.
No fue hasta el año 2003 cuando se transformó en la actual sede del Ayuntamiento.
Al rodearlo, encontrarás la Plaza del Ángel en su fachada sur y, en uno de sus laterales, una imagen de la Virgen con el niño que se atribuye al gran escultor modernista Josep Llimona.
¡Nunca te pierdas este tipo de detalles!
10. Casa Ocejo
Casi pegada al ayuntamiento nuevo, esta casona es historia de España.
Fue la residencia de la madre del primer Marqués de Comillas y el lugar donde se alojó el rey Alfonso XII en los veranos de 1881 y 1882.
Pero, si hay un momento especial en su historia, es el siguiente: fue escenario de un Consejo de Ministros celebrado fuera de Madrid. En concreto, el 5 de septiembre de 1881.
¡Fue capital de España por un día!
¿Y sabías que también fue la primera ciudad española en tener iluminación eléctrica en sus calles?


11. El Puerto
¿Sabías que Comillas fue el último puerto cántabro en mantener su tradición ballenera?
Los vecinos tuvieron que pelear dos siglos para poder construir este puerto, costeado en su mayoría con las aportaciones que hicieron ellos mismos.
Si paseas por el muelle, todavía verás las garitas y los cañones que lo defendían de los ataques.
El detalle más curioso es su compuerta de vigas de madera, que se cierra para que los temporales no destrocen los barcos en la dársena.
12. El Mirador de Santa Lucía
Es oficial: has llegado al final de la ruta.
Terminas en un balcón natural precioso sobre una costa de acantilados que alcanzan los 50 metros de altura. ¡No te puedes quejar!
Desde aquí, la vista de la playa es espectacular: puedes distinguir desde la «Piedra del Pajarito» hasta el puerto, e incluso intuir la Playa de los Muertos escondida tras el cementerio.
En este mirador — y como su nombre indica — se encuentra la ermita de Santa Lucía, una construcción sencilla que los pescadores levantaron para escuchar misa antes de salir al mar.



¡Y con estas vistazas y la brisa del Cantábrico golpeándote la cara, acaba este paseo!
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