Ourense Mágica: una ruta por los 3 pueblos que no pueden faltar en tu viaje por la provincia
Si algo he aprendido después de recorrer media España es que los mapas mienten: los lugares más increíbles no siempre están marcados con la chincheta más grande.
Mientras todo el mundo se agolpa en las playas de las Rías Baixas o hace cola en la Catedral de Santiago, Ourense aguarda en silencio, con esa humildad de quien sabe que tiene algo muy distinto que ofrecer.
Hablo de una Galicia de interior que huele a leña, a piedra mojada y a vino del bueno.
En este post te invito a perderte conmigo por tres pueblos que, para mí, son un reflejo claro del alma de la provincia. ¡Y que todavía son todo un secreto!
Nos vamos a ir a disfrutar de las alturas en los miradores de A Pobra de Trives, a brindar en la covas de Larouco y a perdernos por el laberinto de calles de Ribadavia.
¿Qué tal te suena el plan?



¿Por qué es mágica Ourense?
Si tuviera que definir Ourense en una sola palabra, sería contraste.
Es la única provincia gallega sin mar, pero el agua es su mayor protagonista. ¿No es irónico?
Y es que es la capital del termalismo en España, donde la tierra regala fuentes de agua caliente que ya enamoraron a los romanos en su época.
¡Bañarse al aire libre rodeado de vapor mientras fuera hace frío tiene un punto místico que no se olvida fácilmente!
Pero, querido lector, su magia va mucho más allá de sus famosas termas.



Lo que de verdad te engancha es el carácter de su paisaje.
Impresiona un montón ver los viñedos plantados en pendientes donde parece imposible trabajar. Es una viticultura heroica de verdad.
Y luego están sus aldeas, con esas casas de piedra que parecen fundirse con la montaña. Qué preciosidad.
Por otro lado, en Ourense la hospitalidad es de la buena, de la que no engaña.
Es sentarse en mesas largas donde el pan sabe a pueblo y el vino tiene el sabor de la tierra donde se vendimió. Si buscas esa Galicia enxebre — auténtica y sin filtros — que no se ha dejado llevar por el turismo de masas, este es tu sitio.
Es un refugio perfecto para disfrutar del silencio y, por supuesto, de comer como en pocos sitios.

A Pobra de Trives: el refugio de la montaña
No, querido lector, no basta con pasar de largo hacia las pistas de Manzaneda. En A Pobra de Trives hay que detenerse y fijarse en los detalles de sus calles.
Este pueblo tiene un aire señorial que viene de lejos, concretamente del siglo XIX, cuando se convirtió en el refugio de verano favorito de la nobleza y la burguesía.
Esa herencia se nota al caminar por su casco histórico, donde te vas encontrando con pazos y casas con escudos de piedra, como la Casa Grande de Trives — en la que te recomiendo hospedarte, sí o sí — o el Pazo de los Marqueses, que demuestran que este lugar fue mucho más que un simple lugar de paso.
Es un pueblo que ha sabido mantener su elegancia original sin perder ese carácter acogedor de la montaña ourensana.



Su entorno natural es otro de sus puntos fuertes y vas a querer dedicarle al menos un día entero.
A Pobra de Trives está rodeado de valles y montañas que ofrecen un espectáculo visual distinto en cada estación, destacando especialmente sus castaños milenarios.
¡No te pierdas ni uno solo de sus miradores! Mi favorito es el Mirador das Penas do Romel.
Además, la huella romana sigue presente en infraestructuras increíbles como el Puente del Bibei, una obra de la época de Trajano que a día de hoy sigue prácticamente intacto.
Pero si hay algo que define la identidad de este pueblo es, sin duda, su Bica Mantecada.
Su secreto está en el uso de la manteca de vaca cocida, que le aporta una densidad y un sabor imposibles de confundir, rematados siempre por esa característica capa de azúcar crujiente.
¡Cómo la echo de menos! ¿Alguien sabe dónde puedo hacerme con una sin gluten?

Larouco: ¡salud!
Este es un rincón de la comarca de Valdeorras que explica perfectamente cómo se ha vivido en este interior gallego desde hace siglos.
Lo que ves hoy está muy marcado por la Vía Nova, la calzada romana que cruzaba estas tierras.
Aún puedes ver rastros de esa ingeniería antigua en la propia carretera que va a A Pobra de Trives — porque ambos municipios están muy cerquita — y en zonas como el Puente del Bibey.
El pueblo en sí es un conjunto pequeñito de casitas con balcones de madera, muy típico de esta zona, donde el ritmo de vida sigue marcado por el ciclo de la viña.
Lo que hace diferente a Larouco es su organización en pedanías, cada una con su propio carácter.
En Freixido y Portomourisco vas a encontrar esa calma total de aldea gallega, pero es en Seadur donde el municipio se vuelve realmente especial.



Seadur es ampliamente conocido en toda la provincia por sus bodegas subterráneas o covas: cuevas excavadas en la tierra que las familias han usado durante generaciones para que el vino fermente a una temperatura constante.
Si visitas la zona durante su fiesta de las covas en Semana Santa, verás cómo el pueblo se transforma y todo el mundo abre sus bodegas para compartir su vino y comida.
Es, probablemente, una de las experiencias más auténticas que puedes vivir en Ourense. ¡Y otro año no nos la perdemos, prometido!
Por cierto, si te gusta la naturaleza pero no quieres rutas complicadas, tienes que ir a O Castrillón. Desde allí tienes una vista preciosa de uno de los meandros del río Sil antes de que se encajone en los famosos cañones.
¡Y además encontrarás un castro de época prerromana!

Ribadavia: ¿volvemos al medievo?
Ribadavia es, posiblemente, el pueblo ourensano que mejor conserva esa atmósfera de antigua capital.
Si caminas por su casco histórico, verás que una de las cosas que lo hace único es su judería, que es la más importante de toda Galicia.
Sus calles son estrechas, empedradas — algunas muy empinadas — y están llenas de detalles. No parpadees, si puedes evitarlo.
Aquí encontrrás también las ruinas del Castillo de los Condes de Sarmiento, cuya estructura impresiona igual y sirve para entender el poder que tuvo esta villa en el medievo.
Además, Ribadavia fue sede de la corte del Reino de Galicia, algo que se nota en la cantidad de iglesias románicas — ¡8 en total! — y edificios señoriales que te vas encontrando



Pero Ribadavia no se entiende sin el vino Ribeiro. ¡Prueba a hacer una cata!
Ah y si vas con tiempo, lo ideal es bajar hasta la zona del río Avia, donde hay un paseo muy agradable que ofrece una perspectiva distinta del pueblo y sus murallas.
¡O date un baño relajante en las Termas de Prexigueiro!
Ribadavia tiene ese equilibrio raro entre ser un lugar con mucho patrimonio y mantener un ambiente de pueblo vivo, donde la gente sigue comprando el pan y tomando los vinos en los mismos sitios de siempre.
Para mí, es el cierre perfecto para esta ruta mágica por Ourense, porque condensa en unos pocos metros todo lo que hace especial a esta provincia: historia, buen beber y autenticidad.



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