Qué no te puedes perder en Silves, la ciudad roja de Portugal y antigua capital del Algarve
Cruzar un puente y entrar en un pueblo con una gran muralla rojiza. ¡Estás en Silves!
Apodada «la ciudad roja», esta localidad del sur de Portugal fue en otro tiempo capital del Algarve y hoy es un destinazo con una buena ración de historia.
Asentada a orillas del río Río Arade, en una colina que domina el valle, su origen se remonta a hace miles de años. Desde la Edad del Hierro, pasando por los romanos y, sobre todo, bajo el dominio musulmán, la ciudad fue un centro cultural y económico muy importante.
Eso sí, aquí no todo es historia. ¡Qué va! El paisaje de esta zona es verdaderamente maravilloso.
Y mientras muchos escogen pasar su tiempo en las playas y resorts del Algarve, tu encontrarás aquí una buena dosis de autenticidad. ¿Qué tal te suena ver lo que una ciudad que fue capital del sur de Portugal aún conserva?
¡Pues vamos a ello!
¿Qué vas a encontrar aquí?



Cómo nació «la ciudad roja»
Para empezar, Silves no nació como la ciudad roja que hoy domina este valle tan bonito. ¡Como te puedes imaginar!
Mucho antes de que su castillo de arenisca se construyera sobre la colina, aquí ya había vida. El río Arade — que por aquel entonces era navegable hasta el mar — marcó desde siempre el destino de este lugar.
A sus orillas, comunidades de la Edad del Hierro se establecieron aprovechando la fertilidad del valle y su posición estratégica. Con la llegada de los romanos, el territorio se integró en la provincia de Lusitania y se convirtió en un pequeño centro agrícola y comercial.
Aquí se producía aceite, vino, higos y metales y la red de caminos romanos comunicaba Silves con otros puntos del sur de la península. Así que era bastante importante.
Después del Imperio romano llegaron los visigodos, que estuvieron por aquí hasta que, en el siglo VIII, los musulmanes desembarcaron en la península ibérica.
Fue entonces cuando le llegó el nombre: Xelb o Shelb. ¡Así se conoció a Silves durante los siglos de dominio árabe! Y es muy parecido a su nombre actual.
Bajo el Califato de Córdoba, la ciudad se engrandeció. Se amuralló, se construyeron torres, aljibes, un sistema de riego que abastecía los cultivos… Y, sobre todo, se desarrolló una vida intelectual intensa.
Xelb llegó a tener poetas, filósofos y científicos, y su influencia se extendía por todo el Al-Gharb al-Andalus, el actual Algarve.



Durante los siglos XI y XII, Silves fue una de las ciudades más importantes del sur de la Península. Era un puerto interior, con barcos que subían el río cargados de mercancías del Mediterráneo.
Ahora esto no pasa, pero por aquel entonces, si subías hasta lo más alto del castillo, las vistas alcanzaban hasta la costa. Esto la convirtió también en un lugar privilegiado de vigilancia.
Pero, quiero lector, el esplendor musulmán no duró para siempre. En 1189, el rey Sancho I de Portugal, con ayuda de cruzados del norte de Europa, lanzó una ofensiva para conquistar la ciudad. Y lo consiguió por un breve tiempo, aunque la resistencia musulmana la recuperó poco después.
La conquista definitiva llegó en 1242, cuando el rey Afonso III consolidó el poder portugués en el sur. A partir de entonces, la antigua mezquita se convirtió en la Sé de Silves, una catedral gótica levantada sobre las ruinas del templo original, y la ciudad fue designada capital del Algarve.
Durante un tiempo, Silves disfrutó de muchísimo prestigio. Sin embargo, el río Arade empezó poco a poco a llenarse de sedimentos. Los barcos dejaron de llegar, el comercio decayó y el protagonismo se desplazó hacia la costa, especialmente hacia Lagos y Faro.
A mediados del siglo XVI, la ciudad había perdido su condición de capital efectiva del Algarve.



¡Pero eso no es todo! El siglo XVIII trajo más golpes. El gran terremoto de 1755, que destruyó Lisboa y buena parte del sur de Portugal, dañó gravemente Silves.
Muchas construcciones se derrumbaron y el castillo quedó maltrecho.
Ya en el siglo XIX, una nueva etapa dio vida al valle: la industria del corcho y la agricultura. Silves se convirtió en uno de los principales centros de producción de corcho del Algarve y sus naranjales — que se huelen muy claramente en el aire — consolidaron su fama agrícola.
Hoy, caminar por Silves es recorrer todos esos siglos a la vez. Quizás por eso no se parece a ningún otro rincón del Algarve.
Qué ver y hacer en Silves
Con tantísima historia, ya te puedes imaginar cómo Silves consigue combinar patrimonio, naturaleza y una intensa vida local en un equilibrio muy poco común en el Algarve.
Como antiguo centro administrativo y cultural de la región, hoy conserva algunos de los monumentos medievales mejor preservados del sur de Portugal. ¡Conozcámoslos todos!
Visitar su castillo y museo arqueológico
Si hay un lugar que resume la historia de Silves, es su castillo.
Situado en lo más alto de la colina, domina toda la ciudad y el valle del río Arade. Desde 1910 está clasificado como Monumento Nacional, y no solo por su extraordinaria belleza… ¡Sus muros tienen más de dos mil años de historia!
Los orígenes del castillo se remontan a la época romana, cuando Silves empezó a convertirse en un importante centro comercial y punto estratégico en el sur de Lusitania.
Aun así, el aspecto que hoy conocemos se debe sobre todo al periodo islámico, iniciado hacia el año 716, cuando los árabes conquistaron la ciudad. Durante los siglos siguientes, Silves se transformó en una de las ciudades más prósperas del Al-Andalus occidental, y el castillo fue reforzado y ampliado hasta convertirse en una de las fortalezas más impresionantes de toda la región.
Los constructores musulmanes levantaron un nuevo recinto amurallado con torres defensivas y estructuras de vigilancia que se extendían hasta la orilla derecha del arroyo. Lo hicieron con materiales de la zona: una mezcla de arcilla, grava, arena y cal conocida como taipa o adobe militar, y sobre todo con la famosa arenisca roja de Silves (grés de Silves), que le da ese color rojizo tan característico.
¡Ver el castillo al atardecer es un espectáculo que recomiendo no perderte!



El conjunto quedó dividido en dos zonas principales: la Ciudadela y la Medina.
La Ciudadela, situada en la parte más alta, estaba protegida por once torres cuadradas, algunas de ellas modificadas entre los siglos XIV y XV con bóvedas de piedra y arcos góticos.
Dentro de este recinto se conservan dos aljibes fundamentales para la vida de la fortaleza: el aljibe de la Moura y el aljibe dos Cães.
El primero, de grandes dimensiones y origen islámico, abasteció de agua a la población de Silves hasta la década de 1990. A su alrededor nació una de las leyendas más conocidas del Algarve.
Se dice que en las noches de San Juan, una princesa mora — la Moura Encantada — aparece flotando en una barca de plata con remos de oro, esperando que un príncipe rompa su hechizo pronunciando unas palabras mágicas que, al parecer, solo él conoce…
El segundo aljibe tiene una historia más oscura: según la tradición, unos cazadores de tesoros lanzaron allí a sus perros para que buscaran los supuestos tesoros escondidos por los musulmanes antes de huir…¡Pero nunca regresaron! ¿Quizá por eso este castillo es dog friendly?
La Medina, por su parte, se encontraba unida a la Ciudadela mediante una puerta flanqueada por dos torres. Este espacio era el corazón de la ciudad islámica, donde se concentraban las viviendas, talleres y mercados.
¡Por cierto! A la entrada del castillo encontrarás una estatua en honor al rey Sancho I, el monarca portugués que conquistó Silves por primera vez en 1189. La victoria fue breve, ya que los musulmanes retomaron la ciudad poco después, y no sería hasta 1242 cuando pasó definitivamente a manos cristianas.
Desde arriba se ve todo — el río Arade, las colinas cubiertas de naranjos, los tejados de las casas y las torres de la catedral — y es fácil imaginar a sus antiguos habitantes vigilando la entrada del puerto fluvial que unía Silves con el mar.
Y si me permites un consejito, sube por los muros y cuélate en todos los recovecos y áreas abiertas al público para la exploración. ¡No te vas a arrepentir! Cuando yo estuve allí, encontré bajo tierra — en un pequeño «sótano» — una exposición muy chula sobre el lince ibérico.
El castillo abre todos los días — excepto algunos festivos, como Navidad y Año Nuevo — de 9:00 a 18:00 de enero a abril y de octubre a diciembre y de 9:00 a 20:00 entre mayo y agosto.
La entrada general cuesta 2,80€, o 3,90€ si quieres incluir la visita al Museo Municipal de Arqueología. Los niños, estudiantes, portadores del Carnet Joven y mayores de 65 pagan la mitad.



Entrar en su catedral…
… ¡si la pillas abierta!
Justo al pie del castillo, se alza la Sé Catedral de Silves, la construcción gótica más importante de todo el Algarve. ¡Ahí es nada!
Aunque muy discreta por fuera, su piedra rojiza — la misma arenisca local que da color a todo Silves — y su historia la convierten en una parada esencial es tu paso por esta ciudad portuguesa.
Silves se convirtió en sede episcopal en 1189, tras la primera conquista cristiana de la ciudad a los árabes, pero la catedral que vemos hoy no empezó a levantarse hasta 1268, después de la reconquista definitiva por el rey Afonso III.
Desde entonces, fue el corazón religioso del Algarve durante casi tres siglos. Hasta el siglo XVI, 26 obispos ocuparon aquí la silla episcopal.
Su importancia comenzó a decaer cuando la sede diocesana se trasladó a Faro en 1577, un cambio que coincidió con el declive de la ciudad, provocado por el progresivo colmatado del río Arade y el auge del litoral.
Arquitectónicamente, la catedral responde al estilo gótico, con una clara influencia del Monasterio de Batalha, uno de los grandes referentes del gótico portugués.
En su interior, el elemento más simbólico es la tumba del rey João II, en el centro del altar mayor. El monarca fue enterrado aquí en 1495 y permaneció en Silves hasta 1499, cuando sus restos fueron trasladados al monasterio.



Cruzar las murallas y puertas de la ciudad
Recorrer las murallas de Silves es una de las mejores formas de entender cómo fue esta ciudad cuando era una de las más importantes del Algarve.
Buena parte del sistema defensivo sigue visible y todavía se pueden identificar algunos de sus accesos principales, torres y tramos de muralla que rodeaban la antigua medina y la alcazaba.
Las murallas que vemos hoy se remontan en gran parte al periodo islámico (siglos XI-XIII). Estas estructuras se mantuvieron en uso tras la reconquista cristiana y fueron reparadas varias veces, especialmente después del terremoto de 1755.
Uno de los accesos más conocidos es la Porta da Cidade, también llamada Porta da Almedina, que marcaba la entrada principal al recinto amurallado. Está formada por un pasaje en ángulo, típico del diseño almohade, pensado para dificultar el paso de enemigos y proteger la entrada.
Se puede ver su arco enmarcado por muros de piedra rojiza y una torre adosada. ¡Ideal para unos cuantos selfies!
Otra de las puertas históricas es la Porta da Traição, más pequeña y discreta, situada al norte, y que funcionaba como salida de emergencia en caso de asedio.



Dar una vuelta por sus plazas
Silves tiene un par de plazas tranquilas y con mucha personalidad, ideales para hacer una pausa entre visitas y seguir con el paseito por la ciudad.
La Praça do Município es el centro del casco histórico y uno de los lugares más agradables para sentarse un rato. Rodeada de edificios blancos y de la Câmara Municipal, tiene una fuente decorada con motivos árabes, el pelourinho manuelino que recuerda cómo era la antigua justicia municipal y un quiosco de estilo morisco donde se venden vinos del Algarve y productos locales.
A apenas unos minutitos, llegarás a la Praça Al-Mutamid Ibn Abbad, dedicada al rey poeta que gobernó Silves en el siglo XI.
Es una plaza amplia y ajardinada, con una fuente y un conjunto escultórico en piedra que representa al monarca y a su corte, además de un mural cerámico que resume el pasado musulmán y cristiano de la ciudad.
Desde aquí se tienen unas vistas del castillo y de las murallas súper bonitas.
¡Ah, y por cierto! Otro lugar curioso en el casco histórico es la Fábrica do Inglês y su Museo del Corcho. Aunque ahora está cerrado temporalmente por reforma, seguro que es una pasada.



Caminar a la orilla del río Arade
¿Y qué mejor forma de acabar el recorrido que aquí?
Como ya he mencionado antes, por este río llegaban barcos cargados de mercancías procedentes del Atlántico y del Mediterráneo, y gracias a su navegabilidad, la ciudad se convirtió en un importante centro comercial durante la época islámica y medieval.
Aunque hoy el cauce es más estrecho y ya no es navegable hasta el mar, el Arade sigue siendo el eje natural que estructura Silves.
Caminar junto a su orilla es una de las experiencias más agradables que ofrece la ciudad. El paseo comienza en torno al Puente Romano, que en realidad tiene origen medieval aunque conserva parte del trazado romano.
Desde aquí parte un paseo fluvial ajardinado muy cuidado, con bancos, árboles y terrazas donde tomar algo. ¡Una gran idea, si te duelen los pies tras la caminata!
Si te apetece seguir caminando, puedes continuar hasta llegar al Parque Ribeirinho de Silves, una zona verde más amplia con áreas de sombra y espacios para picnic, o a un pequeño embarcadero, donde ocasionalmente atracan embarcaciones turísticas que remontan el Arade desde Portimão.

Información práctica
Ya ves que Silves no es una ciudad muy grande, pero eso no significa que no debas planificar tu visita con tiempo. Una visita completa a la ciudad suele durar unas tres horas.
Para ayudarte, te dejo por aquí toda la información que creo que puedes necesitar. ¡De nada!
¿Cómo llegar?
Silves es uno de los destinos más accesibles del Algarve para una excursión de un día desde ciudades como Lagos (a 40 kilómetros), Albufeira (a 32km) y Portimão (a 20 km).
Si decides ir en coche — que para mí es la única opción viable –, lo más recomendable es que aparques en el gran aparcamiento que hay al sudoeste de la ciudad (te lo dejo señalado en el mapa más abajo, no te preocupes).
¡Eso sí! No intentes entrar al casco histórico en vehículo, ya que las calles son muy estrechas y hay muy poco espacio para estacionar. Desde el aparcamiento, llegar al centro histórico te llevará solo unos pocos minutos a pie.
Si optas por el transporte público, podrás llegar aquí desde Faro, Lagos y Albufeira y la parada de autobús principal está junto al aparcamiento.
La estación de tren de Silves, sin embargo, se encuentra a unos 2km al sur de la ciudad y el camino no es demasiado agradable porque transcurre por una carretera sin senderos y con tráfico. Yo no lo recomiendo para nada.
El aeropuerto más cercano es el de Faro y llegar en avión es especialmente recomendable si vienes de Lisboa u Oporto. Desde allí puedes continuar hasta Silves en autobús.
Consulta este mapa para ver todas tus opciones.

¿Dónde y qué comer?
Entre los platos imprescindibles que tienes que probar aquí, destacan principalmente:
- La cataplana de marisco, un guiso de pescado y mariscos cocinado en cazuela de cobre que está delicioso.
- Los pescados a la parrilla, sobre todo sardinas, lubina o dorada.
- Algunas recetas de carne como la perdiz estofada o el conejo a la cazadora.
- De postre, pasteles de almendra y el licor típico de la zona, el medronho.
- Y que no se te olvide acompañarlo todo con algún vino del Algarve, ya que la región es conocida por sus bodegas locales, o probar especialidades portuguesas como el vino de Oporto o el Vinho Verde.
¡Fácil de recordar!
Algunos lugares para comer incluyen las terrazas de la Praça do Município, con vistas al pelourinho y al quiosco árabe donde se pueden probar esos vinos locales que te digo, y la Marisqueira Casa Velha, donde comí estupendamente y bastante barato con mis amigas.
¿Dónde dormir?
Aunque Silves suele ser más una excursión de un día, hay quien prefiere alojarse aquí.
La ciudad y sus colores, además de su tranquilidad, atrapan fácilmente y no es de extrañar que al final del día acabes pensando: ¿y por qué no me quedo a pasar la noche?
Si eso es lo que te apetece, la ciudad cuenta con una amplia variedad de hoteles, casas rurales y apartamentos, como el Hotel Colina dos Mouros (50-150€ la noche, dependiendo de la temporada), la Casa Riad Yasmin (85-160€ la noche, dependiendo de la temporada) o las Casas de Huéspedes de ZITUR (desde 85-95€ la noche).
Todos tienen pintaza, aunque yo intentaría evitar (a toda costa) los meses de julio y agosto.
Consejitos de viajera
Como siempre, te dejo por aquí algunas recomendaciones para que tu paso por Silves sea lo más placentero y fácil posible.
Lleva calzado cómodo y bien de ganas para caminar. El casco histórico de Silves está lleno de calles empedradas (¡y súper resbaladizas!) y cuestas pronunciadas, así que piensa en tus pies, sobre todo si vas a subir al castillo desde la Praça Al Mutamid Ibn Abbad.
Silves es pequeña, pero el sol del Algarve puede ser intenso, sobre todo en verano. Las mejores horas para recorrer la ciudad son temprano por la mañana, cuando las calles aún están tranquilas, o al final de la tarde, cuando el sol baja y la luz dorada resalta la arenisca roja de los edificios. Esto también te ayudará a evitar aglomeraciones en lugares como el castillo o la catedral.
La primavera y el otoño son las mejores épocas para visitar Silves, ya que el clima es templado y hay muchos menos turistas.
Aunque Silves tiene sombra en algunas plazas y cafés, muchas calles están al sol. Llevar agua suficiente, gorra, protector solar y gafas de sol es imprescindible. ¡No lo olvides!
Si vas con tu perrete, recuerda llevarlo atado siempre y recoger sus excrementos. Déjalo todo lo más limpito posible.
Lleva dinero en efectivo, porque hay restaurantes y tiendas que no aceptan tarjeta. ¡No te vayas a pegar un susto cuando vayas a pagar!
Y oye, tómate tu tiempo para visitar cada lugar, haz pausas, siéntate en una terraza a tomarte un vinito o en un banco a disfrutar de las vistas. La ciudad se aprecia más si la recorres sin prisas.
¡Ahora te toca a ti! Si ya conoces Silves, cuéntame cuál fue tu lugar favorito o comparte conmigo algún secreto que hayas descubierto caminando por sus calles. Y si aún no has estado, déjame tus preguntas sobre la ciudad y te ayudaré a planificar tu visita para que la disfrutes al máximo.
¡Nos vemos en el próximo destino!
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One Comment
Ángela
Leerte es un placer y haces q nos sumerjamos en LA HISTORIA de cada lugar. Enhorabuena. Nos animas a conocer cada uno de esos lugares. Gracias