Madrid,  España

Descubre la Imprenta Municipal, el spot más inesperadamente curioso de Madrid

Madrid está llena de sitios increíbles y, a veces, los más curiosos están justo ahí y no los vemos.

Eso me pasó a mí con la Imprenta Municipal. Había pasado mil veces por delante sin saber muy bien qué era ese edificio, hasta que un día, entré.

La primera vez que fui fue con la universidad, allá por el Pleistoceno Medio. Estudiaba Periodismo y Ciencia Política y fui como parte de una visita relacionada con la historia de la prensa y el papel.

Recuerdo entrar y pensar: «¿Cómo no conocía esto?» Porque aún estando en pleno centro de Madrid, a dos pasos de la Plaza Mayor, nadie habla mucho de ella.

En esa primera visita, me enganchó lo visual que es todo. Las máquinas de impresión gigantes, las tipografías talladas a mano, las vitrinas llenas de pequeños tesoros tipográficos.

Es un lugar para ir sin prisa, sin ruido, sin multitudes. Una rareza en Madrid.

Años después volví, por mi cuenta, ya sin apuntes ni ninguna presión estudiantil. Y me gustó aún más. Es uno de esos sitios que ves con otros ojos cuando vas por gusto. Para mí, tiene un punto mágico.

Hay algo especial en saber que todo lo que ves fue parte de cómo empezó lo que hoy hacemos tú y yo: leer, escribir, comunicar. O quizá es que yo soy muy friki de este tema…

¡Discúlpame, si me pongo intensa!

Pero vamos a lo importante: si buscas un plan tranquilo y diferente, sigue leyendo. Porque esta imprenta es mucho más que una colección de máquinas: es uno de los lugares más curiosos (y bonitos) que he descubierto en Madrid. ¡Te lo cuento todo!

La historia que desconoces

La historia de la Imprenta Municipal se remonta a mediados del siglo XIX, concretamente a 1853.

Su origen es bastante humilde y curioso: fue creada para formar a niños que vivían en un asilo — el Asilo de San Bernardino –, enseñándoles el arte de la impresión, además de atender la impresión de los documentos oficiales del Ayuntamiento de Madrid.

Por aquel entonces, la imprenta era una herramienta fundamental para comunicar, para dar forma a los documentos oficiales, y este taller cumplía esa función, además de formar a los más jóvenes en un oficio artesanal que hoy parece ya obsoleto.

Con el paso de los años, el taller fue creciendo, ganando en importancia y en maquinaria. En 1876, sus impresos ya llevaban la firma «Imprenta y Litografía Municipal», y con ello se empezó a consolidar como una institución clave para la ciudad.

Durante mucho tiempo, la imprenta se fue moviendo de un lugar a otro —  como la Casa de la Panadería o la Casa de Cisneros –, pero en 1934 se estableció en el edificio donde está ahora, en la calle Concepción Jerónima, un edificio que por fuera es bastante sobrio.

Dentro de ese espacio, encontrarás máquinas que son auténticos tesoros: prensas de imprimir que datan del siglo XVII, tórculos de finales del siglo XVIII y máquinas tipográficas de los años 30, que todavía hoy se usan para trabajos especiales.

¡La de libros, documentos y cartas que habrán pasado por ellas!

Lo alucinante es que estas piezas no están solo para decorar, muchas siguen funcionando y los artesanos que trabajan allí las usan para mantener vivas las técnicas tradicionales. ¡Ojalá nunca se perdiesen estas cosas!

Además de las máquinas, la imprenta conserva una colección impresionante de objetos relacionados con la impresión y el libro: bronces para dorar, planchas calcográficas, piedras litográficas dibujadas a mano, y por supuesto encuadernaciones que son una gozada visual.

Todo esto ayuda a entender cómo ha ido evolucionando la impresión a lo largo de los siglos, desde procesos muy manuales y laboriosos hasta técnicas más modernas, pero siempre con ese cuidado artesanal que hoy en día es casi un lujo.

Lo que más me gusta de la Imprenta Municipal es que no es un museo muerto. Es un taller en el que se siguen haciendo trabajos reales, desde la impresión tipográfica hasta la encuadernación artesanal y la restauración de documentos antiguos.

Incluso colabora con el Ayuntamiento de Madrid en la conservación de fondos bibliográficos y documentos históricos, lo que le da un papel fundamental en la preservación de nuestra cultura escrita.

También organizan talleres y actividades para el público, así que cualquiera puede acercarse a aprender un poco más sobre estas técnicas que, en plena era digital, parecen de otro planeta.

En algunas ocasiones, hasta podrás ver de cerca cómo se manejan las máquinas, cómo se coloca cada tipo de letra o cómo se encuaderna un libro con cuidado y paciencia.

Para mí, esto es una manera fantástica de conectar con la historia y valorar todo el trabajo que hay detrás de un libro o documento. ¡Una labor muy buena la que hacen desde aquí!

¿Qué encontrarás al visitarla?

En su exposición permanente, «La imprenta y el libro: una historia», se hace un recorrido fascinante por la evolución de las artes gráficas desde el siglo XV hasta principios del XX.

Nada más comenzar el recorrido por la Sala de Máquinas, te encontrarás con uno de los elementos más llamativos: un tórculo original de 1789, es decir, una prensa para estampar grabados en metal.

A su alrededor se exponen planchas originales, herramientas de grabado y comparativas entre técnicas como el huecograbado o el aguafuerte. ¡Es que flipante todo lo que hay aquí!

Más adelante, la muestra se adentra en la impresión tipográfica manual, con una reproducción de prensa basada en modelos de los siglos XVI al XVIII, cuando cada letra debía componerse una a una. Yo destacaría la caja original de tipos “Litho Antigua”, cuerpo 24, de la histórica fundición Bauer.

Tampoco faltan joyas mecánicas como la prensa Krause de 1860, o las míticas Minervas: la Tipo Boston Golding Official de 1883, manual, y su sucesora de pedal de 1940. Estas máquinas, pequeñas y versátiles, fueron imprescindibles en imprentas grandes y talleres modestos, y aún sobreviven en algunas papelerías tradicionales.

De hecho, uno de los puntos más bonitos de la expo es cómo reconoce el trabajo de quienes hicieron posible este oficio: tipógrafos, cajistas, correctores… Gente que no solo sabía manejar las máquinas, sino que también dominaba el lenguaje y cuidaba cada detalle.

No es casualidad que personajes como Pablo Iglesias Posse — que, por si no te suena, fue el fundador del Partido Socialista Obrero Español y de la Unión General de Trabajadores — empezaran como tipógrafos: imprimir era tanto un trabajo como una forma de militancia.

Luego viene la parte donde todo cambia: la llegada de la imprenta mecánica. A principios del XIX, Koenig inventó la prensa plano-cilíndrica, que The Times de Londres adoptó en 1814. Imprimía más rápido y con mayor calidad.

En la muestra puedes ver una Planeta Fixia Rapid de 1913 y una Heidelberg Cylinder de 1958, ambas impresionantes. ¡Vas a flipar!

La mecanización también llegó a la creación de tipos. Con la fundidora Böttger de 1900, ya se podían fabricar caracteres automáticamente, vertiendo plomo fundido en moldes con mucha precisión. Y en 1884 apareció la linotipia, que revolucionó la impresión al permitir componer líneas enteras de texto.

En la exposición hay una Intertype C4 de 1949, fabricada en Nueva York.

Además, hay secciones dedicadas a la ilustración, la encuadernación y un montón de curiosidades del oficio. ¿Sabías que los tipógrafos bebían leche todos los días para contrarrestar los efectos tóxicos del plomo? ¡O que muchos participaron activamente en momentos clave de cambio social!

Y si tienes la suerte de hacer una visita guiada, puede que te toque como guía alguien que vivió todo esto de primera mano. ¿No te parece emocionante?

Informacion práctica

Si después de leer todo esto te han entrado ganas de visitar la Imprenta Municipal, aquí tienes todos los datos útiles para planear tu ruta sin complicaciones.

Desde cómo llegar y qué horarios tiene, hasta detalles sobre visitas guiadas, talleres y curiosidades extra. Spoiler: la entrada es gratuita, ¡así que no hay excusas!

¿Cómo llegar?

Visitar la Imprenta Municipal-Artes del Libro es mucho más fácil de lo que imaginas.

Está ubicada en pleno centro de Madrid, en la calle Concepción Jerónima número 15, a pocos pasos de zonas tan transitadas como la Plaza Mayor, Tirso de Molina, La Latina o Sol.

Llegar es muy fácil, estés donde estés en Madrid.

Las paradas de Metro más cercanas son Sol (líneas 1, 2 y 3), Tirso de Molina (línea 1) y La Latina (línea 5), todas a pocos minutos a pie. También puedes acercarte en autobús, con un montón de líneas que pasan por la zona (3, 6, 17, 18, 23, 26, 31, 32, 35, 50, 51, 60, 65 y M-1), o incluso en Cercanías Renfe, bajándote en la estación de Sol.

Y si te mueves en bici, que sepas la estación 40 de BiciMAD está en la Plaza de Romanones nº9.

Horario y tarifas

El museo abre de martes a domingo, incluyendo festivos, en horario ininterrumpido de 10:00 a 20:00. Solo cierra los lunes y en fechas señaladas como el 1 y 6 de enero, el 1 de mayo o durante las fiestas navideñas (24, 25 y 31 de diciembre).

En verano, del 15 de junio al 15 de septiembre, el horario se reduce ligeramente y la visita termina a las 19:00.

La entrada es totalmente gratuita, pero ya lo sabías porque ya te lo había chivado antes. Esta es una muy buiena noticia si lo que estás buscando son planes culturales sin dejarte un euro.

Si lo que quieres es una experiencia más completa, puedes apuntarte a una visita guiada. Hay opciones tanto para grupos como para visitantes individuales, normalmente los martes a viernes por la mañana y el último sábado de cada mes, en pases a las 10:00 y a las 12:00.

Eso sí, es necesario reservar con antelación aquí, ya que los grupos son reducidos y se llenan con facilidad. Normalmente duran una y hora y media, más o menos.

¿Y los talleres?

¡No se me olvidaba! Lo he dejado para el final porque sabía que te iba a interesar. Y me gusta mucho que me leas.

Como te contaba, el espacio ofrece talleres mensuales para todas las edades, donde se enseñan técnicas como caligrafía, tipografía manual, grabado o lencuadernación.

Son actividades muy cuidadas, con plazas limitadas y materiales incluidos, perfectas si te apetece pasar de espectador a participante y probar con tus propias manos el arte de imprimir.

En su página web, podrás ver todas las actividades que están ahora mismo en activo. ¡Las hay súper interesantes!

Para investigadores y amantes del libro antiguo, el edificio también alberga una biblioteca y un centro de documentación especializado en artes gráficas.

Aunque no es de acceso libre, se puede consultar bajo cita previa, especialmente si buscas información técnica o histórica más detallada.

Si te interesa, escríbeles un correo a imprentamunicipal@madrid.es. Deberás indicar el motivo de tu consulta y los libros que deseas consultar o las materias en las que estás interesado. El horario de consulta es de martes a viernes de 10:00 a 15:00.

¿Quién diría que una antigua imprenta podría ser tan fascinante? Si te animas a visitarla, cuéntame si te gustó. Y si ya la conocías, ¿qué parte te pareció más flipante? ¡Estoy deseando leerte en los comentarios!

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4 Comments

  • Vir

    Pero qué lugares más chulos me descubres siempre amiga, aquí también quiero ir así que me tienes que acompañar 😜 se te acumula el trabajo jiji. En serio me encanta leerte y conocer de tu mano lugares nuevos y más de mi ciudad natal que como digo siempre no me darán ni cien vidas para poder conocerlo todo 🤣🤣

  • Ángela

    Guauuuuuu… Tengo q ir… Ni idea.. Mi q existiera 😜😂😪como ves me produce una mezcla, de emociones….. La más fuerte… Pero q me pasa, q no conozco mi ciudad 😪

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