Madrid,  España

¿Tocar el mundo con las manos? La ONCE lo hace posible con un museo en Madrid

A veces, visitar museos puede ser una experiencia un poco fría: todo detrás de vitrinas, todo intocable, todo demasiado lejano, ¿verdad?

Por eso el Museo Tiflológico de la Organización Nacional de Ciegos Españoles (ONCE), me sorprendió tantísimo. ¡Porque rompe con todo eso, y no es una experiencia fácil de olvidar!

La propuesta es simple pero potente: aquí no se va solo a mirar, se va a tocar. Sí, tal cual.

En este museo tocar está permitido y es parte esencial de la experiencia. Todo está pensado para que las personas ciegas o con baja visión puedan disfrutar del arte y la arquitectura del mundo con sus manos. ¡Pero no solo está pensando para ellas!

Está pensado para todo aquel que quiera descubrir el arte desde otro lugar: el del tacto, la empatía y la curiosidad. Seas quien seas, sales de aquí con otra forma de entender el mundo. ¿Qué te parece la idea?

Un poquito de contexto

El Museo Tiflológico de la ONCE abrió sus puertas en Madrid en diciembre de 1992, con un objetivo que, aunque suene sencillo, en aquel momento era profundamente innovador: hacer posible que las personas ciegas o con baja visión pudieran disfrutar de un museo sin barreras.

Hasta entonces, el mundo de los museos había sido, en su mayoría, un espacio visual y, por tanto, excluyente para quienes no podían ver.

La ONCE, con su larga trayectoria de trabajo en favor de la inclusión, decidió cambiar esa realidad creando un museo diferente, pensado desde el principio para ser accesible, participativo y sensorial. ¡Cómo nos gusta las iniciativas así!

Lo más llamativo, incluso antes de entrar, es su nombre. «Tiflológico» puede sonar raro o un poco técnico, pero tiene mucho sentido una vez se entiende su origen.

La palabra viene del griego: typhlós, que significa “ciego”, y logos, que puede traducirse como “estudio” o “conocimiento”. Así, «tiflología» es el estudio o conocimiento de la ceguera y de todo lo que rodea a la vida de las personas con discapacidad visual.

Es una disciplina que abarca desde aspectos médicos hasta educativos, sociales y culturales.

Que el museo lleve ese nombre no es casualidad, porque más allá de las piezas que expone, su intención siempre ha sido generar conocimiento, abrir conversaciones y ofrecer una mirada distinta sobre cómo se vive, se crea y se aprende cuando la vista no es el sentido principal.

Lo interesante es que, aunque fue creado pensando principalmente en el colectivo de personas afiliadas a la ONCE, desde el primer día se concibió como un museo para todos.

Es un lugar abierto al público general, accesible y gratuito, donde cualquier persona puede experimentar lo que supone percibir el arte con las manos, sin depender del sentido de la vista.

De hecho, el museo se ha convertido con el tiempo en un referente tanto nacional como internacional en cuanto a accesibilidad museística. Es uno de los pocos lugares en el mundo donde se puede hablar realmente de una experiencia museística inclusiva.

¡Así que ya te haces una idea de lo especial que es este sitio!

La creación del Museo Tiflológico también respondió a una necesidad de dar visibilidad al talento artístico de personas ciegas o con baja visión.

En los años 90, apenas existían espacios donde pudieran exponer sus obras y ser reconocidos más allá de su discapacidad. El museo no solo les dio ese lugar, sino que además se convirtió en un escaparate para demostrar que la creatividad no entiende de límites sensoriales.

A más de treinta años de su inauguración, el Museo Tiflológico sigue fiel a su espíritu original: ser un espacio donde el conocimiento se toca, se siente y se comparte.

Su historia es también la historia de una manera distinta de entender el acceso a la cultura, una que no se basa en adaptaciones forzadas ni en discursos paternalistas, sino en una propuesta firme de igualdad, participación y respeto por la diversidad sensorial.

¿Quieres saber qué vas a encontrar dentro? ¡Pues sigue leyendo que te lo cuento!

De paseo por su interior

Prepárate, porque al cruzar la puerta del museo te vas a quedar de piedra. ¡Cuánto esconde!

Una de las grandes protagonistas del museo es su colección de maquetas de monumentos. Hay más de 30 reproducciones de construcciones emblemáticas, tanto de España como de otros países.

Algunas reconocibles al instante, como el Coliseo de Roma, el Taj Mahal de la India, la Estatua de la Libertad de Nueva York, la Puerta de Alcalá de Madrid…. Otras, quizá, sean menos conocidas, pero todas igual de fascinantes.

Fabricadas a mano por maquetistas profesionales, te repito, no están ahí para que las mires desde lejos: están para que las toques y explores bien a fondo. Te vas a quedar loco con el nivel de detalle, y con cómo los materiales ayudan a captar las texturas y escalas de los originales.

Pero el museo no se queda solo en las maquetas. También hay una sección entera dedicada a obras de artistas ciegos o con discapacidad visual grave.

Aquí es donde más se rompe el prejuicio de que la creación artística depende exclusivamente de la vista. Esculturas, pinturas, relieves… Cada pieza refleja esa sensibilidad que no necesita ojos para ver, y muchas de ellas transmiten emociones profundas y personales.

Y lo mejor es que también puedes explorarlas con las manos, de forma libre pero con respeto.

Otro de los espacios del museo es la zona de material tiflológico.

Aquí se exponen objetos, libros y tecnologías que han marcado la evolución del aprendizaje y la comunicación en personas ciegas.

Desde las primeras máquinas Perkins para escribir en braille hasta relojes parlantes, mapas en relieve y documentos históricos. Todo está pensado para mostrar cómo ha sido — y sigue siendo todavía hoy — el proceso de adaptación del mundo a todas las formas de ver (o no ver).

El museo también ha ido incorporando elementos tecnológicos que mejoran la experiencia. Hay audioguías, códigos QR, señalética en braille y en macrocaracteres, y un sistema de balizas inteligentes llamado Beepcons, desarrollado por la propia Fundación ONCE, que emite señales acústicas para orientar a los visitantes ciegos por las salas.

La iluminación, el contraste de colores, el mobiliario adaptado… Todo suma para que cada persona pueda moverse con autonomía y comodidad.

Más allá de lo educativo, es un lugar que emociona. No porque dé pena — nada de eso –, sino porque te hace abrir los ojos (y las manos) a una realidad que a veces no conocemos. Es un museo que habla de inclusión, de arte sin barreras y de otra manera de viajar, sentir y aprender.

Información práctica

Si estás planeando una escapada a Madrid o vives aquí y buscas un plan diferente, te lo recomiendo muchísimo. Es gratuito, está en un barrio tranquilo y no hay multitudes.

Aquí te dejo todo lo que necesitas saber para organizar tu visita a este lugar tan curioso.

¿Cómo llegar?

El museo se encuentra en la calle de La Coruña, número 18, en el barrio de Tetuán.

Llegar a él es muy sencillo y, aunque puedes ir en coche y aparcar por la zona en el exterior o en algún parking público — en ningún caso, aparcamiento gratuito –, yo te recomiendo ir en transporte público.

Si quieres ir en Metro, la estación más cercana es la de Estrecho (línea 1), pero también puedes ir en autobús, ya que las líneas 3, 43, 124, 126 y 128 paran por la zona.

Además, si te mueves en bicicleta, hay estaciones de BiciMAD cercanas en Calle San Germán, nº 57 y en la propia estación de metro Estrecho (Calle Navarra, nº 1) .

Horarios y tarifas

El museo abre de martes a viernes de 10:00 a 15:00 y de 16:00 a 19:00, y los sábados de 10:00 a 14:00. Los lunes, domingos y festivos permanece cerrado.

La entrada es totalmente gratuita para todos los públicos. No se requiere reserva para visitas individuales, pero si te apetece realizar una visita guiada, es necesario que reserves con antelación llamando al 91 589 42 19 o enviando un correo a museo@once.es.

Ahora dime, ¿te han entrado ya ganas de ir? ¡Comparte este post con la persona que quieres que te lleve a visitarlo! Y déjame por comentarios si conoces algún otros museo tan especial como este, que ya sabes que me encanta leerte.

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