Calahorra, ciudad de las verduras y protagonista de la primera vuelta al mundo
Cuando pensamos en La Rioja, lo primero que nos viene a la mente son sus famosos viñedos y sus muchas bodegas históricas.
Con una tradición vinícola tan fuerte, es normal que miles de personas se sientan atraídas por esta región. ¡Y cómo no imaginarla así cuando escuchamos su nombre!
Sin embargo, más allá de este paisaje tan familiar, existen otras joyas en la zona que a menudo pasan desapercibidas. Calahorra, la capital de la Rioja Baja, es uno de esos destinos que, aunque no suele estar en nuestro radar, esconde una riqueza histórica, cultural y gastronómica que merece ser conocida.
Famosa por su huerta fértil, esta ciudad se enorgullece de ser la cuna de algunas de las verduras más sabrosas de España. ¡Pero su atractivo va más allá de todo esto! Tiene una historia fascinante y un patrimonio que la convierten en un lugar lleno de sorpresas.
Y es que Calahorra está estrechamente vinculada a uno de los episodios más trascendentales de la historia de la humanidad: la primera vuelta al mundo. Un hecho histórico que muchos desconocen y que convierte a esta ciudad en un lugar aún más especial.
Si no conocías este dato, quédate, que te lo cuento todo ahora mismito.
¿Qué vas a encontrar aquí?
- Un poco de historia para entenderla
- Calahorra y la primera vuelta al mundo: ¡inesperado!
- Una ciudad que sorprende: ¿qué ver?
- Catedral de Santa María: ¡a buscar el móvil!
- Museo de la Romanización: un must
- Museo de la Verdura: original, original
- Casa Santa, ¡y mucha fotografía!
- Otros templos e iglesias relevantes
- Barrio judío de la ciudad: huella sefardí
- Yacimientos y restos arqueológicos
- Fuente de los Trece Caños y lavadero
- Pero no todo está en la ciudad…
- Información práctica



Un poco de historia para entenderla
Puede que al pensar en Calahorra nos vengan rápidamente a la cabeza sus verduras — que, por cierto, están buenísimas –, pero lo cierto es que esta ciudad lleva más de dos mil años con muchas historias a sus espaldas.
Hoy puede parecer un sitio tranquilo, pero en época romana fue un auténtico punto clave en el mapa.
Los romanos la llamaron Calagurris Nassica Iulia, y era una ciudad importante: tenía foro, termas, acueducto, murallas… Lo que se dice una ciudad con todas las letras. Vamos, que no era un pueblecito perdido, sino uno de los centros más potentes del norte de Hispania.
Todo esto en lo que hoy llamamos Rioja Baja, una zona que a veces pasa un poco desapercibida, pero que tiene mucha más historia de la que parece.
Después del Imperio Romano, Calahorra siguió viva. Cambiaron los tiempos y pasaron por aquí visigodos, musulmanes, cristianos… ¡Un completo ir y venir de culturas!
En la Edad Media, la ciudad fue muy codiciada por su posición: estaba bien situada y tenía buena tierra, y por eso se convirtió en una «plaza fuerte» (es decir, un lugar bien protegido y preparado para resistir ataques).
En el siglo XI, el rey García Sánchez III de Pamplona la reconquistó, y más adelante Alfonso VI de Castilla le dio fueros, o lo que es lo mismo, ciertos privilegios que la ayudaron a crecer como ciudad comercial.
De hecho, muchas de las calles estrechas del casco antiguo y algunos trozos de muralla que se ven hoy vienen de esa época. ¡Date una buena vuelta para no perderte nada de todo esto!

Otro detalle curioso (y muy interesante) de aquellos siglos fue la presencia judía. En Calahorra vivía una comunidad bastante activa: tenían su propio barrio, su sinagoga, su cementerio… Se calcula que en el siglo XV llegaron a ser más de 600 personas.
Convivieron durante un tiempo con cristianos y musulmanes, hasta la expulsión de 1492. Aunque se fueron, parte de su huella sigue por ahí, entre sus calles y algunos documentos antiguos que podrás observar, por ejemplo, en el interior de su catedral.
Con el tiempo, la ciudad fue perdiendo importancia militar, pero se convirtió en un centro agrícola muy potente. El río Cidacos y la huerta que lo rodea han dado trabajo y alimento a generaciones. Hoy en día la agricultura sigue siendo uno de los grandes motores de la economía local.
Y en el siglo XX, con la llegada del ferrocarril y sobre todo con la industria conservera, Calahorra volvió a coger impulso. Muchas fábricas se instalaron aquí, aprovechando todo lo que daba la huerta.
¡Y así sigue la ciudad hasta hoy! Que es, además, la segunda ciudad más grande de La Rioja.
Así que, querido lector, cuando vengas a Calahorra disfrútala mucho y no te pidas una hamburguesa: pídete unas buenas alcachofas con ajetes frescos y salsa de yemas de huevo o una crema de verduras.


Calahorra y la primera vuelta al mundo: ¡inesperado!
Quién diría que una ciudad sin mar iba a tener algo que ver con una de las mayores gestas marítimas de la historia, ¿verdad?
Porque claro, si hablamos de la expedición de Magallanes y Elcano — esa pedazo de aventura entre 1519 y 1522 que dio la primera vuelta al mundo –, lo normal es imaginar barcos en Sevilla con muchos marineros nerviosos a punto de zarpar.
¿Y Calahorra? Pues resulta que también estuvo ahí presente. No en la cubierta de los barcos ni dirigiendo el timón, pero sí en lo que lo impulsó todo: las velas. ¡Y no es una metáfora!
La historia se redescubrió casi por casualidad, como tantas cosas bonitas: un historiador husmeando en documentos antiguos encontró un error de transcripción (sí, una simple letra mal puesta), y ¡pum!
Resulta que parte de las velas de aquellas naos legendarias se tejieron en Calahorra. Entre agua de regadío y telares locales, esta ciudad riojana — con más huerta que puerto, como ya te he comentado antes — ayudó a que el viento empujara la expedición más importante del siglo XVI.
¡Pero te lo cuento todo con más detenimiento!
Resulta que en el siglo XVI, Calahorra era mucho más que huerta: también tenía un pequeño pero valioso entramado textil. Gracias a su sistema de regadío y al cultivo del lino y del cáñamo, contaba con las condiciones ideales para fabricar tejidos resistentes.
Y claro, si querías hacer unas velas capaces de aguantar los vientos del Atlántico, del Pacífico o del Índico, necesitabas precisamente eso, materiales capaz de resistirlo todo y muy buenos tejedores.
Las «olonas«, el tejido grueso con el que se hacían las velas de las naos, salían en parte de aquí.
De hecho, hay documentos que prueban que Carlos V envió una carta oficial al concejo de Calahorra en 1523 agradeciendo su colaboración en la expedición y pidiendo aún más lona para la siguiente: la Armada de la Especiería.
En esa misma carta, Carlos ordena incluso que se libere a los tejedores de otras tareas e impuestos, para que se dediquen en exclusiva a producir material naval. Si el propio rey te escribe directamente para pedirte velas, por algo será, ¿no?
Lo más curioso de todo esto es que esta historia estuvo casi perdida. Durante siglos, nadie le dio mucha importancia porque alguien, en su momento, cometió un error de transcripción al catalogar los documentos históricos: donde debía poner “olonas”, puso “olandas”.
Y claro, ¡nadie pensó que eso pudiera estar relacionado con la navegación!
Fue precisamente ese pequeño despiste el que hizo que la aportación de Calahorra quedara en el olvido… ¡Hasta ahora!
Hoy sabemos que parte de las velas que impulsaron las naos de Magallanes salieron de aquí, de los telares calagurritanos. Tal vez no todas, es verdad — también hubo producción en lugares como Bilbao o incluso Londres–, pero las de Calahorra fueron, según las cartas, las primeras en entregarse.
¡En fin! Puede parecer irónico, casi poético: una ciudad de interior participando en la mayor epopeya marítima de su tiempo. Pero así fue. Y eso es lo que hace que esta historia sea tan especial.
Quizá porque nos recuerda que las grandes gestas no son solo cosa de grandes nombres, batallas o exploradores con mapas en la mano. También son el resultado del trabajo anónimo, del esfuerzo colectivo y de pueblos pequeños que aportaron lo suyo para seguir avanzando.
Así que la próxima vez que visites Calahorra, y veas alguna mención a su pasado textil o una exposición sobre su historia, recuerda esto: no se está hablando de cualquier cosa. ¡Y hay que darle valor!

Una ciudad que sorprende: ¿qué ver?
Si después de leer todo lo anterior, te han entrado ganas de descubrirla, vas a encontrarte con un montón de sitios que merecen muchísimo la pena. ¡Algunos muy evidentes y otros que son pequeñas joyas escondidas!
En este apartado te invito a recorrer conmigo lo mejor de Calahorra, desde su patrimonio monumental y museos, hasta sus callejuelillas y espacios naturales en los alrededores.
Catedral de Santa María: ¡a buscar el móvil!
Este es el corazón histórico y espiritual de Calahorra. No solo impone por fuera, también te va a sorprender mucho por dentro.
Construida entre los siglos XV y XVII, la catedral combina varios estilos, como el gótico y el neoclásico, tiene techos altos, retablos súper elaborados y muchos, muchos secretos. En otro post más adelante, te los quiero contar todos, pero por ahora te voy a mencionar dos de ellos.
¿Estás preparado?
En primer lugar, en su Museo Diocesano, podrás ver una Torá judía del siglo XV. Sí, un auténtico rollo de la ley judía, testimonio de la antigua comunidad sefardí de la ciudad (de la que te hablo con detenimiento más delante).
Y en segundo lugar, si te das una vuelta por su exterior, quizá haya un detalle que llame un poco tu atención: hay un teléfono móvil esculpido en su fachada. De los creadores de «astronautas en la Catedral de Salamanca» llega…
En Instagram (@elviajedebubi), ya te dije exactamente dónde estaba. Aquí voy a dejar que seas tú el que explore a sus anchas y lo encuentre… ¡Suerte!



Museo de la Romanización: un must
En pleno casco antiguo de Calahorra se encuentra uno de esos rincones con historia que merece la pena visitar: el Museo de la Romanización.
Además, está ubicado en un edificio muy conocido por los calagurritanos: la «Casa del Millonario».
¿Que por qué ese nombre? Pues porque allá por 1930, su dueño se llevó tres millones de pesetas en la lotería y se montó este casoplón. Así, como te lo cuento.
Este edificio, ahora propiedad del Ayuntamiento, se transformó en museo en 1984 con motivo del bimilenario de la ciudad, y desde entonces ha ido creciendo hasta convertirse en un espacio de referencia para conocer el pasado romano de Calahorra.
Desde 2009, forma parte del Museo de La Rioja como su sección dedicada a la romanización.
Aquí podrás hacer un recorrido súper completo por esta parte de la historia de Calahorra, que abarca desde los pueblos prerromanos hasta la llegada del cristianismo en el siglo IV, con figuras clave como los santos mártires Emeterio y Celedonio.
A través de piezas arqueológicas, utensilios, maquetas y restos encontrados en la zona, te harás una idea muy clara de cómo era la vida aquí hace más de dos mil años. ¡Está muy bien!



Museo de la Verdura: original, original
Ya te he contado que en Calahorra, la verdura no es solo comida: es identidad, es orgullo… ¡y hasta moda! Y por eso tiene su propio museo, el Museo de la Verdura, un espacio que celebra lo mucho que esta tierra debe a sus huertas y a quienes las trabajan desde hace generaciones.
Ubicado en el antiguo convento de San Francisco, el museo es todo un homenaje al mundo agrícola de la ribera del Ebro.
A través de seis salas expositivas, en este recorrido verás cómo se cultivan y conservan las verduras, qué papel juega la industria conservera en la zona, y cómo se han integrado estos productos en la cocina local.
Además, el museo sorprende con una de sus señas más originales: los trajes creados con materiales de origen vegetal para la Pasarela «Ciudad de la Verdura«, una actividad que tiene lugar durante las Jornadas Gastronómicas de la Verdura (que el pueblo suele celebrar en abril).
Una fusión curiosa entre agricultura y diseño que te va a dejar con la boca abierta seguro. ¿Te imaginas vestir con un traje hecho de garbanzos? ¿O de cebolla y ajos? ¡Alucinante!


Casa Santa, ¡y mucha fotografía!
En Calahorra, la historia se vive de muchas formas, y una de ellas es a través de la Casa Santa, un espacio moderno construido sobre la antigua ermita de los Santos Mártires.
Aquí se recuerda la vida y el martirio de Emeterio y Celedonio, dos soldados romanos que, por mantenerse fieles al cristianismo, fueron decapitados junto al río Cidacos durante las persecuciones del emperador Diocleciano. ¡Hoy son los patronos de la ciudad!
Pero la Casa Santa no solo guarda esta memoria religiosa, sino que también alberga el Museo Inclusivo de Fotografía Bella, un recorrido visual por la historia reciente de Calahorra.
Aquí verás una colección súper interesante de cámaras antiguas, negativos, películas y miles de imágenes que capturan un siglo de vida cotidiana en la ciudad, desde principios del siglo XX hasta la llegada del mundo digital.
Este museo tiene además una vocación muy clara: ser accesible para todas las personas. Cuenta con pavimento podotáctil, estaciones táctiles, lectura fácil, códigos QR, subtítulos e intérprete en lengua de signos. ¿No es una maravilla?



Otros templos e iglesias relevantes
Más allá de su imponente catedral, Calahorra conserva un valioso patrimonio religioso repartido por toda la ciudad. Iglesias, conventos y pequeños santuarios que también tienen un gran valor arquitectónico y artístico. ¡Vamos a descubrirlos!
- Iglesia de Santiago. Una joya barroca con toques neoclásicos que empezó a levantarse en el siglo XVII.
- Iglesia de San Francisco, hoy convertida en el Museo de los Pasos. Aquí se exponen algunas de las tallas más importantes de la Semana Santa de Calahorra, declarada de Interés Turístico Nacional.
- Iglesia de San Andrés. Aunque tiene un exterior muy discreto, sorprende al entrar. Fíjate en la portada, en el retablo mayor rococó y en el coro. ¡Impresionante!
- Santuario del Carmen. Fundado en 1603 por los carmelitas descalzos, conserva un bello retablo clasicista y una imagen muy especial de la Virgen del Carmen, coronada como Reina de la Ribera en 1957. Una capilla guarda además la curiosa lápida del obispo Alfonso de Mena y Borja, conocido como «el obispo incrédulo» por no creer que los frailes se levantaran a medianoche al rezo de Maitines.
- Monasterio de San José, más conocido como el Convento de las Monjas Encerradas. Dentro guarda auténticas joyas: desde esculturas de gran valor artístico hasta un impactante Cristo atado a la columna, obra de Gregorio Fernández.
- Humilladero. Un crucero plateresco del siglo XVI, pensado para acoger a los peregrinos que llegaban a la ciudad por la antigua calzada romana en su camino a Santiago.



Barrio judío de la ciudad: huella sefardí
En lo alto de Calahorra, donde hoy se encuentra la iglesia de San Francisco, existió durante siglos una de las juderías más importantes de La Rioja.
Lejos de ocupar un rincón apartado, esta comunidad vivía cerca del castillo y de la acrópolis antigua, en una zona amurallada con su propia puerta: la Puerta de la Judería, que se abría en la actual confluencia de las calles Cabezo, Sastres y Deán Palacios.
Desde el siglo XI — y muy probablemente incluso antes — los judíos sefardíes de Calahorra formaron una comunidad próspera y bien integrada.
Durante los siglos XIII y XIV, la aljama calagurritana alcanzó su mayor esplendor: se estima que llegó a representar hasta el 15% de la población de la ciudad, con una intensa actividad agrícola, comercial, médica y administrativa.
Sin embargo, en 1492, con el decreto de expulsión de los Reyes Católicos, la historia de esta comunidad llegó bruscamente a su fin.
Hoy, aunque la sinagoga desapareció — estaba en el espacio que ocupa desde 1927 el colegio Aurelio Prudencio –, aún se puede intuir el trazado del antiguo barrio judío en calles como San Sebastián o la de las Murallas.
Pasear por esta zona es recorrer un laberinto de callejuelas estrechas que se abren a miradores como el de la calle Cabezo, desde donde se contemplan los mismos campos y huertas que cultivaron aquellos vecinos sefardíes hace siglos.
Además, la judería de Calahorra forma parte de la Red de Juderías de España, así que no olvides tu Pasaporte del Descubridor para que te lo sellen. Si todavía no sabes de qué te estoy hablando, te recomiendo leer este otro post donde te lo detallo todo.


Yacimientos y restos arqueológicos
La ciudad está llena de restos arqueológicos que nos recuerdan su pasado romano y medieval, integrados en calles, parques y hasta bajo nuestros pies.
Uno de los yacimientos más importantes es La Clínica, donde aparecieron los restos de una gran construcción pública romana del siglo I d.C., con mosaicos, pinturas murales y hasta un pequeño complejo termal. Aquí fue donde se halló la famosa Dama de Calahorra, una escultura de mármol que hoy es todo un símbolo local.
Muy cerca, el Paseo del Mercadal es otro punto clave: lo que hoy es un bonito bulevar peatonal fue en su día el circo romano, donde se celebraban carreras de carros.
Además, entre las calles Murallas y Carretil aún pueden verse tramos de la antigua muralla romana, torres defensivas como la del Sequeral, restos de cloacas del siglo I, y hasta parte de un acueducto que traía agua desde más de 30 kilómetros.
Y si te apetece explorar más allá del centro, puedes visitar también la presa romana de Los Agudos o el yacimiento de Sorbán, que te llevará incluso más atrás en el tiempo, hasta la Primera Edad del Hierro.
Fuente de los Trece Caños y lavadero
A la entrada sur de Calahorra, muy cerca del parking de la Catedral, te espera uno de esos rincones con historia que no te puedes perder: la Fuente de los Trece Caños.
Esta fuente monumental de estilo neoclásico se terminó de construir en 1872 y destaca por sus dos arcos de triunfo y, obviamente, por sus trece caños, por los que corría el agua de la antigua fuente «Tripona». ¡Muy chula!
Hoy sigue siendo un lugar con encanto, perfecto para hacer una parada antes de iniciar la Senda del Cidacos, uno de los tramos de los Senderos de la Verdura, de los que te hablaré enseguida.
¡Ah, y por cierto! A unos pasos de allí, se encuentra el antiguo lavadero, donde antaño las calagurritanas lavaban la ropa a mano.
Pero no todo está en la ciudad…
¡Efectivamente! En los alrededores, también hay muchos atractivos que harán de tu visita a Calahorra algo más completo y atractivo. Aquí te lo cuento todo.
¿Nos vamos de rutita?
Empecemos hablando de los Senderos de la Verdura, cinco rutas señalizadas que suman casi 100 kilómetros y recorren todo tipo de entornos: riberas de río, huertas tradicionales, campos de cultivo, pinares, embalses y miradores naturales.
La mayoría de estas rutas son accesibles, con escasa dificultad y terreno llano, ideales para hacer caminando o en bicicleta. A continuación, te doy una pequeña guía con distancias y tiempos aproximados:
- Sendero del Cidacos. Ruta circular entre huertas, riberas y pinares, desde la Fuente de los Trece Caños hasta el embalse de El Perdiguero. Unos 12km que podrás hacer en unas dos horas y media.
- Sendero de Pico la Mesa. Itinerario más corto pero con fuerte desnivel. Sales del emblase de El Perdiguero y sube hasta el Pico La Mesa (590 metros), con grandes vistas del valle del Cidacos. Unos seis kilómetros y medio que podrás hacer unas tres horas.
- Sendero de Murillo de Calahorra. Ruta llana entre campos de cultivo y la ribera del Ebro. Parte desde Murillo de Calahorra, actualmente deshabitado. Unos 12km que podrás hacer en unas tres horas.
- Sendero de Campo Bajo. Ruta circular desde el Santuario del Carmen, entre huertas, acequias y el Canal de Lodosa, con vistas continuas de Calahorra. Unos 15km que podrás hacer en cinco horas.
- Sendero de Calahorra. El más largo y completo, y el único de dificultad media. Recorre todo el perímetro del municipio, conectando entornos agrícolas, montes, riberas y localidades vecinas. En total, unos 50km que podrás hacer en unas 13 horas.
Aunque no forma parte de los Senderos de la Verdura, La Degollada es otra excelente opción para disfrutar del entorno natural de Calahorra. Se trata de un recorrido de 3,5km, ideal para una caminata de una hora y media, accesible y muy didáctica.
Está dividida en tres zonas diferenciadas:
- Yasa de las Conchas: planicie esteparia surcada por cárcavas y barrancos.
- Zona húmeda: cinco lagunas en serie que compensan la pérdida de hábitat acuático tras el recrecimiento del embalse de El Perdiguero. Es lugar de cría y paso migratorio de numerosas aves acuáticas como garzas, azulones, somormujos o aguiluchos laguneros.
- Pinares del Valle del Ebro: la mayor masa forestal de esta zona riojana, y hogar de fauna como corzos, jabalíes y aves rapaces.
El recorrido está equipado con observatorios de aves, miradores, paneles informativos y áreas de descanso. Además, en sus inmediaciones pueden visitarse los restos de una antigua presa romana alto-imperial, que abasteció parte de la zona agrícola de Calagurris.
¡Una opción perfecta si buscas una experiencia más cortita!
También te puedo recomendar el Parque del Cidacos, la Laguna del Recuenco, la Fuente Caricente, los Agudos y el Embalse del Perdiguero. Te lo dejo todo señalado en un mapa a continuación.
Y si eres peregrino, que sepas que por Calahorra pasan el Camino Jacobeo del Ebro y el Camino Ignaciano, que recrea la ruta que San Ignacio de Loyola recorrió en el año 1522 desde Loyola hasta Manresa con la intención de peregrinar a Tierra Santa.

Tierra Rapaz: parque temático de naturaleza
Tierra Rapaz es un parque temático único en su género, dedicado a la naturaleza, la ciencia y la historia. Gestionado por un equipo de biólogos y especialistas, combina el espectáculo con la educación ambiental.
Además cuenta con dos de las mejores exhibiciones de aves rapaces del mundo, donde el vuelo libre de más de 200 aves se combina con artes escénicas, actores y efectos especiales.
Pero Tierra Rapaz no es solo espectáculo: es también un centro de conservación, acogida de aves irrecuperables y desarrollo de proyectos científicos.
El parque abre los sábados, domingos y festivos de 11:00 a 19:30, y el precio de la entrada general varía según la temporada entre los 19€ y 23€ para adultos y los 13€ y 15€ para niños de tres a 13 años.
Los menores de tres años entran gratis y hay algún que otro descuento para familias numerosas, por ejemplo. ¡Échale un ojo a su página web, si te interesa!

Información práctica
Para aprovechar al máximo tu paso por Calahorra, es importante tener en cuenta algunos consejos prácticos que te ayudarán a moverte con facilidad, disfrutar de sus platos más representativos y encontrar el alojamiento perfecto para tu estancia. ¡Allá vamos!
¿Cómo llegar?
Calahorra se encuentra en el sur de La Rioja, a unos 50km de Logroño y a unos 300km de Madrid. Está bien comunicada tanto por carretera como por tren y autobús, y su ubicación entre el valle del Ebro y la Sierra de La Hez la convierte en un punto genial para una visita.
Si decides visitar la ciudad, desde Logroño tardarás poco más de media hora por la LR-134, en dirección Arnedo/Calahorra. ¡No tiene pérdida!
Si viajas en transporte público, hay trenes de media distancia con salidas frecuentes desde la estación de Logroño hasta Calahorra. El trayecto es directo y rápido, ideal si no quieres conducir. Puedes mirar los horarios y los precios en la página web de Renfe.
En autobús, la empresa Jiménez Movilidad opera varias conexiones diarias entre ambas ciudades.
El servicio es cómodo y bastante económico, y cuenta con paradas tanto en el centro de Logroño como en el de Calahorra.
Por otro lado, desde Madrid, en coche puedes tomar la A-2 hasta Medinaceli, donde enlazas con la N-111 hasta Soria. Desde allí, continúa por la N-232 dirección Calahorra. También puedes optar por la AP-68 (autopista de peaje), accediendo desde Zaragoza si vienes por la A-2.
En tren, no hay conexión directa desde Madrid a Calahorra, pero puedes coger un AVE a Zaragoza (una hora y media) y desde allí tomar un tren regional a Calahorra o bien enlazar con autobús.
¿Dónde comer y qué probar?
Calahorra ofrece una rica gastronomía basada en productos de su huerta, y te aseguro que comer verdura nunca será tan delicioso como lo es aquí. Algunos platos destacados son:
- Verduras locales, como las borrajas, el cardo, las alcachofas, la coliflor (con Indicación Geográfica Protegida), los espárragos o los pimientos. ¡Obviamente!
- Carnes, como el ternasco de Aragón.
- Platos tradicionales, como las migas, el rancho (guiso con carne de conejo, patatas y verduras) o la morcilla dulce con piñones.
- O algo dulce, como sus magdalenas, mantecados, mantecosas y el pastel calagurris, a base de almendra.
Como recomendación, yo comí en el Restaurante El Albergue, que tiene varias opciones sin gluten, pero hay muchos otros por la zona como el Hotel Ciudad de Calahorra o la Bocatería Houston.
¿Dónde dormir?
Calahorra ofrece una gran variedad de opciones, desde hoteles con encanto hasta opciones rurales más alejadas del bullicio urbano.
Algunas de ellas son el Parador de Turismo «Marco Fabio Quintiliano» (100-120€ la noche para dos personas), el Hotel Ciudad de Calahorra (84,60€ la noche para dos con desayuno incluido) o el Albergue de Peregrinos «San Francisco».
Si viajas con tu perrete, no te creas que hay muchas opciones… El Hotel Zenit Calahorra admite peluditos de hasta 25kg y con un suplemento de 15€ por noche (o sea, para nada dogfriendly).
Y tú, ¿conocías este pueblo de La Rioja? ¿Qué te parece su historia? ¡Te leo en comentarios!
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4 Comments
Ángela
Ohhhhhhh…… Increíble reportaje fotográfico.
Recuerdos muy gratos, de parte de un viaje SÚPER 😜
LEERLO Y VER ESAS FOTOS superan todo lo imaginable
Enhorabuena por tu reportaje
María
¡Qué bien lo pasamos en este viaje!
Alfredo
Un espléndido recorrido escrito por toda la geografía ligada a Calahorra,su historia,sus » olonas marineras » de alcance mundial,sus gentes tan variadas,sus huertas,enclaves,monumentos,y su rica gastronomía.
Así que me apunto al dicho:
Ahorra,y nos vemos en Calahorra.
Reportaje genial.Felicitaciones a la autora.
María
Jejejeje, es una ciudad muy curiosa. ¡Y tiene una historia muy completa!