Madrid,  España

Malasaña y sus mujeres: una ruta para el 8-M por el barrio madrileño con más rollo

Si caminas por el centro de Madrid, seguro que el Barrio de las Letras te suena por los versos de Lope de Vega o Quevedo que hay grabados en el suelo.

Pero hoy quiero proponerte un plan diferente: cruzar la Gran Vía para descubrir que Malasaña es, en realidad, el Barrio de las Letras femenino. ¡Y no hace falta buscar con lupa!

En este rincón de Madrid, el talento y la resistencia de las mujeres son el cimiento de sus calles.

¿Sabías que los famosos almacenes de madera de Catalina de la Cerda dieron nombre a la calle de la Madera? ¿O que la calle del Pez se llama así por la mascota de Blanca Coronel?

Desde Teresa de la Cerca o Ana Félix de Guzmán — fundadoras de instituciones tan importantes como el Convento de San Plácido o la antigua Universidad Central –, hasta las voces más brillantes de nuestra literatura y política, Malasaña ha sido refugio y altavoz para muchas mujeres.

Aquí vivieron, escribieron y lucharon pioneras como Emilia Pardo Bazán, Rosalía de Castro, Carmen de Burgos, Rosa Chacel o Clara Campoamor.

Para este 8 de marzo, te traigo una ruta muy especial: un viaje a través de 23 paradas esenciales para que pongas nombre y cara a muchas de esas mujeres que cambiaron nuestra historia.

¡Ponte zapas cómodas que nos vamos!

De «Refugio» a «Malasaña»: barrio Universidad

Lo que hoy conocemos como el barrio con más «rollo» de Madrid no siempre se llamó así. Oficialmente, para el Ayuntamiento, este es el Barrio de Universidad — dentro del Distrito Centro –, pero su historia es una sucesión de nombres bastante interesante.

Creo que es importante empezar la ruta por aquí. ¡Un pelín de contexto!

Entre los años 1580 y 1640, la unión de las coronas de España y Portugal atrajo a una numerosa población portuguesa a esta zona de Madrid, lo que impulsó la creación de instituciones como el hospital e iglesia de San Antonio de los Portugueses.

Tras la separación de los reinos, la reina regente Mariana de Austria asumió su patrocinio, pasando a conocerse como San Antonio de los Alemanes, pero el verdadero cambio social llegó cuando Felipe V donó la institución a la Hermandad del Refugio.

Esta hermandad, que todavía hoy permanece activa, desempeñó una labor asistencial fundamental al recoger a niñas abandonadas en las calles durante sus rondas nocturnas para llevarlas a un albergue.

La demanda era tan alta que terminaron construyendo, junto a la iglesia, el Colegio de Huérfanas de la Purísima Concepción, un lugar donde se formaba a estas jóvenes para que pudieran ejercer un oficio y cambiar el rumbo de sus vidas.

Este centro se convirtió en el corazón de un vecindario que empezó a ser conocido popularmente como el barrio de El Refugio.

Con el paso del tiempo, el fervor popular y la presencia del convento carmelita del siglo XVII desplazaron el nombre de El Refugio por el de barrio de Maravillas, en honor a la virgen cuyas flores adornaban su imagen.

Este nombre quedó inmortalizado en la memoria literaria de España gracias a autoras como Rosa Chacel, quien en su novela Barrio de Maravillas capturó la esencia de sus calles, comercios y gente.

Sin embargo, el destino del barrio daría un giro heroico en 1808, cuando mujeres como la joven bordadora Manuela Malasaña, Clara del Rey o Benita Pastrana entregaron su vida defendiendo estas calles frente a las tropas francesas.

Aunque oficialmente se conoce como barrio de Universidad — debido a que la Universidad Central se instaló en el Noviciado, sobre terrenos cedidos por Ana Félix de Guzmán — , el espíritu rebelde de la Movida Madrileña en los años 80 terminó por imponer el nombre de Malasaña en honor a su heroína más famosa.

¡Un barrio en clave femenina!

El «Barrio de las Letras» femenino

Si paseas por las calles de Huertas, verás como los nombres de los grandes autores del Siglo de Oro te asaltan en cada esquina.

Sin embargo, existe un Madrid literario igual de potente, pero mucho más silenciado, que se esconde en las calles de Universidad.

Así que sí, querido lector, Malasaña no es solo el barrio de la Movida; ¡es el Barrio de las Letras femenino!

En la planta baja de la calle de la Ballesta número 13, por ejemplo, una jovencísima Rosalía de Castro de apenas 20 años compuso La Flor, su primer poemario, iniciando una carrera que la llevaría a ser la madre de las letras gallegas y a tener, literalmente, una estrella con su nombre en el firmamento.

No muy lejos, en la calle de San Vicente Ferrer nº 22, Rosa Chacel vivió de niña y,como ya te contaba antes, inmortalizó su paso por aquí en su obra Barrio de Maravillas.

Convirtió la farmacia Juanse o la antigua huevería en escenarios de la literatura española.

Pero la densidad intelectual del barrio se hace evidente al llegar a la calle San Bernardo

En el nº 35 verás el edificio (entero, sí) que fue propiedad de Emilia Pardo Bazán durante 35 años.

Desde aquí, la condesa no solo escribió gran parte de su obra, sino que rompió techos de cristal históricos al convertirse en la primera mujer en dar una conferencia en la Sorbona y el Ateneo de Madrid — del que llegó a ser la primera socia y presidenta de la sección de literatura — y en la primera catedrática de la Universidad Central.

Y no nos olvidemos de que a esta institución también asistió otra de las mejores mentes del siglo XIX: ¡Concepción Arenal!

¿Sabías que tuvo que disfrazarse de hombre para poder formarse aquí?

Muy cerca, en el nº 76, Carmen de Burgos «Colombine» organizaba sus famosos «Miércoles de Colombine», unas tertulias literarias que reunían a la vanguardia intelectual de las Artes y las Letras.

Carmen de Burgos rompió muchas barreras: fue la primera periodista en plantilla, redactora jefe, corresponsal de guerra y organizadora de la primera manifestación feminista en España.

Incluso aquellas historias que el tiempo intentó borrar han dejado su huella en Malasaña.

Este es el caso de la dramaturga María Lejárraga, quien vivió en la calle de Manuela Malasaña nº 18 mientras ejercía como maestra en la escuela para niñas del Dos de Mayo.

Sus obras alcanzaron el éxito en Broadway y Hollywood, aunque durante décadas el mundo creyera que las firmaba su marido… ¡Qué típico!

Además, fue diputada del Partido Socialista Obrero Español por Granada durante la II República y me encanta que en la fachada de su casa podamos leer lo siguiente:

Sin que el espíritu femenino colabore con el masculino en la confección de la ley nunca será ella ni justa ni completa.

Esta ruta literaria se completa con nombres como el de la soprano Giulietta Colbrand, o Julia Espín, cuya casa en la calle de los Libreros nº 3, posee el que se considera el balcón más universal de nuestra poesía, al ser la musa que inspiró las Rimas de Bécquer.

¡Y no nos olvidamos de Felipa Polo Asenjo!

Lo mismo no te suena de nada, pero Felipa llegó con nueve años a Madrid tras quedar huérfana y a los 12 comenzó a trabajar en la librería de doña Pepita, quien puso en práctica por primera vez el vender los libros usados de la Universidad Central.

A la muerta de esta, Felipa abrió aquí su propia librería en 1944, cuya primera planta también era su casa, y que estuvo abierta hasta el año 2000, dos años antes de su fallecimiento.

¡Una gran amiga de los estudiantes y amantes del libro!

Pioneras por la libertad y la igualdad

Si las letras de Malasaña tienen nombre de mujer, su libertad también.

Este barrio ha sido históricamente un territorio de resistencia donde la mujer ha pasado de la acción heroica en las calles a la defensa de los derechos civiles en las instituciones.

Una parada obligatoria para que entiendas mejor este espíritu es la Plaza del Dos de Mayo. En este antiguo cuartel de Monteleón, la resistencia contra las tropas napoleónicas en 1808 tuvo rostro femenino.

Entre las 58 mujeres que perdieron la vida en aquel levantamiento, destacan nombres como Clara del Rey — que falleció como consecuencia de la metralla de una bala de cañón mientras luchaba al lado de su marido y sus tres hijos — y Benita Pastrana, que murió luchando junto al hombre del que estaba enamorada.

Pero es, sin duda, Manuela Malasaña quien se ha convertido en el símbolo eterno del barrio. Esta joven bordadora, que vivía en la calle de San Andrés nº 24, murió de un balazo en la sien frente a los ojos de su padre, a quien le llevaba una recarga de munición.

De hecho, la historia de su muerte es muy triste y muy traumática. Su padre no derramó ni una lágrima en el momento y continuó inalterable luchando.

El Capitán Goycoechea certificó después que no fue hasta la tercera vez que le dio la orden de retirarse que paró de lucha y recogió el cadaver de su hija. Se arrodilló, besó su rostro ensangrentado y desapareció por la calle de San Andrés, donde todos los vieron ir. Ahí sí iba llorando.

¡Manuela tenía 17 años!

Avanzando un siglo en la historia, la lucha se trasladó de las barricadas a las leyes.

En la calle del Marqués de Santa Ana nº 4, nació Clara Campoamor, la mujer que cambió la historia democrática de España al defender y conseguir el sufragio femenino en las Cortes.

Clara, que empezó trabajando como telegrafista en el barrio, es el ejemplo máximo de la superación que define a las mujeres de Universidad: no pudo empezar a estudiar hasta los 32 años, pero a los 36 ya era abogada y una de las figuras políticas más influyentes de la II República.

¡Nunca es tarde para empezar con algo!

Esta vocación de vanguardia social se respira también en el Palacio de Parcent, de vuelta en la calle San Bernardo nº 66.

Aquí residió María Isidra de Guzmán, quien en 1785, con apenas 16 años, se convirtió en la primera mujer doctora por la Universidad de Alcalá.

Fue ella quien impulsó la rama femenina de la Sociedad Matritense, bajo el lema ilustrado de «Socorre Enseñando», creando escuelas y talleres para mujeres bajo una visión de progreso a través de la educación.

Y para cerrar este bloque de acción política, no podemos olvidar a la Infanta Luisa Carlota, cuyo palacio está en la calle de la Luna nº 32.

Su carácter decidido fue clave en la causa isabelina. Cuenta la historia que llegó a arrojar al fuego el documento que impedía reinar a su sobrina Isabel II y no dudó en abofetear al Ministro de Justicia que intentó recuperarlo.

Como ves, estas mujeres no solo habitaron Malasaña, sino que lo convirtieron en un bastión de la lucha por la dignidad y el derecho a decidir, haciendo de cada punto de esta ruta un recordatorio de que la libertad en España se escribió con «M» de mujer y de Malasaña.

Fundadoras y artistas del barrio

Mucho antes de que las cámaras de cine y los fotógrafos de la Movida inundaran sus calles, el barrio ya era el hogar de artistas que desafiaron los límites de su tiempo.

Una de las figuras más queridas de la historia local es Loreto Prado.

Nacida en la calle de la Madera Alta nº 20, Loreto fue una actriz con un talento natural que la convirtió en una auténtica celebridad de su época. Junto a Enrique Chicote, formó una de las compañías teatrales más estables y exitosas de Madrid.

Avanzando hacia propuestas un poco más sorprendentes y enigmáticas, encontramos la historia de Margaret Modlin en la calle del Pez, nº 3. Conocida como la «gran pintora del Apocalipsis», su vida y su obra surrealista fueron redescubiertas casi por azar, cuando una colección de fotografías y documentos aparecieron en la basura de este mismo edificio.

¡Una pizca de misterio!

En el ámbito de la formación artística, la Escuela de Artes Aplicadas y Oficios Artísticos de la calle de la Palma nº 46, ha sido un nido de talento.

Allí, figuras como Fernanda Francés, catedrática de pintura por oposición y premiada en múltiples certámenes de Bellas Artes, formaron a nuevas generaciones, incluyendo a la propia Rosa Chacel.

Más que nombres en una placa

Pero la huella femenina en Malasaña es tan profunda que llega hasta el propio nombre de sus calles.

La calle del Pez de la que te hablaba ahora, por ejemplo, le debe su nombre a una anécdota doméstica. Si pasas por el nº 40, busca un pequeño pez tallado en la piedra. ¡Su historia es una de las más tiernas de Madrid!

En el siglo XVII, Blanca Coronel pasaba el día cuidando a los peces de un estanque en el solar donde su padre construía su nueva casa. Su favorito era uno grande y brillante que se convirtió en su mejor amigo.

Al desecar el estanque para terminar las obras, el pez murió pese a los intentos de Blanca por salvarlo. Para consolar a su hija, su padre mandó esculpir al animal en la fachada con la frase «Casa del Pez».

El cariño de los vecinos hizo el resto: olvidaron el nombre oficial de la calle para llamarla, simplemente, la calle del Pez.

Por otro lado, la calle de la Madera le debe su nombre a los antiguos almacenes de Catalina de la Cerda.

Iglesias y conventos: ¡aquí también hay historia!

Hablemos de algunos de los templos más emblemáticos — aunque a menudo poco conocidos — del barrio.

Empezando por la Parroquia de San Ildefonso, te diré que en su altar se sellaron dos de las uniones más importantes de la literatura española.

El 10 de octubre de 1858, Rosalía de Castro contrajo matrimonio aquí con el crítico Manuel Murguía, un paso decisivo en su carrera profesional. Años antes, en 1848, también fue el escenario del enlace de otra mujer fundamental: Concepción Arenal.

Además, la plaza que la rodea fue testigo directo de la fuerza de las mujeres del barrio, especialmente de las verduleras que protagonizaron históricos motines para defender su sustento. ¡Mujeres muy valientes!

Pero si hay un templo que personifica el espíritu del barrio, es la Iglesia de Nuestra Señora de las Maravillas.

Durante el levantamiento del 2 de mayo, las monjas del antiguo convento desempeñaron un papel indispensable, convirtiendo el recinto en un hospital improvisado para socorrer a los heridos.

Pero su historia también tiene tintes (tele)novelescos: fue el lugar de encuentro entre Emilia Pardo Bazán y Benito Pérez Galdós, quienes compartían aquí su fe y sus inquietudes intelectuales. ¡Una relación amorosa muy curiosa la suya!

Además, en 1900, la iglesia acogió el matrimonio de María Lejárraga con Gregorio Martínez Sierra, iniciando una de las colaboraciones literarias más exitosas (y polémicas por la autoría) de la época.

Como te mencioné al inicio de este post, la Iglesia de San Antonio de los Alemanes es el origen de todo.

Fue aquí donde se empezó a tejer la red de apoyo femenino que permitió que miles de niñas abandonadas tuvieran una educación y un futuro digno, sentando las bases de lo que hoy es un barrio volcado en la comunidad y la ayuda mutua.

Aunque sus vecinos te dirán que «lo era», antes de que se volviese un barrio tan turístico…

Y, por último, no puedes olvidarte de visitar la Iglesia del Convento de San Plácido, cuya existencia le debemos a su fundadora, Teresa de la Cerca.

Ya ves que desde el siglo XVII, las mujeres han sido las grandes mecenas y arquitectas del paisaje urbano de Malasaña, levantando muros que hoy son Patrimonio Nacional.

Este 8M — y cualquier otro día, en realidad –, te invito a que camines por Malasaña siendo plenamente consciente del camino que nos abrieron como mujeres aquellas que nos precedieron.

¡Una cara distinta de este barrio que tanto nos gusta!

Y ahora te toca a ti: ¿cuál de todas estas mujeres te ha inspirado más leyendo este post? Cuéntamelo en los comentarios, ¡me encantaría saber cuál es tu parada favorita!

No olvides guardar este post para tu próximo paseo por Madrid y así poder redescubrir este rincón madrileño con otros ojos.

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