Así es el Ateneo de Madrid, hogar de la segunda biblioteca más grande de España
El Ateneo Científico, Literario y Artístico de Madrid es mucho más que un simple edificio histórico en pleno centro: es una institución cultural clave que ha dejado una huella profunda en la evolución intelectual de España durante los siglos XIX y XX.
Desde su fundación, ha sido un refugio para escritores, artistas, políticos, científicos y ciudadanos de todo tipo, que han hallado en sus muros un espacio perfecto para la reflexión y el intercambio de ideas.
¿Sabías que Federico García Lorca escribió cartas a sus padres desde aquí? ¿O que fue en una de sus mesas donde Carmen Laforet terminó de escribir Nada, su primera novela? ¡Incluso las huellas de Albert Einstein siguen en estos pasillos!
Este lugar emblemático es todavía hoy un faro de conocimiento y creatividad, y alberga, además, la segunda biblioteca más grande de España, justo por detrás de la Biblioteca Nacional. Si algo me apasiona a mí, son las bibliotecas. ¡Tenía que conocerla!
Y, por supuesto, el Ateneo es un auténtico hervidero de anécdotas y una fuente inagotable de historias fascinantes. Así que si aún no lo has visitado o te gustaría descubrir algunos de sus secretos mejor guardados, quédate por aquí, que te voy a contar todo.
¿Qué vas a encontrar aquí?
- 200 años de ideas
- Un recorrido por sus pasillos
- Actividades y eventos: qué hacer en el Ateneo
- Información práctica



200 años de ideas
Con más de dos siglos de historia, esta institución ha sido testigo y protagonista de innumerables cambios sociales, políticos y culturales, desempeñando un papel crucial en el desarrollo de la cultura española. ¡Sus paredes encierran muchísimo!
Su origen se remonta a un periodo de transformación política y social tras la invasión napoleónica y la Revolución Liberal. La primera semilla del Ateneo fue plantada en 1820, con la fundación del Ateneo Español, una sociedad patriótica y literaria, con el objetivo de fomentar el debate público, la discusión libre de ideas y la propagación de los valores ilustrados.
A raíz de la restauración del absolutismo por parte de Fernando VII en 1823, el Ateneo de 1820 fue disuelto, y muchos de sus miembros se exiliaron en Londres, donde fundaron un Ateneo paralelo, el Athenaeum Club, en el número 107 de Pall Mall, no muy lejos de St. James Park.
Con la muerte del rey y la llegada de un régimen más liberal con Isabel II, el Ateneo pudo resurgir en 1835, gracias a la intervención del Marqués viudo de Pontejos y la aprobación de la reina regente María Cristina.
Así nacía el Ateneo Científico, Literario y Artístico, el cual se instalaría en varios lugares de la ciudad hasta encontrar su sede definitiva en 1884, en el nº21 de la Calle del Prado.
Este nuevo Ateneo se convirtió en un referente cultural, literario y científico, albergando a destacados intelectuales de la época, como Mariano José de Larra, José Echegaray, Miguel de Unamuno o Benito Pérez Galdós, entre muchos otros.
¡Y mujeres! Que no se nos olviden Emilia Pardo Bazán, Clara Campoamor, madame Anselma o Rosa Chacel, que también pasaron por aquí.
Las tertulias y debates que se celebraban en sus salones, especialmente en la famosa «Cacharrería», iban desde la literatura y la ciencia hasta cuestiones filosóficas y políticas, reflejando las inquietudes de una sociedad que se notaba que quería progresar.



Sin embargo, a lo largo de su historia, el Ateneo también ha sido testigo de tiempos difíciles.
Durante la Guerra Civil Española, entre 1936 y 1939, el Ateneo de Madrid jugó un papel crucial como lugar de cobijo para aquellos que defendían los ideales republicanos, la libertad y la democracia.
En los primeros días del conflicto, muchos de los intelectuales, artistas y científicos asociados con el Ateneo se alinearon con la República y se opusieron al levantamiento militar encabezado por Francisco Franco. Durante este periodo, el Ateneo se convirtió en un lugar de encuentro para quienes luchaban contra el fascismo y defendían los valores de la II República.
Sin embargo, la guerra trajo consigo graves consecuencias para la institución.
Especialmente oscuros fueron los periodos de las dictaduras de Primo de Rivera y Franco, que intentaron silenciar su espíritu de libre pensamiento y debate.
En 1924, la dictadura de Primo de Rivera interrumpió la vida cultural del Ateneo, y bajo el régimen franquista, la institución fue intervenida, cambiando su nombre por el de «Aula de Cultura».
La dictadura de Franco marcó un período muy negro para el Ateneo de Madrid. Aunque se intentaron mantener algunas actividades culturales, el régimen controlaba de forma férrea las instituciones y persiguió cualquier tipo de disidencia intelectual o política.
De hecho, los archivos del Ateneo hasta ese momento, fueron destruidos durante esta época.
Pero, a pesar de los esfuerzos por sofocar la libertad de expresión, los socios del Ateneo lucharon por recuperar su identidad y, con el advenimiento de la democracia en 1982, el Ateneo recobró su carácter privado y democrático. ¡Y así permanece hasta el día de hoy!
Aunque los tiempos hayan cambiado, el espíritu del Ateneo sigue vivo, como lo demuestra su presencia constante en el panorama cultural de la ciudad. ¡Tienes que intentar colarte un día!



Un recorrido por sus pasillos
El Ateneo tiene varios atractivos: la biblioteca, la Galería de Retratos, la “Cacharrería”, la Cátedra Mayor, el despacho de Manuel Azaña y sus muchas salas polivalentes. Pero es por el primero por el que voy a empezar este recorrido. ¡Allá vamos!
Refugio para la literatura
La biblioteca del Ateneo, la segunda más grande de España con más de 350.000 ejemplares, nació en 1835 y ha sido desde su origen un espacio esencial para el pensamiento y el saber.
Fundada bajo el marco de una Real Orden, que autorizaba la creación de un «Ateneo literario», su propósito era facilitar la comunicación mutua de ideas entre hombres instruidos y ponerlos al tanto de los avances científicos y culturales que ocurrían en otras partes del mundo.
Así, esta biblioteca nunca fue solo un depósito de libros, sino un reflejo de toda la historia intelectual del Ateneo. A lo largo de los años, ha reunido una extensa colección de textos, que abarca desde el siglo XVI hasta el siglo XXI, con especial énfasis en el siglo XIX y el primer tercio del siglo XX.
¿Te imaginas a Lorca sentado en uno de sus escritorios, plasmando sus pensamientos? Muchas de las cartas más conocidas que envió a sus padres desde Madrid llevaban el sello del Ateneo.
«Queridísimos padres, (…) Me hice socio del Ateneo y allí me paso grandes ratos en la magnífica biblioteca que tiene, donde están los libros más raros que quieras leer…»
Federico incluso llegó a ser vicepresidente de la Sección de Literatura.
Fue aquí también donde muchos grandes intelectuales como Javier Marías o Fernando Arrabal gestaron algunas de sus obras más emblemáticas. También fue el lugar donde Carmen Laforet terminó su célebre Nada.
Una joven Carmen, que se encontraba en Madrid tras haberse mudado de Barcelona, pasó largas horas entre las estanterías de este espacio, donde una estufa mantenía cálidas sus manos mientras su mente tejía las líneas de una novela que marcaría su vida y la de muchos otros.
La primera de estas bibliotecas, conocida como «La Pecera» — y la que ves en las fotos –, no ha cambiado nunca. Está tal cual era. Hasta conserva intacta la mesa a la que se sentaron Alfonso XII y Antonio Cánovas del Castillo, presidente del gobierno y del Ateneo en aquel momento, durante la inauguración de esta nueva sede en 1884.
Con el tiempo, la biblioteca se fue ampliando y, hoy en día, el Ateneo cuenta con diversas salas donde se puede leer, estudiar o escribir. ¡Un lugar espectacular para ello!



Galería de Retratos: todos en su sitio
Si la biblioteca del Ateneo es un tesoro, esta galería es otro.
La Galería de Retratos del Ateneo de Madrid es un espacio donde se respira historia, arte y pensamiento, un lugar que recoge, a través de la pintura, la memoria visual de las figuras más representativas de la cultura española.
Desde el momento en que se cruza la puerta de este emblemático edificio, declarado monumento histórico-artístico, la presencia de sus casi 200 retratos desafía la mirada. Los rostros de políticos, militares, científicos, artistas y literatos que adornan sus paredes no son solo representaciones artísticas, sino símbolos de la historia reciente de España.
Al alzar la vista en la galería, se pueden observar los ojos de personalidades como el sereno y reflexivo Juan Ramón Jiménez, la concentración de Ramón y Cajal ante su microscopio, el gesto desafiante de Ortega y Gasset, la sonrisa contenida de Lauro Olmo o la seguridad de Emilia Pardo Bazán.
Esta amalgama de rostros no solo captura el paso del tiempo, sino también la esencia de aquellos que, con sus vidas y obras, dejaron una huella indeleble en la sociedad española.
Pero la Galería de Retratos no es solo un espacio de conmemoración, sino también un pequeño museo de la pintura española de los últimos tres siglos. Más de 150 retratistas, entre ellos nombres tan destacados como Madrazo, el Hispano y Sorolla, han plasmado a lo largo de los años el rostro de las figuras que han marcado el devenir histórico y cultural del país.

La historia de la Galería comienza en 1868, cuando el entonces secretario del Ateneo, Gregorio López Molinero, propuso a los artistas la creación de este espacio, a cambio de una simple condición: ser socios de la institución.
En sus inicios, los retratos fueron obra de los presidentes y socios de mérito del Ateneo, y la colección creció rápidamente, alcanzando los 70 retratos a finales del siglo XIX y superando los 100 en 1914.
Este espacio no solo es un homenaje a la cultura y el pensamiento español, sino también un reflejo del carácter pionero del Ateneo en su apertura hacia la inclusión femenina. En 1905, Emilia Pardo Bazán se convirtió en la primera mujer en ingresar al Ateneo como socia, un hito que subraya el adelanto de la institución respecto a otras entidades españolas, como la Real Academia de la Lengua.
A esta destacada escritora gallega le negaron en tres ocasiones su entrada en la Academia. Durante la visita guiada, nos revelaron que también tuvo dificultades para ingresar al Ateneo, donde solía pasear por la Galería, observando los rostros de los allí presentes y exclamando: «¡Podrán ser muy intelectuales, pero son de lo menos inteligentes!».
Pero finalmente lo consiguió y el 9 de febrero de 1905 ingresó como socia nº 7.925. Esto fue lo que dijo entonces:
«Soy la primera mujer que pisa oficialmente el Ateneo y esto es para mí una de las mayores satisfacciones que he recibido».
Y varios medios se hicieron eco de la noticia, como El Día, el 14 de abril de 1887, que escribió acerca de la primera conferencia que pronunció en la Cátedra Mayor:
«Era anoche la primera vez que una dama subía á la cátedra del Ateneo, la corporación más docta de todas las de Madrid, á leer un trabajo suyo original, en prosa, y no trabajo de imaginación como son de ordinario los de las hoy no muy numerosas damas que entre nosotros cultivan la literatura, sino un estudio acerca de Rusia y su novela».
La incorporación de mujeres como Clara Campoamor, Victoria Kent o Carmen Martín Gaite en las siguientes décadas ha demostrado el compromiso del Ateneo con la igualdad y la participación activa de las mujeres en el ámbito intelectual.
¡Me encantó verlas a todas entre tanto hombre!
Es imposible no sentirse un poquito pequeña al pasear ante la grandeza de todos esos nombres que cubren sus paredes, y, al mismo tiempo, profundamente agradecida por la oportunidad de recorrer este lugar. ¡Qué experiencia más bonita! ¿Me haré socia yo alguna vez?



La «Cacharrería»: ¡debates bien escandalosos!
La «Cacharrería» es una de las salas más emblemáticas del Ateneo de Madrid, un espacio que ha sido testigo de tertulias y debates muy acalorados. ¿Y ese nombre? ¡Pues hay dos teorías!
En primer lugar, se cree que el nombre de la sala proviene de los objetos que decoraban sus paredes en el siglo XIX, cuando el Ateneo tenía su sede en la calle de la Montera.
Se dice que la sala albergaba una colección de vasos griegos y otras piezas de cerámica, que los ateneístas, con su característico tono burlón, apodaron «cacharros».
Sin embargo, hay otra interpretación que se refiere al bullicio constante generado durante los debates, que muchos describían como un estruendo «similar al ruido de un elefante entrando en una cacharrería». ¡Imagínate el caos que debía reinar ahí dentro!
Hubo hasta moderadores, que debían intervenir todo el tiempo para evitar que algunos participantes, como Miguel de Unamuno, se adueñaran por completo de las conversaciones.
Y es que este célebre escritor era muy famoso por monopolizarlas. ¡Se le olvidaba que un debate requiere la participación de otros aparte de uno mismo! Y, al parecer, fardaba todo el tiempo de ser el único capaz de leer a Kant y a Nietzsche en alemán. ¿Qué os parece?
En fin, más allá de anécdotas como esta, lo cierto es que los debates en esta sala tenían que ser realmente desafiantes. En uno de los momentos más asombrosos de su historia, los ateneístas llegaron incluso a debatir sobre la existencia de Dios, sometiéndolo a votación.
El resultado, sorprendentemente, fue que «Dios no existía», ¡por un voto de diferencia! Si nos lo imaginamos hoy, un debate así es casi impensable, pero en la «Cacharrería» discusiones de este tipo eran el pan de cada día. ¡Emocionante!
Eso sí, el ruido no era impedimiento para que «el gato más culto del mundo» se echase aquí unas buenas siestas. ¿Y por qué era el más culto? Al parecer, vivía en el Ateneo un gato al que le encantaba dormir encima del The New York Times, el periódico semanal más grande de Estados Unidos.
Otros cuentan que el gato dormía ahí porque este periódico no gustaba mucho a los ateneístas, quienes pensaban que solo servía «para arropar al gato en las tardes frías de invierno». ¡Me parto!
Por cierto, al fondo de la sala, tras unas puertas blancas, se encuentra un espacio casi secreto: el despacho de Manuel Azaña, quien una vez fue presidente de la institución y de la II República.
La silla tras su escritorio es la misma en la que Azaña se sentaba, observando y escuchando cómo los personajes más ilustres de la época se “tiraban los cacharros” en sus animadas tertulias. Hay quien dice que si se le nombra, la lámpara del techo se mueve un poco. ¿Sigues por aquí, Manuel?



La Cátedra Mayor: el espacio más conocido
Desde su inauguración en 1884, con un discurso del entonces presidente del Ateneo, Antonio Cánovas del Castillo, el Salón de Actos, o Cátedra Mayor, ha sido el epicentro de muchos eventos culturales, científicos y políticos a lo largo de su historia.
Este salón, con capacidad para 345 personas, es un escenario único que ha acogido a figuras destacadas de la política, la ciencia y las artes. A lo largo de los años, grandes personalidades como Albert Einstein, Marie Curie, Teresa de Calcuta, o José Ortega y Gasset, entre muchísimos otros, han pasado por su atril. ¿No es emocionante?
No es difícil imaginarlos en ese escenario, hablando de sus últimos hallazgos y de los temas que más interesaban a los eruditos de la época, bajo un techo espectacular, decorado con mucho mimo.
Y es que uno de los elemenos más sobresalientes de este espacio es su decoración, realizada por el arquitecto y pintor Arturo Mélida.
En la techumbre, una serie de pinturas murales convierten el espacio en un relato visual que une las artes, la literatura y la ciencia. ¡Es una preciosidad!
En sus muros también cuelgan los retratos de los presidentes que han marcado el rumbo de la institución, desde el General Castaños hasta figuras como el Duque de Rivas, Salustiano de Olózaga, Cánovas del Castillo y Donoso Cortés.


Actividades y eventos: qué hacer en el Ateneo
Una cosa está clara: en el Ateneo la actividad intelectual y artística fluye constantemente.
A lo largo de todo el año, la institución organiza una amplia variedad de eventos que van desde presentaciones de libros hasta encuentros con escritores, pasando por estrenos de documentales y foros de debate. Aquí siempre hay algo que hacer.
Te dejo por aquí su programación, para que le eches un vistazo.
Si te gusta la reflexión crítica sobre temas sociales, políticos, científicos o culturales, los encuentros en el Ateneo son ideales para ti. ¡Y puedes ir a muchos de ellos sin necesidad de ser socio! Y así, además, aprovechas y lo ves un poco por dentro, que suele ser algo difícil de hacer «fuera de carta».
Otro de sus pilares culturales es su club de lectura, un espacio donde reunirte a comentar libros previamente seleccionados con una comunidad de lectores que disfrutan de compartir sus impresiones sobre las obras leídas.
Además, con frecuencia se organizan encuentros con los propios autores, lo que añade un valor especial y hace que la experiencia sea aún más atractiva.

Información práctica
Si estás planeando visitar el Ateneo de Madrid, es importante conocer algunos detalles prácticos que te ayudarán a aprovechar al máximo tu paso por aquí. A continuación, te proporciono toda la información esencial para que disfrutes de este lugar de manera cómoda y completa.
¿Cómo llegar?
El Ateneo de Madrid está en la calle del Prado nº 21, muy cerquita del Museo del Prado o del Museo Thyssen-Bornemisza.
Si quieres ir en transporte público, puedes venir en Metro hasta aquí. La estación más cercana es Antón Martín (línea 1), que se encuentra a unos cinco minutos a pie. También puedes bajar en Sevilla (línea 2) o en Sol (líneas 1, 2 y 3) y caminar unos 10 minutillos.
También puedes venir en Renfe, y la estación más cercana es la de Sol (C3, C4, C4a, C4b y Regional). Si te apetece venir en autobús, cerca paran el 5, 6, 9, 15, 25, 27, 32, 34, 51, 52, 53, 57 y 150.
Al estar dentro del límite de Madrid Central, si vienes en coche (excepto que tengas un coche con etiqueta ECO) tendrás que aparcar en parking público. Los más cercanos son el parking de Las Cortes, el de la Plaza de Santa Ana y el de la Plaza de Jacinto Benavente.
Entrada y tarifas
La entrada al Ateneo de Madrid es generalmente libre para sus miembros.
Para el público general, algunas áreas del Ateneo, como su biblioteca y las exposiciones temporales, pueden tener un coste de entrada. Además, el acceso a eventos culturales, conferencias y presentaciones puede tener una tarifa, que varía según el tipo de evento.
Te sugiero revisar la página web del Ateneo o contactarlos personalmente para conocer los precios específicos para los eventos a los que planees asistir.
Y si lo que quieres hacer es una visita guiada, lamentablemente tendrás que esperar a que salgan anunciadas en su propia página web o a que alguna iniciativa externa, como Open House Madrid en septiembre, decida organizarlas.
¡Hazte socio!
Pues sí, también puedes hacerte socio. La cuota de entrada es de 60€ si eres mayor de 35 años, 30€ si eres familiar de socio o gratis si tienes entre 18 y 35 años. La expedición del carnet son 6€ extra.
Una vez hecho esto, se paga una cuota trimestral de 84€ o anual de 336€. Si eres joven de entre 18 y 35 años tienes un 50% de descuento durante el primer año. La cuota trimestral se queda en 42€ y la anual en 168€.
Además, ¿sabías que el número de tu carné será tuyo para siempre? Aunque decidas no renovar tu pertenencia al Ateneo, tu número quedará archivado de manera permanente. ¡Es algo único!
Imagínate tener un carné del Ateneo — moderno, por supuesto — como lo tuvieron en su día algunas de las figuras más influyentes de la historia de nuestro país. La idea de formar parte de ese círculo me emociona solo de pensarlo. ¿Conseguiré el mío algún día? ¡Os mantendré al tanto!
Y a ti, ¿te gustaría ser socio? ¡Te leo en comentarios!
¡Te ayudo a organizar tu viaje! 🚀
He seleccionado estas herramientas para ti porque son las que yo misma uso.
¡Y tienes descuentos exclusivos!



2 Comments
Ángela
He leído emocionada y deseosa de ir…. Habré pasado muchas veces por allí.. Más no lo recuerdo, q pena. Quiero ir y ser socia, debe de ser la caña… Jaja. Los escritos de hoy me han mantenido concentrada y deseosa de visitarlo. Cuando vamos????
Vir
¡Qué pasada de lugar me acabas de descubrir amiga! Con lo que me gustan a mí las bibliotecas 🥰😍 Se va directo a la lista de quiero ir, la de sitios chulos que me enseñas, y qué bonito y que bien lo cuentas! ❤️