Lisboa

El Panteón Nacional de Lisboa: un homenaje a los héroes de Portugal y unas vistas de cine

Pocos lugares en Lisboa combinan tan bien la historia y las vistas como el Panteón Nacional.

Entre sus muros descansan los grandes nombres de Portugal y, desde su terraza, la ciudad se despliega enterita a tus pies, con sus tejados rojos y los azules infinitos del Tajo.

¡Es un lugar espectacular!

Al llegar al barrio de Alfama, su gran cúpula blanca destaca enseguida. Es imposible no verla, ya que además se puede distinguir desde muchos otros rincones de la ciudad.

Dentro hay tumbas y cenotafios dedicados a escritores, músicos, políticos y deportistas que marcaron la historia de Portugal. Pero lo mejor es que, además de todo ese peso histórico, el Panteón es un sitio muy agradable de visitar: amplio, luminoso y con una terraza desde la que se ve media Lisboa.

¿Te vienes a recorrerlo conmigo?

De iglesia inconclusa a Panteón Nacional

El Panteón Nacional de Lisboa (o tiene una historia larga y curiosa que merece la pena conocer para entender bien qué es y por qué es tan especial.

Todo empezó en el siglo XVI, cuando la infanta Doña María, hija del rey Manuel I, pidió al Papa crear una parroquia nueva en el barrio de Santa Clara, que en aquel entonces estaba justo fuera de las murallas de la ciudad.

Para esa parroquia, encargó construir una iglesia dedicada a Santa Engrácia, y las obras comenzaron en 1570. Sin embargo, la construcción no fue sencilla y duró muchísimo más de lo previsto.

De hecho, la iglesia estuvo en obras durante más de 200 años, con muchos parones por falta de dinero o problemas políticos. Tanto se alargó la cosa que, en Portugal existe una expresión popular, «como las obras de Santa Engrácia», que se usa para hablar de algo que nunca termina.

Hay incluso una leyenda — y ya sabes que a mí me encantan — que explica por qué llevó tanto tiempo. ¡Aquí va!

Pasaron los siglos y la Iglesia de Santa Engrácia fue consagrada, sí, pero las obras nunca se consideraron del todo acabadas.

Solo en el siglo XX, en 1916, el gobierno portugués decidió darle un nuevo destino: convertir el edificio en un lugar en el que poder honrar a las figuras más importantes del país.

Pero aunque esa decisión se tomó entonces, fue en 1966 cuando, por fin, se terminó la obra y se inauguró oficialmente como Panteón Nacional.

¿Y quién descansa aquí?

Visitar el Panteón Nacional es recorrer un pequeño resumen de la historia de Portugal. No solo por su arquitectura o su historia interminable de obras, sino por las personas que descansan — o son homenajeadas — aquí.

En el interior encontrarás dos tipos de homenajes: tumbas con restos reales — donde reposan figuras históricas — y cenotafios — que recuerdan a personas cuyos restos no están allí, pero cuya memoria también forma parte del país.

Algunos de los homenajeados en su interior — en total son 21 — son:

  • Amália Rodrigues. Gran voz del fado, símbolo eterno de la saudade, fue trasladada al Panteón en 2001, unos años después de su muerte. El día de su entierro, miles de lisboetas acompañaron el cortejo por las calles, cantando sus canciones. En Portugal, nadie lo duda: Amália representa el alma del país.

  • Almeida Garrett. Poeta, dramaturgo y político del siglo XIX, Almeida Garrett fue uno de los grandes renovadores de la literatura portuguesa. Además, luchó por las libertades políticas y fue un apasionado defensor de la cultura. Sus restos descansan aquí desde finales del siglo XIX.

  • Humberto Delgado, o el «General sin miedo», como lo llaman en Portugal. Fue un militar y político que se enfrentó abiertamente a la dictadura de Salazar. Pagó caro su atrevimiento: fue asesinado en 1965. En 1990, su cuerpo fue trasladado al Panteón como homenaje a su valentía y a su lucha por la democracia.

  • Eusébio da Silva Ferreira, la «Pantera Negra». Para los portugueses es mucho más que un jugador del Benfica o una estrella del fútbol. ¡Es un símbolo de orgullo nacional!

  • Sophia de Mello Breyner Andresen. Poetisa y escritora, fue una de las grandes voces del siglo XX en Portugal. Su poesía está llena de mar, infancia y justicia. Fue la primera mujer portuguesa con honores de Panteón, y sus restos se trasladaron aquí en 2014.

Además de estas figuras cuyos restos sí están en el Panteón, también hay cenotafios dedicados a nombres inmensos de la historia del país, como:

  • Luís de Camões, el autor de Os Lusíadas, la obra que elevó el idioma portugués a literatura universal.

  • Vasco da Gama, el navegante que abrió la ruta marítima hacia la India y marcó el inicio de la era de los descubrimientos.

  • Infante Don Henrique (Enrique el Navegante), uno de los impulsores de esa misma expansión marítima que convirtió a Portugal en potencia mundial.

Pasear por aquí es dejar que Portugal te cuente quién es y qué valora como país: la voz de Amália, la pluma de Sophia, la fuerza de Eusébio, el coraje de Humberto… ¡Muy interesante!

El interior y su impresionante terraza

El interior del Panteón Nacional impone por su tamaño (ojo con la altura de los techos) y por lo bien cuidado que está. Todo el espacio está recubierto de mármol de distintos tonos colocados en formas geométricas que se repiten en el suelo y las paredes.

Si te sitúas justo en el centro y miras hacia arriba, verás la gran cúpula que te decía antes que se ve desde tantos otros puntos de Lisboa. La luz entra por las ventanas superiores y se refleja en las superficies pulidas, dando al lugar un aspecto claro y limpio.

Un lugar visualmente apacible y súper tranquilo. ¡Como los que más me gustan a mí!

A los lados, y en distintas salas, se encuentran las tumbas y los cenotafios. Aunque tranquilo, querido lector, todo está muy bien señalizado y no te vas a perder. Y si quieres ir a ver alguno en concreto te será muy fácil llegar rápidamente.

Pero vayamos a la zona que a mí más me gusta de todo el edificio: la terraza.

Para acceder a ella, hay que subir por una escalera de piedra que bordea todo el interior del edificio. Desde los rellanos intermedios — no te pierdas ni uno solo, por favor — uno se puede asomar y ver el suelo de mármol desde arriba, con su diseño perfectamente simétrico.

Es una vista interesante que permite apreciar el edificio desde otro punto antes de llegar al final.

Ya en la parte superior, la terraza exterior es el punto más impresionante de la visita. Desde allí se tiene una vista de 360 grados sobre Lisboa. Justo debajo se extiende el barrio de Alfama.

¿Y qué se ve desde aquí? Pues hacia sur el río Tajo con el Puente 25 de Abril y al norte el Mercado de Santa Clara junto al casco histórico.

Es un lugar perfecto para hacer fotos, pero también para parar un momento y observar la ciudad. ¡Uno de mis miradores favoritos, sin ninguna duda!

Consejito de viajera: ve cuando tú quieras.

Por la mañana suele haber poca gente, así que es un momento ideal si quieres recorrerlo con calma. Por la tarde, se ve todo en unos tonos dorados preciosos. Y si el día está nublado, la vista sigue siendo muy buena: su altura y posición garantizan una panorámica completa de Lisboa en cualquier momento.

Información práctica

Saber qué, dónde y cuándo visitar un lugar siempre ayuda a aprovechar mejor la experiencia.

Como muchos otros, el Panteón Nacional no es solo un monumento (muy bonito, por cierto), sino un espacio con horarios y normas que conviene tener claros antes de ir.

Aquí te cuento lo esencial para que tu visita sea todo un éxito. ¡Se viene planazo!

¿Cómo llegar?

Como ya sabes, el Panteón está en el barrio de Alfama, una de las zonas más antiguas y con más carácter de Lisboa. Así que llegar no te va a resultar nada difícil.

Si prefieres el transporte público, la forma más popular es tomar el tranvía 28, que atraviesa el corazón de la ciudad y te deja a pocos minutos andando del Panteón, ya sea en la parada de Santa Apolónia o en Largo das Portas do Sol.

También hay varias líneas de autobús que paran por la zona — 712, 728, 734, 735, 704, 745, 759, 781 y 782 — aunque mejor consulta bien sus horarios antes.

Si usas el metro o el tren, la estación más cercana es Santa Apolónia, en la línea azul (metro) o línea da Azambujada (tren), desde donde llegarás sin problemas caminando unos 10 minutos.

Si te gusta pasear, desde la Baixa o el Chiado puedes subir andando a Alfama disfrutando de muchas calles con encanto. Para mí, aunque hay una ligera subidita, vale la pena dar un paseito e ir conociendo el barrio antes de entrar al Panteón.

Por supuesto, también puedes optar por pillar un taxi o un VTC si vas con el tiempo justo o si prefieres evitar el transporte público. ¡No son muy caros en Lisboa!

Y si vienes con tu propio coche, hay aparcamiento gratuito en el Campo de Santa Clara. ¡Pero ojo! El tercer lunes de mes y los sábados no podrás aparcar aquí por la Feria da Ladra, un mercadillo callejero maravilloso del que te hablaré en otro post con más calma.

Horarios y tarifas

En cuanto a los horarios, has de saber que cambian según la época de año en el que lo visites.

Entre octubre y marzo, el Panteón abre de martes a domingo, desde las 10:00 hasta las 17:00, siendo el último pase 20 minutos antes del cierre. Los lunes permanece cerrado, al igual que los días 1 de enero, Domingo de Resurrección, 1 de mayo, 13 de junio y 25 de diciembre.

Entre abril y septiembre, abre una hora más, hasta las 18:00, los mismos días.

El precio de la entrada general es de 10€, mientras que los jóvenes entre 13 y 25 años y los mayores de 65 pueden entrar pagando la mitad. Los menores de 12 años tienen acceso gratuito.

También has de saber que esta visita está incluida con tu Lisboa Card. Si no sabes lo que es, te recomiendo leer este otro post. ¡Puede que te compense pillarte una!

Y ahora cuénta tú, ¿qué te ha parecido este recorrido por el Panteón Nacional? ¿Has tenido la oportunidad de visitarlo o está en tu lista para la próxima vez que vayas a Lisboa?

Me encantaría saber cuál fue tu parte favorita (y si también fue la terraza) o si tienes algún consejo más para quienes aún no lo conocen. ¡Déjame un comentario y sigamos hablando!

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