Así nació el Pueblo Libro: un proyecto cultural que transformó Alpujarra de la Sierra
En Alpujarra de la Sierra, un pequeño municipio de Granada, la literatura se ha hecho vecina.
Ya no solo vive en las estanterías ni en las bibliotecas, sino en las paredes, en las plazas y hasta en los bancos de este pueblo de la Alpujarra granadina.
¡Aquí los libros se pasean a sus anchas!
Todo empezó con una pregunta sencilla: ¿cómo mantener vivo un pueblo cuando el silencio empieza a ganar terreno? Y la respuesta llegó desde un lugar poco habitual: los libros.
El proyecto «El Pueblo Libro» nació como respuesta creativa a la pandemia y de la mano del Ayuntamiento y de un grupo de vecinos y artistas locales, con la idea de preservar el gran legado literario de esta región.
Lo que consiguieron va mucho más allá de decorar calles.
En Mecina Bombarón, Yegen, El Golco y Montenegro, las aldeas que forman el municipio — que, por cierto, fue el primer Pueblo Mágico de España — hay murales, poemas pintados junto a las fuentes, bancos con forma de libro abierto y antiguas cabinas de teléfono reconvertidas en bibliotecas.
El pueblo recuperó movimiento, conversación y orgullo por lo suyo. Volvieron los talleres, los encuentros y los niños corriendo entre letras y dibujos. Y esa es quizá la mejor forma de explicar lo que ha pasado aquí: la literatura, sin ninguna duda, puede repoblar lo que el tiempo vacía.
¿Qué vas a encontrar aquí?
- El alma de Alpujarra de la Sierra
- El origen del proyecto: «El Pueblo Libro»
- Qué ver y hacer en este mágico pueblo
- Información práctica



El alma de Alpujarra de la Sierra
Para entender este proyecto y al municipio en sí, es importante que empecemos primero por situar al municipio en el mapa.
Alpujarra de la Sierra está en la provincia de Granada, dentro de la comarca de la La Alpujarra, y tiene un relieve bastante complejo, caracterizado principalmente por estar completamente rodeado por barrancos profundos, laderas, valles estrechos y montañas.
Y es precisamente esa configuración del terreno la que hace que cuando paseas por el pueblo sientas que estás «colgado» de la montaña.
Además, el agua corre por acequias que llevan siglos en uso, herencia de la época musulmana. Esas pequeñas corrientes, que se escuchan todo el tiempo y desde cualquier parte del pueblo, son parte de la identidad del lugar.
Junto a ellas crecen huertas en terrazas, olivos viejos, almendros y alguna parra que todavía da sombra a los patios.
Las casas blancas, los tejados planos y los famosos tinaos — esos pasadizos cubiertos que unen las calles — son el recuerdo vivo de la arquitectura bereber que aún sobrevive en esta parte de Andalucía. Todo está hecho con lo que la tierra da: piedra, madera y cal. ¡Purita adaptación!


Como ya sabes, Alpujarra de la Sierra la conforman cuatro aldeas, muy diferentes entre sí, pero que comparten una forma de vida tranquila y un sentido de comunidad que cuesta encontrar en otros lugares.
Yegen, por ejemplo, ya tenía ese aire literario del que hablamos desde hace más de un siglo. Fue el refugio del escritor inglés Gerald Brenan, que se instaló aquí en los años veinte buscando la calma que Londres no le daba.
En su libro Al sur de Granada dejó escrita una de las descripciones más honestas y afectuosas de la Alpujarra.
Esta fue mi tierra (…) pueblo pobre, pero hermoso en su forma primitiva. (…) Ya supe entonces que jamás había visto país más hermoso que aquella España.
Durante años, la vida en esta zona fue dura. Muchos vecinos se marcharon a la ciudad en busca de trabajo y oportunidades. Pero los que se quedaron mantuvieron viva la tierra y las costumbres.
Y es justo ahí donde nace el valor de proyectos como «El Pueblo Libro«: en ese intento de no dejar que el silencio gane del todo.


El origen del proyecto: «El Pueblo Libro»
La idea de convertir Alpujarra de la Sierra en El Pueblo Libro nació como una respuesta sencilla a un problema muy complejo: la despoblación.
Durante años, el ayuntamiento había buscado fórmulas para mantener vivo el municipio y atraer visitantes sin perder su esencia. Finalmente, decidieron apostar por la cultura. ¡Y apostar por la cultura es siempre apostar por el caballo ganador!
El proyecto se presentó oficialmente en 2023 en FITUR, la Feria Internacional de Turismo de Madrid, como una propuesta para hacer de la literatura un elemento cotidiano, visible y compartido.
No se trataba solo de organizar eventos o abrir una biblioteca, sino de llevar los libros a la calle, de integrarlos en el paisaje y en la vida diaria de los vecinos.
El primer paso fue la creación de una fuente-libro en Mecina Bombarón, una escultura en forma de libro abierto de la que brota agua. Está dedicada a Pío Navarro Alcalá-Zamora, un escritor y jurista que donó al municipio su biblioteca personal, con más de ocho mil volúmenes.
Esa donación fue, de alguna manera, la semilla de todo.


Después vinieron los murales literarios, como el que rinde homenaje a Don Quijote de la Mancha, los bancos con forma de libro repartidos por las plazas y una antigua cabina telefónica reconvertida en punto de intercambio (quien deja un libro, se lleva otro).
¡Pero no solo eso! También los objetos más cotidianos, como las macetas o las papeleras, están decorados con muchísimo mimo.
Con esos pequeños gestos, las calles empezaron a transformarse y los vecinos comenzaron a implicarse cada vez más en el proyecto. ¡Es alucinante pasear por aquí!
De este modo, la cultura se convirtió en una herramienta para fortalecer la comunidad y proyectarla hacia el futuro.
Como me lo explicaron allí mismo, el objetivo es que los habitantes (especialmente los jóvenes) sientan que en el municipio todavía hay oportunidades, que su pueblo tiene algo que contar y que merece quedarse.
Hoy el proyecto sigue creciendo. De vez en cuando aparecen nuevos murales en las fachadas, se amplían las rutas literarias y los encuentros con autores, y cada año se suman artistas, escritores y visitantes que quieren formar parte de esta historia.
Además, desde el año pasado, el municipio convoca el Premio Internacional El Pueblo Libro de Poesía Infantil Ilustrada, dotado con 4.000€ — una cifra importante para un pueblo — para fomentar la creación literaria en el medio rural. Es una verdadera pasada todo lo que hacen.

Qué ver y hacer en este mágico pueblo
Visitar Alpujarra de la Sierra es recorrer un municipio con cuatro núcleos: Mecina Bombarón, Yegen, El Golco y Montenegro.
Los cuatro son lugares pequeños (unos más que otros), con calles estrechas y vistas abiertas a la montaña. Pero desde que nació el proyecto «El Pueblo Libro», además de senderos y miradores, tienen algo que te va a llamar la atención sí o sí: la literatura que se ha hecho parte del paisaje.
El itinerario entre los cuatro pueblos se puede hacer en coche o enlazando senderos a pie. ¿Los descubrirmos juntos uno a uno? ¡Comencemos!
Mecina Bombarón: el corazón del proyecto
Aquí empezó todo, con la fuente-libro y los bancos en forma de libro que marcan el inicio de nuestro recorrido por este viaje mágico. Es, además, la principal población de Alpujarra de la Sierra y donde se sitúa el ayuntamiento.
¡Así que tiene mucho sentido empezar por aquí! Tras haber sellado tu pasaporte de Pueblos Mágicos de España — que espero, sinceramente, que lleves contigo a todas partes — lo suyo es que empieces a explorar bien la zona.
Al final del todo te dejo un mapa-resumen con todo lo que no te puedes perder, no te preocupes.
Dos de los lugares imprescindibles aquí son la Iglesia de San Miguel y el antiguo puente romano, que cruza el río de Mecina y que es una reliquia arquitectónica del pueblo. También puedes visitar la cascada «Las Chorreras«, un rincón natural que invita al paseo y a pasar un ratito en completo silencio.
En clave del proyecto cultural, hallarás muchos y muy variados murales y otros elementos urbanos decorados con motivos literarios que hacen de Mecina Bombarón el epicentro de «El Pueblo Libro». ¿Mis favoritos? ¡Los «maceteros libro«!



Aquí se concentran la mayoría de las rutas teatralizadas que organiza el municipio en algunas ocasiones especiales.
De vez en cuando, las calles se llenan de personajes salidos de los libros: Cervantes, Mary Poppins, la Reina de Corazones o el propio Principito. Los actores, la mayoría vecinos del pueblo (¡son lo más!), interpretan escenas breves en las plazas y rincones más emblemáticos.
No es raro ver al Conejo Blanco siguiendo a Alicia o a un grupo de visitantes charlando con Don Quijote en mitad de una cuesta.
Estas representaciones se han convertido en una de las experiencias más originales y queridas del proyecto, porque logran que la literatura cobre vida de verdad, en contacto directo con quienes visitan Alpujarra de la Sierra.
Para saber cuándo tendrá lugar la próxima, estate bien atento a la cuenta de Instagram del municipio o de su página web. ¡Si me entero de algo, te aviso!


Yegen: el hogar de Gerald Brenan y del Principito
Su aspecto sencillo y luminoso fue lo que cautivó a Gerald Brenan, el escritor inglés que llegó aquí en 1920 buscando tranquilidad y un lugar donde escribir. Y se quedó 14 años.
El lugar tenía algo que me resultaba atractivo. Era una aldea pobre, elevada sobre el mar, con un panorama inmenso a su frente. Sus casas grises en forma cúbica, con un mellado estilo Le Corbusier, en rápido descenso por la ladera de la colina y pegadas una a otra, con sus techos de greda planos y sus pequeñas chimeneas humeantes, sugerían algo construido por insectos.
En Yegen, Brenan alquiló la Casa del Inglés, donde recibió a amigos como Virginia y Leonard Woolf o la pintora Dora Carrington. Hoy la vivienda puede visitarse como parte del Espacio Brenan, que conserva su memoria y la huella que dejó en el pueblo.
De hecho, recorrer Yegen es seguir sus pasos. Desde la Casa del Inglés parte el Sendero Gerald Brenan, que baja hasta el Lavadero de la Camellona, donde antaño las mujeres lavaban la ropa y compartían historias.
El camino continúa hasta el Peñón del Fuerte, una antigua fortaleza del siglo XI que servía de refugio a los últimos moriscos de la zona y que tiene una de las mejores vistas del valle.


En el núcleo central de la aldea, la calle Real y la plaza de la Iglesia concentran la vida diaria. Allí encontrarás la iglesia del Dulce Nombre del Niño Jesús, del siglo XVI, y la fuente de los Tres Caños.
Pero Yegen también ha llenado sus calles de guiños literarios. Uno de los más bonitos es el mural dedicado a El Principito, de Antoine de Saint-Exupéry, situado en una de las plazas del pueblo, y su fuente, donde lo verás sobre el asteroide B-612.
Otro rincón interesante es el Museo de la Fotografía, dedicado al fotógrafo danés Van Hannsen, que también vivió en Yegen entre 1959 y 1989 y retrató con paciencia la vida del pueblo.
Desde aquí parten también caminos que conectan con otros núcleos del municipio: el Sendero de las Encinas, que une Yegen con Mecina Bombarón por el viejo Camino Real, y el Sendero de las Acequias, que sigue los canales de riego de origen andalusí que aún riegan los bancales.



El Golco y Montenegro: ven por las vistas
Entre Mecina Bombarón y Yegen, a más de 1.100 metros de altura, se encuentra El Golco, uno de esos pueblos diminutos que tan bien resumen el alma de la Alpujarra. ¡Apenas unas pocas calles encaladas y ya!
En otros tiempos llegó a tener más de quinientos vecinos. Hoy apenas media docena vive aquí todo el año. Pero cuando llegan las fiestas en honor a Nuestra Señora de Gracia, ¡ay cuando llegan estas fiestas! Vuelve a llenarse de vida.
En el centro del pueblo se alza la iglesia con su mismo nombre, la más antigua de la comarca, y a un paso del casco urbano, un camino te lleva hasta el merendero de El Golco, un rincón muy querido por los vecinos.
Desde allí, las vistas son amplias y limpias, con las montañas de Sierra Nevada al fondo, y en medio, la fuente Honda — una fuente sumergida bajo el agua –, que brota con fuerza, y cuya agua es famosa en toda la zona.


Unos kilómetros más arriba, sobre un cerro, se halla Montenegro, una pedanía pequeña y dispersa, formada por antiguos cortijos. En el siglo XVI fue propiedad de Abén Aboo, uno de los líderes moriscos de la rebelión de las Alpujarras.
Hoy conserva un puñado de casas habitadas, bancales de almendros y la ermita de la Virgen de Fátima, donde cada 13 de mayo se celebra una romería sencilla y alegre. Los vecinos suben hasta el cerro para acompañar a la imagen, compartir comida al aire libre y disfrutar de la vista inmensa que abarca desde las cumbres de Sierra Nevada hasta los primeros montes de Almería.
Es verdad que ni El Golco ni Montenegro tienen murales literarios como Yegen o Mecina Bombarón, pero son una parte esencial del Pueblo Libro. Para mí, representan su lado más auténtico: el del paisaje y la memoria.
Aquí entenderás perfectamente por qué todos nos enamoramos de la Alpujarra alguna vez.


Información práctica
Visitar Alpujarra de la Sierra es una experiencia tranquila y diferente.
Eso sí, para que disfrutes bien del viaje, hay algunos datos que creo que deberías tener en cuenta. ¡Allá voy!
¿Cómo llegar?
El municipio se encuentra en la provincia de Granada. A más de 1.200 metros de altitud está su núcleo principal, Mecina Bombarón. Te recomiendo poner eso en el GPS, o de lo contrario estarás muy perdido.
Desde Granada o desde la costa, el acceso es por carretera de montaña. Tendrás que seguir la N-323 pasando Vélez Benaudalla y Torvizcón (¡otros dos pueblos mágicos!), y seguir las indicaciones hasta llegar a Mecina.
Si no quieres ir en coche, hay un autobús diario desde Granada a Ugíjar, que pasa por el municipio dos veces al día. Y si como yo vienes desde Madrid, el municipio está a unos 520km y unas cinco horas y media de distancia (¡tendrás que venir en coche!).


¿Dónde dormir?
Aunque los núcleos son pequeños, hay bastantes opciones de alojamiento entre las que elegir.
La mayoría son casas rurales — muchas de ellas con un encanto y unas comodidades que no tienen nada que envidiar a ciertos hoteles –, repartidas principalmente por Mecina Bombarón.
Entre ellas se encuentran Alojamientos Los Macabes (60-90€ la noche para un mínimo de dos noches), Alojamientos Rurales Benarum (85-140€ la noche para un mínimo de dos noches) o Alojamientos Rurales Mirador del Avellano (50-105€ la noche).
Muchos de estos alojamientos tienen capacidad para hasta seis personas, así que si viajas en grupo o en familia, el precio sale realmente bien.
¿Y comer?
Encontrar sitios donde comer aquí, puede ser un poco difícil.
Lamentablemente, muchos de los establecimientos de Mecina Bombarón han cerrado, y algunos otros de los alrededores — como el Chiringuito Obélix en la carretera hacia Yegen — están cerrados temporalmente.
¡Pero alguna opción hay! En Yegen está el Bar Robles para tomar algo y el Restaurante El Tinao, que te pueden salvar algún día.
Por cierto, si algo define a Alpujarra de la Sierra, además de sus paisajes de montaña y su aire puro, es su cocina. Aquí, en el corazón más oriental de Granada, los guisos, ollas y pucheros se preparan con mucho orgullo, siguiendo recetas que han pasado de generación en generación.
Las gachas de ajo «quemao» de Mecina-Bombarón tienes que probarlas. Entre las recetas más típicas de la Alpujarra, destacan las migas alpujarreñas, el puchero de garbanzos, la asadura matancera o el potaje de hinojos.
También deberías probar algún chorizo, morcilla, longaniza u otra chacina artesanal, aunque el auténtico emblema es el Jamón de Trevélez, con Denominación Específica.
Para los más golosos, los dulces son una herencia directa de la tradición árabe. Los cuajos de almendra, las tortas de Ala-Jú y los soplillos ponen el broche perfecto a cualquier comida.
Y, por supuesto, no puede faltar un brindis con alguno de los Vinos de la Tierra, ya sea del Norte de Granada o de la zona Granada Sur-Oeste. ¡A tu salud!


Consejitos de viajera
Alpujarra de la Sierra es un destinazo para quienes buscan naturaleza, tranquilidad y autenticidad. Ya has visto que tiene un encanto especial y mucho que ofrecer, así que sí o sí tendrás que ir a conocerlo.
A continuación, encontrarás una lista de consejos útiles para disfrutar al máximo de tu viaje. ¡A mí me habría gustado ir así de preparada!
Si estás pensando en cuándo ir, primavera (abril-junio) y otoño (septiembre-noviembre) son las mejores épocas. Las temperaturas son bastante suaves y hay mucho menos turismo por la zona.
Lo más cómodo es ir en coche. Has de saber, eso sí, que las carreteras son de montaña, con curvas, pero muy panorámicas. De día se conduce bastante bien, pero lleva GPS o mapa descargado — la cobertura puede fallar — y procura no conducir de noche. También conduce con prudencia, especialmente con lluvia o niebla.
No olvides llevar contigo calzado cómodo, ropa por capas incluso en verano — que por la noche puede refrescar — protección solar, agua… ¡Lo básico para cualquier aventura, vaya!
Reserva tu alojamiento con antelación, sobre todo en temporada alta (verano, Semana Santa o puentes) o cuando haya algún evento especial. Yo consultaría el calendario del municipio en su página web antes de ir.
Practica un turismo responsable. Cuida el patrimonio, el mobiliario público, las calles… Respeta los senderos señalizados, evita dejar basura y apoya la economía local.
Deja espacio para improvisar. ¡Muchas de las mejores experiencias llegan sin planearse!
Unas pautas muy sencillas, ¿no crees? ¡Pues ya sabes! Ponlas en práctica en tu próximo viaje por este maravilloso pueblo mágico.
Y ahora dime tú, ¿qué pequeños gestos practicas tú para viajar de forma más sostenible?
¡Comparte tus ideas y sigamos aprendiendo a viajar con más alma y menos prisa!
Y si te apetece descubrir más rutas, alojamientos rurales o experiencias auténticas por la Alpujarra, ¡déjamelo saber en comentarios o escríbeme! Me encantará leerte.
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