Elciego y Valdegovía: ¿sabías que en Álava están los únicos pueblos mágicos del País Vasco?
Estarás de acuerdo conmigo en que Álava no suele venirnos rápidamente a la mente cuando hablamos de turismo en el País Vasco.
Suele quedarse siempre un poquito al margen de las rutas más populares y a veces pasa desapercibida entre sus vecinas más conocidas. ¡Pero hoy estamos aquí para cambiar eso!
En esta provincia, más rural que urbana, se encuentran los dos únicos pueblos del País Vasco que están dentro de la red de Pueblos Mágicos de España: Elciego y Valdegovía. Dos lugares que, desde realidades muy diferentes, muestran dos formas de entender la vida en el medio rural alavés.
Uno, a través de viñedos y bodegas. El otro, entre montañas y silencio. Pero vas a flipar con ambos.
¿Te vienes conmigo a descubrir qué es lo que tienen de especial?


¿Qué tiene Álava que la hace mágica?
Como te decía, Álava es una provincia que no suele estar en el foco turístico principal del País Vasco, pero tiene cosas muy interesantes que ofrecer. ¡Y tanto!
Por ejemplo, cuenta con el Parque Natural de Gorbeia, el más grande de Euskadi, con más de 20.000 hectáreas. Allí puedes hacer rutas de senderismo, subir a la cima del Gorbeia (1.482 metros) o visitar lugares como la cascada de Gujuli, una caída de agua de más de 100 metros cerca del pueblo de Orduña.
Además, es súper común ver en este entorno animales como buitres leonados, corzos o zorros.
En el oeste de Álava está el Parque Natural de Valderejo, un valle con paredes rocosas y pueblos como Lalastra o Ribera, donde la arquitectura tradicional se mantiene prácticamente intacta. Una maravilla, sin ninguna duda. ¡No he estado, pero he visto fotos y me muero por ir!
Además, la provincia tiene otros parques naturales como Izki, con robledales y cuevas, Urkiola y Aizkorri-Aratz, que tienen un perfil más montañoso y rocoso. Ideales para quienes disfrutamos mucho del contacto directo con la naturaleza sin toda esa marabunta de gente que se encuentra en otros destinos de la misma Comunidad Autónoma.
En la parte sur, en Rioja Alavesa, la tierra está repleta de viñedos. Aquí destacan pueblos como Laguardia, Samaniego, Villabuena de Álava… Y Elciego, del que te hablo ahora mismo.


Y si estamos hablando de la magia de Álava, no podemos dejar de mencionar su maravillosa gastronomía. ¡Aquí se come de lujo!
En esta provincia, comer y beber es parte esencial de la experiencia (así que no te lo saltes). En Rioja Alavesa, por ejemplo, el vino es casi una religión. Aquí se producen algunos de los mejores vinos de España, con denominación de origen Rioja.
Las bodegas, muchas abiertas para visitas y catas, son un punto clave para entender la región. Marcas reconocidas como Marqués de Riscal, López de Heredia o Ysios no solo ofrecen vino de calidad, sino que han puesto en valor la cultura del vino a través de su historia y arquitectura.
Pero Álava no es solo vino. Su gastronomía tradicional tiene platos que conectan con la tierra y las estaciones. Las pochas — una variedad de alubia blanca — se cocinan en guisos sencillos, a menudo con chorizo o verduras, y son típicas especialmente en la primavera.
El chorizo alavés es otro producto local, con un sabor particular que se aprecia en las carnicerías y mercados de la provincia. También destacan los quesos de la zona, como el Idiazabal, un queso de oveja con denominación de origen que está para chuparse los dedos.
Así que sí, aquí la comida es un motivo más para recorrer esta provincia tranquilamente.

Elciego: vino, vino, pero no solo vino
Elciego es uno de esos pueblos que al instante se asocian con el vino y me parece súper normal: está en plena Rioja Alavesa y rodeado por kilómetros de viñedos y bodegas.
Pero aunque el vino es sin duda el gran protagonista, este pueblo tiene mucho más que ofrecer.
El lugar más famoso es la bodega Marqués de Riscal, una visita casi obligada para cualquiera que pase por aquí. No solo por sus vinos, sino porque la bodega es una obra de arte moderna diseñada por Frank Gehry, el mismo que hizo el Museo Guggenheim en Bilbao.
Además, la bodega cuenta con un hotel y un spa, así que… ¡Te acabo de montar un planazo!
Pero Elciego no se reduce solo a esta bodega emblemática. En el centro del pueblo, la Plaza Mayor es un lugar donde tomar algo y probar algunos de esos productos locales de los que hablábamos y disfrutar del ambiente tranquilo que caracteriza al pueblo.


El patrimonio histórico de Elciego también merece atención. La iglesia de San Andrés, construida en el siglo XVI, destaca por su fachada barroca y su interior sencillo pero cuidado.
Y, como estoy segura de que te aconsejaría mi madre, no dejes de pasear por las calles del pueblo y pararte a contemplar todas las casas antiguas que te cruces. ¡Cuenta cuántos escudos ves!
Además de la bodega Marqués de Riscal, Elciego también tiene varias bodegas familiares más pequeñas y menos conocidas, donde es posible hacer visitas y degustaciones en un ambiente más íntimo y cercano. ¿Te hace un tour por ellas?
Ah, y para los que disfrutan de la naturaleza, Elciego es un genial punto de partida para recorrer rutas entre viñedos, con caminos bien señalizados ideales para paseos a pie o en bicicleta.
En resumen, Elciego es mucho más que vino, ¿no te parece?

Valdegovía: ¡muchos núcleos de población!
Valdegovía — Gaubea, en euskera — no es un único pueblo, sino un conjunto de más de una veintena de pequeños núcleos rurales repartidos por un entorno natural impresionante, en el suroeste de Álava.
Cada uno tiene su propio rollo y su historia, así que sí: tienes que recorrerlos todos. Lo que tienen en común es que forman parte de un valle tranquilo, poco transitado y muy natural. ¡Precioso!
El ayuntamiento está en Villanueva de Valdegovía, que es el núcleo principal y el más poblado. Desde aquí se accede fácilmente a los otros concejos del municipio, como Bóveda, Caranca, Corro, Bachicabo, Espejo, Lalastra, entre (muchos) otros.
Algunos de estos concejos apenas cuentan con unos pocos vecinos durante todo el año, pero todos están bien conectados por carretera, por lo que no tienes excusa para hacerte un buen tour.
Uno de los principales atractivos de la zona es el Parque Natural de Valderejo, cuyo acceso principal está en el núcleo de Lalastra. Te lo adelanto: vas a flipar. Hasta lloviendo y con niebla.
Allí hay un centro de interpretación y varias rutas señalizadas que son una verdadera pasada. La más conocida es la que atraviesa el desfiladero del río Purón, un sendero bastante fácil que discurre entre cañones, bosques y pastizales, con muchas posibilidades de avistar aves como buitres leonados.


En Corro, uno de los núcleos más destacados del municipio, se encuentra la Torre-Palacio de los Varona, una construcción medieval bien conservada que ha sido habitada por la misma familia desde hace siglos. Se puede (y se debe) visitar para obtener una idea clara del peso histórico que tuvo este territorio fronterizo.
En la mayoría de estos pueblos no hay mucho más que casas tradicionales, iglesias románicas o góticas, frontones, huertas, caminos de tierra y silencio. Pero ahí está precisamente su encanto. Es una zona donde todavía se puede ver una forma de vida rural real, y eso a mí me parece espectacular.
Para alojarse, hay casas rurales repartidas por varios de los núcleos, así como pequeños restaurantes que sirven comida local: legumbres, carne de potro del valle, embutidos, pan artesano y quesos de la zona. No hay una gran oferta, pero lo que hay es suficiente, créeme.
Por cierto, Valdegovía también es territorio de espeleología y geología. En sus alrededores hay formaciones kársticas, cuevas y barrancos que atraen a quienes les encanta este tipo de aventuras.
¡Es un lugar magnífico para pasar mucho más que un solo fin de semana!


Elciego y Valdegovía son solo dos ejemplos de todo lo que ofrece esta provincia. ¡Pero vaya dos ejemplos! Para empezar a conocer Álava, te recomiendo que empieces por aquí. Te vas a enamorar de la zona enseguida.
Y ahora dime tú, ¿has estado en alguno de estos pueblos? ¿Tienes otro rincón alavés que recomendar? Cuéntamelo en los comentarios o escríbeme si te apetece compartir tu experiencia.
¡Me va a encantar leerte!
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