Las 3 vidas del Palacio de Christiansborg en Copenhague: incendios, ruinas y resurgir
Copenhague es una ciudad mágica — casi de cuento de hadas –, pero el Palacio de Christiansborg tiene una historia de superación muy épica. Y es real.
Ubicado en la pequeña isla de Slotsholmen — el lugar donde nació la capital danesa hace casi un milenio –, este edificio se ha negado a desaparecer.
¡Y ahora es el palacio más grande del país!
Seguramente lo conozcas por albergar el Parlamento danés, pero Christiansborg tiene una historia que muy pocos sabemos antes de llegar a Dinamarca: ha muerto y renacido tres veces.
Devorado por las llamas en dos incendios catastróficos y reconstruido sobre los cimientos de antiguas fortalezas medievales, caminar por sus pasillos es, literalmente, caminar sobre estratos de la historia de Europa.
También es el único edificio del mundo que concentra bajo un mismo techo los tres poderes de una nación (ejecutivo, legislativo y judicial), donde descansan los caballos blancos de la Reina y donde puedes subir a la torre más alta de la ciudad de forma gratuita.
Este sitio es un chollo para los viajeros, te lo digo yo.

Sus 3 vidas: ¡un poco de historia!
La historia del Palacio de Christiansborg no es una línea recta, sino un ciclo de destrucción y renacimiento que se extiende a lo largo de casi 900 años sobre la pequeña isla de Slotsholmen.
Todo comenzó en el año 1167, cuando el obispo Absalón, figura clave en la fundación de Copenhague, levantó una fortaleza de piedra caliza diseñada para proteger el comercio de la ciudad de los constantes ataques piratas en el Báltico.
Aquel primer castillo, cuyos muros de cortina y cimientos verás en la parte subterránea del palacio, fue el germen de todo lo que vendría después, marcando el lugar exacto donde nacería el poder político de Dinamarca.
A medida que la monarquía danesa ganaba fuerza, la vieja fortaleza medieval dio paso a construcciones más ambiciosas, pero ninguna alcanzó el esplendor del primer gran palacio barroco terminado en 1733 por orden del rey Christian VI.
Este edificio era una declaración de intenciones en toda regla, un monumento al lujo que dejó las arcas del reino bajo mínimos pero que situó a Dinamarca a la vanguardia de la arquitectura europea.
Sin embargo, ¡la gloria fue efímera!



En una fría noche de febrero de 1794, una chimenea mal vigilada desató un incendio de proporciones catastróficas que devoró sus ricas estancias barrocas en pocas horas.
El desastre fue de tal magnitud que la familia real se vio obligada a buscar refugio en el complejo de Amalienborg, que en aquel entonces eran solo cuatro mansiones nobiliarias, marcando un punto de inflexión histórico: el monarca nunca más volvería a residir de forma permanente en Christiansborg.
¿Te suena esta historia? Eso es porque ya te la he contado antes aquí.
En fin, la voluntad danesa de reconstruir su corazón político se materializó décadas después con el segundo palacio, más sobrio y elegante que su predecesor.
Este nuevo edificio fue el escenario de uno de los momentos más trascendentales de la nación: la firma de la primera Constitución en 1849, que transformó a Dinamarca en una democracia.
Pero la tragedia volvió a cebarse con Slotsholmen en 1884, cuando un segundo incendio volvió a reducir el palacio a cenizas, dejando en pie únicamente la Capilla Real, que hoy sobrevive como el único testimonio intacto de aquella época.



Y, llegados a este punto, quizá te estés preguntando: ¿y qué es lo que vemos ahora?
Pues efectivamente, querido lector, lo que vemos hoy cuando nos plantamos delante es la tercera reencarnación del palacio finalizada en 1928.
¡No tiene ni un siglo!
A diferencia de las versiones anteriores, este tercer Christiansborg fue concebido desde el principio para ser el hogar de la democracia, utilizando granito recolectado de todas las regiones de Dinamarca para simbolizar la unidad del país.
¡Una curiosidad de las que tanto nos gustan aquí!
Las 5 joyas de la corona (y un secreto en las alturas)
Visitar el Palacio de Christianborg es un conjunto de experiencias que puedes disfrutar a tu aire.
Tienes la opción de comprar entradas individuales para cada zona si vas con prisa, pero mi consejito de viajera es que te hagas con la entrada combinada.
Es, con diferencia, la forma más completa y económica de no perderte nada.
Y en este apartado te detallo las paradas obligatorias para que tu visita sea todo un éxito.
Los Salones de Recepción Real
O Kongelige Repræsentationslokaler, si te quieres hacer el danés.
Es el plato fuerte y donde ocurre la «magia» de la monarquía más antigua de Europa. Aquí es donde la Reina recibe a jefes de Estado y celebra las cenas de gala más exclusivas.
Al subir la Escalera de la Reina, entras en un pequeño universo de pan de oro y mármol que culmina en dos espacios espectaculares: el Salón del Trono, desde cuyo balcón se proclama a los reyes de Dinamarca, y el impresionante Gran Salón.
En este último se encuentran los famosos Tapices de la Reina, una obra maestra de Bjørn Nørgaard. Tienen un estilo tan moderno y unos colores tan vivos que parecen saltar de las paredes.
Es, probablemente, la sala más curiosa (visualmente) de todo el palacio.



Las Ruinas (Ruinerne)
Para los amantes de la historia y el misterio como yo, esta podría ser vuestra parada favorita.
Bajo el palacio actual se han conservado los restos del castillo original de 1167 fundado por el obispo Absalón y del palacio levantado tras el incendio de 1794.
Es un contraste fascinante entre la suntuosidad de los salones de arriba y la robustez de las piedras que llevan casi un milenio sosteniendo el poder danés.
Las Caballerizas Reales (De Kongelige Stalde)
Este es el hogar de los famosos caballos blancos de la Corona y donde se custodian las carrozas históricas, incluyendo el espectacular Carruaje de las Bodas de Oro, un regalo de los artesanos de la ciudad a Christian IX y la reina Louise por sus bodas de oro en el siglo XIX.
¡Preciosa!
Por otro lado, el picadero barroco intacto es como viajar directamente al siglo XVIII, donde llegó a albergar unos 250 caballos. ¿Te lo imaginas?
Si tienes suerte, puede que veas a los caballos entrenando. Nosotros no la tuvimos, pero nos dejaron acariciarlos (y a Samuel eso le gustó mucho más).



La Cocina Real (Det Kongelige Køkken)
Esta es una de las partes más «vivas» y curiosas.
Nada más entrar en la Cocina Real retrocedes a 1937, donde verás una de las mayores colecciones de cobre del continente.
La puesta en escena es tan realista que casi puedes oler los asados y sentir el ajetreo de los chefs preparando una cena de Estado para cientos de invitados.
¡Y es que todavía está en funcionamiento, lo creas o no!
La Capilla del Palacio (Christiansborg Slotskirke)
Nació de las cenizas de una estructura anterior destruida durante el gran incendio del siglo XVIII.
Es, junto con el Museo Thorvaldsen, uno de los mejores ejemplos del neoclasicismo en Dinamarca, destacando por su imponente cúpula y unos interiores decorados en blanco y oro.
Su valor histórico y arquitectónico es tan grande que, tras una gran restauración de su cúpula en 1997 para recuperar sus detalles originales, recibió el prestigioso premio Europa Nostra.
Hoy en día, la capilla sigue siendo el escenario principal de la vida oficial y ceremonial de Dinamarca. Aquí se celebran desde la apertura del Parlamento danés hasta los eventos más íntimos y significativos de la Familia Real, como bodas, bautizos y actos de Estado.
Si quieres visitarla (nosotros no pudimos) has de saber que abre al público los domingos y todos los días durante el mes de julio.
Eso sí, como es un edificio en uso para ceremonias oficiales, no olvides echarle un ojo a la página web oficial del palacio antes de ir, ya que los horarios pueden variar según la agenda del país.



Bonus track: La Torre (Tårnet) y su secreto
Si hace buen tiempo (a nosotros no nos lo hizo) no te vayas de la isla sin subir a la Torre.
Con sus 106 metros de altura, es oficialmente el punto más alto de Copenhague y ofrece una panorámica de 360 grados que te permitirá ver desde los tejados verdes del centro hasta el puente de Øresund en los días más claros.
El acceso es totalmente gratuito, lo cual es un auténico regalo en una ciudad como esta (que es bastante cara). Eso significa que suele haber bastante cola (especialmente en hora punta), así que intentar ir a primera hora.
Además, si quieres darte un capricho y vivir una experiencia gastronómica diferente, dentro de la torre se encuentra el restaurante The Tower. ¡Pero recuerda que aquí la reserva previa es imprescindible!
Información práctica
De nuevo, no es raro que algunas salas cierren de imprevisto si hay una recepción diplomática — ¡a nosotros nos pasó y tuvimos que volver otro día — o un evento parlamentario.
Por eso, mi primer consejo es que consultes la web oficial la misma mañana de tu visita.
Ahora sí, una vez que tiene claro el día, aquí te dejo la info más importante que necesitas saber.
¿Cómo llegar?
El palacio se encuentra en la calle Prins Jørgens Gård 1, en pleno centro histórico. Al estar en una isla rodeada de canales, llegar es un paseo muy agradable, así que mi recomendación es que vengas hasta aquí a pie.
Si estás en el centro, puedes llegar caminando en unos 15 minutos desde el Ayuntamiento (Rådhuspladsen) o desde Kongens Nytorv.
En metro, las estaciones más cercanas son Gammel Strand (líneas M3 y M4) y Kongens Nytorv (líneas M1, M2, M3 y M4) y en autobús las líneas 1A, 2A, 26 y 66 tienen paradas muy cerquita de la entrada principal.
Ah, y si vienes en autobús acuático, o Havnebussen — una opción estupenda para viajar por sus canales –, las líneas 991 o 992 tienen parada en Det Kongelige Bibliotek (la Biblioteca Real de Dinamarca, también conocida como Diamante Negro).
Una vez allí donde solo tendrás que cruzar un puente para llegar al complejo.
Horarios y tarifas
Aquí es es fundamental que entiendas que el Palacio de Christiansborg ofrece una flexibilidad total adaptada a cada tipo de viajero.
Para mí, la opción más inteligente es la de la entrada combinada, que por un precio de DKK 215 (30€) permite el acceso a los cuatro grandes espacios de pago: los Salones de Recepción Real, las Ruinas, las Caballerizas Reales y la Cocina Real.
Esta entrada tiene una validez de 48 horas, lo que es ideal si quieres dosificar la visita y no saturarte de historia en una sola mañana (o si te pilla un evento, como nos pasó a nosotros).
No obstante, si el tiempo apremia, siempre podrás comprar entradas individuales para cada zona, con precios que oscilan entre DKK 65 y DKK 105 dependiendo de la importancia de la estancia.
Un par de detalles muy importantes son que la entrada para estudiantes cuesta DKK 145 (20€) y que los menores de 18 años y las personas con discapacidad disfrutan de entrada gratuita en todo el complejo.
Además, si viajas con la Copenhagen Card, el acceso a todas las zonas está incluido.



En cuanto a los horarios, varían según la época del año para aprovechar al máximo las horas de luz.
Durante la temporada alta, de abril a octubre, el palacio abre sus puertas todos los días de 10:00 a 17:00.
Sin embargo, si decides visitar Copenhague en la temporada de invierno, entre noviembre y marzo, debes tener en cuenta que el complejo suele cerrar los lunes, manteniendo su horario de 10:00 a 17:00 el resto de la semana, de martes a domingo.
Por cierto, algunas consideraciones: la Torre suele ampliar su horario hasta las 21:00 (cerrando también los lunes) y, aunque ya te lo he comentado antes, la Capilla Real restringe sus visitas generalmente a los domingos, salvo en el mes de julio cuando abre a diario.
Y ahora me encantaría leerte a ti: ¿cuál de estas «tres vidas» de Christiansborg te ha intrigado más?
Si ya has tenido el placer de visitar Copenhague, ¿subiste a la torre o pudiste acariciar a los caballos blancos de las caballerizas? Déjamelo en los comentarios. ¡Me encantará leerte!



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One Comment
Ángela
Que pasada de historias ….yo…desearía ir …alguna vez ….leerte es desear vivir tb estás experiencias.Gracias por tu ayuda para nuestros viajes