Dinamarca

Palacio de Amalienborg en Copenhague, la residencia de invierno de la familia real danesa

En pleno corazón de Copenhague, a orillas del puerto y en el elegante barrio de Frederiksstaden, se encuentra uno de los símbolos más impresionantes de la monarquía europea: el Palacio de Amalienborg.

Más que un solo edificio, Amalienborg es un conjunto de cuatro palacios de estilo rococó que rodean una plaza octogonal coronada por una estatua ecuestre del rey Frederik V, fundador del lugar.

¡Es un lugar alucinante! Eso sí, el viento en la plaza no perdona (spoiler: ¡trae bufanda!).

Y lo que más me gustó es el contraste que hacen los guardias — con esos uniformes azules y sus sombreros de piel de oso, súper serios ellos — con la gente cruzando la plaza en bici para ir a trabajar como si nada.

Es algo tan danés…

En este post te voy a desgranar qué palacio es cada uno — sí, cada uno tiene su función — y cómo entrar en el que funciona como museo para cotillear un poco cómo vivían los reyes de antes.

¡Prepara las zapatillas que nos vamos de paseo!

Un poco de historia

A ver, que levante la mano quien no haya tenido que salir corriendo de un sitio porque ha pasado algo inesperado. Pues a la familia real danesa le pasó exactamente eso, pero a un nivel «muy heavy».

Porque, aunque que Amalienborg sea su casa hoy nos puede parecer lo más normal de mundo, este no era el plan.

Para entenderlo, tenemos que remontarnos a mediados del siglo XVIII.

El nombre de este complejo viene de la reina Sofía Amalia, que en 1669 se construyó un castillito por aquí. Pero, como seguro que ya sabes si has leído alguno de mis otros posts del país, Dinamarca y los incendios tienen una historia complicada.

Ese primer castillo se quemó en 1689 porque una lámpara de aceite prendió unas decoraciones durante la fiesta de celebración del 44 cumpleaños de Christian V. ¡Vaya cumpleaños para el recuerdo!

Años después, en 1750, el rey Federico V decidió crear un barrio súper exclusivo para celebrar los 300 años de su dinastía. Lo llamó Frederiksstaden y el centro de todo era esta plaza octogonal con cuatro palacios idénticos.

Pero ojo, que estos palacios no eran para él, sino para cuatro familias de la altísima nobleza que querían estar cerca del poder.

¿Entonces, cómo acabaron los reyes metidos allí?

Pues en un giro de guion digno de Netflix, la noche del 26 de febrero de 1794, el Castillo de Christiansborg — su residencia oficial — quedó reducido a cenizas.

Imagínate el percal: la familia real se quedó en la calle, literalmente, de un día para otro.

Fue exactamente el domingo 10 de marzo de 1794, a las 19:00, cuando el rey Christian VII dijo «nos mudamos» y compró dos de estas mansiones nobiliarias — las de Moltke y Schack — para salir del paso.

Pero lo que se suponía que iba a ser una solución temporal mientras arreglaban su casa, acabó siendo la sede de la monarquía durante más de 225 años y el hogar de nueve gobernantes.

¡Y me extraña nada! Si te digo la verdad, a mí este barrio me encanta.

La monarquía danesa y Amalienborg hoy

Como ya te he contado antes, Amalienborg no es un solo edificio, sino un conjunto que rodea la estatua ecuestre de Federico V (que, por cierto, costó más que los cuatro palacios juntos).

Es el centro neurálgico de la Casa Real.

Aunque la familia tiene otros refugios increíbles — como el Palacio de Fredensborg, donde pasan temporadas en primavera y otoño –, Amalienborg es su cuartel general de invierno.

Cada palacio tiene su propia personalidad y su «dueño»:

  • Palacio de Christian VII (Palacio Moltke). Es el más caro y espectacular de los cuatro. Hoy no vive nadie él y se usa para las cenas de gala, los banquetes de Año Nuevo y para que los invitados de honor se sientan muy bienvenidos.

  • Palacio de Christian VIII (Palacio Levetzau). ¡Este es el que se puede visitar! Es el único que tiene una parte abierta al público como museo.

  • Palacio de Federico VIII (Palacio Brockdorff). Es el hogar del rey Federico X y la reina María junto a sus hijos. Aquí es donde se cuece el futuro de la monarquía.

  • Palacio de Christian IX (Palacio Schack). Ha sido el corazón del reinado de Margarita II durante casi medio siglo. Por cierto, si ves la bandera izada, es que la reina (o el rey Federico X) está en casa. ¡Cuando fuimos nosotros lo estaba! Ah, y si además de la bandera ves el estandarte real — el que tiene el escudo de armas –, es que la presencia es oficial y solemne.

Como curiosidad te contaré que cada año por el cumpleaños del Rey (el 26 de mayo), la plaza se llena hasta los topes.

Yo he visto imágenes de las celebraciones de 2025 y es emocionante: la familia sale al completo, con los perros incluidos, y la gente les canta y les vitorea sin apenas distancia entre ellos.

Y, por si quieres saber otro detalle más, aunque normalmente a los reyes daneses los proclaman desde el balcón de Christiansborg, Amalienborg ha tenido que dar el paso al frente un par de veces.

En 1906 y 1912, como Christiansborg estaba en obras (¡les persigue la mala suerte con los edificios!), los reyes Federico VIII y Christian X tuvieron que ser proclamados aquí mismo, en la plaza.

Qué ver y hacer aquí

Lo primero que tienes que hacer es venir aquí a las doce del mediodía. Es el momento del cambio de guardia (o Den Kongelige Livgarde), el plato fuerte.

Por desgracia, yo solo he podido verlo en fotos, así que no seas como yo. ¿Será que tengo que volver a Copenhague?En fin, sigamos.

Los guardias salen del Castillo de Rosenborg media hora antes y cruzan media ciudad hasta llegar aquí puntuales. Pero ojo, que no todos los cambios son iguales: si el rey está en el palacio, la guardia desfila acompañada por la banda real de música.

Si ves que el desfile es más silencioso, es que el monarca está fuera.

Una vez que termine el jaleo de la guardia, toca saciar tu curiosidad de cotilleo real histórico entrando al Museo de Amalienborg, que, como ya sabes, está en el Palacio de Christian VIII.

Es la única parte que se puede ver por dentro y, sinceramente, merece muchísimo la pena. Entrar en los Apartamentos Reales es como colarse en la casa de alguien que acaba de salir un momento de la habitación.

Verás los despachos reales con las fotos familiares todavía en las mesas, libros abiertos y una decoración que te hace entender que, detrás de los protocolos, hay una familia viviendo aquí.

No te pierdas la Sala de las Joyas, donde tienen piezas de Fabergé que te van a dejar con la boca abierta.

Después de la visita al museo, lo mejor que puedes hacer es tomarte un momento para disfrutar de la propia plaza octogonal.

Fíjate bien en la estatua ecuestre de Federico V que preside el centro. Es una de las más famosas del mundo y, como te contaba antes, costó una auténtica millonada.

Si te pones justo al lado de la estatua y das un giro de 360 grados, entenderás la genialidad de la simetría de los cuatro palacios.

¡Pero el recorrido no termina en la plaza! Camina hacia el agua, hacia el pequeño jardín de Amaliehaven.

Es un rincón precioso con una fuente donde puedes sentarte un segundo a descansar con las mejores vistas al Teatro de la Ópera, que está justo enfrente, al otro lado del canal.

Y para rematar la mañana de la mejor manera, sal de la plaza por la calle Frederiksgade.

La imagen que te vas a encontrar es la más icónica de todo Copenhague: la grandiosa cúpula de la Iglesia de Mármol encuadrada entre los edificios. Conoce más acerca de ella en este otro post.

Información práctica

No hay nada peor que viajar al extranjero, llegar a un sitio y darte cuenta de que ha cerrado hace 10 minutos o que te has bajado en la parada de metro que no era.

Amalienborg es súper accesible porque está en pleno centro, pero hay algunas cositas que conviene saber con antelación para que tu escapada salga perfecta (y, sobre todo, no acabes dando vueltas innecesarias o perdiendo el tiempo).

¡Así que aquí van!

¿Cómo llegar?

Lo bueno de Copenhague es que es una ciudad pensada para caminar o ir en bici, pero si vienes de un poco más lejos, el transporte público es una maravilla.

La parada clave que tienes que buscar para llegar hasta aquí es Marmorkirken. Es una estación de metro (líneas M3 y M4) que te deja, literalmente, a dos minutos andando de la plaza.

Nada más salir del metro te vas a encontrar con la imponente Iglesia de Mármol de frente, así que solo tienes que caminar hacia el agua y entrarás directamente en la plaza de Amalienborg.

Si prefieres el autobús, las líneas 1A y 26 también te dejan muy cerca, pero sinceramente, el paseo desde el metro es tan espectacular que merece la pena elegir esa opción.

Y si estás por la zona del puerto de Nyhavn, puedes llegar dando un paseo de apenas 10 minutos bordeando el canal. Es una ruta preciosa y muy ideal para ir entrando en ambiente.

Horarios y tarifas

Aquí es donde tienes que estar bien atento, porque los horarios cambian según la época del año.

El Museo de Amalienborg suele abrir todos los días de 10:00 a 16:00 o 17:00 en verano, pero mi recomendación es que siempre le eches un ojo a la web oficial antes de ir, porque a veces cierran por eventos de última hora.

Lo que no cambia es el cambio de guardia, que es sagrado a las 12:00 del mediodía en la plaza. Si solo quieres ver la plaza y los exteriores, puedes ir a cualquier hora del día o de la noche, ya que es un espacio público abierto.

En cuanto al precio, entrar al museo cuesta alrededor de DKK 125 (unos 17€). Para los menores de 18 años la entrada suele ser gratuita, lo cual es un puntazo si viajas en familia.

Pero aquí viene el consejo que te va a salvar el presupuesto: si tienes pensado visitar varios sitios en Copenhague, la Copenhagen Card incluye la entrada al museo. ¡Solo tienes que enseñar tu tarjeta en la taquilla y listo!

Si no la tienes, puedes comprar la entrada allí mismo o por internet si quieres ir con los deberes hechos (y asegurártela).

Para ver el cambio de guardia o pasear por la plaza, por supuesto, no tienes que pagar nada. Dicen que es el mejor espectáculo gratuito de la ciudad. Tendré que volver para corroborarlo.

Y ahora dime tú, ¿conoces Copenhague o todavía es un destino pendiente? Como siempre, me encantará saber de ti en los comentarios.

¡Nos vemos en el próximo destino!

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