Dinamarca tras los pasos de Hamlet: visita al majestuoso Castillo de Kronborg en Elsinor
Si alguna vez leíste Hamlet de William Shakespeare, probablemente recuerdes que toda la trama tiene lugar en un castillo en Dinamarca.
¡Pues ese castillo existe! Se llama Kronborg y está en la ciudad de Elsinor — Helsingør, en danés –, al norte del país y justo frente a la costa de Suecia.
Desde sus terrazas, si miras bien, puedes ver el otro lado del estrecho de Øresund y entender también por qué este lugar ha sido tan estratégico a lo largo de los siglos. Es precioso, además.
Pero más allá de lo bonito que es el entorno, Kronborg tiene historia, leyendas, pasadizos oscuros, salas doradas y hasta fantasmas, si crees los que cuentan los locales. Y sobre todo, tiene una atmósfera que lo hace especial: una mezcla perfecta entre castillo y escenario literario de tragedia.
Vamos, ¡que lo tiene todo!
En este post te voy a contar todo lo que necesitas saber para visitarlo: cómo llegar, qué ver dentro, qué tiene que ver con Shakespeare y Hamlet, y por qué vale la pena que pases al menos un día recorriendo tanto el castillo como los alrededores.
Si estás planeando un viaje a Dinamarca, una escapada a Kronborg es una excursión obligada. ¡100%!

Un castillo de leyenda: Kronborg y Hamlet
Antes de entrar a deambular por sus pasillos o a mirar por sus ventanas hacia el mar, conviene que entiendas por qué este castillo es famoso en todo el mundo, y no solo en Dinamarca.
La respuesta está en el teatro, en una de las obras más conocidas de William Shakespeare: Hamlet. Y es que la historia se desarrolla en Elsinor, donde está Kronborg:
Primer acto. Primera escena. Elsinor. Una explanada en la parte frontal del castillo. (Estos personajes y los de la escena siguiente están armados con espada y lanza).
Francisco en su vigilancia nocturna. Entra Bernardo dirigiéndose a él.
BERNARDO.- ¿Quién está ahí?
FRANCISCO.- No, respóndeme tú a mí. Detente e identifícate.
BERNARDO.- ¡Larga vida al Rey!
FRANCISCO.- ¿Bernardo?
BERNARDO.- El mismo.
Aunque Shakespeare nunca puso un pie en Dinamarca (al menos que se sepa), sí eligió situar su tragedia más famosa en este rincón nórdico. ¿Por qué?
Pues probablemente porque Kronborg ya era conocido en la época por ser una fortaleza imponente, visible desde el mar y con un papel clave en el control del comercio marítimo.
En otras palabras: un escenario perfecto para intrigas, fantasmas, venganza y drama. ¡Y quienes escribimos lo sabemos bien!
Desde entonces, Kronborg es conocido como «el castillo de Hamlet«, y cada verano sus salas acogen a actores que dan vida a los personajes de la obra. Pocas cosas deben ser más especiales que ver a Hamlet deambular por los pasillos mientras tú estás ahí viendo su historia cobrar vida.
Por supuesto, la historia real del castillo es distinta a la de la obra, pero (¡bah!) eso no importa tanto, ¿verdad? Al final, lo bonito es que combina historia y ficción estupendamente.
¡Y eso lo hace único!
Historia (real) del castillo
El Castillo de Kronborg no fue siempre un palacio digno de reyes, ni mucho menos un escenario para tragedias literarias. De hecho, sus orígenes son mucho más prácticos y estratégicos.
Su historia comienza a principios del siglo XV, cuando Dinamarca decidió tomar el control, literalmente, del mar.
Todo empezó hacia 1420, cuando el rey Erik de Pomerania ordenó construir una fortaleza llamada Krogen, justo en este punto clave del estrecho de Øresund.
Por aquí pasaban casi todos los barcos que comerciaban entre el Mar del Norte y el Báltico, y cada uno de ellos tenía que pagar un impuesto — el llamado Sound Dues — por cruzar. El castillo se convirtió así en una caja registradora para la corona danesa, y también en un símbolo de poder: quien controlaba Kronborg, controlaba el paso marítimo.
Pero fue más de un siglo después, en el reinado de Frederick II, cuando el castillo dejó de ser solo una fortaleza funcional y pasó a convertirse en una joya renacentista. El rey quiso transformar Krogen en un castillo que demostrara el poder de Dinamarca al mundo.
Y así, querido lector, nació Kronborg, tal como lo conocemos hoy.
Durante años, el castillo fue escenario de banquetes reales, recepciones diplomáticas y celebraciones que dejaban claro quién mandaba en la región. Pero esto no duró para siempre…
En 1629, un incendio arrasó gran parte del interior. Solo la capilla se salvó, gracias a sus sólidas estructuras de piedra. Fue el rey Christian IV, conocido por su afición a la arquitectura (ya hablé de él cuando te conté acerca del Castillo de Rosenborg), se encargó de la reconstrucción.
Pero, de nuevo, la bonanza duró poco y unos años más tarde Kronborg se vio en otra de tantas guerras con Suecia. En 1658, el castillo fue sitiado y ocupado por las tropas del rey sueco Carlos X Gustavo.
Además del daño militar, los suecos se llevaron buena parte de los objetos de valor, incluyendo mobiliario, obras de arte y hasta cañones. Algunos de esos tesoros, dicen, siguen en museos suecos hoy en día. ¡Lo que pasa siempre!



Tras recuperarlo, los daneses reforzaron sus defensas. Se añadieron nuevas murallas y bastiones, adaptados a las necesidades de las guerras más modernas. Pero a finales del siglo XVII, Kronborg dejó de ser residencia real.
Ya no se usaba para fiestas o visitas diplomáticas, y poco a poco fue cambiando de función.
Durante buena parte del siglo XVIII y hasta bien entrado el XX, el castillo sirvió como prisión militar. Algunos presos podían salir a trabajar fuera durante el día, pero otros (los considerados peligrosos o «deshonrosos») permanecían encerrados dentro de sus muros.
En esos años, el castillo también funcionó como cuartel para el ejército. Esa etapa más sombría terminó en 1923, cuando se cerraron las instalaciones militares y Kronborg quedó en manos del patrimonio nacional.
A partir de ahí comenzó su (nuevo) renacimiento.
Se restauraron las zonas dañadas, se recuperó el esplendor de algunas salas y se empezó a preparar el lugar para recibir visitantes. Y el gran reconocimiento llegó en el año 2000, cuando la UNESCO declaró a Kronborg Patrimonio de la Humanidad.


¿Qué vas a encontrar dentro?
El exterior ya impone un montón y da para una sesión de fotos completa, pero es cuando traspasas el portón principal que el castillo empieza a desplegar su historia, rincón a rincón. ¡Vas a flipar!
La visita empieza, normalmente, por los antiguos apartamentos reales, que son las estancias donde vivieron reyes como Frederick II, el gran impulsor de la transformación de Kronborg en un palacio renacentista, y su hijo Christian IV, que lo reconstruyó tras el incendio de 1629.
Algunas habitaciones se han restaurado para que podamos ver cómo vivía la realeza danesa del siglo XVI. Hay una en particular, una especie de saliente con cristales que se asoma discretamente hacia la entrada del castillo.
Desde allí, el rey podía vigilar quién llegaba y quién se iba, sin ser visto. Es un detalle pequeño, pero dice mucho sobre el tipo de poder que se ejercía desde estas paredes.



Uno de los espacios más impresionantes es el Gran Salón. Es tan largo — más de 60 metros — que cuando se construyó, era el salón de banquetes más grande del norte de Europa. Hoy en día, está casi vacío, salvo por algunos tronos al fondo y unas cuantas piezas decorativas.
Eso sí, si tienes algo de imaginación, cuesta muy poquito verlo lleno de mesas, sirvientes, músicos y nobles durante las cenas reales. ¡Tenía que ser todo un espectáculo!
En otra parte del castillo se conserva lo que queda de una serie de tapices encargados por Frederick II. Y es que de los más de cuarenta que existieron, solo unos pocos han vuelto a Kronborg, y cuelgan ahora en una salita más pequeña.
Otro de los lugares más especiales del castillo es la capilla. Y no solo por su belleza (que es indiscutible), sino porque fue la única parte que sobrevivió al gran incendio de 1629. Todo lo demás tuvo que ser reconstruido.
La capilla conserva su altar original, los bancos tallados con escenas bíblicas y un órgano decorado que todavía suena en ocasiones especiales. Durante un tiempo fue usada por el ejército como gimnasio (sí, incluso para practicar esgrima), pero en el siglo XIX volvió a su uso religioso.
Hoy, si tienes suerte, puedes entrar justo cuando hay algún un ensayo musical o una pequeña ceremonia, y es un momento precioso. ¡Qué sonido!



Pero no todo en Kronborg es esplendor.
El castillo tiene un lado oscuro, y está debajo del suelo.
Las casamatas — una red de túneles y estancias subterráneas — servían como refugio para los soldados durante los asedios, y también como prisión para quienes desafiaban al poder real. Allí abajo hace frío incluso en verano, y la humedad se cuela en los huesos.
La oscuridad es real, apenas interrumpida por algunas lámparas tenues. Es fácil perder la noción de tu alrededor entre esos pasillos, así que cuidado. ¡Te puedes quedar atrapado en el espacio-tiempo!
¿Y tú por qué bajaste, amiga? Pues porque en medio de esa penumbra se encuentra la estatua de Holger Danske, un guerrero legendario que, según cuenta la leyenda, dormita en el castillo esperando el día en que Dinamarca lo necesite. Es enorme, silencioso, y parece realmente dormido.
¡Y me encantan las leyendas!
Finalmente, antes de salir, vale la pena subir a las torres o caminar por las murallas exteriores. Desde allí, el panorama es extraordinario: el mar frente a ti, Suecia a lo lejos (tan cerca que puedes distinguir los edificios de Helsingborg en días despejados), y todo el contorno del castillo extendiéndose a tus pies.
Es una manera estupenda de cerrar la visita, ¿no te parece?



La experiencia Hamlet en vivo
Las cosas se ponen mágicas de junio a agosto, cuando pequeños fragmentos de la obra de Shakespeare cobran vida entre sus muros.
Un día puede estar Hamlet con la calavera de Yorick en la Gran Sala, otro día encontrarás a Gertrude y a Claudio actuando en un rincón cualquiera… Y siempre pueden detenerse a hablar contigo y a llevarte a escena con ellos. ¡Emocionante!
Entre actuación y actuación, los personajes están deambulando por los pasillos, como si vivieran allí y tú te estuvieses colando en parte de su vida cotidiana.
Por cierto, ten en cuenta que el calendario cambia cada día. Por ejemplo, en este año 2025 hay escenas como «Hamlet y Ofelia» en la Salón de Baile a las 13:00 y 16:00, u “Ophelia atrapada en su locura” a las 13:30 y las 16:30. En el patio central puedes toparte con la escena entre Hamlet, Gertrude y Claudio a las 12:30, 14:00 o 15:30.
¡Todo en inglés! Ideal si quieres practicar un poco mientras alucinas con este momentazo.
Otra opción es apuntarse a hacer una visita guiada en inglés — Hamlet’s Castle — que ofrecen del 30 de junio al 30 de agosto y que dura unos 45–60 minutos.
¡IMPORTANTE! Hay que comprar entrada (puedes hacerlo aquí) pero es bastante prohibitiva: cuesta unos 1250 DKK (por encima de los 100€) o 2350 DKK (casi 300€) si es fuera del horario de apertura.
¡Déjame en comentarios si harías esta visita!

Información práctica
Visitar Kronborg es sencillo, pero conviene planificarlo bien para no llevarse ninguna sorpresa con horarios o precios. Además, ir desde Copenhague es súper fácil y parte del encanto que tiene esta escapadita.
¡Aquí te resumo todo lo esencia!
¿Cómo llegar?
La forma más común y cómoda es en tren, aunque también puedes hacerlo en coche o en barco (si estás en Suecia).
Si quieres ir en tren (repito, la opción más práctica), tendrás que salir de la estación central de Copenhague (København H) y tomar la línea de tren regional que va directa a Helsingør. Sale cada 15 minutos más o menos y en unos 45–60 minutos llegarás al destino.
La estación de Helsingør está justo al lado del puerto, y desde allí son unos tranquilos 10 minutos caminando hasta la entrada del castillo. Un paseito súper sencillo y pintoresco, pasando por zonas verdes y pegadito al mar.
Por cierto, si tienes la Copenhagen Card, tanto el tren como la entrada al castillo están incluidos, un ahorro importante si piensas visitar varios lugares durante tu estancia.
En coche, tardarás en llegar unos 45 minutos por la E47, y hay aparcamiento público a unos 10 minutos del castillo. También puedes optar por un recorrido más pausado y con vistas costeras por la carretera Strandvejen, aunque ese trayecto puede alargarse hasta 1 hora y media.
Y, por último, si estás en Suecia lo mejor es llegar hasta aquí en ferry. Desde Helsingborg puedes cruzar hacia Helsingør tomando el ferry «Sundbusserne» (pasajeros) o los grandes ferris de Scandlines. El trayecto dura entre 20 y 70 minutos, según el tipo de barco.
Horarios y tarifas
El castillo abre todo el año, pero los horarios varían según la temporada.
Durante los meses de verano, de junio a agosto, está abierto todos los días de 10:00 a 18:00. Es la franja más larga del año y, probablemente, la mejor época para visitarlo si quieres combinar la visita con alguna actividad especial como las representaciones de Hamlet.
En primavera (abril y mayo) y también en otoño (septiembre y octubre), el castillo abre de 10:00 a 17:00 todos los días. En cambio, en invierno (de noviembre a marzo), solo abre de martes a domingo, entre las 11:00 y las 16:00. Los lunes permanece cerrado, aunque si viajas en época de vacaciones escolares danesas, es posible que lo encuentres abierto igual.
Siempre es buena idea consultar la web oficial justo antes de ir.
En cuanto al precio de la entrada, la entrada general cuesta 145 DKK, que al cambio suelen ser alrededor de 20€.
Los estudiantes con carné válido tienen una tarifa reducida de 125 DKK, y los menores de 18 años entran gratis, lo cual lo convierte en una excursión muy interesante si viajas en familia.
Si vas en grupo — mínimo 10 personas –, cada uno paga también 125 DKK. Ah, y recuerda que si tienes la Copenhagen Card, la entrada está incluida.



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