Dinamarca

Qué ver en Roskilde, la antigua capital danesa que vio partir a los vikingos

En pocos lugares de Dinamarca puedes sumergirte tan profundamente en la historia y la cultura vikinga como en Roskilde. Pero, ¿qué hace a esta ciudad tan especial?

Quizá sea la forma en que ha logrado preservar su legado, desde los vestigios vikingos que todavía descansan en su fiordo, hasta su catedral, que ha sido testigo de algunos de los momentos más trascendentales en la historia de Dinamarca.

Pero antes de entrar en detalle, déjame contarte un poco sobre los orígenes de esta ciudad. Así podrás entender por qué es un lugar que definitivamente merece una visita. ¡Y además está a poco más de 30km de Copenhague!

¿Qué vas a encontrar aquí?

Antigua capital y panteón real

Su historia se remonta al siglo X, al amanecer de la Edad Media, cuando el rey Harald Blatand (o «Diente Azul») fundó la ciudad.

Roskilde, oculta al final de un fiordo pero con acceso directo al Mar del Norte, combinaba a la perfección la protección natural de sus aguas con una ubicación estratégica para las rutas comerciales marítimas. Fue precisamente esta posición geográfica la que atrajo al rey Harald.

Este monarca fue el primer rey danés en convertirse al cristianismo y el responsable de unificar los reinos de Dinamarca y Noruega. ¡Nada menos! De hecho, mandó construir una primera iglesia de madera en el lugar donde hoy se alza una impresionante catedral de ladrillo.

A lo largo de los siglos, Roskilde continuó desempeñando un papel vital en Dinamarca. Fue un centro religioso de gran importancia y también un lugar clave para la monarquía danesa. Aquí se celebraron numerosas coronaciones reales, y muchos de los reyes, incluidos los más célebres, fueron enterrados en su catedral, lo que la convierte en uno de los templos más importantes del país.

Además, durante la Edad Media la ciudad vivió una expansión cultural y comercial que la convirtió en uno de los puntos neurálgicos del comercio en la región del norte de Europa.

Y a pesar de perder su título de capital en 1443, Roskilde conservó muy bien sus tradiciones más antiguas y su conexión con los eventos clave de la historia vikinga. ¡Y por eso estoy aquí!

(Y porque me encantan los vikingos, no te voy a mentir).

Atractivos principales: ¿qué no te puedes perder?

Esta ciudad está llena de tesoros, por lo que te aconsejo organizarte muy bien para poder verlos todos. ¡No quieres perderte nada, créeme! Pero, sobre todo, hay dos lugares que sí o sí tienes que ver aquí.

Catedral de Roskilde, Patrimonio de la Humanidad

La Catedral de Roskilde es el edificio más emblemático de la ciudad y también uno de los mayores tesoros arquitectónicos de Dinamarca.

Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO desde 1995, lo que la hace realmente especial no es solo lo impresionante que es, sino su papel crucial en la historia de los monarcas daneses, quienes han utilizado la catedral como panteón desde sus inicios. ¡El equivalente a nuestro Monasterio de El Escorial!

Construida originalmente en torno al año 1170 — sin contar con el primitivo templo de madera que te comentaba antes –, la catedral comenzó como una pequeña iglesia, pero con el paso de los siglos, se fue ampliando y transformando hasta llegar a la estructura monumental que vemos hoy.

Sus torres de ladrillo rojo se ven desde varios puntos de la ciudad, y ofrecen una postal única, junto con el fiordo que la rodea. Es curioso cómo estas construcciones no se parecen en nada a las que estamos tan acostumbrados a ver en España, ¿no te parece?

Quizá fue su sencillez lo que más llamó mi atención desde fuera. ¿Qué puede esconder un sitio así?

Así que ha llegado el momento de hablar de su interior, porque es lo que más impresiona, sin duda. Si miras más allá de sus impresionantes muros de ladrillo visto, lo que hallarás no es solo arte sacro, sino un verdadero libro de historia en piedra, mármol y alabastro. ¡No te esperas nada ni parecido!

Como ya te introduje antes, uno de los aspectos más fascinantes de esta catedral es su función como panteón real. Se cree que el primer monarca danés en ser enterrado en este lugar fue el propio rey Harald, pero nunca se han encontrado sus restos.

Sin embargo, no fue hasta el siglo XV cuando la catedral adquirió su rol como el lugar de descanso de los reyes y reinas de Dinamarca, comenzando con Margarita I, quien intentó unir a Dinamarca, Suecia y Noruega bajo un mismo reino. La campana de la catedral aún suena dos veces al día en su honor.

A lo largo de los siglos, este templo ha ido adaptándose para albergar a los monarcas daneses y sus familias. Criptas, capillas y monumentos funerarios se han ido sumando con el tiempo, y hay algunas tan preciosas y monumentales como la capilla de los Reyes Magos, que alberga los sepulcros de Cristián III y su hijo Federico II. ¡Mi favorita!

Eso sí, no todos los monumentos funerarios en la catedral son tan grandiosos. La tumba de Cristian VII, por ejemplo, es una de las más austeras de la catedral. Este fue un rey bastante conocido por su inestabilidad mental y está enterrado solo, sin su esposa Carolina Matilde, quien fue exiliada después de un escándalo de adulterio.

De hecho, la historia de la muerte de Carolina y el destino trágico de su amante, un médico que fue ejecutado de manera brutal, es una de las cosas más dramáticas que vas a aprender en tu paso por la catedral. ¿Pero a quién no le gusta un buen drama real, verdad?

Y para historias curiosas — que ya sabéis que a mí me pierden — os recomiendo buscar por la catedral la tumba del «caballo del infierno» o Helhest, el corcel de Hel, la diosa nórdica de los muertos.

Aquí está enterrada esta figura mitológica que representa a un corcel espectral de tres patas con los ojos inyectados en sangre. De hecho, a veces la gente escupe cuando pasan cerca, ya que está vinculada a una antigua tradición pagana y la creencia en presagios de muerte. ¡Qué mal rollito!

¡Ah! Y también podréis encontrar — aunque cubierto — el ataúd de la reina Margarita II. Y no, todavía no ha fallecido, pero gracias a una pequeña maqueta, podemos saber cómo será: de cristal, granito, oro y bronce. ¡La más bonita hasta ahora, seguro!

A lo largo de la catedral, también se pueden encontrar objetos y tesoros que enriquecen aún más su valor histórico. Uno de los más fascinantes es su órgano barroco, que se construyó entre 1554 y 1555 y que ha sido restaurado varias veces a lo largo del tiempo.

Este órgano es uno de los más elegantes de Dinamarca y se encuentra en el centro de la nave, junto a un púlpito de 1610, que destaca por su simplicidad y elegancia. Justo debajo del órgano, hay una pila bautismal de bronce de la misma época, que es otro de los grandes tesoros de la catedral.

También está por aquí el reloj de San Jorge y el dragón, un reloj mecánico del siglo XVI que suena cada hora y que cobra vida con esta tan conocida historia.

La catedral alberga también un pequeño museo en su planta superior que conserva varios objetos de gran importancia histórica. Entre ellos, yo quiero destacar — porque me encanta estas cosas — una edición de 1514 del Danorum Regum heroumque Historiae, una obra que recoge los orígenes del reino de Dinamarca. ¡Se cree que inspiró (parcialmente) Hamlet, de William Shakespeare!

Vikingeskibsmuseet, el museo de barcos vikingos 

Para mí, esta fue la parada más fascinante de toda la ciudad.

De hecho, viajamos a propósito a Roskilde para descubrir este museo, porque ¡nos encantan los vikingos y su historia! ¿Y quién no ha soñado alguna vez con sentirse como Ragnar Lodbrok o Lagertha? Pues eso es exactamente lo que vinimos a hacer aquí, en Roskilde.

Si te alejas del bullicioso centro de la ciudad y caminas hacia el fiordo, llegarás a este espacio que alberga cinco barcos vikingos originales, y cuya ubicación debe ser todo un espectáculo visual en un día soleado. ¡Cuando fui estaba super nublado!

El fiordo debe verse especialmente bonito mientras navegas en un drakkar vikingo… ¡Porque sí, puedes hacerlo! Si tienes la suerte de estar en la ciudad en verano, no dudes en unirte a una de estas excursiones para vivir la experiencia completa. Más abajo te doy más detalles.

Ahora bien, el museo en sí es un lugar fascinante, aunque con una pequeña advertencia: no esperes ver enormes barcos vikingos intactos. Los restos de los barcos que puedes ver son impresionantes, pero el paso del tiempo ha hecho mella en ellos, y lo que queda son versiones más reducidas de lo que seguo fueron en realidad. A mí no me decepcionó, ¡ni mucho menos!

Otra de las cosas que más me gustaron, aunque ese día recuerdo que llovía y hacía un frío terrible, fue el área exterior del museo, donde pude ver cómo se construían estos barcos. Aquí, los artesanos llevan a cabo réplicas de las naves originales, y a veces, si tienes suerte, puedes ser testigo del proceso de fabricación en vivo. ¡A mí me pareció supe interesante!

El olor de la madera, el sonido de los golpes… Y también es posible ver algunas de estas réplicas atracadas en el puerto del museo o navegando por el fiordo, lo que hace volar aún más la imaginación.

Además, hay una zona de juegos tradicionales nórdicos, donde puedes probar suerte lanzando el martillo de Thor o explorando un laberinto místico. ¡Para sentirte como un auténtico vikingo!

Pero volvamos al interior — ¡que hace un frío tremendo! — y hablemos de los impresionantes restos de los barcos que se encuentran en el museo. En total, son cinco naves, aunque sus nombres pueden resultar algo confusos y hacer que parezca que hay seis.

La historia que hay detrás de todos ellos es realmente increíble. Como ya sabes, a finales del siglo X, Roskilde era el centro neurálgico del poder en Dinamarca, tanto eclesiástico como monárquico. Pero, como ciudad importante, también era vulnerable a posibles ataques. Así que, para protegerse de invasores que llegaran por el fiordo, se construyó una barrera marítima.

¿Y cómo lo hicieron? Pues mediante el hundimiento intencionado de barcos, una táctica para bloquear el paso y evitar que los enemigos se acercaran peligrosamente a la costa.

Estos barcos, que datan del siglo XI, se encontraron en los años 60 a 20km al norte de la ciudad, en la zona de Skuldelev, y su descubrimiento ofreció una visión totalmente nueva sobre su construcción. Imagínate qué descubrimiento tan valioso. ¡Sobre todo porque son todos distintos!

Desde embarcaciones de guerra hasta navíos de pesca y comercio, estos son los cinco:

  • Skuldelev I: Un robusto barco mercante, diseñado para viajes oceánicos. Hecho de pino y reparado con roble, podía navegar a 12 nudos — unos 22 kilómetros por hora — y transportar hasta ocho personas.
  • Skuldelev II: Un imponente barco de guerra de 30 metros, capaz de albergar hasta 70 guerreros. A pesar de su tamaño, tenía un calado (profundidad) de solo un metro, permitiéndole navegar por ríos.
  • Skuldelev III: Un barco de carga más pequeño, adaptado para las aguas costeras danesas. Con capacidad para cuatro toneladas de carga, era utilizado, muy probablemente, por granjeros para ir al mercado.
  • Skuldelev V: Un ágil barco de guerra, diseñado para navegar en aguas poco profundas. Con poco más de medio metro de calado, era ideal para enfrentarse a los enemigos en aguas cercanas a la costa.
  • Skuldelev VI: Un barco pesquero, originalmente construido para capturar ballenas y focas. Con el tiempo, se modificó para el transporte de mercancías, reduciendo su tripulación.

¿Y el Skuldelev IV? Bueno, al principio se pensó que los restos del Skuldelev II correspondían a dos barcos diferentes. Pero cuando se dieron cuenta de que no era así, ya había tanto lío con los nombres que decidieron dejarlo tal cual. ¡Vaya enredo!

Otros lugares y actividades de interés

Roskilde cuenta cuando algunos espacios más que complementan su rica historia y cultura. Uno de ellos es el Palacio del Obispo, un edificio barroco de 1733 y de color amarillo que fue residencia de los obispos de la ciudad y, más tarde, de la familia real danesa.

El palacio alberga el Museo de Arte Contemporáneo de la ciudad y está rodeado por el Jardín del Rey, un lugar perfecto para dar un paseo mientras disfrutas del paisaje. Otro museo chulo, si te interesa la historia de Dinamarca, es el Museo de Roskilde, con exposiciones que van desde la prehistoria hasta la Edad Media.

Si te gustan los lugares con historia y encanto, el Lützhøfts Købmandsgård, una tienda de comestibles que ha permanecido casi intacta desde 1920, es una parada muy curiosa. Puedes comprar productos a granel, como en los viejos tiempos, y entrar al patio para disfrutar de la arquitectura de los siglos XVIII y XIX, de los que data el edificio.

Justo al lado, el Museo de Artesanía, o Glasgalleriet, que está en el primer piso de un antiguo almacén de cereales, alberga una colección de herramientas de hace más de doscientos años, pertenecientes a carpinteros, zapateros, madereros… ¡Por si te apeteciese!

Otra parada interesante es el Skt. Laurentii Kirkeruin, las ruinas de una iglesia medieval. Aunque no son muy extensas, puedes explorar los cimientos de la iglesia, las tumbas y otros vestigios arqueológicos.

A poca distancia del centro, está el Monasterio de Roskilde Kloster. Fundado en el siglo XVI, el monasterio ahora también alberga una fundación universitaria. ¡Hacen visitas guiadas, si te interesa!

Si eres amante de la música, no te puedes perder el Museo Ragnarock, que recorre la historia del pop y del rock desde los años 50. Además, Roskilde es famosa por su festival de música, uno de los más grandes de Europa, que atrae a miles de personas cada mes de junio.

Y si a ti lo que te gusta es la naturaleza, Boserup Skov, un hermoso bosque cercano, tiene muchas rutas para caminar, correr y montar en bicicleta. También en pleno centro de la ciudad está el Byparken City Park, otro espacio ideal para un paseo relajante alrededor de su pequeño lago.

Información práctica

Si estás planeando visitar Roskilde, ya sea para explorar su rica historia vikinga, disfrutar de sus festivales o simplemente conocer una ciudad curiosa cerca de Copenhague, es importante contar con algunos datos útiles para que tu experiencia sea lo más agradable posible.

A continuación, te dejo algo de información sobre cómo llegar, las mejores épocas para visitar, cómo moverte por la ciudad, y otros consejos esenciales para tu viaje.

¡Como que la moneda son las coronas o que los enchufes son iguales que en España!

¿Cómo llegar?

La ciudad está a 30 minutos en tren desde la estación central de Copenhague — København H — y el billete, al estar dentro del área metropolitana de la capital, está regulado por las tarifas municipales. Un billete sencillo cuesta 52 coronas (unos 4,60€).

También puedes llegar en autobús o en coche, siguiendo la carretera E4, pero si puedes ir en tren, yo te lo recomiendo más. Por otro lado, con una Copenhaguen Card, puedes viajar sin límites en trenes, autobuses, metro, etc., por toda la región.

Yo opté por la tarjeta Discover de 96 horas y debo decir que realmente vale la pena si tu estancia en la ciudad es de más de un fin de semana. ¡Ofrece un montón de ventajas y acceso a muchas atracciones y servicios!

¿Cuál es la mejor época para ir?

Creo que siempre acabo dándote la misma respuesta para esta pregunta, pero es que depende mucho de lo que estés buscando.

En primavera-verano, el clima es más agradable, ideal para explorar al aire libre. Además, es en este momento del año cuando se celebran festivales como el Roskilde Festival y muchos conciertos en los parques.

Si vas entre el 1 de mayo y el 30 de septiembre, y además siempre soñaste con navegar en un drakkar vikingo, el Vikingeskibsmuseet organiza paseos diarios en réplicas de estos barcos, una experiencia que tiene que ser una pasada.

El viaje dura 1 hora y 20 minutos y cuesta 385 coronas por adulto y 255 coronas por niño (40 coronas más, por una media hora extra). En euros, para que nos entendamos, el paseo son unos 35€ por adulto y 23€ por niño. Los niños tienen que ser mayores de 4 años para montar, tiene que haber un mínimo de 8 personas para que se pueda hacer el viaje (hasta un máximo de 100) y las entradas se compran en el museo el mismo día por orden de llegada.

Si vas en otoño-invierno (de octubre a marzo), aunque puede hacer mucho frío y los días son más cortos, la ciudad tiene un encanto tranquilo, perfecto si lo que prefieres es evitar las multitudes.

¿Dónde puedo comer?

Al ser una ciudad bastante turística e importante, las opciones para comer o tomar no te van a faltar. Uno de los restaurantes más famosos del Roskilde es el Raadhuskælderen (al ladito de la catedral). Sandwiches, ensaladas, carnes, pescados… ¡De todo!

Eso sí, cierra los domingos y lo lunes. De precio está entre los 15€ y 40€ por persona, más o menos. Y tiene opciones sin gluten, ideal.

Estas opciones también son buenas, si como yo tienes celiaquía o sensibilidad al gluten no celíaca: Namaste (indio), That’s Amore (italiano) o Restaurant Izakaya (sushi).

¿Y si quiero dormir aquí?

Claro que puedes pernoctar aquí, porque aunque es una ciudad cuyos atractivos principales los puedes ver en un mismo día, quizá te apetezca alargar aquí tu estancia y conocer a fondo los alrededores. ¡Es normal! Roskilde tiene algo que engancha.

Si ese es tu caso, tienes en el centro el Four Points Flex by Sheraton Roskilde (por unos 110-160€ la noche para dos adultos, dependiendo de la temporada) o el Roskilde Danhostel, muy cerca del Vikingeskibsmuseet (por unos 150€ la noche).

Y ahora dime, después de todo esto que te he contado, ¿te han entrado ganas de pillar el primer vuelo a Copenhague para visitar esta bonita ciudad? ¡Yo volvería mañana mismo!

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