Teruel,  Pueblos Mágicos,  Zaragoza

El Anillo de Gallocanta en 24h: guía para no perderte nada en la ruta más épica del Cid

El Anillo de Gallocanta es mucho más que un apéndice del Camino del Cid: es una ruta de muchos contrastes que lleva al límite tus sentidos como viajero. ¡Una pasada!

Partiendo del valle del Jiloca, este recorrido te lleva a descubrir un altiplano que custodia uno de los tesoros ornitológicos más importantes de Europa.

La Laguna de Gallocanta — con aguas que presentan una salinidad superior a la del mar — actúa como un imán para decenas de miles de aves migratorias que, en su viaje entre continentes, encuentran aquí un refugio durante el invierno.

Recorrer el anillo te permitirá saltar entre Zaragoza y Teruel y de la prehistoria a la Edad Media en un mismo día, conectando antiguas explotaciones de sal de hace 4.000 años con las siluetas de los castillos de Santed, Berrueco o Tornos.

Y yo te he preparado una guía con todo lo necesario para que lo conquistes.

Tanto si lo haces andando o en bici, como si vas en coche o en moto… ¡Es, sin duda, uno de los planes más auténticos que puedes hacer por aquí!

¿Por qué estamos aquí?

Para entender de verdad por qué este ruta es tan curiosa, primero tendrás que cerrar los ojos e imaginar que estás en el año 1090.

¡Enhorabuena! Ya te encuentras ante el escenario real de los movimientos estratégicos de Rodrigo Díaz de Vivar, el Cid Campeador.

Se sabe que el Cid histórico — así llamaremos siempre al de verdad, el de carne y hueso — acampó en Daroca durante varios días y no fue precisamente para hacer turismo: allí firmó un pacto crucial con el conde catalán Berenguer Ramón II, a quien acababa de derrotar poco antes.

Pero lo que realmente hace que se te ponga la piel de gallina es cómo el Cantar de mío Cid mezcla la realidad con la épica.

El poema cuenta que Daroca pagaba tributos al Campeador y que este, para controlar toda la zona y lanzar sus incursiones, estableció varios campamentos estratégicos.

Puso tributo a Daroca antes,
luego a Molina, que está por la otra parte,
a tercera a Teruel, que está más adelante;
en su poder tenía a Cella la del Canal.

Uno es de sobra conocido, el Poyo del Cid, pero el otro es el gran misterio de la ruta: Allucant.

Aquél poyo, en él hizo acampada;
mientras que sea el pueblo de moros y de la gente cristiana,
a el Poyo de mio Cid le llamarán en los mapas
Estando allí mucha tierra saqueaba, el río Martín todo le tributaba.

Entonces se trasladó mio Cid al puerto de Allucant,
desde allí atacó mio Cid a Huesa y a Montalbán,
en aquella correría diez días tuvieron que emplear.

Aunque el nombre suene a leyenda, muchos coinciden en que ese Allucant es la actual Gallocanta (otros, sin embargo, dicen que podría ser Olocau).

Esto significa que al hacer esta ruta estás explorando el radio de acción de uno de los campamentos más legendarios de nuestra historia.

¿No te parece fascinante pensar que mientras tú buscas la mejor foto de la laguna, hace casi mil años las huestes del Cid vigilaban este mismo horizonte?

El espectáculo natural: la Laguna de Gallocanta

Durante todo el recorrido te encontrarás ante un sistema lagunar increíble: un impresionante mar interior de aguas saladas, con una concentración superior a la del propio océano, que se extiende a lo largo de siete kilómetros.

Lo que hoy vemos como un paraíso de paz nació hace 50.000 años por procesos kársticos que hundieron la cuenca, creando un ecosistema donde el agua no tiene salida al mar y se queda aquí.

¡Un refugio de biodiversidad único en Europa Occidental!

Pero el verdadero clímax visual ocurre cada invierno, cuando este lugar se convierte en una de las gasolineras biológicas más importantes del planeta para miles de grullas que viajan entre el norte de Europa y África.

Es tal su importancia que este rincón ha pasado de ser una zona amenazada por la desecación a convertirse en un santuario protegido como Reserva Natural Dirigida y paraíso para el birdwatching.

¡Y no solo verás grullas! Buitres, avocetas, cigüeñuelas… Todas esperándote aquí.

Ah, y por cierto: Gallocanta forma parte de la red de Pueblos Mágicos de España. ¿Unimos estos dos mundos?

La ruta según tu medio de transporte

Uno podría pensar que da igual de qué forma se haga la ruta, pero la realidad es que el medio importa, y mucho.

Por eso, en este apartado voy a explicarte cómo se vive la ruta dependiendo de cómo decidas moverte, porque la experiencia cambia por completo si vas al volante, sintiendo el viento en la cara o el esfuerzo en las piernas.

¡Así que vayamos por partes!

Andando o en bici

Si decides hacerla andando, te esperan horas de desconexión total gracias al silencio del altiplano.

Para ello, deberás seguir las huellas del GR 160 y el PR-TE 15. Es un recorrido de resistencia suave — bastante facilito — donde poder disfrutar a tope del paisaje.

Pero si lo tuyo es la bici, esta ruta es un auténtico regalo: el anillo es 100% ciclable (y es más probable que te cruces antes con una grulla que con un coche).

Eso sí, el viaje empieza con un «aviso a navegantes» nada más salir de Daroca.

Para ganar el altiplano hay que sudar un poco en el Puerto de Balconchán, ya que son unos tres kilómetros de ascenso fuerte por una carretera antigua, solitaria y con un asfalto que no está en muy buen estado.

Es cierto que esto te va a obligar a tomarte el inicio con calma, pero también te va a regalar la mejor panorámica de la ciudad amurallada quedándose pequeña a tus espaldas.

Eso sí, tanto si vas con botas de montaña como con calas, el truco para disfrutarlo es no ir a ciegas.

Aunque gran parte del trazado coincide con los senderos señalizados, hay puntos donde la ruta en bici se desvía para buscar el mejor firme, así que lleva siempre el track en el móvil (si tu móvil es Android, lo puedes encontrar aquí) o la App del Camino del Cid abierta (disponible en iOS o Android).

En coche o moto

Si lo que prefieres es la libertad de la carretera, el Anillo de Gallocanta también es un road trip de contrastes, que además te permite descubrir otros pueblos de alrededor.

¿Lo mejor? ¡Que no tendrás que sufrir el Puerto de Balconchán con las piernas!

A diferencia de la ruta a pie, ir en coche o moto te permite «saltar» con facilidad entre las dos provincias, Zaragoza y Teruel, y visitar otras joyas como Tornos, Bello o Las Cuerlas.

Pero la gran ventaja de ir en estos medios de transporte es la logística para el avistamiento.

Puedes moverte rápidamente entre los diferentes observatorios de la Reserva Natural, como el de Los Aguachares o el de la Ermita del Buen Acuerdo, cargando con tu cámara y tus prismáticos sin ningún esfuerzo.

Por cierto, ten en cuenta que es una ruta de «parar y mirar». Yo te recomiendo ir aparcando en cada pueblo y en los miradores naturales para disfrutarla a tope. ¡No vayas con prisa!

Más paradas obligatorias

Aparte de la laguna, que es el atractivo más evidente de la ruta, lo que realmente le da cuerpo a este viaje es la densidad de historia que hay acumulada en ella. ¡Por eso me gusta tanto el Camino del Cid!

Algunos otros atractivos son:

  • Los castillos de Santed, Berrueco, Tornos y Daroca que, excepto este último, están en ruinas. Aún así, quien ama este tipo de construcciones sabe que vale la pena acercarse. ¡Los restos también hablan!

  • El yacimiento de El Castellar, a un kilómetro de Berrueco. Es un sitio que da bastante respeto, sobre todo si piensas en los celtíberos que ya estaban allí milenios antes, explotando las minas de hierro y las salinas que terminaron cambiando la cara de este territorio. Este pasado, querido lector, es el que provocó que hoy veamos esos campos de pasto tan abiertos: se taló media sierra para alimentar los hornos de fundición.

  • Las torres e iglesias mudéjares de Valdehorna, Val de San Martín y San Martín del Río.

  • Las iglesias tardogóticas de Bello y Used.

  • La ermita Virgen del Buen Acuerdo de Gallocanta y su ábside románico.

  • Y, por supuesto, Daroca. Aquí es donde el anillo cobra todo el sentido. Sus murallas son una salvajada: .cuatro kilómetros de perímetro. ¡Así que no te quedes solo con la foto de la Puerta de Valencia o la Puerta Alta! Recórrelo entero.

Consejitos de viajera

Esta vez me salto el apartado de información práctica — que creo que ya tienes info para rato — y voy directamente a esas cositas que a mí me habría gustado saber, o tener en cuenta, antes de embarcarme en esta aventura.

¡Allá voy!

  • El «momento grulla» tiene truco. Si vienes en invierno buscando ese espectáculo de miles de aves cruzando el cielo, no te quedes solo con el mediodía. El momento épico de verdad es el amanecer o el atardecer, cuando salen o vuelven a la laguna. Eso sí, prepárate para el frío de Teruel y Zaragoza, porque se mete en los huesos. La técnica de la cebolla (muchas capas) será tu mejor aliada.

  • Ojo con los peirones. En esta zona verás estas columnas de piedra con imágenes religiosas en los cruces de caminos. Históricamente servían para guiar a los caminantes en días de niebla o nieve. Así que ya sabes, si vas andando o en bici y crees que te has perdido, busca un peirón. ¡Suelen marcar la dirección correcta hacia el siguiente pueblo!

  • Hazte con un pequeño «kit de supervivencia» lleno de provisiones antes de salir de ruta. Una vez te metes en el anillo, vas a atravesar pueblos muy auténticos pero muy pequeños (Santed, Berrueco, Tornos…) donde es fácil que el único bar esté cerrado o que no haya ninguna tienda. Llevar una buena cuña de queso de la zona o un poco de jamón de Teruel en la mochila te soluciona el día si el hambre aprieta en mitad del altiplano.

  • La app es tu mejor amiga (de verdad). No lo digo por decir. Como ya te he dicho antes, las rutas del Camino del Cid, a veces el trazado de las bicis se separa unos metros del de los caminantes para buscar mejor firme. Para no acabar empujando la bici por un sendero de cabras, consulta la app en los cruces dudosos. Además, te permite matar dos pájaros de un tiro (metafóricamente, ¡que aquí las cuidamos!): te guía por el track y a la vez te cuenta qué estás viendo a lo lejos.

  • El salvoconducto no es solo un papel. Es la excusa perfecta para romper el hielo. Cuando entres en un bar o en un alojamiento a sellar, aprovecha para preguntar cómo va la cosecha o si ya han llegado muchas grullas. La gente de estos pueblos es encantadora y te darán ese «dato extra» sobre un mirador o un rincón secreto que no viene en ninguna guía. ¡Es la mejor forma de conectar con la España más auténtica!

  • No subestimes el Puerto de Balconchán. Si vas en coche o moto, verás que es una carretera de curvas maravillosa para disfrutar de la trazada, pero si vas en bici o andando es un tramo duro de verdad. ¿Mi consejo? No lo veas como una cuesta, míralo como un mirador por etapas. Cada curva te ofrece una perspectiva diferente de la vega del Jiloca.

  • Escucha con atención. Hay un fenómeno increíble en Gallocanta: el sonido. Las grullas no solo se ven, se escuchan a kilómetros. Su «trompeteo» es constante y, si te quedas en silencio en mitad de una pista cerca de Berrueco, la acústica del altiplano hace que te sientas dentro de un documental de National Geographic. Es una experiencia casi meditativa que te conecta con el Cid de una forma muy espiritual: él escucharía exactamente lo mismo hace mil años.

  • No te fíes del sol. ¡Es un poco mentiroso! Puedes ver un cielo azul radiante y pensar que te sobra la chaqueta, pero en cuanto sopla el cierzo, la sensación térmica cae varios grados de golpe.

  • De hecho, si vas a hacer el anillo andando, recuerda que en el altiplano no hay apenas árboles grandes. Es una tierra de cereal y matorral bajo. Eso significa que no hay casi sombra. Si haces la ruta en un día de calor, planifica tus descansos coincidiendo con las paradas en los núcleos urbanos.

  • Cuidado con el «barro de Gallocanta». Si vienes en una época de lluvias y vas en bici o andando, ojo con los bordes de la laguna. El terreno es arcilloso y muy salino y se pega a las botas y a las ruedas de una forma casi magnética. Si ves que el suelo brilla demasiado — por la sal o el agua –, mejor no te salgas del camino principal. No serías el primero que tiene que parar a quitar «kilos» de barro de los guardabarros.

  • El post-ruta es sagrado. Cuando termines el anillo y vuelvas a entrar por la Puerta Baja de Daroca, no te vayas directo al coche. Regálate una caminata por la calle Mayor y busca un bar para tomarte algo fresquito mientras repasas las fotos.

  • Si puedes, alarga tu paso por aquí unos días. ¡Es una escapada ideal de fin de semana!

Y la verdadera pregunta aquí es: ¿cuándo vas a ponerle fecha a este viaje?

Si te animas a seguir las huellas del Cid por estas tierras, no te olvides de lo más importante: ¡etiquétame en tus fotos!

Me muero por ver cómo capturas ese amanecer entre grullas o esa panorámica brutal que hay desde la Torre de la Espuela en Daroca. Y si tienes algún otro consejito que quieras dar, déjalo en comentarios para que todos podamos aprovecharlo en la próxima escapada.

¡Nos vemos por el camino!

¡Te ayudo a organizar tu viaje! 🚀

He seleccionado estas herramientas para ti porque son las que yo misma uso.
¡Y tienes descuentos exclusivos!

¡Deja un comentario!

error: ¡Este contenido está protegido!

Descubre más desde El viaje de Bubi

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo