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Qué hacer en San Lorenzo de El Escorial con perro: una excursión fácil a la Silla de Felipe II

Olvidamos que San Lorenzo de El Escorial es mucho más que su Real Monasterio.

De hecho, para entender la magnitud de lo que Felipe II mandó construir aquí en el siglo XVI, hay que ponerse unas buenas zapas y adentrarse en la Dehesa de la Herrería.

Este espacio, integrado en la Red Natura 2000, ha llegado hasta nosotros prácticamente intacto gracias a una curiosidad histórica: al ser propiedad de la Corona, se libró de las desamortizaciones de bienes del siglo XIX que transformaron el resto del paisaje español.

¡Y eso es una maravilla!

En apenas ocho kilómetros, pasarás por cuatro hábitats distintos con el objetivo de alcanzar la Silla de Felipe II.

Como seguro que ya sabes, se trata de un lugar envuelto en misterio donde la tradición sitúa el observatorio del rey durante las obras del monasterio.

Aunque los estudios arqueológicos más recientes apuntan a que fue un altar de sacrificio de origen vetón.

Eso sí, sea cual sea su origen, las vistas desde este punto son imbatibles. ¡Y tienes que ir a verlas!

Un entorno con «etiqueta» de protección

El espacio que vais a atravesar tu perro y tú no es solo bonito, es estratégico para la biodiversidad.

Al estar incluido en el Lugar de Importancia Comunitaria (LIC) «Cuenca del Río Guadarrama», os vais a mover por un corredor ecológico vital.

¿Y esto que quiere decir?

Básicamente, que vais a caminar por una de las «autopistas» naturales más importantes de la Comunidad de Madrid.

El hecho de ser un LIC significa que Europa ha puesto el ojo en este mapa para proteger especies y hábitats que están en peligro de desaparecer.

Por todo esto, y para que te hagas una mejor idea de la joya en la que os estáis metiendo, aquí te detallo qué hace a este entorno tan especial:

  • Es un refugio que sobrevivió a la historia. Como te decía antes, La Herrería se salvó de las desamortizaciones del siglo XIX. Mientras en otros lugares se talaba para cultivar, aquí se mantuvo el ecosistema porque era propiedad de la Corona. Gracias a eso, hoy puedes pasear bajo árboles que son auténticas reliquias vivientes.

  • Verás cuatro paisajes en un solo paseo. Es rarísimo encontrar tanta diversidad en apenas 8km. Cruzaréis desde bosques de galería — esos «túneles» verdes de sauces y chopos que crecen pegados al agua del Arroyo del Batán — hasta el espectacular bosque de castaños de la finca El Castañar. Tu perro va a volverse loco con la mezcla de olores y tú con el cambio radical de luces y colores.

  • En esta ruta no solo hay «árboles», hay celebridades del mundo botánico. Pasaréis junto a varios ejemplares declarados Árboles Singulares de la Comunidad de Madrid. Verás castaños de indias centenarios, un majestuoso Árbol del Amor en la Cuesta de los Pastores y el famoso Tilo de la Mano, que se asoma tras los muros de piedra y es todo un símbolo local.

  • También es un santuario de fauna. Al ser parte de la Red Natura 2000, este corredor conecta la sierra con los llanos, permitiendo que aves rapaces y pequeños mamíferos se muevan con libertad. Por eso es tan importante que vayamos con cuidado… ¡Somos invitados en su casa!

  • Y obviamente, hay que recordar que lo que pisan tus pies y sus patitas aquí no es cualquier cosa. El recorrido atraviesa el Real Monasterio y Sitio de El Escorial, declarado Patrimonio Mundial por la UNESCO en 1982.

En resumen: no es «un campito para que el perro corra».

Disfrutarlo con tu mascota es un privilegio, pero también una responsabilidad para que dentro de otros 100 años, alguien pueda seguir haciendo esta misma ruta con su mejor amigo de cuatro patas.

Ahora sí… ¡nos vamos de paseo!

Ya nos ha quedado claro que este itinerario es mucho más que una caminata, ¿verdad? Es toda una inmersión en el Territorio Histórico de San Lorenzo de El Escorial.

Se trata de un recorrido circular de 8,6km, con una dificultad media, que puedes completar en unas dos horas y cuarenta y cinco minutos, aunque te aseguro que tardarás un poco más…

Hay tanto que ver y fotografiar, que vas a necesitar una mañana entera. Te lo digo con conocimiento de causa.

Empieza en el núcleo urbano, en el mejor lugar en el que se puede empezar una ruta: en la oficina de turismo, rodeados de la sobriedad del granito herreriano, para ir ganando naturaleza a medida que nos adentramos en la Dehesa de la Herrería.

Lo mejor de este trazado es que está salpicado de fuentes históricas y puntos de sombra, lo que lo convierte en un plan ideal para que tu perro disfrute de un día de aventuras mientras tú descubres por qué este paisaje ha sido protegido con tanto celo desde hace siglos.

A continuación, te detallo los hitos que no te puedes perder para que no se te escape ni un ápice de la magia de este entorno.

He dividido la ruta en cuatro tramos para poder explicarme mejor.

Tramo 1: de la Corte al Paisaje Pintoresco

Como te comentaba, la aventura comienza en la oficina de turismo, bajando por la calle Grimaldi con la silueta del Real Monasterio dominando todo el espacio.

Este primer contacto con el granito del siglo XVI es fascinante: atravesaréis la Lonja, un espacio abierto donde la piedra suele estar fresca por la mañana (ideal para las almohadillas de tu perro, así que sal prontito).

Fíjate bien en el suelo, porque encontrarás la placa de la meridiana trazada por Luis Ceballos en 1905, una línea imaginaria que señala el norte exacto y nos muestra que el monasterio tiene una declinación de 12 grados respecto a los puntos cardinales.

Tras pasar los edificios de las Casas de Oficios y el mirador — desde donde se divisa perfectamente el skyline de Madrid en días despejados –, llegaréis a la estatua de Felipe II.

Aquí os recomiendo entrar un momentito al Parque Adolfo Suárez. Es un rincón de paso obligatorio para admirar sus dos castaños de indias centenarios, catalogados como «árboles singulares».

Al salir, cruzad con mucha cuidado el Paseo Carlos III para entrar, a través de dos columnas de piedra, en la zona de La Herrería, que ostenta el título de Paisaje Pintoresco desde 1961.

¡Este paseíto se va poniendo interesante!

Tramo 2: el corazón de la Herrería y el Arroyo del Batán

Al dejar atrás el asfalto y bajar por la Cuesta de los Pastores, el ambiente cambia totalmente.

Los olores del bosque se intensifican (¡ojo, los alérgicos!) y pronto encontraréis la Fuente del Seminario, cavada bajo el nivel del suelo.

Este es el primer punto donde tu perro podrá curiosear entre el frescor de las rocas.

El sendero continúa bajo la sombra de un bellísimo ejemplar de árbol del amor (¡si lo pillas en flor, es lo más!) hasta llegar al puente de piedra sobre el Arroyo del Batán.

Este tramo es, posiblemente, el más especial para los sentidos.

Caminaréis por un bosque galería donde los chopos, sauces y fresnos se entrelazan creando un túnel verde que protege del sol.

Es una zona de gran biodiversidad donde es fácil escuchar el murmullo del agua y el canto de las aves — como el gorrión, la corneja negra o el petirrojo europeo, entre muchas otras — que habitan la Red Natura 2000.

Tras pasar la Fuente de los Capones y la Cruz de los Romeros — que marca el camino de la famosa Romería de la Virgen de Gracia que tiene lugar cada año en septiembre — tendréis que cruzar la carretera M-505.

¡Hacedlo por el paso de cebra y tened mucho cuidado con los coches!

Al otro lado, os esperan la Ermita de la Virgen de Gracia y una dehesa abierta donde los muros de piedra seca ya empiezan a aparecer.

Tramo 3: el ascenso hacia la Silla de Felipe II

A partir de la finca El Castañar, el itinerario se vuelve más salvaje y emocionante.

El sendero asciende paralelo al muro de piedra seca del que te hablaba antes, y te darás cuenta enseguida de que algo ocurre: ¡el olfato de tu perro empezará a trabajar a pleno rendimiento rastreando la fauna local!

A vuestra izquierda, tras el muro, veréis el famoso Tilo de la Mano, un árbol singular que debe su nombre a sus ramas originales (ahora ya le faltan dos «dedos»).

No olvidéis echar un vistazo a la Cueva del Oso, un rincón que añade un toque de misterio a la ruta y que es el preludio perfecto para las ruinas de la Casa del Sordo, una antigua construcción de guardabosques del siglo XVI.

¡Hace siglos este era un lugar muy remoto!

Pero, querido lector, el pequeño esfuerzo de subir culmina en la Silla de Felipe II.

Tras haberos dado un respiro a la sombra del espectacular arce de Montpellier que lo custodia, lo suyo es empezar a subir los escalones de piedra para contemplar el Monasterio y sus alrededores desde la misma perspectiva que el monarca (o los sacerdotes vetones, según la teoría que prefieras).

Es el punto álgido de esta excursión y el lugar ideal para parar un poco y disfrutar de uno de los paisajes más icónicos de España.

Tramo 4: el regreso entre jardines cortesanos

El descenso se realiza por un bosque de roble melojo, donde el terreno es más blandito y sombrío — y cuesta abajo, así que cuidado si el suelo está mojado o embarrado –, pasando por la Fuente de la Prosperidad.

Tras desandar el camino hacia el Puente del Arroyo del Batán, la ruta os regala un final espectacular: pasar frente al Albergue de Santa María del Buen Aire para adentraros en una dehesa de fresnos y rebollos.

Es un paisaje de postal, salpicado de arbustos como endrinos y rosas silvestres que, en primavera, son todo un espectáculo de color.

Eso sí, el broche de oro lo pone la Calleja Larga.

A un lado, el Bosquecillo del Monasterio — una zona de reserva no accesible — y, al otro, la Casita del Príncipe con sus jardines de diseño cortesano.

Caminar por esta avenida arbolada es la transición perfecta para volver a la civilización.

Antes de terminar, deteneos en el pequeño balcón que ofrece vistas a los Jardines del Rey y de la Reina.

Es una forma preciosa de cerrar la ruta: habéis pasado de la arquitectura más ambiciosa del mundo a la naturaleza más pura de la Sierra de Guadarrama, todo en una mañana y con la mejor compañía posible.

Información práctica

A ver, que levante la mano quien no haya llegado a una ruta y se haya dado cuenta de que se ha olvidado el bebedero portátil en el coche o que no sabía que ese día los accesos estaban cerrados.

¿Nadie? Sabía yo…

Pues para que tu única preocupación sea disfrutar del paisaje y de los lametones de tu peludo, aquí tienes todo lo que necesitas tener en cuenta para que esta excursión por El Escorial sea un 10.

¿Cómo llegar?

Tienes dos opciones principales para plantarte en el inicio de la ruta, y ambas son bastante cómodas:

  1. En coche, que es la opción más flexible siempre. Si vienes desde Madrid, lo más rápido es la A-6 hasta la salida de la M-600. Tardarás unos 45-50 minutos. ¿Mi consejo para aparcar? No intentes hacerlo pegado al Monasterio porque es zona azul y suele estar lleno. Lo mejor es dejar el coche en el aparcamiento de la zona de la Herrería o cerca de la Casita del Príncipe. Estarás justo en el inicio de la dehesa y te ahorrarás vueltas innecesarias.

  2. En tren. Renfe Cercanías es una maravilla para viajar con perro, ya que puede hacerlo gratis. Solo necesita ir con bozal y correa (a menos que vaya en transportín). Para llegar hasta aquí, debes tomar la línea C-3a — la que termina en Santa María de la Alameda — hasta El Escorial. Al bajar del tren, tendrás un paseo precioso de unos 15 minutos (cuesta arriba, eso sí) atravesando los jardines de la Casita del Príncipe hasta llegar al inicio de la ruta. Es el calentamiento perfecto para tu peludo.

  3. En autobús. Los autobuses 661 y 664 salen del intercambiador de Moncloa. ¡Pero ojo! En los interurbanos de la Comunidad de Madrid, los perros solo pueden viajar si van en su transportín y no superan los 10kg. Si tu perro es mediano o grande, el tren o el coche son tus únicas opciones.

Fácil, ¿no?

Checklist perruna: ¡que no te falte de nada!

No es una expedición al Everest, pero en los 8,6km de La Herrería hay tramos de sol y piedra donde agradecerás llevar esto encima:

  • Agua de sobra. Aunque pasáis por varias fuentes, el agua de la mayoría (si no de todas) no está tratada. Lleva siempre bien de agua para ti y para tu peludito.

  • Premios «de motivación». El entorno está lleno de estímulos, como vacas avileñas a lo lejos, ruidos de bosque, otros perros… Tener snacks a mano te ayudará a mantener su atención en los momentos más críticos.

  • Correa larga (de, mínimo, tres metros). Es obligatorio que tu perro vaya con correa. La Herrería es zona de cría de aves y reserva de fauna y podrías cruzarte con jinetes a caballo y ganado. Evitemos sustos. ¡Y no sueltes a tu perro!

  • Protector de almohadillas: Si vas en época de mucho calor, el granito de la Silla de Felipe II y el asfalto inicial pueden arder. Un bálsamo protector para sus almohadillas antes de salir es mano de santo.

  • Déjalo todo más limpio que como lo encontraste. Ni que decir tiene que las bolsas para cacas son innegociables. El ecosistema de la Red Natura 2000 es muy delicado y debemos dejarlo como si no hubiéramos pasado por allí.

  • Recuerda que los perros no pueden entrar al Monasterio, las Casas de Oficios ni el interior de la Casita del Príncipe. Sin embargo, toda la ruta exterior, la Lonja y los parques periféricos son vuestro patio de recreo.

  • Cuidado con el sol. Intenta llegar a la Silla de Felipe II antes de las 11:00 si vas en primavera avanzada o verano. Tus fotos tendrán mejor luz y tu perro no se asará como un pollo. ¡Y tú échate crema y lleva gorra!

¿Y después de la ruta?

La zona de la Ermita de la Virgen de Gracia tiene mesas de madera ideales para un picnic si no quieres sentarte en un restaurante. Es el sitio más tranquilo para que el perro se eche una siesta mientras tú descansas.

Si por el contrario te apetece ir a comer a algún sitio con tu peludito, yo te recomiendo Ku4tro ¡100%!

Además aquí la inmensa mayoría de la carta es sin gluten, por si, como yo, tienes esa restricción.

Ahora dime tú: si ya has hecho la ruta, ¿tienes algún rincón secreto o consejo extra que no haya mencionado? ¡Te leo!

Y si te animas a hacer la excursión este finde, no te olvides de etiquetarme en tus fotos de Instagram. Me hace muchísima ilusión ver a vuestros peludos conquistando el trono de piedra de la sierra.

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