Un viaje al corazón de la justicia: una experiencia dentro del Tribunal Supremo
No todos los días se tiene la oportunidad de visitar el Tribunal Supremo de España.
¿Alguna vez te has preguntado qué hay tras sus puertas? ¿Cómo es por dentro ese edificio donde se toman decisiones que afectan a todo un país? ¡Yo también!
Y por eso, cuando surgió la oportunidad de entrar, no lo dudé.
Entrar allí no fue solo “ver un edificio”, fue asomarse a una parte de la historia de España, al epicentro donde se deciden algunos de los asuntos más delicados del país. Y, a la vez, fue también una visita inesperadamente artística, con salas y pasillos de una gran belleza. Me en-can-tó.
Si alguna vez tienes la ocasión de entrar, te diría que no lo pienses dos veces. Y si no, no pasa nada: yo te llevo conmigo en este viaje al interior del Tribunal Supremo. ¿Te vienes?



Un poco de historia
Antes de contarte lo que vi dentro, creo que viene bien entender qué es realmente el Tribunal Supremo y por qué este edificio tiene tanto peso en la historia de España.
Déjame empezar por decirte que el edificio que hoy alberga el Tribunal Supremo no siempre fue un lugar de jueces, togas y sentencias. De hecho, su origen está mucho más cerca de los rezos y la vida conventual que del mundo judicial.
Su historia comienza en el siglo XVIII, cuando la reina Bárbara de Braganza — esposa de Fernando VI — decide fundar un convento para jóvenes de la nobleza.
No era un capricho: ella misma quería retirarse allí si enviudaba (y así huir un poco de Isabel de Farnesio, la Reina Madre). Lo llamó el Real Convento de las Salesas Reales, y también fue colegio, residencia, espacio de formación para señoritas de familias aristocráticas y, cómo no, una muestra de poder y refinamiento.
Las obras comenzaron en 1750 bajo la dirección del arquitecto francés François Carlier, aunque quien las terminó fue Francisco Moradillo, un nombre más ligado a la arquitectura española de la época.
El edificio se inauguró en 1758, y todavía conserva ese aire palaciego que lo hace tan especial. ¡Impresiona mucho el interior!
En su iglesia, hoy llamada Iglesia de Santa Bárbara, descansan los restos de la reina y del propio Fernando VI. Si pasas por allí, puedes entrar libremente: es una joya del barroco madrileño y está declarada Bien de Interés Cultural. Te dejo por aquí algunas fotografías.



Con el paso de los años y los vaivenes políticos de España, el convento dejó de cumplir su función original. En 1870, con la desamortización, fue expropiado por el Estado, y se decidió darle un nuevo uso: albergar el Palacio de Justicia.
Fue una transformación radical, pero, afortunadamente para nosotros, respetuosa con la arquitectura original. Las monjas fueron trasladadas a otro lugar, y el edificio empezó a recibir reformas para adaptarse a su nueva vida como sede judicial.
Unos años más tarde, en 1875, el Tribunal Supremo — que se creó en 1812 por las Cortes de Cádiz — se instaló allí de forma definitiva. Antes había tenido otras ubicaciones, pero fue en este antiguo convento donde encontró su sede final.
Desde entonces, este lugar se ha convertido en el corazón del poder judicial español, el último escalón al que se puede acudir en un proceso legal. Civil, contencioso-administrativo, penal, laboral o militar: todo puede acabar aquí, en manos de los magistrados y magistradas del Supremo.
Pero la historia del edificio no acaba ahí. En 1915, un gran incendio arrasó buena parte del palacio. Fue un golpe durísimo, aunque milagrosamente la iglesia se salvó.
La reconstrucción fue dirigida por el arquitecto Joaquín Rojí, que supo mantener la esencia del antiguo convento y, al mismo tiempo, adaptar los espacios a las necesidades de la justicia moderna. Hoy en día, aún se conservan elementos originales del siglo XVIII, como los patios, las escaleras monumentales y algunos techos artesonados.
Y a eso se suman algunos detalles decorativos impresionantes: esculturas, vitrales, tapices, y hasta un escudo monumental del escultor Mariano Benlliure en el Salón de Plenos.
Mires donde mires, todo es una preciosidad. Y sí, es mucho más bonito por dentro de lo que te imaginas. ¡Vámonos de paseo, que te lo enseño!



De paseo por el interior
Nada más atravesar la fachada de Levante, que es el lugar en el que empiezan las visitas, lo primero que encontramos es la impresionante Galería de la Antigua Audiencia Provincial. ¡Una preciosidad!
Fíjate bien, porque ya a desde el suelo, se nos habla de Justicia. Frente a las antiguas salas de vistas se pueden ver mosaicos que representan conceptos clave como la Ley, la Igualdad, la Elocuencia o la Fortaleza.
¡Y ahora mira hacia arriba! En el techo, dos frescos del pintor Álvaro Alcalá Galiano — discípulo de Sorolla — aportan color a este pequeño espacio. Las cariátides que flanquean la entrada, al más puro estilo griego, son todo un guiño clásico. ¡Los que más me gustan!
Desde ahí, cruzamos el Salón de Pasos Perdidos de la Antigua Audiencia, una sala amplia y luminosa que conecta con el famoso Patio de la Reina, también conocido como Patio de los Naranjos.
Si hace buen tiempo, lo mismo puedes salir a verlo por fuera. En mi caso, llovía. ¡Una pena!
Se trata de un jardín interior con una fuente original del siglo XVIII y árboles frutales. Dicen que fue el expresidente Pascual Sala quien pidió plantar naranjos por nostalgia de su tierra valenciana, y desde entonces el nombre se quedó.
¡Y la palmera que está en el centro es superviviente del incendio de 1915!



A continuación, la Escalera de la Reina nos lleva hacia la planta superior. Está hecha en mármol, con una balaustrada impecable, y está presidida por un retrato de la reina Isabel de Farnesio.
Una vez arriba, nos recibe el impresionante Salón de Pasos Perdidos, el corazón simbólico del edificio. Es amplio, solemne, lleno de luz, y tiene ese aire que recuerda un poco a la Galería de los Espejos de Versalles.
Los frescos del techo — otra vez obra de Alcalá Galiano — representan ideas abstractas como la verdad o el progreso. En septiembre, aquí se celebra el cóctel tras el acto de apertura del Año Judicial. Todo muy protocolario, sí, ¡pero con mucha clase!
Luego visitamos la Sala de lo Penal, súper curiosa con su decoración en damasco rojo y sus columnas marmóreas. ¡Parece un templo! Y de hecho, muchos la llaman así: el templo de la Justicia.
Desde aquí, cruzamos el Corredor de Levante, un pasillo que nos lleva hasta uno de los espacios más curiosos del edificio: La Rotonda.
Este despacho circular es donde trabaja el presidente del Tribunal Supremo, pero antes fue sala de costura del convento salesiano, aprovechando su luz natural antes de que existiera la electricidad.
¿Te imaginas a todas esas señoritas cosiendo en ella? A mí es el lugar que más me gusta. ¡Me parece súper especial!
Muy cerca está la Sala Primera, la de lo Civil, decorada también con seda de damasco, pero en dorado. Eso hace que sea un poco más luminosa y discreta comparándola con la de lo Penal.



Pasamos después por la elegante Sala de Banderas, una antesala donde están representadas todas las comunidades autónomas, Ceuta, Melilla, la bandera de España y la de la Unión Europea.
Justo después, aparece la Escalera de Honor, majestuosa, de mármol de varios colores y bañada por la luz que entra desde una vidriera superior. Es uno de los rincones más fotografiables.
Y sí, dejamos lo mejor para el final: el Salón de Plenos. Es la sala principal del Supremo, el lugar donde se celebran actos institucionales como el juramento de magistrados o la apertura del Año Judicial, presidida por el rey.
Aquí se han vivido capítulos clave de la historia reciente de España: el intento de golpe de Estado de 1932 conocido como «la sanjurjada» o la sentencia del «procés», entre muchos otros.
Imposible no sentir un pequeño escalofrío al estar allí, en el mismo sitio donde se han escrito páginas tan importantes de nuestra historia, ¿no te parece?
¡Y ya llegamos al final!
La salida nos lleva al Vestíbulo de la Puerta de Magistrados, y a la fachada principal en la Plaza de la Villa de París, que es espectacular.



Información práctica
Antes de terminar este recorrido por el Tribunal Supremo, quiero dejarte algunos datos útiles para que puedas organizar tu propia visita. ¡Allá voy!
¿Cómo y cuándo visitarlo?
Lamentablemente, no son muchas las oportunidades que hay para visitarlo, así que apúntate muy bien la siguientes fecha: ¡a finales de octubre!
Cada otoño, el Tribunal Supremo celebra sus Jornadas de Puertas Abiertas, una oportunidad única para conocer el funcionamiento de la Justicia y el patrimonio del Palacio de las Salesas.
Generalmente, estas jornadas tienen lugar en octubre, y en 2024 se celebraron del 24 al 26. Si me sigues en Instagram (@elviajedebubi), normalmente suelo anunciar las fechas en cuanto se hacen oficiales.
Aparte de las visitas guiadas, se realizan también juicios teatralizados para niños (y mayores, por qué no), encuentros con magistrados e incluso conciertos en su interior.
La entrada es libre, sin necesidad de inscripción previa. Solo necesitas tu DNI o pasaporte (no lo olvides) para acceder por la calle Marqués de la Ensenada. ¡Yo estuve haciendo cola desde bien temprano!
Si, por lo que sea, no puedes acudir en persona, el Tribunal Supremo ofrece una visita virtual interactiva en su Portal de Transparencia. ¡No está nada mal, aunque no es lo mismo!



¿Cómo llegar?
El Tribunal Supremo se encuentra en el Palacio de las Salesas Reales, en la Plaza de la Villa de París, en el barrio de Justicia, distrito Centro de Madrid. ¡Y es muy fácil llegar a él!
Si vienes en Metro, las estaciones más cercanas son Colón (línea 4) y Alonso Martínez (líneas 4, 5 y 10), y desde ahí solo tienes cinco minutillos andando. Si vienes en Renfe, la estación más cercana es la de Recoletos.
También puedes venir en autobús, ya que hay varias líneas que paran cerca: 21, 37, 45, 53 y 150.
Aunque puedes aparcar en los alrededores (siempre de pago, tanto en párking cubierto como en la calle), yo no te recomiendo venir en coche. El edificio como tal se encuentra dentro del límite de lo que se conoce como Madrid Central. ¡Ahórrate las multas o tener que estar preocupado!
¿Qué ver cerca?
La zona alrededor del Tribunal Supremo está repleta de lugares de interés. Aquí te dejo algunos de los más cercanos:
- Iglesia de las Salesas Reales: Justo al lado del Tribunal, esta iglesia rococó del siglo XVIII es un ejemplo destacado de la arquitectura religiosa madrileña y forma parte del conjunto histórico del Palacio de las Salesas Reales. ¡La que te comentaba antes!
- Plaza de la Villa de París: Frente al Tribunal, esta plaza ajardinada ofrece un espacio tranquilo para descansar y dar un pequeño paseo.
- Museo del Romanticismo: A unos 10 minutos a pie, este museo ofrece una visión del estilo de vida y el arte del siglo XIX en España. ¿Quieres que te lleve también a conocerlo?
- Museo Nacional del Prado: A unos 15 minutos, alberga una de las colecciones de arte más importantes del mundo, con obras de Velázquez, Goya y El Bosco, entre otros. ¡Famosísimo!
- Parque del Retiro: A unos 20 minutos, este extenso parque es ideal para pasear y disfrutar de la naturaleza en el corazón de Madrid. Porque sé que la plaza frente al Tribunal se te va a quedar corta, si quieres dar un buen paseo.
Y ahora cuéntame, ¿has tenido el placer de conocer este edificio por dentro o todavía estás esperando tu oportunidad? ¡Te leo en comentarios!
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One Comment
Ángela
Siiiiii lo conozco 😜y os diría q o es necesario ir a hacer cola a las 7 de la mañana 😂😂😂😂 eso si, sienta muy bien ser ls primera por una vez…. 😂😂😂😂 Es precioso