Ourense,  Pueblos Mágicos

Conoce A Pobra de Trives: el pueblo de Ourense que conquistó a los nobles gallegos

Cuesta un pelín imaginar a la aristocracia gallega de 1900 metida en carruajes o en los primeros coches de la época, subiendo las carreteras de curvas de Ourense solo para pasar el verano a la fresca.

Pero eso es exactamente lo que pasó en A Pobra de Trives, querido lector.

Mientras el resto de los mortales se quedaba pasando calor en las ciudades o trabajando el campo, los marqueses, condes y familias influyentes de Galicia decidieron que este rincón de montaña era su oasis particular.

Llegaban con sus baúles, sus criados y sus aires de grandeza, y se instalaban en los caserones y pazos que iban levantando en el centro del pueblo.

Hoy las cosas han cambiado bastante por aquí, lógicamente, pero todavía se puede intuir la importancia que tuvo este lugar solo con darse una vuelta por sus calles.

Este pueblo dentro de la red de Pueblos Mágicos de España tiene esa elegancia decadente de los sitios que vivieron una época dorada y que, a pesar de los años, han sabido envejecer con orgullo.

De este modo, sigue siendo un pueblo de interior auténtico, donde los vecinos se saludan por la calle y el ritmo va muy despacio.

Vamos, que si estás buscando un rincón de Galicia para relajarte… ¡Has llegado al post correcto!

¿Qué vas a encontrar aquí?

De las tribus celtas a los palacios de la aristocracia

Para entender cómo un pueblo en plena montaña ourensana acabó lleno de pazos señoriales, primero hay que remontarse muchos siglos atrás.

La historia de A Pobra de Trives no empezó con las sombrillas y los corsés de las nobles de 1900, sino con el ruido de las espadas romanas y el paso de las tribus castreñas.

Antes de que existieran las calles empedradas del centro, los primeros que dominaron estas tierras fueron los pueblos prerromanos.

Toda la comarca está salpicada de yacimientos, pero el gran referente oficial es el castro de O Castelo, en Larouco, otro Pueblo Mágico.

Aquí vivían los Tiburos, una tribu que sabía muy bien cómo protegerse aprovechando la orografía del terreno, viviendo de la ganadería y de lo que les daba el bosque, ajenos a que su tranquilidad iba a terminar pronto con la llegada de un imperio que lo cambiaría todo.

El gran giro en el destino de Trives llegó en el año 79 d.C.

En esa época, bajo el mandato de los emperadores Flavio Vespasiano y su hijo Tito, los romanos terminaron de construir la Vía XVIII, más conocida como Vía Nova.

Una auténtica autopista de la antigüedad de más de 300 kilómetros que unía Bracara Augusta (Braga, Portugal) con Asturica Augusta (Astorga, León) para controlar las minas de oro de la zona, como los lavaderos del río Sil, y mover tropas rápidamente.

Para salvar los ríos profundos de la zona, los ingenieros romanos hicieron virguerías que hoy siguen en pie.

El ejemplo oficial más espectacular es Ponte Bibei, construido en tiempos de Trajano a principios del siglo II.

Lo más increíble de este monumento, declarado Histórico-Artístico, es que sigue en uso hoy en día, soportando el tráfico de la carretera autonómica.

¡Pocos sitios pueden decir que cruzan el río por el mismo lugar donde los romanos lo hacían hace casi dos milenios!

Con la caída del Imperio Romano, la zona pasó por manos suevas y visigodas, pero el núcleo urbano tal y como lo intuimos hoy empezó a tomar forma en la Edad Media.

En el siglo XII, la orden benedictina plantó su bandera aquí con la construcción del Monasterio de San Salvador de Sobrado.

Este monasterio románico se convirtió en el motor económico, religioso y social de toda la comarca, ya que los monjes controlaban las tierras, los cultivos y cobraban los impuestos.

Fue en esta época medieval cuando el lugar empezó a conocerse como «A Pobra», un término que otorgaban los reyes o los señores feudales para fundar nuevos asentamientos atrayendo a pobladores a los que se les concedían ciertos privilegios o fueros económicos.

Trives se convertía así en una villa con identidad propia.

Dando un gran salto en el tiempo, Trives tuvo un papel muy activo y trágico durante la invasión napoleónica.

En 1809, los vecinos de la comarca se organizaron en guerrillas para combatir a las tropas francesas del mariscal Soult.

La resistencia fue tan feroz que los franceses, en represalia, quemaron buena parte de la villa, pero el pueblo resistió y resurgió con muchísima más fuerza.

Y así llegamos a otro momento clave: las últimas décadas del siglo XIX.

Con la llegada de los aires liberales, la burguesía y la hidalguía gallega — médicos, abogados, políticos y nobles terratenientes — vieron en A Pobra de Trives el lugar perfecto para veranear.

¡Y no nos extraña nada!

Su altitud, a unos 740 metros, garantizaba veranos frescos, lejos de la humedad de la costa y del calor asfixiante de los valles interiores.

Familias enteras empezaron a levantar sus residencias estivales, compitiendo entre ellas para ver quién hacía el pazo más grande, con el escudo más imponente o la galería más elegante.

El pueblo se llenó de vida social, casinos y tertulias políticas, configurando ese casco histórico señorial que hoy, por suerte, ha llegado intacto a nuestras manos y que le ha valido el título de Pueblo Mágico.

Qué ver en A Pobra de Trives

Ahora que ya tienes el contexto de cómo se formó el pueblo, toca bajarse del coche y empezar a caminar para descubrirlo.

¿Estás preparado, querido lector?

El casco histórico

Lo bueno de A Pobra de Trives es que, al tener un casco histórico tan compacto, se puede recorrer perfectamente a pie sin necesidad de mapas.

Te aseguro que vas a flipar con todo lo que vas a encontrar aquí.

De hecho, a diferencia de otros pazos gallegos que están aislados en el campo, aquí los nobles querían ver y ser vistos, así que los levantaron pegaditos unos a otros.

Así que, ¿qué se puede ver aquí? Te dejo una pequeña lista:

  • El antiguo Colegio de Santa Leonor. Te lo vas a topar casi a la entrada del pueblo y te va a llamar la atención al momento. Es un edificio enorme, que se levantó a principios del siglo XX gracias al empeño y al dinero de los propios vecinos y de los nobles que veraneaban aquí y que querían un centro educativo de primera para la comarca. Por sus aulas pasaron generaciones de chavales de toda la zona bajo la batuta de los Hermanos de La Salle. Hoy en día está reconvertido en centro cultural, pero lo mejor para ti es que aquí dentro está la oficina de turismo. Te recomiendo que sea tu primera parada para sellar tu pasaporte de Pueblos Mágicos de España.

  • La plaza del Pilón y la plaza del Grifo. Son el punto de encuentro de los vecinos y los sitios ideales para arrancar el paseo propiamente dicho.

  • Rúas de San Bartolomé y del Marqués de Trives, las dos arterias principales del centro. Si vas mirando hacia arriba, vas a flipar con la cantidad de escudos de armas tallados en piedra y, sobre todo, con las galerías acristaladas de madera. Eran el símbolo de estatus de la época: cuanta más fachada de cristal pudieras pagarte para que te diera el sol en invierno, más rico eras.

  • El Pazo de los Marqueses de Trives. Lo vas a reconocer enseguida por su fachada enorme y señorial. Aunque es de propiedad privada y no se puede visitar por dentro, merece la pena pararse a mirar los detalles de la piedra y la balconada de forja. Aquí era donde se cocía toda la vida social de la alta cuna a principios del siglo XX.

  • La Casa Grande de Trives, un pazo urbano espectacular que data del siglo XVIII y que perteneció a los Marqueses de Casa Pardiñas. Al igual que los otros pazos del pueblo, impresiona su portalón de entrada de piedra maciza y el enorme escudo de armas que preside la fachada. Lo mejor de todo es que, a diferencia de otras propiedades señoriales que solo se pueden ver por fuera, este caserón se reconvirtió en un hotel de turismo rural. ¡Y es genial dormir aquí!

  • El antiguo Casino. Este edificio es clave. En los años del boom del veraneo, funcionaba como el Casino de la villa. Hoy está restaurado y mantiene esa estructura tan típica de la arquitectura civil gallega del XIX.

  • La iglesia parroquial del Santo Cristo. Llama mucho la atención porque se sale un poco de la estética típica de iglesia gallega antigua. Se construyó entre finales del siglo XIX y principios del XX, coincidiendo justamente con esa época de esplendor y dinero que trajo la burguesía al pueblo. Su fachada combina de forma muy elegante la piedra de granito con líneas muy limpias. Merece la pena entrar si te la encuentras abierta.

Naturaleza salvaje

Si algo define a la comarca de Terra de Trives es su entorno natural.

Estamos a las puertas del espacio protegido de la Ribeira Sacra e Serras do Ouroval, lo que significa que el paisaje es brutal. ¡Así de claro!

  • O Val do Navea. Este río ha esculpido un cañón profundo y escarpado que es el primer Paisaje Protegido de Galicia. Las laderas están cubiertas de bosques autóctonos donde el gran protagonista es el castaño. Se ve genial desde uno de los miradores que te enseño en nada.

  • Fraga de Pena Folenche, un bosque que parece sacado de un cuento de hadas. Caminar bajo sus árboles centenarios, rodeado de musgo y el sonido del agua, es una experiencia súper genial. Si vienes en otoño, el festival de colores ocres y dorados te va a colapsar la tarjeta de memoria de la cámara. ¡Estoy segura!

  • As Sequeiras. Muy cerca del pueblo, en Pena Folenche, encontrarás los antiguos secaderos tradicionales de castañas (sequeiros). Es un conjunto etnográfico fascinante y se llega hasta ellos en una ruta de unos 2-3 kilómetros (solo ida) muy agradable. Si quieres conocer más acerca de esta y otras rutas, pásate por la web del concello.

Miradores para tocar el cielo

Para ser consciente de verdad de dónde estás, tienes que ganar altura.

A Pobra de Trives cuenta con tres miradores oficiales que te regalarán unas de las mejores panorámicas de la Galicia de interior.

Mirador de Pena Folenche

Está en una aldea preciosa a unos 3km del centro que se llama igual, Pena Folenche.

Lo de «Pena» (peña) lo vas a entender enseguida, porque el pueblo está dominado por una roca gigante de granito (¡tan grande que hay casas pegadas a la propia piedra!).

Para subir al mirador, tienes que abrir una pequeña cancilla de metal — acuérdate de dejarla cerrada por seguridad — y subir unas escaleras.

Cuando llegues arriba del todo, vas a flipar: tienes una panorámica de 360 grados espectacular.

Desde allí arriba se ve la Fraga de Río, San Xoán de Río, los ríos Navea y Bibei, Cabeza de Manzaneda y, si el día está despejado, alcanzas a ver hasta Pena Trevinca.

Por cierto, los del pueblo cuentan que el mismísimo Santiago Apóstol bajó aquí de su caballo dejando la huella de la herradura en la roca y que debajo hay un túnel oculto con un tesoro. ¡Ahí es nada!

Mirador das Penas de Rome

Está a solo cinco minutos en coche del anterior (unos 3,4km) y es el más nuevo de la zona.

Visualmente es una pasada porque está hecho con plataformas hexagonales que imitan un panal de abejas, un homenaje a los apicultores de la comarca.

Lo fuerte de este mirador es que tiene dos pasarelas que terminan en suelo y pared de cristal, así que la sensación es la de estar flotando sobre el barranco del Navea.

Las vistas a las formaciones rocosas de las Penas de Rome y a todo el valle — que fue el primer Paisaje Protegido de Galicia — te van a dejar con la boca abierta.

Mirador da Pena da Anduriñeira

Si el anterior te supo a poco y quieres otro mirador de infarto, conduce unos cinco kilómetros más hacia Pontenovo.

Este mirador está en la carretera que une A Pobra de Trives con Montefurado, a unos 4 km del pueblo.

Es una plataforma de madera colgada de una roca con dos balcones acristalados y suelo de rejilla metálica no apta para ti si tienes vértigo.

Desde aquí se ve una panorámica increíble del meandro donde se juntan los ríos Navea y Bibei justo antes de morir en el Sil.

¡Eso sí! La carretera para llegar es muy, muy estrecha, de las que no caben dos coches y apenas hay quitamiedos.

Además, no hay aparcamiento en el mirador.

Si no hay nadie, puedes arrimar el coche a tope en el lado contrario de la calzada para una parada rápida, pero si no… lo mejor es bajar con el coche hasta la Central Hidroeléctrica de Pontenovo, aparcar allí abajo y subir andando.

Monasterio de San Salvador de Sobrado

Para ver esto tienes que moverte un pelín del centro, pero se llega en nada (está a unos 2km hacia las afueras).

¿Te acuerdas de que te hablé de los monjes benedictinos que mandaban aquí en la Edad Media? Pues este era su cuartel general y es uno de los ejemplos más importantes del románico en toda Galicia.

Lo primero que te va a llamar la atención al llegar es su fachada. Si te fijas bien en el dintel de la entrada, verás dos figuras esculpidas súper curiosass: un músico tocando la viola y un acróbata agarrándose los pies con las manos.

En el interior — aunque yo no lo he visto porque el monasterio estaba cerrado cuando fui –, tendrías que fijarte en la bóveda, que es una reconstrucción. En 1872 la original se vino abajo y tuvo que ser reconstruida por los vecinos.

También me han dicho que los capiteles son rarísimos (¡ojalá haberlo podido ver para enseñártelos1) y que tiene un altar mayor espectacular, con una cruz procesional de 1585, un sagrario con forma de pelícano y unos frescos en el techo del siglo XIX.

Antes de irte, rodea el edificio por fuera para contemplar el ábside románico y fíjate en las marcas del muro sur, que delatan dónde estuvo el claustro (hoy perdido).

El broche de oro lo ponen un cruceiro de 1603 y su campanario, que originalmente no era parte de la iglesia, sino una torre de defensa medieval exenta.

¡Un rincón mágico!

La Vía Nova y el Ponte Bibei

¿Quieres ver (o mejor dicho recorrer) la Vía Nova? Pues tienes que coger el coche y bajar por la carretera OU-636 en dirección a Larouco.

¡Y estarás haciendo el mismo recorrido que hacían por aquí los romanos!

El paisaje impresiona porque la carretera va encajonada, pero lo gordo llega cuando te encuentras de frente con el Ponte Bibei.

Es un puente romano del siglo II (de la época de Trajano) que se construyó para la Vía Nova.

Lo brutal de este sitio no es solo que se conserve en un estado impecable con sus tres arcos de granito, sino que sigue abierto al tráfico.

Justo al lado hay un pequeño espacio para dejar el coche, así que bájate, camina por el arcén y asómate a ver el río Bibei. Impresiona muchísimo.

Un extra: Cabeza de Manzaneda

A tiro de piedra de Trives, compartiendo terreno con el municipio vecino, se encuentra la Estación de Montaña de Cabeza de Manzaneda.

Es la única estación de esquí que tiene Galicia y el pico más alto roza los 1.778 metros.

Si vas en los meses de invierno y ha nevado, el ambiente es una pasada y puedes esquiar, hacer snowboard o tirarte en trineo.

Pero si vas con el buen tiempo, no te creas que está muerto. El complejo funciona todo el año como centro de multiaventura.

Tienen un parque de tirolinas entre los árboles, rutas para bicis de montaña, senderos de trekking y hasta una piscina climatizada en mitad de la cumbre.

Es un planazo para echar el día.

¡Y de camino en la carretera hay un mirador maravilloso con forma de M!

Información práctica

Estoy segurísima de que, después de leer todo lo que te espera en este rincón ourensano, ya estás abriendo otra pestaña en el navegador para buscar fechas, restaurantes, alojamiento…

Pues para ponértelo muy fácil y que no tengas que volverte loco buscando más información, aquí tienes un apartado con todo lo práctico: cómo plantarte allí, los platos que no te puedes perder (en Galicia se come de lujo, todos los sabemos) y dónde hacer noche para descansar como un marqués.

¿Cómo llegar?

Llegar a A Pobra de Trives es un sueño si te gusta conducir, porque la carretera que llega hasta allí es de esas que serpentean entre valles y que te obligan a bajar las ventanillas.

Si viajas en coche desde Ourense capital, el trayecto te llevará una hora y cuarto más o menos (70km).

La ruta más cómoda es saliendo por la carretera OU-536. Pasarás cerca de Castro Caldelas — aprovecha para echar un ojo al paisaje de camino — y seguirás subiendo de forma progresiva hasta el centro de Trives.

Es una carretera de montaña, con sus curvas lógicas, pero el asfalto está en buen estado y las vistas del interior de la provincia son un espectáculo.

Si vienes en coche desde Madrid, el camino es bastante directo y te llevará unas cinco horas (470km).

Tienes que coger la Autovía del Noroeste (A-6) y luego desviarte hacia la A-52 (Autovía de las Rías Baixas) en dirección a Ourense. Al pasar la provincia de Zamora y entrar en Galicia, la mejor opción es tomar la salida hacia A Gudiña.

Desde allí, cogerás la carretera OU-533 en dirección a Viana do Bolo y O Bolo, para terminar enlazando con la OU-636, que te lleva al pueblo.

Si prefieres olvidarte del coche y optar por el transporte público, también puedes organizar el viaje combinando el tren de Alta Velocidad y el autobús, una opción oficial muy cómoda gracias a las conexiones de la provincia.

La mejor alternativa si vienes desde Madrid o cualquier punto de la península es coger el tren AVE o Alvia con destino a la estación de Ourense-Empuje, o bien bajarte en la estación de A Gudiña, que geográficamente pilla bastante cerca de la comarca.

Una vez que llegues a la estación de tren de Ourense capital, el último tramo se realiza en autobús. Hay autobuses diarios que salen desde la Estación Intermodal de Ourense y conectan directamente la capital con A Pobra de Trives.

Te recomiendo consultar bien los horarios antes de viajar, ya que las frecuencias suelen variar entre los días laborables y los fines de semana.

¿Qué y dónde comer?

En esta zona se camina mucho, pero se recuperan fuerzas todavía mejor.

Al ser una zona de interior y altitud, el menú de sus restaurantes se basa en platos contundentes con producto local de primera.

Tienes que pedir sí o sí un buen plato de ternera gallega, ya que los prados de la zona dan una carne espectacular. Si vas en los meses fríos, el rey indiscutible de la mesa es el botelo, un embutido tradicional que se hace rellenando el estómago del cerdo con costilla adobada y ahumada con leña de roble.

Tampoco te vayas sin probar los embutidos curados, la empanada gallega, el pulpo, el caldo gallego y los vinos con Denominación de Origen de las riberas del río Bibei.

A la hora de sentarte a la mesa, el pueblo tiene varias opciones donde se come genial.

Si buscas cocina casera gallega, el restaurante del Hostal La Viuda es un acierto seguro. Tienen un menú del día brutal y una carta donde el producto local de temporada es el rey. ¡Y tienen muchas opciones sin gluten!

Otra opción fantástica en pleno centro y que controla tema gluten es A Cantina do Catro, un sitio ideal tanto si quieres comer de raciones y picoteo en plan informal como si buscas platos tradicionales bien preparados en un ambiente muy acogedor.

Por otro lado, para los amantes del dulce no hay discusión posible.

Tienes que pasarte por alguna de las panaderías y pastelerías del casco histórico — la pastelería Caneda es toda una institución local con décadas de historia — a por la bica de Trives.

Es un bizcocho jugoso, con una costra crujiente de azúcar por encima y un toque secreto que le da la manteca de vaca cocida. ¡Delicioso!

Antes de no poder comer gluten, era, sin rival ninguno, mi dulce favorito.

¿Dónde dormir?

Para elegir alojamiento en el pueblo, todo depende del tipo de viaje que estés buscando, porque la oferta del municipio cubre todos los gustos.

Si quieres empaparte de esa atmósfera señorial de la que hablábamos al principio, tu sitio es la Casa Grande de Trives.

Dormir en este pazo urbano del siglo XVIII totalmente restaurado, con sus muros de piedra gruesos y su mobiliario de época, te hace sentir como un noble. ¡A mí me encantó!

Además es Alojamiento Mágico, así que tienes buena experiencia asegurada.

La noche oscila entre los 60€ y los 90€ para dos personas dependiendo el tamaño (¡con el desayuno incluido!). Además, los peluditos son súper bienvenidos. ¡Gratis!

Si prefieres algo más convencional, en el propio centro del pueblo tienes pequeños hoteles familiares, hostales y pensiones con mucho encanto.

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One Comment

  • Ángela

    Que bonito todo y q bien suenan tus historias ….pensar que llevo cuarenta años con un ourensano y no conozco NADA!!!! No tengo perdón 😉❤️

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