Pazos de Arenteiro: qué ver en la única aldea histórico-artística de la Galicia rural
Hay lugares en Galicia que parecen haberse quedado suspendidos en un bucle temporal, inmunes al paso de los siglos.
¡Pero lo de Pazos de Arenteiro es otra historia!
Se trata de una aldea de piedra, encajonada en un valle donde confluyen dos ríos, custodiada por varios puentes medievales y rodeada por un mar de viñedos de Ribeiro.
Una maravilla.
Y no es es una exageración ya que es, oficialmente, la única aldea del rural gallego declarada Conjunto Histórico-Artístico.
Y créeme que el título lo tiene bien merecido. ¿Te vienes a explorarla conmigo?

Breve historia de Pazos de Arenteiro
Para entender la riqueza monumental que hoy vemos al pasear por Pazos de Arenteiro, primero tenemos que regresar al pasado.
Las piedras de esta aldea de Boborás no son fruto del azar.
Cada pazo, cada escudo y cada puente tiene detrás una historia de poder, misticismo, disputas territoriales y, sobre todo, mucho (mucho) vino.
La historia documentada de este rincón ourensano se remonta a más de mil años atrás, apareciendo por primera vez en un registro del año 1158.
Se trata del testamento y carta de donación que el abad Pelagio Gonçalvez otorgó al cercano Monasterio de San Clodio. En aquel pergamino medieval, el lugar no se llamaba como hoy, sino «Palacios de Argentario».
Este nombre tan sugerente proviene de los «argentarios» — gobernadores o artesanos de la plata — que se asentaron en la zona para extraer el preciado metal que yacía bajo las aguas y en las laderas del río.
El río Arenteiro, por lo tanto, hace honor a su nombre: una corriente de agua que fluye sobre vetas de plata.



El verdadero motor de desarrollo de la aldea llegó en el siglo XII bajo el ala de las órdenes militares.
Primero fue la Orden del Santo Sepulcro la que comenzó a dinamizar la zona, atrayendo la atención de grandes instituciones eclesiásticas como el Monasterio cisterciense de Oseira, que ya poseía tierras aquí en el siglo XIII.
Sin embargo, el punto de inflexión definitivo ocurrió en 1542, cuando el control pasó a manos de la Encomienda de San Juan de Jerusalén, conocida más tarde como la Orden de Malta.
Los Caballeros de Malta convirtieron a Pazos de Arenteiro en su centro administrativo y espiritual en la comarca. Desde su imponente monasterio, del que hoy se coserva el Pazo da Encomenda, controlaban el territorio, impartían justicia y recaudaban los tributos.
Es precisamente en este punto donde la historia de la aldea se cruza con su mayor fuente de riqueza: el vino Ribeiro.
Durante el siglo XVI, el comercio del vino experimentó un auge sin precedentes, convirtiendo a la comarca en una de las principales exportadoras de la Península.
Como los pequeños productores locales pagaban sus impuestos a los Caballeros de Malta en vino, la riqueza comenzó a desbordar las calles de la aldea.
Las familias hidalgas y la burguesía local adinerada dieron forma a lo que los historiadores llaman la «Nobleza del Vino», comenzando una competición arquitectónica para ver quién construía la casa más grande o el escudo más imponente.
Este bienestar económico transformó por completo la fisonomía de la aldea, dando lugar al despliegue de pazos barrocos que todavía hoy son capaces de dejarnos con la boca abierta.



Pero la historia de Pazos de Arenteiro también está escrita con épica y heroísmo popular. ç
Durante la Guerra de la Independencia, las tropas de Napoleón avanzaban por Galicia y, el 2 de marzo de 1809, unos mil soldados franceses intentaron cruzar el río Avia para controlar la comarca.
Allí se encontraron con la resistencia de unos trescientos campesinos gallegos que, armados con lo que tenían a mano y liderados por el legendario Capitán Cachamuíña, plantaron cara al ejército invasor.
La encarnizada batalla tuvo lugar en el propio Ponte da Cruz de la aldea y, contra todo pronóstico, los locales consiguieron frenar el avance francés, liberando al pueblo y convirtiendo a esta pequeña parroquia en un símbolo eterno de la resistencia rural gallega.
Si es que los gallegos… ¡Son lo más!
Qué ver en la aldea
¡Seré muy directa y me dejaré de rodeos!
En este apartado te dejo todos los puntos que no te puedes perder en Pazos de Arenteiro. ¿Empezamos?
La Iglesia románica de San Salvador y el Peto de Ánimas
Tiene mucho sentido que el punto de partido de esta ruta sea el corazón de la aldea: la Iglesia románica de San Salvador, levantada en el siglo XII.
Lo primero que llama la atención de este templo es una curiosidad astronómica. Debido a la difícil orografía del terreno, la iglesia rompe con la orientación litúrgica habitual — que solía mirar hacia el este — y desvía su eje hacia el nordeste.
Al acercarte a su fachada principal, fíjate en la riqueza de su portada románica, decorada con motivos vegetales, figuras de aves y la inconfundible cruz de Malta labrada en sus muros, testimonio del paso de la orden religiosa.
En su interior, el templo esconde un retablo renacentista de enorme valor atribuido al Maestro de Sobrado. ¡Aunque yo me quedé con las ganas de verlo!
Pero si posee algo verdaderamente curioso, eso es el Peto de Ánimas, en el exterior del edificio.
Incrustada en el propio muro del ábside, mirando hacia la plaza, esta pequeña obra de arte, con su capilla en miniatura protegida por una reja de hierro, era una parada obligatoria en la Edad Media.
Al ser Pazos de Arenteiro un lugar de paso clave entre O Ribeiro y Santiago de Compostela, los peregrinos y comerciantes se detenían ante él para depositar pequeñas ofrendas y monedas en busca de protección para sus viajes.



El Pazo da Encomenda
A pocos metros de la iglesia se alza el Pazo da Encomenda, que en su día fue un gran monasterio rectangular de dos plantas y el centro del poder de la Orden de Malta.
Hoy en día ha sido rehabilitado como hospedería, así que ya sabes…
Los pazos y casonas de la «Nobleza del Vino»
Aquí nos adentramos en la espectacular red de casonas señoriales que dieron forma a la burguesía de la época. Es fascinante ir descubriendo cómo cada pazo intentaba destacar sobre el resto:
Pazo dos Cervela: una sobria construcción famosa por sus espectaculares chimeneas rematadas en pirámides de bola. Aunque hoy conserva cuatro, cuenta la leyenda que llegó a tener más, pero que una de ellas fue derribada para no competir en altura y prestigio con el Monasterio de Santa María la Real de Oseira (del que dependían muchas tierras de la zona y que ostentaba el verdadero poder real y eclesiástico).
Pazo dos Feixóo: edificado en 1553, destaca por sus elegantes arcos de medio punto apoyados sobre pilares. Fue uno de los primeros en levantar el telón de la riqueza vinícola en la aldea.
Pazo de Doña Aurelia: un señorial caserío con planta en forma de «U» y un patio privado donde verás un gran escudo heráldico coronado por un penacho vegetal.
La Casa do Penedo, que sirvió como residencia del Inquisidor de Santiago. Su elegante barandilla principal perteneció en realidad al Monasterio de Oseira, trasladada hasta aquí tras la famosa desamortización de Mendizábal.
La Casa do Médico, con dos alturas de planta cuadrada y una encantadora solaina con vistas privilegiadas sobre el valle.
También hay que mencionar otros cuatro edificios que completa la lista de las grandes construcciones que atestiguan la inmensa riqueza que dejó el comercio del vino Ribeiro en la zona durante los siglos XVI y XVII: Pazo de García Espinosa, la Casa do Portádego, la Casa de Arriba y la Casa do Palenque.



O Palenque y la antigua cárcel
El rincón más intrigante y con el pasado más oscuro de toda la aldea es, sin duda, O Palenque.
Lo que hoy vemos como una pintoresca balconada de madera que da acceso a un grupo de viviendas populares fue en su día un escenario sombrío.
Durante los años de la Inquisición, este era el lugar público donde se realizaban las torturas y castigos ordenados por el inquisidor local, sirviendo de aviso para el resto de los vecinos.
Justo al lado, todavía se pueden contemplar las ruinas de la antigua cárcel de la aldea.
Puentes, molinos y naturaleza a las afueras
El agua de los ríos Avia y Arenteiro es la auténtica protagonista de este recorrido:
Ponte da Cruz (sobre el río Avia). Situado en la entrada de la aldea, es un gigante herido por la historia. De sus cuatro arcos originales hoy solo se conserva uno debido a los estragos de la Guerra de la Independencia (en la batalla del Capitán Cachamuíña contra las tropas de Napoleón en 1809, que te contaba antes) y a la subida del caudal por un embalse cercano.
Ponte do Santo Sepulcro (sobre el río Arenteiro). Es la postal perfecta de Pazos de Arenteiro. Este robusto puente medieval de dos arcos de medio punto se encuentra en el antiguo camino de acceso a la aldea, rodeado de una vegetación exuberante. Si te fijas en la clave de su arco mayor, descubrirás esculpidos el relieve de un santo y la cruz de la Orden del Santo Sepulcro.
El sendero del Pozo dos Fumes. Desde el pueblo parte un sendero lineal y llano de 1,2 kilómetros ideal para caminar bajo un denso bosque de ribera rodeado de robles, castaños y alisos. El sendero culmina en el Pozo dos Fumes, una cascada donde el agua se desploma con fuerza entre rocas creando una poza profunda. Su nombre viene de la fina niebla (o «humo») que genera la fuerza del agua al pulverizarse.
Los antiguos molinos de agua. Siguiendo el curso de los ríos te cruzarás con dos joyas de la arquitectura popular que transformaban el grano en harina. El Muíño da Carauquela (en el río Avia, cerca de la entrada) destaca por sus enormes dimensiones y conserva sus tres imponentes muros y canales de piedra. Por su parte, el Muíño do Arenteiro (al lado del puente medieval) aún custodia en su interior vestigios de sus mecanismos de molienda.
Y con esto y un bizcocho, te quiero ver descubriendo la aldea mañana a las ocho.



Información práctica
Ahora que ya tienes claro todo lo que te espera en esta aldea medieval de Ourense, es momento de pasar a la acción y planificar los detalles de tu escapada.
Para ello, aquí te dejo toda la información que necesitas saber para poder organizarla.
¿Cómo llegar?
Pazos de Arenteiro pertenece al municipio de Boborás, en el extremo noroeste de la provincia de Ourense. Al tratarse de un entorno rural muy bien conservado, la mejor opción para llegar es el coche.
Desde Ourense capital, estás a 30 minutos (unos 35 km). Debes tomar la carretera AG-53 en dirección a O Carballiño y luego enlazar con la N-541 hacia Boborás. ¡Enseguida llegarás!
Desde Santiago de Compostela, el trayecto es de aproximadamente una hora. La ruta más rápida es por la autopista AP-53 hasta la salida de Lalín/O Carballiño y después seguir las indicaciones hacia Boborás por carreteras secundarias muy chulas (¡para los que nos gusta conducir son un lujo!).
Si como yo vienes desde Madrid, hay unos 540km (unas cinco horas y cuarto).
En cuanto al aparcamiento, al ser una aldea medieval protegida, el tráfico de vehículos por el casco histórico está restringido. Lo ideal es dejar el coche en la explanada habilitada que encontrarás a la entrada del pueblo, justo antes de cruzar el Ponte da Cruz.
¿Dónde y qué comer?
Aunque la aldea es pequeña y no cuenta con una gran oferta de restauración en su propio casco histórico, estás en el corazón de una de las zonas gastronómicas más potentes de Galicia.
La mejor opción para tomar algo, disfrutar de una ración o degustar un buen vino de la zona es el propio restaurante o cafetería de la Hospedería Pazo da Encomenda. Eso sí, siempre con reserva previa.
Sin embargo, al estar en las puertas del Ribeiro, te recomiendo acercarte a los pueblos vecinos de Leiro o Ribadavia. Allí encontrarás mesones tradicionales y tabernas donde maridar una buena copa de vino Ribeiro con una tabla de quesos del país, empanada gallega o carnes a la brasa.
Y, también te digo, es casi un pecado no desviarse 10 minutos hasta O Carballiño, la capital mundial del pulpo á feira. Cualquier pulpería de su calle principal te servirá una ración espectacular cortada al momento sobre plato de madera.
¡El complemento perfecto para tu día de ruta!



¿Dónde dormir?
Si tienes la oportunidad, quedarte a dormir en Pazos de Arenteiro es una experiencia mágica.
La joya indiscutible para alojarse es la Rectoral Pazo da Encomenda (35€ por persona y noche, aproximadamente) que, como te contaba antes, fue en su día un gran monasterio de la Orden de Malta.
También está la Aldea Rural Pazos de Arenteiro, con habitaciones desde 66,50€ hasta 133€ por noche — dependiendo del tamaño — y un apartamento para cinco personas desde 140€/noche.
Si vas con tu perrete, tendrás que preguntar directamente al primero, mientras que el segundo sí que lo aceptará. ¡Tendrás que informarlo al hacer la reserva, eso sí!
Y ahora dime, ¿conocías ya Pazos de Arenteiro o acaba de entrar directo a tu lista de deseos viajeros?
Si ya has estado por aquí, ¿cuál fue tu rincón favorito? ¿Conseguiste llegar al Pozo dos Fumes? Cuéntamelo abajo en los comentarios. ¡Te leo!
Y si te ha gustado el post, no dudes en compartirlo con esa persona que siempre está buscando excusas para organizar una escapada a Galicia.
¡Buen viaje!
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2 Comments
Ángela
Queeeeeee pasada !!!!!!me has puesto los pelos de punta ….tanta belleza e historia cerca de nosotros y no tenía ni idea …prometo viajar para ver cada rincón de la provincia donde nació y vivió hasta los 23 tu papi …el señor Feijóo…de la casa 😜😍❤️🤩🥰💖
María
¡Tendremos que ir juntos! Y seguir descubriendo esa Galicia que lleva nuestro apellido. ¡Qué diver!