Del silencio de Belchite a la Colegiata de Toro: 10 templos escondidos en la España mágica
A veces nos empeñamos en cruzar el mundo buscando lugares que nos sorprendan, olvidando que a pocas horas de casa tenemos rincones capaces de dejarnos pasmados.
¡No exagero!
Si alguna vez has estado en mitad del pueblo viejo de Belchite cuando empieza a caer la tarde, sabes perfectamente a qué me refiero.
Esa misma energía, aunque con un espíritu totalmente distinto, es la que se siente al entrar en el Viso del Marqués o al admirar el interior de la Colegiata de Toro.
Para este viaje solo necesitas un coche con el depósito lleno y ganas de desviarte de las rutas turísticas habituales.
He seleccionado 10 templos escondidos en 10 pueblos que, por un motivo u otro, guardan un pedazo de esa España tan mágica y misteriosa que nos encanta en El viaje de Bubi.
Desde los viñedos de Elciego hasta los llanos de Yepes, aquí tienes 10 excusas perfectas para planear tu próxima escapada de fin de semana.
¿Arrancamos?


1. San Pedro Cultural, Becerril de Campos
La iglesia de San Pedro llevaba décadas en un abandono absoluto, pero en 2015 ocurrió el milagro.
En lugar de limitarse a restaurarla de forma convencional, se decidió que transformar el templo en un centro cultural astronómico era una grandísima idea.
¡Y tenían razón!
El espacio conserva las imponentes columnas y los arcos de piedra originales, pero al levantar la vista te encuentras con un techo que recrea con precisión milimétrica el firmamento y sus constelaciones iluminadas.
Para llegar hasta aquí solo tienes que conducir unos 15 minutos desde Palencia capital y dejar el coche en el aparcamiento que hay a la entrada del pueblo, a pocos minutos andando de la iglesia.
Consejito de viajera: intenta cuadrar tu visita para uno de sus eventos de verano. ¡No te vas a arrepentir!



2. Iglesia de San Martín de Tours, Belchite Viejo
Si hay un lugar en esta lista que te cambia el cuerpo en cuanto cruzas su entrada, es este.
Belchite Viejo no es solo un conjunto de ruinas; es un testigo directo del verano de 1937, cuando la Guerra Civil detuvo el tiempo en el pueblo.
La silueta maltrecha de la Iglesia de San Martín de Tours, recortada contra el cielo de la comarca del Campo de Belchite, se ha convertido en uno de los grandes símbolos de lo que ocurrió allí.
El templo no se ha tocado ni restaurado precisamente para eso: para que funcione como un monumento a la paz y a la memoria, recordándonos el horror que nunca debería repetirse.
Mucha gente se sorprende al saber que, bajo las marcas de los disparos y los derrumbes, lo que queda en pie es una joya del mudéjar aragonés construida a inicios del siglo XV.
Durante la batalla sirvió como hospital de sangre y refugio, y tras el fin de la contienda se llegó a oficiar una última misa entre los escombros antes de que el pueblo entero se abandonara para siempre.
Para visitarlo tienes que saber que el recinto del Pueblo Viejo está vallado por seguridad y conservación, así que la única forma de entrar es mediante las visitas guiadas que gestiona el propio Ayuntamiento.



3. Iglesia de San Miguel, Cuzcurrita de Río Tirón
El gran tesoro patrimonial de Cuzcurrita de Río Tirón te espera en la plaza Mayor.
Allí se alza la Iglesia de San Miguel, un templo del siglo XVIII que rompe por completo con el paisaje medieval del entorno.
Lo que la hace mágica es su fachada de sillería de un tono dorado precioso que es, además, totalmente curva, y su preciosa torre barroca.
Declarada Bien de Interés Cultural, el interior es impresionante también, aunque fue víctima de un incendio en 1974.
El templo suele abrir sus puertas en horario de culto, pero lo ideal para asegurar el tiro es preguntar en el propio ayuntamiento.
Si buscas la mejor perspectiva para verla, cruza al otro lado del río. Desde ahí la verás perfectamente, sobre todo cuando la luz de la tarde empieza a teñir la piedra de color fuego.



4. Iglesia de San Andrés, Elciego
4. El coloso que custodia los viñedos: Iglesia de San Andrés en Elciego (Álava)
Si piensas en Elciego, lo primero que te viene a la mente son las vanguardistas curvas de titanio de las bodegas Marqués de Riscal.
Pero si te desplazas hasta allí, comprobarás que el verdadero dueño del horizonte es la Iglesia de San Andrés.
Construida principalmente en el siglo XVI, esta mole de piedra arenisca es un ejemplo perfecto de cómo una iglesia rural puede tener las dimensiones y la fuerza de una catedral.
Lo que la hace única es su ubicación, encajonada en una ladera, y sus dos torres asimétricas que vigilan un mar de viñedos.
Por fuera impresiona por su aspecto casi de fortaleza, pero su interior es un espectáculo renacentista y barroco.
El gran tesoro que alberga es su retablo mayor, una obra maestra del siglo XVII con unos relieves y un dorado que te dejan con la boca abierta.
Además, la acústica del templo es tan brutal que aquí se encuentra un órgano histórico que todavía se utiliza en conciertos especiales.
El acceso al interior suele estar ligado a los horarios de misa, aunque la oficina de turismo a veces organiza visitas guiadas que merecen muchísimo la pena para descubrir sus secretos.



5. Iglesia de San Martín de Tours, Frómista
¡Otra iglesia de San Martín! Esta vez en Palencia y, afortunadamente, entera.
Situada en pleno Camino de Santiago palentino, esta iglesia del siglo XI es el ejemplo de manual del románico europeo.
Y es que, querido lector, aunque a finales del siglo XIX sufrió una restauración profunda para devolverle su aspecto original, el templo sigue conservando su magia medieval
¡Eso es indiscutible!
El verdadero juego al visitarla está en mirar hacia arriba, concretamente a sus cornisas y capiteles.
San Martín está decorada con más de trescientos canecillos — esas pequeñas esculturas de piedra bajo el tejado — que representan un universo entero de seres fantásticos, monstruos, figuras humanas y animales.
Cada uno cuenta una historia o una moraleja de la época, así que te aseguro que vas a pasar un buen rato con el cuello estirado como E.T. el extraterrestre intentando descifrarlos.



6. Iglesia de la Encarnación, Montefrío
Cuando National Geographic incluyó a Montefrío en su lista de los pueblos con las mejores vistas del mundo, no se equivocaba, y gran parte de la culpa la tiene la silueta de la Iglesia de la Encarnación.
Lo primero que te va a llamar la atención al plantarte delante es que este templo del siglo XVIII no se parece a nada de lo que hayas visto antes en Andalucía.
En lugar de la típica planta de cruz o torres rectangulares, se construyó como un gigantesco cilindro de piedra, inspirado directamente en el Panteón de Agripa de Roma.
Conocida popularmente por los vecinos como “la Iglesia Redonda”, su enorme cúpula de más de 30 metros de diámetro domina todo el entramado de casas blancas del pueblo.
Entrar en ella es una experiencia curiosa porque su interior es completamente circular y diáfano, lo que genera una acústica limpia y una luz directa que se filtra por las ventanas superiores.
El diseño neoclásico corrió a cargo del arquitecto Ventura Rodríguez y supuso un desafío constructivo tremendo para la época en una zona con una orografía tan complicada.
¡Mágica, mágica!



7. Colegiata de Santa María la Mayor, Toro
Asomada a un impresionante balcón natural sobre el río Duero, la Colegiata de Toro es de esos monumentos que te dejan asombrado mucho antes de cruzar la puerta.
Pero es que cuando la cruzas… ¡Lo que ves es un regalo!
Empezó a construirse en el siglo XII y es una de las grandes joyas del románico tardío y el gótico en España.
Lo que la hace misteriosa y fascinante a partes iguales es su cimborrio, una torre linterna preciosa con tejado de escamas de piedra que comparte lazos arquitectónicos con las catedrales de Zamora y Salamanca, y el Pórtico de la Majestad.
Este último, al haber quedado protegido de la intemperie por una capilla posterior, conserva casi intacta su policromía original del siglo XIII.
Lo que te decía… Ver los rostros de los reyes, músicos y santos con sus colores auténticos y vivos, después de ochocientos años, es un regalazo.
Además, en la sacristía se custodia el famoso cuadro de La Virgen de la Mosca, una obra flamenca llena de detalles realistas y enigmas que los historiadores siguen debatiendo.



8. Iglesia de Santa María de la Asunción, Viana
Viana es la última parada del Camino de Santiago a su paso por Navarra, y la Iglesia de Santa María es el reflejo perfecto de esa importancia histórica.
Construida entre los siglos XIII y XIV, esta mole de piedra se diseñó no solo como un lugar de culto, sino como una auténtica fortaleza defensiva para proteger la frontera del Reino de Navarra.
Lo primero que te va a dejar sin palabras es su portada renacentista en el exterior, que parece un retablo de piedra esculpido con un nivel de detalle increíble.
Sin embargo, el rincón más legendario y místico de este templo no está bajo techo, sino de cara al cielo.
Justo en el suelo, frente a la portada, se encuentra la tumba de César Borgia, el célebre y controvertido personaje del Renacimiento italiano que murió en una emboscada en los campos de Viana en 1507.
Ya en el interior, el templo es espacioso y muy, muy solemne, destacando sus grandes capillas barrocas y un retablo mayor que es una auténtica obra de arte.



9. Ntra. Sra. de la Asunción, Viso del Marqués
Viso del Marqués es famoso en toda España por albergar un espectacular palacio italiano del siglo XVI en mitad de las llanuras de La Mancha, pero su iglesia parroquial no se queda atrás en cuanto a sorpresas.
La Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, construida en estilo gótico tardío con transiciones al renacimiento, comparte estrechos lazos con la historia de Álvaro de Bazán, el gran almirante de la Marina Española.
Lo que convierte a este templo en un lugar único y sumamente misterioso no es solo su arquitectura, sino un habitante de lo más inusual que cuelga de una de sus paredes.
Al entrar y levantar la vista hacia la zona del coro, te vas a frotar los ojos: de los muros cuelga un cocodrilo disecado de grandes dimensiones, conocido popularmente por los vecinos como «el lagarto del Viso».
Cuentan que fue traído por el propio Marqués de Santa Cruz desde una de sus expediciones navallas en el siglo XVI, y se colocó allí como un exvoto, un símbolo del agradecimiento a la Virgen por salvar a la tripulación de los peligros del mar.



10. Colegiata de San Benito Abad, Yepes
Para cerrar esta ruta, nos vamos hasta la histórica villa de Yepes, conocida popularmente como «Toledillo de la Mancha» por la enorme riqueza de su patrimonio.
En mitad de su plaza Mayor encontrarás la Colegiata de San Benito Abad, una obra monumental del siglo XVI que se ganó a pulso el sobrenombre de «la Catedral de la Mesa de Ocaña».
Diseñada por el célebre arquitecto Alonso de Covarrubias, la majestuosidad de este templo te desarma por completo: es tan grande y señorial que parece desproporcionada para el tamaño del pueblo, convirtiéndose en un faro de piedra en mitad de la llanura toledana.
Eso sí, el verdadero tesoro que justifica el viaje está en su altar mayor.
Allí vas a encontrarte con un retablo espectacular que custodia una serie de pinturas firmadas por Luis de Tristán, quien fue el discípulo más aventajado de El Greco.
¡No te lo pierdas!


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One Comment
Ángela
Como siempre espectacular tus historias …cuanto tiempo perdido son visitar y vivir nuestra Historia ….👏👏👏👏👏