Navarra,  Pueblos Mágicos

Viana monumental: descubre los templos más emblemáticos de esta ciudad navarra

La pequeña ciudad de Viana, en el extremo suroeste de Navarra, se fundó en 1219 por orden del rey Sancho VII el Fuerte como plaza defensiva frente a Castilla.

Su ubicación, sobre una colina con vistas al valle del Ebro, marcó desde el principio su carácter fronterizo.

Aunque quizá la conoces por su magnífico casco antiguo o por ser parada ineludible en el Camino de Santiago francés, Viana reúne algunos de los templos más interesantes de la zona: iglesias góticas, ermitas rurales y un convento del siglo XVII.

Todo ello en una localidad de apenas unos miles de habitantes, pero con un patrimonio que parece propio de una capital. Y eso es lo que te vengo a enseñar hoy. ¿Preparado?

Cómo usar esta guía

Esta vez, me parece importante empezar diciendo para que está pensado este post. ¡Sere breve!

En Viana encontrarás cinco paradas principales — dos iglesias dentro del casco histórico, dos ermitas en el entorno rural y un convento barroco –, cada con su propia historia, su propio estilo arquitectónico y una relación única con la evolución de la ciudad.

La mayoría de los templos se pueden visitar caminando desde el centro, aunque las ermitas de San Martín y de la Virgen de Cuevas están algo más alejadas y requieren desplazamiento en coche o en bicicleta (o hacer una ruta larga, si quieres sentirte un poquito peregrino).

La ruta completa puede hacerse en una mañana si vas con el tiempo justo, aunque lo ideal es dedicar un día entero para no ir con prisas y disfrutar también del resto de Viana.

Si se trata de tu primera visita a la ciudad, empieza por el centro: la Iglesia de Santa María de la Asunción y las ruinas de San Pedro, y luego amplía hacia las ermitas. Si ya la conoces, esta guía te servirá para mirar con otros ojos rincones que quizá pasaste por alto.

¡O al menos eso espero!

Los 5 templos de Viana

Vamos al meollo de la cuestión: si has llegado hasta aquí es porque quieres ver con tus propios ojos los templos que dan forma al patrimonio religioso de Viana.

Sin más preámbulos, comenzaremos nuestro recorrido con la Iglesia de Santa María de la Asunción, un punto de referencia imprescindible para comprender la Viana monumental que vamos a descubrir. Después, continuaremos con el resto.

¿Te parece un buen plan? ¡Pues vamos allá!

Iglesia de Santa María de la Asunción

Su construcción se inició a mediados del siglo XIII, en plena Edad Media, y se prolongó hasta el siglo XIV, adoptando el estilo gótico característico de la época.

Con el tiempo, sufrió varias ampliaciones y reformas que añadieron elementos renacentistas y barrocos, convirtiéndola en un reflejo claro del paso de los siglos y de los cambios en la estética religiosa.

Desde fuera, la iglesia impresiona bastante por su posición elevada sobre la ciudad, recordando que Viana era un enclave estratégico en la frontera con Castilla. La fachada sur, con su portada renacentista (ahora mismo tapada por obras de restauración), es especialmente llamativa.

¡Se la considera como una de las portadas más monumentales del Renacimiento en Navarra!

El interior, sin embargo, mantiene la estructura gótica de tres naves con bóvedas de crucería y capillas laterales. Pero como te decía, aquí verás muy bien cómo se mezclan elementos de distintas épocas: el retablo mayor, barroco, se centra en la Asunción de la Virgen, mientras que algunas capillas conservan pinturas y trabajos de madera de los siglos XVII y XVIII.

Entre los detalles más curiosos se encuentra la lápida de César Borgia. Aunque en un principio estuvo enterrado en el interior, el obispo de Calahorra mandó sacarlo fuera de la iglesia. «Bajo el paso de personas y bestias», dijo. ¡Esta historia te la contaré mejor en otro post!

Ruinas de San Pedro y Jardines de Serrat

La Iglesia de San Pedro es hoy un espacio de memoria y melancolía. Fue la primera parroquia construida en Viana, en el siglo XIII, en el flanco oeste de su recinto amurallado.

Desde su origen se pensó en ella además con un carácter estratégico: su emplazamiento elevado, sus anchos muros y el torreón que la acompañaba la convirtieron en parte de la estructura defensiva de la villa.

Con el paso del tiempo sufrió varias reformas y empezó a parecerse más a una iglesia. Durante el siglo XVI se añadió un campanario y varios accesos al cementerio, y en los siglos XVII y XVIII se realizaron intervenciones de estilo barroco, entre ellas su preciosísima portada.

¡Menos mal que esa sí sigue en pie para que podamos disfrutarla!

Sin embargo, la noche del 6 de enero de 1844 ocurrió algo terrible: ¡se hundió buena parte de la iglesia! De la original gótica apenas queda la nave lateral norte, revestida de bóvedas de crucería, y la cabecera.

Consejito de viajera: el entorno de los Jardines de Serrat es ideal para observar el templo desde el exterior, disfrutar de la luz del atardecer sobre los muros y apreciar la panorámica hacia el valle.

Afortunadamente, este espacio se reorientó hacia el disfrute público y las vistas panorámicas del valle del Ebro y la sierra de Cantabria. Todavía es un lugar precioso.

Convento e Iglesia de San Francisco

El Convento de San Francisco — también conocido históricamente como Convento de San Juan del Ramo — se encuentra al norte de la ciudad y representa uno de los capítulos más interesantes de su patrimonio religioso y urbano.

Las obras comenzaron el 1 de marzo de 1642, culminándose en 1677. Aunque la orden franciscana ya estaba en la zona desde el siglo XV, fue durante la Edad Moderna cuando este conjunto se consolidó como lo que hoy vemos.

Los frailes franciscanos, que en el primer tercio del siglo XVII bajaron desde la aldea de Soto — actual jurisdicción de Aras — para establecerse en Viana, impulsaron esta planta monumental que refleja la importancia que la villa tenía en aquel momento.

A lo largo de los siglos, el convento ha desempeñado varias funciones, no solo como centro de vida monástica y espiritual, sino también como Casa de Enseñanza, hospital, residencia para ancianos y lugar de enseñanza de las Hijas de la Caridad desde 1858.

Pero oye, su historia, como la de muchos otros edificios, no ha sido siempre un camino de rosas: durante la invasión francesa y las Guerras Carlistas fue utilizado como cuartel militar y sufrió varios destrozos y confiscaciones.

Si tienes la oportunidad de entrar en su iglesia — que no es siempre, ojo, porque suele estar cerrada y abrirse sólo en momentos muy determinados — fíjate en los retablos de madera integrados en las capillas laterales. Algunos de ellos proceden de la desaparecida parroquia de San  Pedro.

Y fíjate también en la decoración pictórica en muros y bóvedas. Aunque menos ostentosa y llamativa que en otras iglesias barrocas, juega con efectos ópticos (cómo nos gustan los trampantojos) que acompañan la poca luz que entra desde las ventanas laterales.

¡Me sorprendió un montón!

Ermita de San Martín de Tidón

Situada fuera del núcleo urbano de Viana, es una ermita modesta pero perfecta para quien quiera ver otra cara del patrimonio religioso de la villa. Su ubicación — en una terraza entre los riachuelos Valdevarón y Longar — ya vale la pena el esfuerzo de pasarte a verla.

Este templo no nació aisladamente: formaba parte del antiguo poblado de Tidón, que en el siglo XI y XII estaba habitado. En el año 1027, el rey Sancho el Mayor de Navarra donó el paraje a la Catedral de Pamplona.

Tidón fue anexionado a Viana en 1219 y dejó de existir como aldea independiente.

Consejito de viajera: te recomiendo acercarte hasta allí con calzado cómodo, ya que aunque no se trata de una larga excursión (mucho menos si vas en coche, que tendrás que dejar aparcado a un lado del camino para no molestar), sí vas a un entorno más agreste que el casco histórico.

Como normalmente no está abierta, tomate su visita como una oportunidad para pasear un poco por los alrededores. ¡Y a ver si encuentras alguno de sus relojes de sol en el exterior!

Ermita de la Virgen de Cuevas

La Ermita de la Virgen de Cuevas es la última parada de nuestro recorrido por los templos más emblemáticos de Viana, y también una de las más singulares.

Aunque su origen exacto es difícil de datar con precisión, se sabe que la devoción a la Virgen de Cuevas ya estaba documentada en el siglo XV, cuando se consolidó como lugar de peregrinación local.

Por cierto, yo no la he encontrado abierta nunca, pero imagino que si estás por allí el lunes de Pascua — cuando tiene lugar la romería a la ermita de Cuevas — podrás verla.

Eso sí, de nuevo, el entorno natural es parte esencial de la visita. La ermita se encuentra rodeada de prados y pequeños bosques y desde aquí tendrás una panorámica amplia del valle del Ebro y las sierras cercanas.

¡Fíjate también en su mural! Al estar en pleno Camino de Santiago, verás detalles súper característicos del mismo. ¿Sabrás reconocerlos todos?

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