Conoce San Juan Pie de Puerto, cruce histórico del Camino de Santiago por los Pirineos
Enclavado en el País Vasco francés y a apenas unos kilómetros de la frontera con España, San Juan Pie de Puerto (Saint-Jean-Pied-de-Port en francés y Donibane Garazi en euskera) es uno de los cinco pueblos más bonitos de los Pirineos Atlánticos.
Su nombre ya lo dice todo: «San Juan», por su patrón San Juan Bautista, y «Pie de Puerto», porque está situado justo al pie de un antiguo paso de montaña que conecta Francia con Navarra.
Desde la Edad Media, esta pequeña villa ha sido mucho más que un lugar bonito. Sus murallas y la ciudadela protegían el paso hacia España, y su ubicación lo convirtió en un punto estratégico para comerciantes, viajeros y peregrinos que comenzaban aquí el Camino de Santiago.
Hoy, San Juan Pie de Puerto sigue teniendo ese carácter especial. ¡Ya te digo que sí!
Y como sé que tú también quieres vivirlo por ti mismo, en este post descubrirás qué ver y hacer aquí y conocerás un poco mejor su historia y su papel como cruce emblemático entre países.
¿Te vienes?
¿Qué vas a encontrar aquí?
- La evolución de un cruce fronterizo
- Qué ver en San Juan Pie de Puerto
- El Camino de Santiago, alma de la villa
- Información práctica

La evolución de un cruce fronterizo
San Juan Pie de Puerto nace a finales del siglo XII dentro del Reino de Navarra, en un territorio que siempre fue estratégico por su ubicación en el tránsito natural entre la llanura francesa y los valles navarros.
Desde su origen, su función principal fue controlar el paso montañoso y proteger a la población frente a incursiones. Para ello, se levantaron las primeras murallas y torres que delimitaban el casco urbano, creando un núcleo defensivo que regulaba tanto el comercio como la circulación de personas.
Esta decisión no fue solo una cuestión de prestigio — que también — sino de pura supervivencia.
Ya en el siglo XIV, el rey de Navarra otorgó un fuero que consolidó la organización de la villa, fortaleció su estructura jurídica y administrativa y le permitió convertirse en un centro de referencia regional. Este fuero también incentivó el establecimiento de mercados, talleres y otros servicios necesarios para los viajeros y comerciantes que cruzaban el paso.
Sin embargo, durante el siglo XV, la proximidad a la frontera con Castilla y Aragón convirtió a esta zona en un lugar de constante tensión. La conquista de Navarra por los Reyes Católicos en 1512 lo situó en el epicentro de conflictos militares.

En esta época, la villa sufrió varios asedios y sus fortificaciones debieron adaptarse a nuevas estrategias defensivas. Cada puerta, torre y tramo de muralla fue reforzado para resistir no solo ataques armados, sino también el desgaste del tiempo y los cambios políticos de la región.
De hecho, en 1628 se levantó la ciudadela sobre los restos del antiguo castillo navarro, una obra que combinaba otro nivel de estrategia e ingeniería y una nueva visión militar. Sus bastiones, fosos y muros respondían a las necesidades de la guerra moderna, y décadas después, el famoso ingeniero francés Vauban añadió mejoras que la convirtieron en una fortificación modelo.
Más tarde, durante los siglos XVIII y XIX, la ciudadela siguió siendo importante, pero la vida cotidiana empezó a estabilizarse. Las tensiones de la frontera cedieron espacio a la administración local, al comercio y a una rutina que permitía a sus habitantes vivir y trabajar sin tener que lidiar con ese miedo constante a la guerra.
¡Y ya llegamos al siglo XX! Este periodo trajo reconocimiento y protección de este patrimonio.
Murallas, ciudadela y puertas históricas — como la de Saint Jacques, que es Patrimonio de la Humanidad –se conservaron tal y como estaban en aquel momento (¡menos mal!), para que hoy caminar por San Juan Pie de Puerto sea una experiencia totalmente mágica.
Un pedacito de nuestra historia que se puede caminar y revivir en apenas unas horas. ¡Y una visita que no decepciona ni un poco!
Qué ver en San Juan Pie de Puerto
Esta villa puede parecer muy pequeña, pero la realidad es que tiene mucho para ver.
Con su aire medieval intacto y sus fachadas vascas de piedra y madera, es uno de esos lugares que se descubren mejor si vas con tiempo.
Lo mejor que puedes hacer al llegar es dejar el coche fuera del recinto amurallado y dejarte llevar a pie, porque aquí todo se recorre mejor caminando, con la misma calma con la que lo hacen los peregrinos del Camino de Santiago que cruzan la villa cada día.
¡Conviértete en uno por un rato!
El trazado de la villa y sus dos caras
Lo primero en lo que te vas a fijar sí o sí es en que San Juan Pie de Puerto está partida en dos por el río Nive, un cauce que, más que separar, une las dos caras de este lugar.
En la orilla noreste se encuentra la parte más antigua, la conocida como Ciudad Alta o Barrio de la Ciudadela, estructurada en torno a la Rue de la Citadelle, una calle empinada y adoquinada que sigue tal cual estaba en sus orígenes.
Al otro lado del Nive se extiende el barrio de Saint-Michel o Barrio Español, mucho más moderno y articulado alrededor de la Rue d’Espagne, que continúa el trazado de la calle principal y prolonga el espíritu del Camino de Santiago hacia el sur, rumbo a Roncesvalles.
Pasear por ambos lados es un must en tu paso por San Juan Pie de Puerto.


Las puertas y las murallas
El corazón medieval de San Juan Pie de Puerto se protege tras una muralla levantada en el siglo XIII con la misma piedra rojiza que se extraía del monte Arradoy.
A lo largo de su perímetro se abren varias puertas, auténticas joyas arquitectónicas cargadas de simbolismo. La más célebre es la Porte de Saint-Jacques, o Puerta de Santiago, declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1998.
Durante siglos, fue el acceso por el que los peregrinos procedentes del norte entraban a la villa, y se cuenta que en la Edad Media era necesario pagar un pequeño peaje para atravesarla. Hoy sigue siendo uno de los rincones más fotografiados, sobre todo al atardecer. ¡Preciosa!
Otra de las entradas imprescindibles es la Puerta de Notre-Dame, una torre-puerta que da paso al casco histórico desde el puente principal sobre el Nive. En su parte superior, verás un reloj y un pequeño campanario, y en las fachadas, tanto exterior como interior, las figuras de la Virgen con el Niño y de San Juan Bautista.
Entrar por ella es hacerlo bajo la protección de estos símbolos, mientras que a lo lejos ya se vislumbra la Rue de la Citadelle, en sentido ascendente hacia la colina.



La Puerta de Navarra, también llamada Puerta del Mercado, se abre al sur del recinto y conserva su función de punto de encuentro: justo frente a ella se celebraba antiguamente el mercado local. Desde este lugar, además, obtendrás una de las panorámicas más bellas del Nive y de las casas colgantes que lo bordean.
Imposible no parar a hacer fotos, ¿verdad?
Para completar el recorrido, tienes que subir al Camino de Ronda, una senda que discurre por la parte superior de las murallas entre la Puerta de Navarra y la Puerta de Santiago.
Desde allí, verás la villa desde otra perspectiva: los tejados, los huertos y los pequeños jardines que se esconden detrás de las casas. ¡Una imagen mucho más auténtica!



Los puentes sobre el Nive
El río Nive hace las veces de «hilo conductor» de San Juan Pie de Puerto.
Sobre él se tienden varios puentes de piedra que unen los dos barrios que te comentaba antes y regalan algunas de las vistas más icónicas de la villa. ¡Aquí te menciono los más importantes!
El más conocido es el Puente de Notre-Dame, situado al final de la Rue d’Espagne, que conecta directamente con la Rue de la Citadelle. Aunque se le llama «puente romano», en realidad su construcción data del siglo XVIII. Así que romano, romano… ¡No es!
Más al este se encuentra el Puente de Eyheraberry, cuyo nombre en vasco significa «molino nuevo». Data del siglo XVII y discurre en una zona más tranquila, rodeada de vegetación y casi siempre ajena al bullicio. ¡Llegar hasta aquí es un paseo muy agradable!
De hecho, a lo largo del camino descubrirás un tercer puente, de madera y, a simple vista, poco relevante. Sin embargo, es desde su barandilla desde donde se obtiene la famosa imagen que aparece en casi todas las postales — y, cómo no, también en la cabecera de este post –: el arco del Puente de Notre-Dame y las fachadas medievales, reflejadas en el agua.
El cuarto, conocido popularmente como Puente Principal, se ubica sobre la Calle Floquet y permite ver, de un solo vistazo, el conjunto del pueblo con los Pirineos de fondo.


La Rue de la Citadelle y Notre-Dame du-Bout-du-Pont
Si hay una calle que resume el espíritu de San Juan Pie de Puerto, esa es la Rue de la Citadelle.
Empedrada, inclinada y flanqueada por casitas de madera pintadas de rojo y verde, concentra los edificios más importantes y la vida diaria de la villa.
En ella se encuentra la Casa Arcanzola, una de las más antiguas del casco antiguo, con una inscripción que data de 1510 grabada en una de sus vigas. ¡Mi madre flipó al verla!
También aquí se halla la Prisión de los Obispos, una pequeña casa convertida hoy en museo que explica la historia de la peregrinación jacobea y que, en su momento, albergó a los obispos de Bayona durante el Cisma de Occidente y, más tarde, sirvió como cárcel. La entrada cuesta 5€.


Avanzando por la misma calle se llega a la iglesia de Notre-Dame du-Bout-du-Pont, su templo más importante. Construida en piedra rojiza de Arradoy también, es un ejemplo claro del gótico navarro del siglo XIII.
Se trata, además, del segundo edificio más relevante de este estilo en el País Vasco francés, solo por detrás de la catedral de Bayona. Y se cuenta que el rey Sancho el Fuerte de Navarra mandó edificarla tras su victoria en la batalla de las Navas de Tolosa, en 1212.
Desde ese punto se controla el paso hacia el Puente Viejo y la entrada al casco histórico, en un enclave que, siglo tras siglo, ha mantenido su papel vigilante. Tras su magnífica puerta, se esconde un interior sobrio y sereno, reflejo de la austeridad propia de las iglesias del Camino, con elegantes tribunas de madera.
Si quieres entrar a conocerla, has de saber que entre semana las misas suelen tener lugar en torno a las 18:00-19:00. En fin de semana, también alrededor de las 11:00. ¡Antes o después puede ser un gran momento!


La Ciudadela de Mendiguren y las vistas del valle
Por encima de todo el conjunto, dominando la villa desde lo alto de la colina de Mendiguren, se alza la Ciudadela.
Se construyó en el siglo XVII sobre los restos del antiguo castillo de los reyes de Navarra, y en 1963 fue declarada monumento histórico.
Aunque hoy su interior alberga un colegio y no se puede visitar, los muros exteriores y el mirador de la media luna real ofrecen una de las panorámicas más espectaculares del País Vasco francés.
Desde allí verás los tejados rojizos del casco antiguo, el valle del Nive y las primeras montañas pirenaicas. Por eso, la subida — aunque empinada, aviso — merece muchísimo la pena, especialmente al amanecer o al atardecer.
Vamos, que sí o sí tienes que subir hasta aquí. ¡Te va a encantar!

El barrio de España y la Rue d’Espagne
Aunque ya mencioné al principio la importancia de recorrer ambas caras de la villa, me gustaría ahora enfatizar por qué esta área en concreto merece tu atención.
Suele ser, quizás, la parte más olvidada de todo San Juan Pie de Puerto, y es una pena, porque es una zona preciosa y muy, muy curiosa.
Tras cruzar el río y entrar en el Barrio de España, verás que se trata de una zona mucho más moderna. Como te contaba antes, su arteria principal, la Rue d’Espagne, prolonga el Camino de Santiago hacia el sur.
Pero fíjate bien en sus fachadas: paredes blancas, contraventanas pintadas de colores, balcones llenos de flores… Una zona mucho menos transitada por el turismo y con un encanto especial, genial para pasarte un buen rato haciendo fotos.
Y no olvides fijarte en los dinteles de las casas, ya que muchas conservan inscripciones antiguas con los nombres de sus antiguos propietarios o sus oficios, escritas en la tipografía vasca tradicional.
Además, aquí se encuentra la Maison des États de Navarre, un edificio del siglo XVII que acogió la última reunión de los Estados Generales de Navarra antes de su disolución en 1789, tras la Revolución Francesa.
Este hecho marcó el final político del antiguo reino de la Baja Navarra, que quedó definitivamente integrado en Francia. ¡Con lo que nos gustan los lugares históricos!


Mercado cubierto a las afueras: ¡a degustar!
El mercado cubierto de San Juan Pie de Puerto se encuentra en la Place des Remparts, un espacio semiabierto fuera de las antiguas murallas de la ciudad.
Este mercado, que mantiene su actividad a lo largo de todo el año, es el sitio ideal para degustar productos locales (y decidir cuál de todos llevarte a casa).
En sus puestos encontrarás, por ejemplo, una gran variedad de quesos de oveja — entre ellos el renombrado Ossau-Iraty — embutidos — como la chistorra o el pâté de campagne — y otros productos autóctonos del País Vasco, especialmente los de la cercana localidad de Espelette.
El Camino de Santiago, alma de la villa
Cada día, peregrinos de todas partes del mundo llegan a San Juan Pie de Puerto cargados con sus mochilas y bastones, y cruzan la Puerta de Santiago para comenzar su travesía.
¡Y es que aquí nace el Camino de Santiago francés! Esta es, por si no lo sabías, la ruta más conocida y transitada de todas las variantes del Camino de Santiago.
El itinerario recorre unos 780 kilómetros, desde San Juan Pie de Puerto, en el sur de Francia — donde nos encontramos –, hasta Santiago de Compostela, en Galicia, España.
Por eso, la imagen de los peregrinos atravesando la villa se ha convertido en una escena cotidiana y emblemática, con un impacto profundo no solo en el ámbito cultural, sino también en el económico, ya que muchos negocios locales viven en parte de los servicios que ofrecen a los caminantes.
Además, los habitantes de la villa sienten un orgullo y respeto genuinos por formar parte de este viaje. Incluso sus fiestas y celebraciones suelen estar estrechamente vinculadas a la tradición jacobea.


Información práctica
Llegados a este punto, y una vez ya tienes claro lo que vas a ver aquí, seguro que te estás preguntando cosas tan importantes como cómo llegar, dónde dormir o qué comer.
Pues bien, aquí va todo lo que necesitas saber para planificar tu escapada a San Juan Pie de Puerto. ¡Allá vamos!
¿Cómo llegar?
Aunque está escondida entre montañas, esta villa es un destino sorprendentemente accesible.
En coche, llegar es sencillo. Desde Pamplona puedes tomar la N-135 en dirección a Roncesvalles, y desde allí continuar por la D933 hacia Francia. En una horita y media, más o menos, estarás allí.
Si vienes desde la costa vasco-francesa, la carretera D918 te llevará en algo más de una hora desde Bayona. Desde Madrid hay casi seis horas y 470km.
Eso sí, te recuerdo que el centro histórico está cerrado al tráfico y las calles son estrechas y adoquinadas, por lo que te tocará aparcar en alguno de los parkings gratuitos en el exterior de las murallas.
También puedes llegar hasta San Juan Pie de Puerto en transporte público. En tren, la conexión más cómoda es precisamente desde Bayona.
Hay varios servicios diarios operados por SNCF-TER Nouvelle-Aquitaine, y durante el trayecto verás un paisaje precioso de valles verdes y caseríos vascos. La estación de tren de San Juan Pie de Puerto está a solo cinco minutos a pie del casco antiguo, en la parte baja del pueblo.
En autobús, si vienes desde España, la compañía Conda (ALSA) ofrece líneas directas desde Pamplona, con un trayecto de aproximadamente una hora y 45 minutos, cruzando el puerto de Ibañeta y el valle de Roncesvalles.
¡Pero creo que solo está disponible a partir de Semana Santa y hasta finales de septiembre! Así que conviene que le eches un ojo con antelación y reserves online, si vas en esas fechas.
En avión, el aeropuerto más cercano es el de Biarritz–Anglet–Bayonne, situado a unos 50km del pueblo. Es una buena opción si llegas desde Francia o desde otros puntos de Europa.
Desde allí puedes tomar un tren regional (línea TER) o un autobús hasta Bayona, y enlazar con el tren directo a la villa, que tarda aproximadamente una hora y cuarto.
Si vienes desde España, también puedes volar al aeropuerto de San Sebastián, a unos 80km, y continuar por carretera o tren. ¡Fácil!

¿Dónde y qué comer?
La gastronomía del lugar es un reflejo de su entorno y de las tradiciones vasco-francesas. Algunos imprescindibles son:
Los pimientos de Espelette. Este pequeño pimiento rojo, con denominación de origen, es uno de los tesoros culinarios del País Vasco francés. Su sabor es suave, ligeramente picante y aromático, y se utiliza tanto seco como en polvo para condimentar carnes, guisos, sopas o incluso chocolates. Lo encontrarás en casi todos los restaurantes, y a veces hasta en mermeladas o salsas caseras.
La piperrada. Un plato sencillo pero delicioso, que combina pimientos de Espelette, tomates y cebolla, todo cocinado hasta conseguir una textura suave y dulce. Puede servirse sola, como acompañamiento de carnes o con huevo.
La garbure. Se trata de un guiso de legumbres y verduras con carne de cerdo. ¡Un clásico de las casas de montaña! Se sirve caliente, abundante y con pan para mojar, ideal para los días de más frío en los Pirineos.
El queso Ossau-Iraty. De sabor intenso, está buenísimo con un poco de pan y mermelada de frutos rojos. ¡Una delicia!
El ttoro. Una sopa de pescado originalmente pensada para los pescadores de la costa. Suele elaborarse con cualquiero tipo de pescado de la zona, marisco, ajo, tomate y pimientos de Espelette.
El pollo a la vasca. Con salsa de tomate, pimientos y, a veces, vino blanco, se trata de un plato muy popular en la región. Se sirve generalmente con patatas o arroz.
El cerdo vasco del Valle de los Aldudes. Famoso por su sabor y textura únicos, se utiliza para embutidos, jamones curados o en platos principales (como la garbure).
El pastel vasco. Este dulce típico es una especie de tarta rellena de crema pastelera o de mermelada de cereza negra. Lo encontrarás en panaderías y cafeterías del pueblo, perfecto para acompañar un café después de una buena comilona.
Y para dulce típico, no puedes irte de San Juan Pie de Puerto sin comprar una cajita de macarons en La Fabrique de Macarons. Son muy diferentes a los de Maison Adam que puedes encontrar en San Juan de Luz, pero están deliciosos. ¡Y son naturalmente sin gluten!
Y el vino de arena. Genial para acompañar cualquier comida, ¿pero qué es exactamente? También conocido como «vin de sable», es un vino curioso y especial que se produce en la región vinícola del suroeste de Francia. Se llama así porque las viñas crecen sobre suelos arenosos, lo que le da un carácter ligero, mineral y fresco, ideal para acompañar carnes, quesos o guisos.
¿Y dónde puedo probar todas estas delicatessen? ¡Pues hay muchos sitios en San Juan Pie de Puerto! Y muchas opciones, para todos los bolsillos.
Si pasas por aquí peregrinando, a lo mejor no quieres dejarte mucho dinero en comer (porque todavía te queda un trayecto largo hasta Santiago), por lo que yo te recomendaría entonces Chez Dede.
Para algo más elaborado, Café Ttipia o el Hôtel Restaurant des Remparts. Y si te quieres dar un caprichín, ¿por qué no pruebas la comida de Le Relais de la Nive o Les Pyrénees?
Como tal, ninguno de los restaurantes ofrecen comida sin gluten, aunque muchos aseguran tener opciones. Yo solo conozco un lugar, la Crêperie Kuka, donde sí tienen cuidado con este tema y hacen unas tortitas de trigo sarraceno riquísimas.


¿Dónde dormir?
De nuevo, al ser parada del Camino de Santiago, también hay muchas y muy variadas opciones de alojamiento.
Desde albergues para peregrinos por entre 15€ y 30€ la noche — como el Refuge Accueil Paroissial Kaserna, el Gîte Le Chemin vers l’Étoile o el Camping municipal Plaza Berri (varios de ellos abiertos solamente entre abril y octubre, así que infórmate bien) — hasta hoteles algo más sofisticados como el Hôtel Central, el Hôtel Itzalpea o La Villa Esponda.
Si tu peludito viaja contigo, Chez Mapi, por ejemplo, admite mascotas.
Sea como fuere, reserva siempre con antelación. Nadie te asegura que al llegar vaya a haber habitaciones disponibles para ti, sobre todo en temporada alta.
Consejitos de viajera
A mí personalmente, San Juan Pie de Puerto me enamoró. ¡Qué ganas de que lo vivas tú también!
Pero antes de que te lances a descubrir este lugar tan especial, aquí tienes una pequeña lista de consejos prácticos para que tu experiencia sea aún mejor que la mía (¡si es que eso es posible!).
Madruga y disfruta del pueblo para ti solo. A primera hora las calles están vacías y la luz sobre las fachadas rojizas es preciosa. Además, evitarás a los grupos que llegan hacia media mañana.
Lleva buen calzado y, si es posible, antideslizante. Las cuestas empedradas pueden resbalar, sobre todo si ha llovido o si vas en invierno. ¡Nada peor que un susto en pleno paseo!
No te olvides del agua (ni de la crema solar). Aunque la villa es pequeña, el recorrido entre la Rue de la Citadelle y la Ciudadela es empinado y no hay demasiadas fuentes a la vista. ¡Tampoco estarás siempre a la sombra!
Echa en la maleta una chaqueta ligera, incluso en verano. Al caer la tarde refresca bastante por la cercanía de los Pirineos.
Ten cuidado con los horarios franceses. Muchos restaurantes cierran entre el almuerzo y la cena y, si te despistas, te tocará esperar hasta las 19:00 para volver a comer algo calentito.
Pasa por la oficina de turismo. Está junto al puente principal y suelen tener mapas gratuitos, rutas temáticas y recomendaciones actualizadas de eventos o de los mercados del día.
Si viajas en temporada baja (noviembre-marzo), revisa horarios antes de ir: algunos museos y alojamientos reducen sus días de apertura o descansan entre semana.
Colecciona sellos del Camino. Aunque no seas peregrino, muchos locales te estamparán el suyo encantados. ¡Un recuerdo precioso y gratuito!
El francés es el idioma oficial, aunque estás en zona vasco-francesa y también escucharás algo de euskera. Aprende algunas palabras y frases de cortesía, que siempre ayudan.
Como siempre, déjalo todo lo más limpio posible. No dejes desperdicios ni basura a tu paso y si vas con tu peludito, recoge sus excrementos y llévalo siempre atado.
Y, sobre todo, déjate llevar. Aquí la vida va sin prisa, y eso también forma parte del viaje. Camina despacio, respira, observa… ¡Y disfruta del momento!
Hasta aquí mi paseo por San Juan Pie de Puerto. Ahora cuéntame tú: ¿has estado alguna vez en este rincón del País Vasco francés? ¿O te gustaría hacerlo algún día? Te leo en comentarios.
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4 Comments
Ángela
Maravilloso lugar.!!!!? Volvería mañana mismo. Alucine con cada lugar, las casas, dinteles, escudos, el río, el paseo tsn agradable y precioso por su rivera….. Hay q volver… Si o si…. Ojalá
María
Esta zona me encantó. Todavía nos quedó mucho que ver por la zona, así que sí o sí tenemos que volver. ¡Un viajazo!
Alfredo
Una experiencia única pasear por aquellas calles y por la orilla del Nivel…Inscripciones en las puertas y fechas de hace varios siglos.Hacen que te remontes a tiempos pasados y trates de entender cómo era la vida en esos lugares.Hay en el ambiente un olor profundo a una historia pasada que hace que la mente se traslade allí con imaginación.Han quedado viviendas intactas por muchas generaciones y un paisaje precioso inamovible y un río limpio donde se ven circular las truchas libremente y algunas casas pegadas al río desde según mi imaginación se podía pescar desde las ventanas ( todo un lujo, jeje)…Puertas,murallas… Gastronomía… Una experiencia inolvidable Un recorrido en familia muy entrañable.
Por suerte llevábamos de guía a la autora del post que nos hizo el recorrido transitable y muy cómodo a pesar de las calles empinadas,que apenas notamos porque a cada paso siempre te detienes para admirar detalles de las casas ,fechas,inscripciones…
Fue una visita genial…lo pasamos fenomenal.
María
Fue una viaje mágico aquel. Gracias papá, porque siempre os dejáis llevar por todos los sitios a los que vamos sin importar los escalones que tengamos que subir. Es divertido ir parándose en las tiendecitas, a leer las inscripciones, a mirar las truchas y a disfrutar del aire fresquito de los Pirineos. ¡Te quiero!