Coco Chanel la eligió y tú también deberías: ¿Por qué visitar Biarritz?
Biarritz es una pequeña ciudad en la costa vasca del suroeste de Francia, pero con una gran historia y mucho encanto. A lo largo de los siglos, ha sido el lugar predilecto de la realeza, artistas, escritores y numerosas figuras célebres.
Aunque es conocida como una de las joyas más exclusivas de la región de Nueva Aquitania, su fama se cimentó mucho antes de convertirse en la capital del surf en Europa.
De hecho, hasta Gabrielle Bonheur Chanel, más conocida como Coco Chanel, se enamoró de este lugar y lo eligió como su refugio personal, lo que le dio a la ciudad un aire de exclusividad y estilo que todavía perdura. ¡Aunque no fue la única!
Y es que Biarritz sigue siendo un destino único, con una mezcla súper equilibrada de lujo y relax. Yo también me enamoré de esta ciudad nada más poner los pies en ella, si te soy sincera.
Desde su arquitectura de lujo y sus playas de fama mundial hasta sus jardines, mercados y la influencia de la cultura vasca, esta ciudad tiene algo que atrapa el corazón de todos los que la pisan. Además, si tuviese que elegir un lugar para disfrutar de unos días de descanso por la zona, tendría que ser este.
¡Tiene de todo! Más allá de la elegancia de su historia, Biarritz ofrece un viaje que no solo incluye hablar de moda y glamour, sino también de naturaleza, buena gastronomía, arte y deporte.
Si aún no conoces Biarritz, sigue leyendo porque enseguida te explico por qué deberías considerar este rincón francés como tu próxima escapada.
¿Qué vas a encontrar aquí?
- Un refugio Real y de alta sociedad
- Belleza natural: playas y paisajes imperdibles
- La joya de la «belle époque»
- Fe entre las olas
- Museos para descubrir
- Información práctica


Un refugio Real y de alta sociedad
En sus calles y edificios se puede observar todavía la grandeza de otras épocas, un testimonio palpable de su evolución desde un modesto pueblo pesquero y agrícola en la Edad Media hasta convertirse en uno de los destinos más exclusivos del mundo.
Aunque originalmente Biarritz era una pequeña localidad sin muchas pretensiones, comenzó a ganar notoriedad en el siglo XIX. En ese tiempo, las aguas termales de la ciudad atrajeron a la nobleza europea, ansiosa por escapar de la agitada vida en las grandes ciudades.
El primero en caer bajo el encanto de Biarritz fue el famosísimo escritor Victor Hugo, autor de Nuestra Señora de París o Los miserables, quien llegó en 1843 y quedó completamente fascinado con el pueblo.
Sin embargo, fue la emperatriz Eugenia de Montijo, esposa de Napoleón III, quien, once años después, jugó un papel decisivo en convertir Biarritz en el destino vacacional por excelencia para la alta sociedad.
La visitó por primera vez en 1854 y rápidamente cayó en su embrujo. Durante su primera estancia, Napoleón III ordenó la construcción del Palacio de Biarritz, hoy el lujoso Hôtel du Palais, un lugar donde se recibía a la corte francesa y se organizaban elegantes bailes y festines. ¡Lo llamó Villa Eugenia!
Este evento marcó el inicio de un constante flujo de aristócratas y monarcas de toda Europa que vieron en Biarritz un refugio ideal para disfrutar de la serenidad y la belleza del mar Cantábrico. Y, tras pisar su playa y enterrar los pies en la arena, no es difícil entender por qué.
Sin embargo, la conexión más icónica de Biarritz con el mundo llegó de la mano de una de las figuras más legendarias del siglo XX: Coco Chanel.
En 1915, durante su relación con Boy Capel y en medio de la tensión de la Primera Guerra Mundial, la diseñadora se estableció en la ciudad, abriendo su tercera tienda de alta costura y manteniendo su taller allí hasta 1930.
Hoy, aunque sólo quedan algunos vestigios de su paso por ella, como una calle y un restaurante con su nombre, es fácil comprender por qué Biarritz le ofreció el respiro que necesitaba lejos del bullicio de París. La elegancia de la ciudad, con sus acantilados y su mar, sigue siendo una fuente constante de inspiración. ¡Dan ganas de quedarse a vivir, escribir y componer poemas!
Muchas otras personalidades, como Charles Chaplin, Ernest Hemingway, Frank Sinatra, Gary Cooper o Truman Capote, también encontraron en Biarritz el lugar perfecto para escapar del ajetreo diario y respirar el aire del mar — que, por si no lo sabías, mejora nuestra capacidad para absorber oxígeno y aumenta nuestros niveles de serotonina, la hormona de la felicidad.
Así que ya sabes, si últimamente te has sentido triste, quizá lo que te haga falta es un poquito de Biarritz.

Belleza natural: playas y paisajes imperdibles
Sus playas de arena dorada, sus acantilados y sus vistas panorámicas… Ay, querido lector. Si lo que estás buscando es conectar con la naturaleza en un entorno impresionante, Biarritz definitivamente debería estar en tu lista.
Paseitos por la arena
Biarritz cuenta con algunas de las playas más emblemáticas de la región, cada una con su propia historia y encanto. ¡Te dejo por aquí las más conocidas!
La Playa de la Côte des Basques es, sin duda, la más conocida por sus olas, considerada la cuna del surf en Europa.
En la década de los 50 del siglo pasado, los primeros surfistas europeos comenzaron a desafiar sus olas, y convirtieron a Biarritz en un referente mundial del surf. Hoy, la playa sigue siendo un lugar popular para los amantes de este deporte, pero también es un sitio perfecto para quienes buscan disfrutar de la belleza del océano y la tranquilidad de la zona.
¡Con razón! Con semejantes vistas a las colinas y al océano Atlántico, ¿quién no querría pasar su tiempo aquí?
Por otro lado, está la Grande Plage, ubicada en pleno centro de la ciudad, lo que la cinvierte un punto de encuentro muy popular, tanto para los visitantes como para los locales. No hay mejor lugar para disfrutar del ambiente y de los numerosos cafés y restaurantes a la orilla del mar.
Y no te olvides de la playa de Port-Vieux, una cala pequeñita y muy íntima también en el centro. En ella hay un bar y un restaurante, y puede ser un gran lugar para ver atardecer.


Panorámicas de ensueño
Otro de los puntos más emblemáticos de Biarritz es el Rocher de la Vierge, un promontorio rocoso que se adentra en el mar y ofrece una vistas preciosas del océano Atlántico y de la ciudad a sus espaldas.
Este lugar es uno de los más fotografiados de la ciudad. Cuando lo pises, entenderás por qué.
Para acceder a él, tendrás que cruzar una pasarela metálica que conecta la roca con la costa. Desde este mirador, se puede disfrutar de una de las mejores vistas tanto de las playas cercanas como de los acantilados que rodean la ciudad, lo que lo convierte en el lugar ideal si buscas una buena panorámica.
Además, el Rocher de la Vierge es conocido por su santuario dedicado a la Virgen, que tiene una pequeña leyenda detrás. ¡Te la cuento!
Era una tarde tormentosa cuando un grupo de balleneros de la ciudad decidieron adentrarse en el mar, confiados en su habilidad y en la cercanía de la costa vasca.
Sin embargo, lo que había comenzado como un día normal se transformó en una pesadilla: la tormenta los sorprendió con furia, arrojándolos lejos del puerto.
Los vientos rugían, las olas golpeaban con fuerza y el horizonte parecía borroso e inalcanzable. En medio del caos y la desesperación, los balleneros miraron al cielo, viendo que la muerte se acercaba. ¡No iban a poder volver a casa como habían prometido!
Pero de repente, cuando todo parecía perdido, una luz se abrió paso entre las nubes y los guió hacia la orilla. Así, la mayoría logró regresar a la costa, sanos y salvos, justo cuando habían perdido toda esperanza de volver.
Agradecidos por la salvación, los supervivientes decidieron erigir una estatua en el lugar para recordar siempre aquel milagro, que atribuyeron a la Virgen.



El Faro de Biarritz, en lo alto de un acantilado, es uno de los miradores más impresionantes.
Inaugurado en 1834, el faro se alza a 73 metros sobre el nivel del mar, siendo visible a 50 kilómetros de distancia en el océano. Desde su cima, se observa un paisaje espectacular, con las costas arenosas de las Landas y las escarpadas formaciones rocosas del País Vasco. Más allá, los Pirineos, y, también en la distancia, España, que se encuentra a solo 30km.
Su estructura cónica, que alcanza los 47m de altura, se erige en el extremo de la Punta San Martín, marcando el límite del litoral de Biarritz.
Si vienes con el coche hasta este punto, hay muy pocas plazas de aparcamiento en la base del faro, así que intenta dejarlo en los alrededores. ¡No se aparca mal!


Y por último, te dejo un secretillo: mientras paseas por Biarritz, es fácil que uno de los rincones más encantadores pase desapercibido. Sin embargo, si te apetece conocer un lugar un poco menos conocido, te recomiendo el Rocher du Basta.
En la Allée Port des Pêcheurs, justo entre el puerto de pescadores y la famosa Grande Plage, y a muy pocos metros de la Iglesia de Santa Eugenia, este rincón ofrece una sensación de tranquilidad que contrasta con el bullicio turístico cercano.
Esta formación rocosa se alza a 194m sobre el nivel del mar, y para llegar hasta ella, deberás cruzar un pequeño puente de piedra. Eso sí, ten cuidado, porque si sube la marea, ¡puede desaparecer en un abrir y cerrar de ojos!
Una vez allí, la vista que te espera es un poquito abrumadora: el océano Atlántico cubriendo todo el horizonte, la costa vasca en todo su esplendor, y la ciudad de Biarritz a tus pies. ¡Precioso!



La joya de la «belle époque»
Biarritz es tan completa que no solo deslumbra por sus impresionantes paisajes y sus costas bañadas por el Atlántico, sino que también guarda en su arquitectura y ambiente urbano el esplendor de la «belle époque».
Esta era de oro que floreció a finales del siglo XIX y principios del XX marcó profundamente la ciudad, y lo vas a ver reflejado en las muchas villas que salpican la costa. ¿Nos vamos de paseo? ¡Admiremos juntos algunas de estas mansiones!
Para ello, te dejo por aquí un listado de algunas de las más bonitas (más abajo, te las dejo todas en un mapa, para que puedas ubicarlas bien):
La Foulie Boulart. Un hotel-castillo, donde te puedes alojar.
Villa des Acanthes. ¡Esta tiene muchísima historia! Llegó a ser una clínica médica, una residencia, un centro de detención durante la Segunda Guerra Mundial, sede del juez de paz hasta 1954, anexo de la sección hotelera de la escuela técnica de “Rocailles” en 1966 y, desde 2013, anexo del instituto Malraux, para la enseñanza de comunicación visual.
Domaine de Françon. De «estilo inglés», aquí tuvieron lugar las recepciones de personajes tan importantes como Sissi, la emperatriz de Austria, Nathalie de Serbia, el príncipe de Gales, el futuro Eduardo VII… Hoy en día, se alquila para seminarios y actividades de empresa.
Residencia (Hôtel) Edouard VII. Antes, Villa Marbella. Fue construida en 1863 por Lady Marie Caroline Bruce, descendiente de los reyes de Escocia.
Villa Cristina. En ella vivió y murió el conde Ferdinand Russell, oficial del ejército inglés. Un hombre muy curioso y con mucho mundo: un trotamundos, que vivió en unas cuevas en lo alto de lo Pirineos y hasta mandó construir una biblioteca a más de 3.000m de altitud. ¡Me habría encantado verla!
Villa Maitía. Fue residencia de Mariano Ruiz de Arana y Osorio de Moscoso, duque de Baena, político español, íntimo del rey Alfonso XIII y dos veces Grande de España.
Villa Navarra. Fue la casa de Pablo Martín Melitón de Sarasate y Navascués, virtuoso del violín, compositor y director de orquesta nacido en Pamplona.
Villa Ventura. Adquirida en 1884 por la esposa del mariscal Francisco Serrano, duque de la Torre, quien, tras un periodo de exilio, se refugió en Biarritz.
Casa Montalvo. De 1924 a 1948 fue propiedad del Marqués de Casa-Montalvo, pero acabó vendiéndola.
Résidence Helianthe. Cristiano Arturo Antonio Heeren y Masa, conde prusiano español y comerciante de azúcar, llegó a Biarritz en 1882 y construyó esta finca. Tras la Gran Guerra, su familia se exilió en San Sebastián, y la villa fue convertida en hotel y luego en establecimiento médico en 1920. ¡Ahora se puede alquilar un apartamento en ella! Unos 400€ la noche, por si te interesa.
Etchepherdia. Alquilada por personalidades ilustres, incluidos artistas rusos, la villa fue comprada en 1917 por el armador bilbaíno Ramón de la Sota. Posteriormente, fue vendida por la familia como apartamentos.
Villa Larralde. ¡Coco Chanel se instaló aquí! Fue donde abrió su taller de costura.
Hotel d’Angleterre. Antes hotel, ahora apartamentos.
Villa Belza. Misteriosa frente al mar, esta villa acogió en su momento las fiestas más famosas de la ciudad, que atrajeron a la élite parisina, refugiados de la revolución rusa y la nobleza europea. ¡La que encabeza este post!
Villa Javalquinto. El duque de Osuna fue el encargado de construirla frente a la Villa Eugenia como un «retiro». Hoy, el palacete alberga la Oficina de Turismo y Congresos, y en 2023 se abrió aquí una tienda oficial de souvenirs.
Villa Cyrano. Construida en 1900, originalmente estaba en la intersección de la Avenue de l’Impératrice y la Avenue de la Reine Victoria. Fue salvada de la demolición, y trasladada y reconstruida piedra a piedra en su ubicación actual.
Hay muchas, muchas más, como la Villa Herrera, la Villa La Rafale, la Villa Le Cap, la Villa Begonia o la Bellevue. Pero te haces una idea, ¿verdad? ¡Necesitaría un post entero solo para todas ellas!
Por supuesto, tampoco te puedes perder el Casino Barrière y la Place Georges Clemenceau donde encontrarás las famosas Galerías Lafayette y otros muchos comercios, restaurantes y terrazas.



Fe entre las olas
Biarritz también alberga una gran variedad de lugares de culto que reflejan lo diversa que es.
Entre los templos cristianos encontramos la Iglesia de San Martín, de estilo románico y la primera construida en la ciudad. ¡Todo un punto de referencia! También están la Iglesia de San Carlos, la Iglesia de San José — justo al lado del mercado Les Halles, que también te recomiendo –, la Iglesia de Santa Teresa y la Iglesia de Santa Eugenia.
De esta última, me apetece hablarte un poco más. Quizá, porque fue la única que pude visitar por dentro, aunque estuviera de reformas.
Situada en la plaza con su mismo nombre, esta iglesia es una de las muchas maravillas arquitectónicas de Biarritz que se escapan al ojo. Su construcción se remonta a finales del siglo XIX y principios del XX, como homenaje a Eugenia de Montijo.
Su vínculo con la ciudad se profundizó todavía más tras la muerte de su esposo y la trágica pérdida de su hijo. Durante estos años difíciles, la emperatriz regresó a Biarritz, y, como reconocimiento a su amor y lealtad, la ciudad construyó en 1856 una pequeña capilla dedicada a Santa Eugenia, su patrona.
En 1864, se construyó la Capilla Imperial, que se puede visitar por 6€ (3€ los niños de entre 12 y 17 años o 4€ los estudiantes, desempleados y personas con discapacidad), pero la edificación de la iglesia actual no comenzó hasta 1898. Las obras finalizaron en 1903, dando lugar al templo actual.
Además, Biarritz alberga otros templos igualmente impresionantes, como la Iglesia Ortodoxa Rusa, también conocida como la Iglesia de San Alejandro Nevski. De estilo bizantino, esta iglesia es otro de los grandes legados de la «belle époque» en la ciudad, que evoca el glamour de la antigua Rusia zarista.
Tampoco se quedan atrás la Sinagoga de Biarritz, de 1905 y de entrada gratuita, o la Iglesia Anglicana de San Andrés, que alberga el Museo Histórico de Biarritz y donde podrás conocer un poquito más acerca de la historia de esta ciudad.
La entrada general del museo es de 8€, de 5€ si eres estudiante o gratis si eres menor de 12 años, y abre de martes a sábado de 10:00 a 12:30 y de 14:00 a 18:30. En julio y agosto, los horarios cambian un poco y abre de 10:00 a 13:00 y de 14:30 a 18:30. Cierra los lunes, domingos y festivos.



Museos para descubrir
Ya he mencionado brevemente el Museo Histórico de Biarritz, pero la ciudad esconde otros museos fascinantes repartidos por su territorio, que merecen un apartado exclusivo en este post. ¡Allá vamos!
Musée de la Mer, o Museo del Mar
Ubicado muy cerquita del Rocher de la Vierge, en la zona del Puerto Viejo, el acuario de Biarritz es uno de los más grandes de toda Francia y un auténtico tesoro del estilo art decó. ¡50 acuarios guarda en su interior!
El museo hace un viaje desde el Golfo de Vizcaya hasta el Océano Pacífico y el Mar Caribe, y entre sus principales atractivos se encuentra un arrecife coralino de 11m, un estanque de foca y un estanque de «escualos» donde se pueden observar rayas, tiburones y barracudas.
Abre todos los días de 9:30 a 19:00, excepto en julio y agosto, que abre de 9:00 a 22:00. La entrada cuesta 17€ por adulto, 15€ para niños de entre 13 y 17 años, estudiantes, personas con discapacidad y desempleados, y 12€ para niños de entre 4 y 12 años.
Hay una entrada combinada con la Cité de L’Océan — museo del que hablo justo ahora — que cuesta 28€ por adulto, 24€ para niños de entre 13 y 17 años, estudiantes, personas con discapacidad y desempleados, 20€ para niños de entre 6 y 12 años y 12€ para niños de entre 4 y 5 años.
Para más información, te recomiendo ir directamente a su página web.
La Cité de l’Océan, o la Ciudad del Océano
Este museo ofrece la oportunidad de conocer más acerca del océano a través de experiencias lúdicas, sensoriales y educativas, combinando la exploración científica con actividades tecnológicas de realidad virtual.
¿Quieres comprobar qué se siente al hacer surf sin arriesgarte a ser tragado por una ola?
También puedes sumergirte en el fondo del océano y nadar entre ballenas jorobadas, delfines, tortugas y otros muchos animales marinos, sin mojarte ni un solo pelo. Genial para los que sufrimos de talasofobia — miedo irracional al mar o a los grandes cuerpos de agua.
Aquí también vas a poder explorar la costa vasca desde ángulos inéditos a bordo de un helicóptero virtual y disfrutar de un cine en 4D. ¡Una forma distinta de explorar el mundo marino!
El museo tiene el siguiente horario de apertura:
- Enero a marzo (con algunas excepciones, así que consulta su página web): de 14:00 a 19:00.
- Abril a junio y septiembre a octubre: de 10:00 a 19:00.
- Julio y agosto: de 9:00 a 20:00.
- Noviembre a diciembre: de 14:00 a 19:00.
La entrada general de adulto cuesta 15€, la entrada infantil de 6 a 12 años cuesta 11€ y la entrada para niños de entre 13 y 17 años, estudiantes, personas con discapacidad y desempleados cuesta 13€.
Museé d’Art Oriental, o Museo de Arte Oriental
Este museo es una invitación a sumergirse de lleno en el arte asiático. Con más de 2.000 piezas excepcionales y unas 100 obras de valor incalculable, este museo te hace un viaje a través de 4.000 años de historia.
Una exposición que abarca las culturas y espiritualidades de la India, China, Tibet y Nepal. ¿A qué no te esperabas encontrar algo así en Biarritz?
El museo abre de lunes a domingo de 10:00 a 17:00. La entrada para adultos cuesta 10€, mientras que la entrada para niños y estudiantes de entre 13 y 25 años cuesta 8€ y la entrada para niños de entre 8 y 12 años cuesta 2€. Los niños menores de 8 años entran gratis.
Puedes consultar todos los horarios y resolver cualquier duda que tengas visitando su página web.



Información práctica
En este apartado te dejo información clave para que puedas organizar tu viaje a la ciudad sin problemas.
Aquí encontrarás todo lo que necesitas saber sobre transporte, opciones de alojamiento y recomendaciones locales. También te proporciono algún que otro consejo útil sobre cómo moverte por la ciudad. ¡Ojalá te sirva de ayuda!
¿Cómo llegar?
Biarritz está en la region de Nueva Aquitania, en Iparralde, al suroeste de Francia, a tan solo 40km de San Sebastián y 20km de la frontera de España. Para llegar, existen varias formas, ya sea en avión, en coche, en tren, en autobús o incluso en barco al Puerto Deportivo.
La forma más común de llegar a Biarritz desde cualquier sitio es en avión, especialmente si viajas desde fuera de la región. El aeropuerto de Biarritz Anglet Bayona se encuentra a 5km del centro de la ciudad, con vuelos regulares desde París, Niza, Lyon y otras ciudades francesas.
También cuenta con conexiones internacionales, como vuelos semanales desde Londres, Bristol, Dublín, Frankfurt o Copenhague. Aeropuertos cercanos como los de San Sebstián y Bilbao también odrecen más opciones para aquellos que vengáis de Madrid o Barcelona, o de otros países europeos como Bruselas, Casablanca, Múnich o Roma.
Para los que viajáis en coche desde España, como yo, Biarritz es fácilmente accesible desde diversas rutas principales. Desde Bilbao, San Sebastián y el norte del país, se llega por la E70.
Si prefieres viajar en tren, la Estación de Ferrocarril de Biarritz está bien conectada con ciudades cercanas como Hendaya y París, pero también con Madrid. ¡Échale un ojo a esta opción!
En autobús puedes ir casi desde cualquier sitio, con empresas como FlixBus.
¿Dónde comer?
Si te apetece probar la gastronomía francesa sin hipotecarte, hay varias opciones. Yo recomiendo, en primer lugar, el mercado de Las Halles, muy al estilo Mercado de San Miguel de Madrid, donde encontrarás un poco de todo y también podrás hacer alguna compra para llevarte a casa.
En el centro de la ciudad y en el puerto encontrarás una gran variedad de restaurantes, como es de esperar en cualquier ciudad costera, con opciones para todos los gustos y preferencias.
Si te apetece una buena pizza, La Trallalla es una buena opción. Casa Juan Pedro, más tradicional, o La Belloteka, si te apetece carne, tienen buena pinta.
Para quienes necesiten opciones sin gluten, Palmito Biarritz es una ideal, como también lo es Breizh Café Biarritz, si te apetecen unas crêpes o galettes.
¿Dónde dormir?
Al ser una ciudad tan turística, vas a encontrar alojamiento sí o sí. ¡Busca bien!
Si quieres vivir la experiencia de pasar una noche en una de las villas que te comentaba antes, hay algunas opciones que están al alcance los mortales, como el Hôtel Edouard VII, que tiene habitaciones a partir de los 100€ la noche.
Por si tienes curiosidad, pasar la noche en una de las habitaciones del Hôtel du Palais tiene un costo mínimo de 300€. Sin embargo, si te lo puedes permitir, puede ser una experiencia única. No todos los días se tiene la oportunidad de alojarse en un antiguo Palacio Real convertido en hotel.
¡Pero no te asustes! También hay hoteles más baratos, como el OXO, con las noches a unos 70€, o el AMA Hôtel Biarritz, a 80€. El que busca, halla.
Otra info relevante
Por último, me gustaría hablarte del aparcamiento en la ciudad.
El centro es todo de pago, así que mi recomendación es que busques en las zonas de los alrededores.
Quizá tengas que dar un paseo de unos 10-15 minutos hasta los principales atractivos de la ciudad, pero irás siempre caminando entre villas y casas preciosas, así que vale totalmente la pena. Además, te ahorras un poco de dinero, que más tarde podrás gastar en buen queso.
En el mapa que verás abajo, aparte de todos los atractivos más importantes de la ciudad, te dejo indicado también el lugar donde aparqué yo (en azul), por si te sirve de referencia. No está muy lejos del Faro de Biarritz, así que puede ser una excusa también para visitarlo en primer lugar.
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2 Comments
Vir
Me encanta Biarritz, ¡es tan señorial!🤩🤩, qué buenos recuerdos me trae, solía ir de vacaciones allí con mi padre muchos veranos. Excelente artículo amiga ❤️ cómo siempre es un gusto leerte y aprender de todo lo que nos cuentas.
María
¡Hola, Vir! Yo, la verdad, es que tengo muchas ganas de volver por la zona. El País Vasco francés me encantó. Iría a veranear a Biarritz todo el tiempo, si lo tuviese más cerca. ¡Es una ciudad preciosa!