Descubre Santa María la Real de Valdeiglesias, el monasterio más antiguo de Madrid
A una hora de Madrid, en el bonito pueblo de Pelayos de la Presa, se encuentran las ruinas del Monasterio de Santa María la Real de Valdeiglesias, el más antiguo de Madrid y el único de la Orden Cisterciense que queda en la región.
Se encuentra en el margen norte del arroyo del Molino de la Presa, al oeste del río Alberche, y a los pies de la Sierra de Gredos. ¡Un lugar privilegiado!
Aunque su historia se remonta aún más atrás, a los primeros eremitas cristianos que, en tiempos de la dominación musulmana, encontraron refugio en este valle, tiene sus orígenes en el siglo XII.
La zona, conocida como el Valle de las Iglesias, fue testigo de la construcción de hasta doce eremitorios, que dieron paso a la fundación de la capilla mozárabe de la Santa Cruz, ¡sobre la que, años después, se erigiría el monasterio!
Siempre fue un pequeño remanso de paz, y hoy todavía es uno de los lugares más tranquilos y especiales de la Sierra Oeste. Ideal si buscas desconectar y disfrutar de la calma, o si te interesa explorar la historia medieval de la región.
Además, visitarlo no solo te permitirá admirar la grandiosidad de sus restos, sino también emprender un viaje muy completo por la Historia del Arte. ¡Y en compañía de tu peludito, si lo tienes!
Y ahora, la gran pregunta: ¿cuántos estilos arquitectónicos crees que están atrapados en sus muros tras 800 años de transformación? ¡Sigue leyendo que lo descubrimos juntos!



Historia y fundación
Como ya os adelantaba, la historia de este monasterio se remonta a tiempos medievales, y gran parte de ella ha sido reconstruida gracias a la consulta de dos documentos clave: el Tumbo de Valdeiglesias y la Relación breve sobre el monasterio de Valdeiglesias.
El primero de estos textos, redactado por un monje cisterciense entre 1636 y 1644, recopila todo lo relevante que se encontraba en los archivos del monasterio. El segundo, escrito hacia 1650 por Fray Bernardino de Sandoval, encargado por el Arzobispo de Toledo, proporciona detalles sobre la vida religiosa que llevaba el monasterio en su época.
La tradición más antigua de la región asegura que la zona hoy conocida como Valdeiglesias, cuyo nombre proviene del latín Vallis Eclesiarum o «Valle de Iglesias», estaba dedicada al eremitismo y poblada por doce iglesias.
Este hecho podría explicar el origen de su nombre, ya que en sus primeros tiempos, el valle estaba habitado por muchos monjes dispersos. No fue hasta el año 1150 cuando el rey Alfonso VII, en un intento por reunirlos a todos, otorgó al Abad Don Guillermo todo el territorio de Valdeiglesias.
Bajo su liderazgo, los monjes se agruparon en torno a una nueva fundación, que sería el germen de lo que más tarde se conocería como el Monasterio de Santa María de Valdeiglesias.
Y te preguntarás, ¿cómo ha llegado el monasterio a este estado?
Pues, como muchos otros en la Península, el monasterio atravesó varios momentos difíciles a lo largo de los siglos. En 1258 y 1743, sufrió incendios bastante graves que dañaron considerablemente su estructura. Además, en 1658, el campanario que se alzaba sobre las bóvedas de la capilla mayor se desplomó, sumiendo al monasterio en un nuevo periodo de deterioro.
Sin embargo, como seguro que ya te imaginas, el golpe más severo llegó en 1836, con la desamortización de Mendizábal, que resultó en el abandono del monasterio y la pérdida de gran parte de la información histórica sobre el mismo, hasta casi un siglo después.
¡Y aquí viene la parte de la historia que a mí más me gusta!
En 1974, un arquitecto — Mariano García Benito — compró el conjunto monacal, que en ese momento carecía de protección legal y estaba a punto de ser demolido para dar paso a la urbanización de la zona. ¿Pero cómo llegó a enterarse de su venta? ¡A través de un anuncio en el periódico!
En la mañana del 6 de febrero de ese mismo año, García Benito leyó el siguiente anuncio de venta:
«Sesenta kilómetros de Madrid, vendo ruinas, magnífico monasterio, con 4.500 metros cuadrados de terreno (…). Precio doce millones (de pesetas)…».
¿Quién podría haberse resistido a algo así?
Gracias a esta compra, en 1984, el monasterio fue finalmente declarado monumento histórico-artístico de carácter nacional, aunque su estado de conservación era terrible, la verdad. ¡Había mucho trabajo poder delante!
El arquitecto se encargó de proteger el conjunto y comenzó una labor súper valiosa de conservación y restauración. En 2002, publicó un libro titulado El monasterio cisterciense de Santa María de Valdeiglesias y, en 2004, donó el monasterio al Ayuntamiento de Pelayos de la Presa.
¡Y ahora lo puedes visitar tú!



De románico a barroco, entre piedra y ladrillo
Su disposición, sigue el esquema típico de los monasterios cistercienses, con la iglesia al norte, el claustro al sur, y la huerta, viñedos y árboles frutales en la parte más llana.
Una de las características más notables de su arquitectura es el giro entre el muro sur de la iglesia y el muro norte del claustro, que crea un espacio trapezoidal un tanto peculiar. Además, la Capilla de Santa Cruz, situada dentro del recinto, ha influido en la disposición del conjunto desde sus orígenes.
Pero hablemos de sus muchos estilos arquitectónicos, y es que este monasterio ha sido testigo de varios de ellos y eso le confiere una riqueza única. ¡Sere breve, prometido!
Románico (finales del siglo XII): La construcción de la iglesia comenzó alrededor de 1180, con una clara influencia románica en su cabecera.
Mudéjar (finales del siglo XII y principios del siglo XIII): Después de un devastador incendio en 1258, la iglesia fue reconstruida en estilo mudéjar, utilizando materiales más económicos como el ladrillo y con elementos decorativos propios de esta corriente.
Gótico (finales del siglo XV): Se introduce el estilo gótico, más austero y sobrio, con elementos de piedra que se funden con las estructuras románicas.
Renacimiento (siglos XVI y XVII): A partir del siglo XVI, el monasterio experimenta una expansión renacentista, destacando la puerta de estilo renacentista que conecta la iglesia con la sacristía.
Barroco (finales del siglo XVII): El último estilo visible es el barroco madrileño en la fachada de la iglesia, que aporta una estética sobria y elegante.
¿Ves? ¡Tampoco era para tanto! Yo no soy una experta en el tema, pero la manera en que lo explican dentro del monasterio hace que cualquiera salga de allí entendiendo mucho más. ¡Es genial!



¿Nos vamos a cazar fantasmas?
El Monasterio de Santa María la Real de Valdeiglesias guarda entre sus piedras siglos de historia, pero también secretos que el tiempo no ha logrado borrar… ¿Preparado para una leyenda?
Cuentan que en Toledo vivió una vez una hermosa dama sevillana llamada Elvira. Su belleza cautivó a todos los que la conocían, pero fue un escultor, Rafael de León, quien logró conquistar su corazón.
Sin embargo, su amor estuvo muy marcado por los celos y la desesperación.
Rafael, un hombre apasionado pero atormentado por sus temores, sospechaba que su amada le traicionaba con su joven aprendiz. Consumido por la ira y el despecho, una noche de locura, Rafael asesinó al joven, creyendo que así salvaría su relación. Pero la tragedia no terminó ahí.
Con la culpa pesando sobre su alma, Rafael se vio obligado a huir, dejando atrás su taller y buscando refugio en el monasterio madrileño.
Elvira, ajena al fatal destino de su amado, cayó gravemente enferma de peste y murió.
Tras su fallecimiento, el escultor, consumido por el dolor y el arrepentimiento, regresó a Toledo para recuperar su cuerpo. Con una carga aún más pesada en su alma, lo llevó al monasterio, buscando en sus tierras sagradas el único consuelo posible: enterrarla allí, en un lugar de paz.
A partir de ese momento, algo extraño comenzó a suceder. Aquellos que se atrevían a pasear por los pasillos en la quietud de la noche, aseguraban escuchar un canto melancólico, una melodía que parecía surgir de las sombras. No era otra que la voz de Doña Elvira.
Y así, los monjes comenzaron a hablar de una presencia, un fantasma que rondaba los claustros y los pasillos, especialmente durante las noches de luna llena. Las sillas caían sin razón aparente y los objetos se movían de lugar, como si Elvira aún buscara a su amado.
Hoy, siglos después, Doña Elvira sigue dándole un aire misterioso al monasterio. Los más valientes aseguran haber escuchado su melodía y los leves suspiros de un alma inquieta.
Así que, si alguna vez vienes a visitar el monasterio, ten cuidado… ¡Sobre todo cuando anochece! Podrías ser testigo de algo más que historia… Tal vez, al girar la esquina, escuches el lejano eco de un canto… ¡Bú!



Información práctica
Si estás planeando hacer una visitilla al Monasterio de Santa María de Valdeiglesias, aquí te dejo toda la información que necesitas para disfrutar al máximo de tu experiencia, desde cómo llegar hasta qué hacer en los alrededores.
¿Cómo llegar?
Ya sabes que el monasterio se encuentra en la Comunidad de Madrid, en el municipio de Pelayos de la Presa. Pues el acceso es fácil tanto en coche como en transporte público.
En coche, si vas desde Madrid, puedes tomar la A-5 en dirección a Badajoz y salir en la M-501 hacia San Martín de Valdeiglesias. Desde ahí, solo tendrás que seguir las indicaciones hacia Pelayos de la Presa y, finalmente, al monasterio. El trayecto en coche desde Madrid es de una hora.
Aparcar allí es fácil, además, ya que monasterio dispone de un aparcamiento gratuito en sus inmediaciones. Es amplio, aunque igual los fines de semana y festivos puede llenarse rápidamente.
Si prefieres ir en transporte público, la única opción para ti será el autobús. Puedes coger el 551 en la estación de Príncipe Pío en Madrid — o en Móstoles, que también para allí, si eres de Madrid Sur como yo — que va directo a Pelayos de la Presa.
Una vez allí, puedes pedir un taxi — está a tres minutos — o ir dando un paseo, de unos 15-20 minutos.
Horarios y tarifas
El monasterio abre solo los sábados y domingos, y el horario exacto varía según la temporada.
En primavera — marzo, abril y mayo — y otoño — septiembre, octubre y noviembre –, abre los sábados de 10:00 a 15:00 y de 16:00 a 18:00 y los domingos de 10:00 a 14:00. En invierno — diciembre, enero y febrero — y verano — junio, julio y agosto — abre los sábados y domingos de 10:00 a 14:00.
En agosto — ¡y sólo en agosto! –, el monasterio abre también los viernes de 18:00 a 21:00, con una visita guiada a las 20:00.
La entrada general tiene un precio de 5 € por persona. Si prefieres una experiencia más completa, la visita guiada — que suelen ser a las 13:00 todo el año, excepto en verano que son a las 11:00 o a las 20:00 los viernes de agosto — tiene un coste de 7 €, y si te atreves con las visitas teatralizadas, el precio es de 10 €.
Hay descuentos para menores de 14 años, mayores de 65, personas con diversidad funcional y también para los empadronados en Pelayos. ¡Especificadlo bien!
Para reservar cualquiera de las opciones — sobre todo las visitas guiadas y las teatralizadas — solo podréis hacerlo por email, enviando un correo a visitas@monasteriodepelayos.com.
¿Dónde dormir?
Si deseas pasar la noche en los alrededores del monasterio, Pelayos de la Presa y las localidades cercanas ofrecen varias opciones de alojamiento que van desde hoteles hasta casas rurales. Aquí te dejo algunas recomendaciones.
En Pelayos, hay varias casas rurales y apartamentos, como la Casa Rural Pantano de San Juan, donde una habitación doble sale a unos 30€ la noche para dos personas. ¡Además admite mascotas!
En San Martín de Valdeiglesias, también tienes otras opciones de alojamiento, como Casa Capricho, que ofrece una estancia más exclusiva, aunque requiere una reserva mínima de dos noches y tiene un precio alrededor de 300€ por noche. Otra alternativa más económica es el Hotel Labranza, con tarifas que oscilan entre 75€ y 95€ por noche para dos personas.
¿Qué mas puedo hacer por la zona?
El Monasterio de Santa María de Valdeiglesias está rodeado por un entorno natural excepcional, ideal si disfrutas haciendo actividades al aire libre. Aquí tienes algunas recomendaciones para aprovechar al máximo tu visita:
Pantano de San Juan: A tan solo unos minutos del monasterio, este embalse es perfecto para disfrutar de un día de baño (si vienes en veranito), pesca, kayak o simplemente relajarte junto al agua. También se pueden hacer rutas de senderismo por sus alrededores.
Aventura Amazonia: el segundo parque de aventura más grande de Madrid y uno de los cinco más grandes de España. Si te gustan las tirolinas y hacer el mono por los árboles, este sitio es genial. ¡Y está literalmente al lado!
San Martín de Valdeiglesias: A pocos kilómetros, este pueblo mágico tiene un casco histórico bastante bien conservado. No te pierdas su iglesia y su castillo, que datan de la Edad Media.
Bosque Encantado. En el término municipal de San Martín de Valdeiglesias — aunque a las afueras del pueblo — encontrarás este museo de esculturas vegetales vivas a tamaño natural. ¡Imprescindible verlo iluminado por la noche!
Algunos consejos extra
Aunque la visita al monasterio no requiere de grandes caminatas, el lugar en el que se encuentra invita a dar paseitos. Lleva calzado cómodo y ropa adecuada para disfrutar de la zona. ¡Me lo agaradecerás más adelante, créeme!
Si te estás preguntando cuál es la mejor época para visitarlo, yo siempre te voy a recomendar primavera u otoño, ya que el clima es mucho más suave y los árboles a tu alrededor están en su máximo esplendor.
Si prefieres evitar el calor intenso, es mejor evitar los meses de verano, aunque la zona cuenta con áreas sombreadas que ofrecen algo de alivio.
En invierno, el monasterio se cubre de nieve a veces, lo que le otorga un encanto único, pero ten en cuenta que las temperaturas bajan considerablemente y la accesibilidad podría verse limitada por las inclemencias del tiempo. Tenlo en cuenta.
¡Respeta el silencio! Es importante mantener el respeto y el silencio en todo momento, especialmente durante las visitas guiadas. Parece de sentido común, pero no siempre lo es…
Por último, recuerda que si vas con tu peludito, debes dejarlo todo más limpio de lo que te lo encontraste. Trata de evitar que ensucie tanto el interior como los alrededores del monasterio. Asegúrate de llevar suficiente agua para él, especialmente en los días calurosos, y manténlo siempre atado para su seguridad y la de los demás.
Y ahora, cuéntame… ¿Has visitado algún otro monasterio con una historia tan fascinante como esta? Me encantaría leer tus experiencias en los comentarios. Estoy siempre buscando nuevos lugares para explorar, ¡así que no dudes en dejarme tus recomendaciones!



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2 Comments
Ángela
Guauuuuu tan cerca y ni saberlo hasta q tu lo descubriste. 20 años por la zona y yo en el limbo. Jajajaja
María
Tenemos lugares así tan cerca y hasta que no te paras a mirar… ¡No los ves! Es muy fuerte. Tendrás que ir a conocerlo. ¡Te iba a gustar un montón!