Toledo,  Pueblos Mágicos

¿Crees conocer Toledo? Redescubre la provincia con la magia de Escalona y Yepes

Cuando pensamos en Toledo, lo más habitual es que nos venga a la cabeza su capital: el casco antiguo, las tres culturas, el Alcázar, el Tajo… ¡Pero Toledo es mucho más que eso!

La provincia entera tiene un valor enorme, aunque muchas veces pasa desapercibida. De hecho, si solo conoces Toledo ciudad, te estás perdiendo una parte muy importante de su identidad.

¡Y yo vengo con este post a cambiar un poco eso!

La historia de esta tierra no se entiende sin sus pueblos. Esos lugares donde todo pasa un poco más lento — pero no por falta de vida, ¿eh? ¡Qué va! — y donde se respetan mucho nuestras tradiciones y costumbres más arraigadas.

En este pequeño recorrido quiero acercarte a dos pueblos que quizá no te suenen mucho, pero que tienen mucho que dar: Escalona y Yepes.

Ambos están dentro de la red de Pueblos Mágicos de España y cada uno tiene una personalidad y atractivos propios que hacen que no se puedan comparar entre sí. Así que si estás pensando en ir a uno u otro… ¡Tendrás que visitar los dos!

¿Crees que conoces Toledo? Pues, querido lector, déjame decirte que quizá es momento de salir de la ciudad y mirar un poquito más allá. Empecemos.

¿Magia en Toledo? ¿Dónde?

¡Pues en todos lados!

Toledo no es una provincia cualquiera. Tiene un carácter fuerte, marcado por siglos de historia, por una mezcla preciosa de culturas y por la manera en la que el paisaje ha influido siempre en las personas que la han habitado.

Es un territorio amplio, con muchísimos matices, que va desde los pueblos pequeños de la sierra hasta las tierras más abiertas de La Mancha. Y por en medio, castillos, conventos, plazas, caminos…

Mucha gente que pasa por aquí visita la ciudad de Toledo y da por terminado el viaje. Pero contando con la capital, ¿sabes cuántos municipios hay? ¡204!

Algunos muy conocidos, como Talavera de la Reina o Consuegra, y otros que, sin hacer prácticamente nada de ruido, siguen ahí, con siglos de vida a sus espaldas.

La provincia guarda un patrimonio muy diverso. Hay restos arqueológicos romanos y visigodos, iglesias mudéjares, murallas medievales, casonas renacentistas, edificios barrocos… Algunos pueblos, como Ocaña o Tembleque, tienen plazas mayores que resumen siglos de historia local en apenas unos cuantos metros.

Otros, como Guadamur o Maqueda, se organizan en torno a un castillo que domina el entorno. Y muchos como Escalona o Yepes, de los que te hablaré enseguida, siguen conservando su trazado original, con calles que no se hicieron para coches (y menos para turistas), sino para vivir en comunidad.

Más allá de la arquitectura, lo interesante (y mágico, por qué no) es cómo se ha mantenido la misma forma de vida desde hace siglos.

Todavía se celebran fiestas con ritos, músicas y comida tradicional. Se sigue cocinando con productos de la zona: aceite, queso, azafrán, pan, vino, caza… Y se siguen contando historias que no aparecen en ningún libro y que forman parte de la memoria colectiva de cada pueblo.

¡Maravilloso!

El paisaje también juega un papel importante. La provincia está atravesada por varios ríos — el Tajo, el Alberche, el Guadarrama — que han dado forma a valles y vegas muy fértiles.

En el norte, hacia la Sierra de San Vicente, hay bosques, caminos, miradores y pueblos que viven muy cercan del monte. En el sur, la llanura se abre y parece infinita, con campos de cereal, viñedos y cigüeñas sobrevolando los pueblos.

Además, la gastronomía también forma parte del paisaje: platos como las carcamusas, las migas, el venado guisado o los mazapanes de convento, que se han de probar en bares de pueblo (que es donde saben mejor) y no solo en restaurantes de la capital.

Así que ya ves, una identidad diversa, pero muy conectada.

La provincia se organiza en comarcas muy distintas entre sí: la Campana de Oropesa, los Montes de Toledo, la Mancha toledana, la Mesa de Ocaña, la Sagra… Cada una con su propio estilo, costumbres e incluso acento.

¡Pero todas unidas por la historia compartida, el paisaje manchego y una forma de vida tranquila!

Eso hace que recorrer la provincia se parezca más a una conversación continua que a una colección de fotos. ¿No te parece eso súper mágico?

Escalona: murallas, palabras y pinturas

Escalona es uno de esos pueblos cuya silueta es reconocible desde lejos: lo primero que ves al acercarte es su castillo (que ya puedes visitar), dominando el cauce del Alberche.

Esta villa toledana lleva siglos y siglos siendo un punto estratégico, tanto por su situación geográfica como por su papel en la historia de Castilla.

Está documentada desde la época romana, pero fue durante la Edad Media cuando tomó forma como plaza fuerte. Alfonso VI la conquistó en el siglo XI y, a partir de ahí, empezó una etapa en la que se construyeron murallas, torres y otras defensas.

En el siglo XV, bajo el señorío de Álvaro de Luna — una de las figuras más poderosas del reinado de Juan II –, Escalona vivió su momento de mayor esplendor. Fue entonces cuando el castillo dejó de ser solo una fortaleza y se convirtió en un palacio señorial.

Pasear por sus estancias debe ser una maravilla (¡cuando fui todavía no lo habían abierto!), y te lo recomiendo al cien por cien.

Otros dos puntos imporantes son la Iglesia-Colegiata de San Miguel Arcángel y el Convento de las Concepcionistas Franciscanas, también conocido como Monasterio de la Encarnación. Ambos conservan una austeridad que encaja un montón con la arquitectura religiosa castellana.

Pero déjame decirte que Escalona no es solo grandes edificios. Su Plaza Mayor, con soportales en tres de sus lados, es un lugar estupendo para entender cómo se organiza la vida en los pueblos manchegos: un espacio abierto, sencillo, funcional, rodeado de casa con rejas y balcones, y cierta armonía en su construcción.

Desde aquí parten calles estrechas, con fachadas que todavía conservan algunos de sus escudos de armas (¡que tanto le gustan a mi madre!) y murales pintados con mucho mimo. ¡Si hasta hay una ruta para que los puedas ver todos!

Y si quieres ver el lado más natural del pueblo, basta con acercarse al río. El puente que lo cruza no es especialmente antiguo, pero el entorno tiene mucho valor paisajístico.

¡Ah, y por cierto! A todo esto se le suma algo un poco más reciente, pero que conecta directamente con los libros: la presencia del Lazarillo de Tormes. Uno de los episodios más conocidos de esta novela se sitúa en Escalona.

¿Recuerdas el momento en el que Lázaro, cansado del maltrato del ciego, decide vengarse haciéndole chocar contra un poste? ¡Pues sucede aquí!

Escalona, en definitiva, es mágica. ¿Cómo podría no serlo, si lleva grabado en su historia uno de los pasajes más recordados de la literatura española?

Yepes: (mucho) arte y (mucha) fe

Cuando te acercas a este pueblo, te sorprende (y mucho, de nuevo). En apariencia puede parecer tranquilo, pero si prestas atención descubres que lleva siglos acumulando historia, arte y vida.

Está a unos 40 kilómetros de Toledo ciudad, en la comarca de la Mesa de Ocaña, y ya desde épocas muy antiguas se mezclaron en él distintas culturas, que sin duda moldearon su carácter. ¡No por nada se la conoce como «Toledillo de la Mancha»!

La villa romana de Hippona, luego llamada Hepes en tiempos mozárabes, fue creciendo, pasando por la Reconquista, por los señoríos religiosos, hasta llegar a su momento de máximo esplendor en los siglos XV al XVII.

En este tiempo, Yepes construyó iglesias, hospitales, conventos y palacios que todavía hoy dan forma a su entramado urbano (y muchos de los cuales todavía puedes visitar).

El edificio más característico de este lugar es, sin duda, la Colegiata de San Benito Abad, cuya construcción se inició en el año 1533 por orden del arzobispo de Toledo. ¡Importante, importante!

Pero aunque la Colegiata domina este municipio toledano, el casco urbano está lleno de otros elementos que muestran súper bien qué era Yepes en sus mejores tiempos.

Están las murallas que rodeaban la villa, por ejemplo, de las que quedan varios restos en forma de puertas de acceso — la Puerta de la Villa o de San Cristóbal, la Puerta de Madrid o de San Miguel, la Puerta de Toledo o del Carmen y la Puerta Nueva o de la Lechuguina — y torres albarranas como la de la calle Santa María o la de Fray Diego.

Pero visitar Yepes no es solo venir a ver monumentos. ¡Ay, no te equivoques!

Caminar por sus calles, asomarte desde sus puertas, contemplar la Plaza Mayor, escuchar la vida local, participar (y sentir, de repente, que perteneces a ellas) en sus fiestas y tradiciones (que, además, llevan siglos celebrándose), también forma parte de entender cómo nació, creció y sigue vivo un lugar con tantísima historia.

Si te tengo que recomendar un momento para venir, creo que me sería muy difícil hacerlo. He sido tan feliz en Yepes, en tantísimas ocasiones, que recomendarte un par de días solo de los 365 (o 366) días que tiene un año me parece una hazaña que no me veo capaz de lograr.

Te dejo por aquí un post de la última vez que estuve, en una de sus grandes fiestas: las Jornadas Calderonianas de junio. ¡Un verdadero espectáculo!

Y ahora dime tú, ¿cómo podría un pueblo como este no ser mágico, si mágica es cómo me hace sentir a mí siempre?

¿Has visitado alguno de estos pueblos? Cuéntame cuál te gustaría conocer primero o si ya tienes alguna experiencia que te apetezca compartir conmigo.

¡Anímate a explorar y redescubrir Toledo con nuevos ojos!

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