De la Expo Universal del 58 a la Casa de Campo: el viaje al olvido del Pabellón de los Hexágonos
Madrid está llena de rincones con historia, pero pocos tan desconocidos (y tan injustamente olvidados) como el Pabellón de los Hexágonos. Si no te suena de nada, no te preocupes: a la mayoría tampoco.
Pero lo cierto es que fue uno de los grandes logros de la arquitectura española del siglo XX.
Se diseñó para representar a España en la Expo Universal de Bruselas de 1958, un evento que reunía lo mejor de la innovación y el diseño de todo el mundo. Allí, el pabellón sorprendió muchísimo por su estructura modular y su diseño flexible. ¡Si ganó mogollón de premios!
Un año después, el pabellón fue desmontado y trasladado a Madrid, concretamente a la Casa de Campo, donde ha cumplido distintas funciones a lo largo de los años. Sin embargo, con el paso del tiempo, fue perdiendo protagonismo hasta quedar casi en el olvido, deteriorándose lentamente.
Ahora, con parte del pabellón en proceso de restauración y proyectos para su recuperación, es gran momento para conocerlo, entender su valor y, si puedes, visitarlo.
Porque más allá de un edificio viejo, el Pabellón de los Hexágonos es un testigo de la arquitectura española de posguerra y un grandísimo ejemplo de innovación que merece ser redescubierto.
¿Qué tal te suena el plan?



Breve historia del pabellón
El Pabellón de los Hexágonos fue diseñado por los arquitectos españoles Antonio Corrales y Ramón Vázquez Molezún para representar a España en la Expo Universal de Bruselas de 1958.
Por si no estáis muy familiarizados con ella, el objetivo de esta feria mundial era, básicamente, mostrar la innovación tecnológica y cultural de distintos países tras la Segunda Guerra Mundial.
Un update de cómo les estaba yendo a los países tras el desastre, por decirlo de algún modo.
Este pabellón destacó especialmente por su estructura modular basada en módulos hexagonales, que permitían una construcción ligera, rápida y fácilmente desmontable, además de una gran flexibilidad para adaptarse a diferentes usos y ubicaciones.
De hecho, esta modularidad era muy novedosa para la época y reflejaba las corrientes de la arquitectura moderna, enfocadas en la funcionalidad y en el uso de nuevos materiales industriales, como el acero y el aluminio.
También destacaba por cómo se integraba con el entorno natural: su diseño permitía que la luz entrara de manera controlada, creando espacios interiores abiertos y luminosos, a la vez que protegía del sol directo.
Por todo esto, y por mucho más, el Pabellón de los Hexágonos ganó la medalla de oro en Bruselas ese año, un reconocimiento que lo situó entre las propuestas más avanzadas del evento, superando en popularidad a otros pabellones icónicos, como el famoso Atomium de Bruselas.
Y mira qué famoso es uno y qué poco conocido el otro… ¡Realmente, a veces cuidamos muy poco nuestro patrimonio en España!


En fin, ¡sigo! Esta distinción supuso un gran orgullo para España, que mostraba así una imagen renovada y moderna, muy alejada de la España franquista de la época.
Un año después de la Expo, en 1959, el pabellón fue desmontado y trasladado a Madrid, instalándose en la Casa de Campo. Allí, se le dio un nuevo uso como espacio cultural y sala de exposiciones, intentando aprovechar su versatilidad modular.
Sin embargo, con el paso de las décadas, la estructura fue perdiendo protagonismo y sufriendo el abandono propio de muchos edificios modernos de posguerra. ¡Una pena terrible!
Menos mal que en 2004 el Pabellón fue declarado Bien de Interés Cultural, lo que supuso un reconocimiento oficial de su valor histórico y arquitectónico y un primer paso para su protección.
Pero no te vayas a creer que eso ha sido suficiente: el proceso de restauración y recuperación ha sido lento. Solo en los últimos años se han impulsado proyectos para conservar sus restos y poner en valor esta pieza única del patrimonio arquitectónico español.
Estado actual y conservación
Como te contaba antes, el Pabellón de los Hexágonos está parcialmente abandonado, y aunque conserva muchas de sus estructuras originales, gran parte permanece en estado ruinoso.
Algunas zonas están en mejor estado — y son justamente las que pueden verse –, pero otras sufren daños por el paso del tiempo, la intemperie y la falta de mantenimiento, lo que hace que recorrerlas pueda llegar a ser bastante peligroso.
El acceso al público es muy limitado debido a este deterioro y a la falta de un acondicionamiento completo, así que te invito a leer este post hasta el final para descubrir cómo puedes visitarlo.
En los últimos años, el Ayuntamiento de Madrid, junto con varias instituciones culturales, ha impulsado proyectos para restaurar y recuperar el pabellón.
Estos planes buscan consolidar la estructura, conservar sus materiales originales y adaptar el espacio para uso público, con la idea de convertirlo en un centro cultural que destaque la importancia de esta obra arquitectónica.
¡Si este año ya ha acogido su primera exposición!
Sin embargo, a pesar de estos esfuerzos, el pabellón sigue enfrentando riesgos importantes como el vandalismo, la degradación natural y el peligro del olvido institucional que suele afectar a construcciones modernas poco conocidas.
Por eso es importante que entre todos lo cuidemos y demos a conocer.



¿Cómo se puede visitar?
El Pabellón de los Hexágonos se encuentra dentro de la Casa de Campo de Madrid, concretamente detrás del antiguo Recinto Ferial. Aunque no está señalizado como tal, es fácil localizarlo si conoces la zona del Lago o paseas por los caminos interiores del parque.
La estructura está parcialmente visible desde el exterior, aunque permanece cerrada y protegida por una valla debido a su estado de conservación.
Y es que hoy por hoy, el acceso libre al pabellón no está permitido, pero sí se puede visitar gracias al programa Pasea Madrid, una iniciativa del Ayuntamiento que organiza rutas guiadas a espacios patrimoniales poco conocidos o normalmente cerrados al público.
Es una de las pocas formas de entrar al recinto y conocerlo desde dentro. Las visitas están dirigidas por guías especializados y permiten entender el valor arquitectónico del edificio, su historia y ver de cerca sus dimensiones reales.
Para apuntarse a una de estas visitas (hay muchísimas, créeme), hay que estar atento a las fechas que publica el Ayuntamiento en su web oficial, ya que las plazas son limitadas y suelen agotarse con bastante rapidez.


Mientras tanto, también se puede recorrer la zona exterior, que conserva buena parte de la forma original del pabellón, aunque solo sea desde fuera.
¡Y siempre puedes ir a darte una buena vuelta por el parque después!
El Lago está muy cerca, y desde allí puedes seguir caminando hacia el Teleférico o enlazar con rutas que te lleven hasta el río Manzanares, Madrid Río o incluso el centro de la ciudad si te apetece alargar el paseo.
Es una buena forma de integrar esta visita con otras propuestas culturales o de naturaleza dentro de uno de los pulmones verdes más grandes de Madrid.
Eso sí, por la noche o en horas con poquita luz no te lo recomiendo mucho, ya que el entorno puede quedar bastante aislado y no quiero que te den ningún susto.
Y ahora dime, ¿conoces otros rincones olvidados como este en Madrid o en tu ciudad? Cuéntamelo en los comentarios o en alguna de mis redes sociales. ¡Me va encantar leerte!
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2 Comments
Ángela Ramos
Tremendo… Ni idea de este edificio…. Y pensar q fui aposta a ver el Atomium….. Vaya y tenía en casa el primer premio de aquella exposicion
Mal muy mal por nosotros.. NO VALORAMOS LO Q TENEMOS
María
Sí… ¡Es un poco triste! Pero bueno, estamos a tiempo de salvarlo y darle la importancia que tiene, menos mal.