Toledo

Molinos, azafrán y cebolleta: sabores y saberes del encantador pueblo toledano de Consuegra

No sé si a ti te pasa, pero hay veces que uno va buscando una escapada fácil, algo cerca, sin logísticas complicadas, y acaba encontrándose con un sitio que no solo cumple con todos esos requisitos, sino que además sorprende un montón.

¡Pues eso me pasó con Consuegra! Solo sabía que tenía molinos y que estaba más o menos cerca de Toledo. No había leído mucho más, y nada parecía anunciar lo que me iba a encontrar allí.

Un pueblo tranquilo, bastante cuidado, sin agobios de gente, con muy buena comida, con bien de historia y con productos locales que forman parte de su identidad.

Aquí el queso manchego es una forma de vida, y el azafrán — ese ingrediente que solemos tener olvidado en casa — se cultiva, se recoge a mano y se vive como una tradición que pasa de generación en generación. Lo llaman «oro rojo», ¡y no solo por lo caro que es!

Y luego están los pequeños detalles que tanto adoro al viajar: las vistas desde el castillo al atardecer, los molinos que puedes visitar por dentro, las calles por las que puedes pasear sin prisa…

Puedes recorrerlo en unas horas, sí, pero lo ideal es tomárselo con calma, parar a tomar algo, a mirar y, en definitiva, a curiosear un poco.

Consuegra no necesita venderse con grandes palabras. Es lo que es y punto: un pueblo que conserva lo suyo y que respeta su ritmo. Y encontrar eso, hoy en día, se agradece mucho.

Hablemos de su pasado…

Consuegra es mucho más que los molinos de viento que todos reconocemos al instante.

Su historia se remonta a tiempos muy antiguos, y para entender por qué este pueblo tiene tanto encanto, es importante conocer su evolución histórica y cultural. ¡Allá vamos!

Los orígenes de Consuegra se sitúan en la Edad del Hierro, cuando un asentamiento celtíbero ocupó el Cerro Calderico, la colina donde hoy se levantan los molinos y el Castillo de la Muela.

Más tarde, en época romana, el núcleo urbano se trasladó a la llanura, donde se desarrolló un verdadero centro agrícola y comercial llamado Consabura.

De hecho, restos arqueológicos encontrados en la zona demuestran la existencia de estructuras típicas romanas como puentes, calzadas y termas, así como una red de villas en los alrededores que daban soporte económico y social a la población.

Tras la caída del Imperio Romano, Consuegra continuó habitada durante la época visigoda, aunque con menor documentación. Posteriormente, durante la ocupación musulmana, se levantó una fortificación en la colina y una mezquita en el pueblo.

Pero no fue hasta la Reconquista cuando Consuegra adquirió especial importancia, ya que en el siglo XII se convirtió en un punto fronterizo entre cristianos y musulmanes.

El momento decisivo en su historia llegó en 1183, cuando el rey Alfonso VIII donó Consuegra a la Orden de San Juan de Jerusalén. Esta orden militar y religiosa estableció su sede en el castillo del Cerro Calderico, convirtiéndolo en centro administrativo y militar.

Bajo su mandato, el territorio se repobló y se organizó el espacio rural alrededor del municipio, dando forma a la estructura actual del pueblo y sus alrededores.

Durante los siglos XVII y XVIII, Consuegra vivió una etapa de estabilidad y crecimiento. El castillo se utilizó como residencia de personajes relevantes, como Juan José de Austria, y el Ayuntamiento actual fue construido en 1670 con detalles arquitectónicos mudéjares y toledanos que aún se conservan.

En esta época, el pueblo mantenía una vida rural ligada a la agricultura y al comercio de productos locales como el azafrán y el queso, de los que hablaremos con mayor detenimiento más adelante.

El siglo XIX fue más turbulento para Consuegra. La Guerra de la Independencia causó grandes daños, incluyendo la destrucción parcial del castillo.

Posteriormente, las desamortizaciones liberales provocaron la venta y fragmentación de propiedades que hasta entonces estaban en manos de la Orden de San Juan. Además, en 1891, una inundación del río Amarguillo tuvo consecuencias devastadoras para el pueblo, con numerosas víctimas y una reconfiguración importante de la ciudad.

¡Ese siglo fue un desastre!

Menos mal que ya en el siglo XX, Consuegra comenzó un proceso de recuperación y restauración. Se canalizó el río para evitar futuras inundaciones y se restauraron tanto el castillo como los molinos de viento, que pasaron a ser patrimonio público y símbolo del pueblo.

Principales atractivos del pueblo

Es normal que al pensar en Consuegra lo primero que te venga a la mente son esos molinos de viento tan fotogénicos en lo alto de un cerro. De hecho, vamos a empezar este apartado hablando de ellos.

Sin embargo, este pueblo toledano tiene mucho más que ofrecer, así que quédate hasta el final porque pienso desvelarte todos sus secretos. ¡Vas a tener muchas ganas de ir a visitarlo!

Molinos de viento y Castillo de la Muela

Los molinos, que datan principalmente del siglo XIX, tienen raíces mucho más antiguas: ya en el siglo XVIII había al menos dos molinos, y uno de ellos incluso del siglo XVI, como se puede comprobar gracias a la maquinaria original que se conserva en el molino llamado «Sancho».

Lo más chulo es que esta maquinaria se sigue poniendo en marcha durante la Fiesta de la Rosa del Azafrán (¡spoiler de lo que se viene!), que es todo un espectáculo y una tradición preciosa.

Puedes visitar el Rucio, el Espartero y el Bolero, que mantienen también sus mecanismos originales. De hecho, en el molino Bolero está la oficina de turismo, así que es un buen punto para empezar tu visita y resolver cualquier duda que tengas.

Por otro lado, también tienes que hacer un hueco para conocer el molino Rucio, ya que se hacen en pases cada 20 minutos para verlo por dentro y la entrada cuesta solo 1,5€. Abre todos los días de 10:00 a 18:30.

¿Pero por qué tantos molinos aquí? Pues porque La Mancha, cuyo nombre viene del árabe y significa algo así como «tierra seca», no tiene ríos suficientes para molinos de agua. Así que para moler el trigo y otros cereales, se inventaron estos molinos de viento, aprovechando las brisas de la zona para transformar el grano en harina y otros productos esenciales.

Ah, y por cierto, el acceso al Cerro Calderico, donde están estos molinos, es gratuito y el lugar está abierto para que puedas pasear a tus anchas, sacar fotos y disfrutar del paisaje. ¡Ver atardecer aquí es un planazo!

Y para rematar la visita, si te ha entrado hambre, tienes el Gastromolino “Caballero del Verde Gabán”, un restaurante dentro de un molino que ofrece platos con productos de la zona y de temporada.

Cuando hace buen tiempo, suelen poner mesas al aire libre para cenar bajo las estrellas rodeado de molinos, una experiencia única aunque, por ahora, está cerrado temporalmente. ¡Os intentaré avisar si me entero de cuándo reabre!

En el mismo lugar, encontrarás el Castillo de Consuegra, también conocido como Castillo de La Muela, una fortaleza que ha dominado el cerro Calderico desde hace más de 800 años.

Su origen se remonta al siglo X, cuando la colina sobre la que se asienta fue fortificada por los musulmanes. Desde esa posición estratégica dominaban toda la llanura de La Mancha, controlando rutas y defendiendo el territorio.

Tras la Reconquista cristiana, el castillo pasó a manos de la Orden de San Juan de Jerusalén en el siglo XII. Esta orden militar le dio la estructura que aún hoy podemos admirar: una planta cuadrangular con cuatro torres cilíndricas en cada esquina. ¡Muy del rollo de otros castillos medievales europeos!

A lo largo de los siglos, el castillo fue escenario de acontecimientos históricos de gran importancia. Uno de los episodios más curiosos y decisivos tuvo lugar en el siglo XVII, durante el reinado de Felipe IV. Te lo cuento, porque a quién no le gusta un poquito de drama, ¿verdad?

En 1640, Juan José de Austria, un personaje clave y medio hermano del rey, protagonizó un golpe de Estado desde esta fortaleza. Aprovechando la inestabilidad política y las tensiones internas, Juan José se alzó para tomar el control de la corona, buscando influir en la dirección del reino.

Aunque su movimiento no logró un cambio permanente en el poder, este suceso dejó una huella importante en la historia del castillo y de España, demostrando que esta fortaleza no solo fue una defensa militar, sino también un punto estratégico en las intrigas políticas de la época.

¡Interesante historia!

Y como muchos castillos medievales, La Muela pasó por periodos de esplendor y de abandono. Durante los siglos XIII al XV, fue una pieza esencial en la defensa y administración local. Sin embargo, tras la desamortización de Mendizábal en el siglo XIX, perdió su función defensiva y comenzó a deteriorarse.

Afortunadamente, a partir de 1962 el Ayuntamiento de Consuegra inició un ambicioso proceso de restauración para recuperar y conservar este monumento. Hoy en día, el castillo está abierto al público y es uno de los principales atractivos turísticos del pueblo.

La visita guiada general cuesta 9,30€ (4,70€ la reducida para mayores de 65 y menores de entre siete y 12 años). Los menores de siete años entran gratis.

También puedes entrar por libre por 7€ (3,5€ para los menores de entre siete y 12 años y gratis para los menores de siete años). ¡Ambas entradas te dan acceso también a los molinos y al Museo Arqueológico del pueblo, del que te hablo enseguida!

Y ya si te animas a vivir una experiencia súper mágica, quizá quieras preparar tu viaje a Consuegra en agosto, cuando el pueblo se viste de época para revivir un momento histórico clave: la brutal Batalla de Consuegra que en 1097 enfrentó al rey Alfonso VI con el ejército almorávide.

Desde 1997, el pueblo organiza Consuegra Medieval, una recreación histórica declarada de Interés Turístico Regional, y en la que, durante tres días — este año será del 15 al 17 de agosto — centenares de vecinos y voluntarios se convierten en soldados, caballeros, mercaderes o artesanos.

Y por 19€ (11€ para niños de entre siete y 16 años y gratis para menores de siete año) podrás entrar en el castillo justo antes de la batalla y disfrutar de la representación de la batalla. Si quieres comprar cualquier de las entradas que te he mencionado, puedes hacerlo aquí.

Museos y espacios culturales

En su casco histórico, hay tres espacios tranquilos e interesantes que me gustaría recomendarte, ¡así que allá voy!

Museo Arqueológico Municipal

Ubicado en el emblemático edificio de «Los Corredores» del siglo XVII en la Plaza de España (donde también está el edificio escolar San Gumersindo, de fábrica castellana-mudéjar), y frente al Ayuntamiento, ofrece un recorrido temático por el municipio (religión, sociedad, guerra, vida cotidiana…) desde el Neolítico hasta el siglo XIX.

Abre de jueves a lunes, de 11:30 a 14:00 y 15:30 a 19:00 (martes y miércoles cierra).

Museo del Cristo

Anexo a la Ermita del Santísimo Cristo de la Vera Cruz, este museo de arte sacro fue inaugurado en 2008 y conserva el legado de la ermita y su cofradía.

En él, destacan algunas piezas como 23 vestidos litúrgicos bordados del Cristo o el Lignum Crucis (reliquia de la cruz).

Para poder entrar, tendrás que pedir cita previa en la oficina de turismo.

El Pozo de los Lagartos

A pocos minutos del centro, El Pozo de los Lagartos es un museo al aire libre muy original.

En esta finca familiar de casi dos hectáreas, el escultor Vicente Manzano Palomino lleva desde 2003 creando un espacio artístico único: esculturas, bustos, mosaicos e instalaciones que homenajean a grandes figuras de la cultura universal, desde músicos hasta cineastas.

El lugar ocupa lo que fue una antigua vaquería, hoy transformada en estudio y sala de exposiciones. Además, el entorno no puede ser más inspirador, junto al río Amarguillo y con vistas al castillo y los molinos del cerro Calderico.

Se puede visitar libremente, ya que abre de lunes a martes y de jueves a domingo de 10:00 a 13:00 y de 18:00 a 20:00. Los miércoles cierra.

Para llegar, basta con ir hacia el campo de fútbol, seguir la calle Abanico y caminar unos 180 metros por el camino de Los Lagartos. ¡Verás que es muy fácil!

El Alfar

Este lugar fue un taller de alfarería en funcionamiento hasta los años 70, cuando todavía quedaban artesanos moldeando la arcilla como se había hecho durante siglos en esta tierra. No en vano, en su mejor momento, Consuegra llegó a tener hasta cinco talleres en activo.

Hoy el Alfar es un rincón donde se puede observar cómo era la vida cotidiana de La Mancha de antaño, con su gran patio, sus dos hornos alfareros — uno de origen romano y otro árabe — y un pequeño museo lleno de herramientas, piezas, columnas y hasta un vía crucis tallado.

Lo reconocerás por sus muros blancos y zócalos de añil intenso, un combo muy de la tierra y muy mediterráneo, tan práctico como bonito. Esta mezcla no solo refrescaba las casas, también las protegía y las limpiaba de polvo y sol. Y sí, tiene ese aire de Grecia, Túnez o Marruecos, ¡pero es 100% manchego!

Está justo en la salida hacia Madridejos, en una zona donde se encontraba el antiguo circo romano de Consaburum. ¡Un pequeño secreto del municipio!

Iglesias y templos

Repartidos por el casco urbano y sus alrededores, muchos de estos templos son sencillos en apariencia, construidos en ladrillo y piedra.

En la zona entre las calles Santiago Rusiñol y Eulogio Merchán se encuentra uno de los núcleos religiosos más interesantes del pueblo. Allí se alza la Iglesia de Santa María, la segunda parroquia de Consuegra, donde se venera a la Virgen de La Blanca, patrona de la localidad.

Justo al lado se encuentra el convento de las Reverendas Madres de la Inmaculada Concepción. Su arquitectura mezcla elementos mudéjares con detalles góticos, lo que quizá haga un guiño al origen francés de la Orden de San Juan, a la que está ligado.

Otra de las iglesias más notables es la de San Juan Bautista, levantada en 1567. Su estructura de planta de cruz latina, su estilo castellano-mudéjar y su imponente torre de cuatro cuerpos la convierten en uno de los templos más característicos de Consuegra.

En cambio, la ermita del Santísimo Cristo de la Vera Cruz, iniciada en 1750 y finalizada en 1803, destaca por su fachada de mármol blanco, que rompe con la sobriedad del entorno. En su interior, ya sabemos que se guarda una interesante colección de arte sacro.

También merece una mención el convento de las Carmelitas Descalzas, fundado por voluntad testamentaria del tercer Duque de Alba, Fernando Álvarez de Toledo. De hecho, sobre su entrada todavía se pueden ver los escudos de la orden y de la Casa de Austria.

Además, en su archivo se conservan cartas originales de Santa Teresa de Jesús, lo que lo convierte en un lugar de especial valor histórico.

En la calle Fray Fortunato se encuentra el antiguo convento de los Franciscanos, fundado en el siglo XVII. Aunque hoy funciona como residencia de mayores y espacio cultural, todavía se puede visitar libremente uno de sus claustros. ¡Que no te dé vergüenza preguntar si puedes entrar a verlo!

Por último, el templo de construcción más reciente es la Iglesia de San Rafael, en el barrio del Imparcial. Fue construida tras la devastadora riada de 1891 para atender a los vecinos que perdieron sus hogares.

Presa Romana del Amarguillo

Vale, seguro que todo lo anterior o ya te lo esperabas… Pero, ¿una presa romana en mitad de la Mancha toledana? Pues sí, y además una de las más largas conservadas de todo el mundo romano.

A unos cinco kilómetros del centro de Consuegra, entre los parajes de La Alcantarilla y la Vega de la Magdalena, encontrarás esta joya histórica muy poco conocida y que lleva ahí desde hace casi 2.000 años. ¡Ahí es nada!

Se construyó entre los siglos I y IV d.C., cuando la ciudad romana de Consaburum — la actual Consuegra — aún crecía bajo el sol en Hispania. Lo más alucinante es que su pantalla principal mide casi 600 metros de largo, ¡una locura! Y eso que originalmente llegaba a los 662 metros.

Imagínate la magnitud de esta obra sin grúas, sin hormigoneras y con más sol que sombra. Me están entrando los calores solo de pensarlo.

El sitio fue redescubierto (o estudiado en serio, más bien) en los años 70, aunque los vecinos ya conocían la estructura desde siempre. La presa sigue ahí, con sus contrafuertes visibles a lo largo de más de 80m, acompañando el cauce del río Amarguillo, que recoge las aguas de las sierras cercanas como la Calderina y el Reventón.

¿Y para qué servía? Pues aquí viene lo interesante.

Se cree que tenía doble función: por un lado, asegurar el agua para uso doméstico en épocas secas; y por otro, sostener la actividad agrícola y ganadera en toda la zona. ¡Muy importante!

Te dejo por aquí un modelo 3D súper chulo que nos han hecho llegar desde el municipio:

Fiestas de interés turístico

Consuegra tiene varias fiestas de interés turístico que seguro que vas a querer apuntar por algún lado.

Yo te voy a dejar por aquí las tres más importantes, siendo la primera de ellas Consuegra Medieval, en agosto, y de la que ya te he hablado previamente. ¡No hará falta que me repita!

Más adelante, en octubre y noviembre — genial, porque ya habrá bajado un poco el calor de la época estival — Consuegra celebra su Fiesta de la Rosa del Azafrán y sus Jornadas de la Cebolleta Consaburense. Hablemos un poco de cada una.

Fiesta de la Rosa del Azafrán

Si hay un momento perfecto para visitar Consuegra, es a finales de octubre. No solo porque el otoño tiñe La Mancha de tonos cálidos (y porque, como te decía, ya no hace tanto calor), sino porque todo el pueblo se vuelca en una de sus celebraciones más queridas: la Fiesta de la Rosa del Azafrán.

Se celebra cada último fin de semana completo de octubre, y no es una fecha al azar: coincide con el momento justo de la recolección de la flor del azafrán, esa joya morada tan ligada a estas tierras.

Desde 1963, esta fiesta — declarada de Interés Turístico Regional — pone en valor lo mejor de la cultura manchega: su gente, su cocina, sus trajes, su música, sus oficios… Y, por supuesto, su azafrán, el auténtico “oro rojo”.

¿Y por qué dedicarle una fiesta entera a esta pequeña flor? Pues por varias razones:

  • El 90% de la producción nacional se concentra en la Mancha, y en Consuegra se vive como una parte esencial del paisaje, de la economía local y del alma de la comarca.

  • Lleva siglos siendo símbolo de calidad. Ya lo usaban los sumerios y acadios como artículo de lujo, y hoy sigue siendo uno de los condimentos más valorados (y caros) del mundo.

  • Es probablemente el único producto agrícola con denominación de origen que Castilla-La Mancha puede reclamar como el mejor a nivel mundial. ¡No exagero!

Jornadas de la Cebolleta Consaburense

Y después del azafrán…¡Llega el turno de la cebolleta!

Sí, como lo lees. Este bulbo humilde, que durante años vivió a la sombra de otros cultivos mucho más glamurosos, está empezando a hacerse un hueco en la despensa gourmet. Y en Consuegra lo saben bien, porque aquí se concentra gran parte de la producción nacional y ya empieza a hablarse de ella como el «calçot manchego«.

Cada noviembre, en plena temporada de cosecha, Consuegra convierte la Plaza de España en una auténtica fiesta. Parrillada popular, cebolletas a la brasa con su salsa romesco, vino manchego, productores de la zona, buena charleta… ¡Un planazo!

Pero ojo, detrás de esta fiesta hay mucho más que una barbacoa. El cultivo de la cebolleta requiere mimo y mucha paciencia: primero se planta el cebollino en primavera, luego se deja secar, se vuelve a plantar… Es un proceso largo y exigente.

Y aunque la cebolleta aún no tiene el peso cultural del azafrán, va camino de convertirse en un emblema más de Consuegra, y estas jornadas son la mejor forma de descubrirlo: con las manos manchadas de salsa, una copa de vino en la mano y disfrutando del paisaje…

¿A alguien le ha sonado bien el plan y se quiere venir conmigo este año?

Gastronomía: ¿qué comer aquí?

Hablar de gastronomía en Consuegra es hablar de comer bien.

A mí me encanta la cocina manchega porque está muy ligada a la tierra y a la tradición, es sencilla y honesta y cada ingrediente tiene su razón de ser. ¡Y está deliciosa!

El recetario de este municipio bebe de dos fuentes complementarias: la cocina manchega, recogida incluso en las páginas del Quijote, y los sabores intensos y contundentes de los Montes de Toledo, con su tradición de caza.

Ya hemos hablado de azafrán y de cebolletas, ¿pero qué más se come aquí?

  • Gachas manchegas. Se elaboran con harina de almortas — un cereal (sin gluten, si te lo preguntas) que en su día se destinaba al ganado y que, en épocas de necesidad, salvó a muchas familias del hambre — y se cocinan con agua, ajo, chorizo y panceta.

  • Migas. Inseparables compañeras de las gachas. Sencillas, humildes y deliciosas… Un plato de aprovechamiento convertido en verdadero manjar.

  • Duelos y quebrantos. Menos conocido, pero con mucho encanto. Un revuelto de chorizo, panceta y huevo que ya aparece en la primera página del Quijote.

  • Pisto manchego. Elaborado con pimientos, tomate, berenjena y, a veces, calabacín, coronado con un huevo frito. ¿A quién no le va a gusta un buen pisto manchego?

  • Asadillo manchego. Otro clásido de la mesa consaburense, a base de pimiento rojo asado, tomate, ajo y comino. Se sirve frío, con huevo cocido y tiras de ventresca.

  • Carne de caza. En Consuegra es habitual encontrar platos de perdiz, venado o jabalí, muchas veces cocinados a fuego lento y acompañados con guarniciones de temporada.

  • Cordero manchego, un producto con certificación de calidad, perfecto asado o guisado.

  • Queso manchego. En Consuegra se elaboran quesos curados y semicurados de forma artesanal en varias queserías, y no es raro que alguno de ellos haya sido premiado en ferias nacionales e internacionales.

  • En el lado más dulce, los amantes del buen comer (y si no tenéis ninguna restricción alimentaria como yo) no podéis marcharos sin probar el mazapán y la bollería tradicional, elaborados en obradores locales que mantienen recetas centenarias.

  • Y para acompañar, vino de la zona y aceite de oliva virgen extra. Este último se elabora a partir de la variedad cornicabra. De baja acidez y sabor potente, cuenta con denominación de origen “Montes de Toledo” y es uno de los productos estrella de la comarca.

¿Ya te ha entrado hambre?

Información práctica

Y ahora que ya te he contado todo lo que puedes ver y hacer en Consuegra, ¡vamos a lo importante para que tu viaje salga redondo!

Porque no todo es hacerse fotos con molinos — que también –, sino saber cómo llegar, dónde llenar el estómago y dónde dormir como un manchego feliz.

Aquí van mis recomendaciones para que aproveches al máximo tu escapada.

¿Cómo llegar?

Consuegra se encuentra en la provincia de Toledo, y llegar hasta aquí es muy sencillo.

Si vienes en coche desde Madrid, Consuegra está a unos 120 kilómetros y una hora y media de trayecto por la A-4. Tendrás que salir en Madridejos, donde enlazarás con la CM-42 (Autovía de los Viñedos) dirección Toledo. ¡Y en nada estarás allí!

El pueblo está equidistante de Toledo y Ciudad Real (unos 65–66km desde cada una). Desde Toledo, tienes acceso directo por la CM-42, y desde Ciudad Real, puedes tomar la CM-4136 hasta Urda y desde ahí, la N-401.

Por otro lado, no te preocupes si no te apetece venir en tu propio vehículo, ya que tienes varias opciones.

La empresa Interbus conecta Madrid con Consuegra y los autobuses salen desde la Estación Sur (Méndez Álvaro). El trayecto dura unas dos horas y media. Desde Toledo, el servicio lo cubre Autocares Grupo Samar. Aquí el billete se compra directamente al conductor y en efectivo (¡no aceptan tarjeta!), y el trayecto es de aproximadamente una hora y 15 minutos.

También podrías venir en tren, pero ten en cuenta que la estación más cercana es la de media y larga distancia de Villacañas situada a unos 30km de Consuegra.

¿Dónde comer?

Ya has visto que Consuegra ofrece una gastronomía rica y variada, con platos típicos de La Mancha y los Montes de Toledo, así que venir hasta aquí y no comer ningún producto local debería estar penado por la ley.

Algunos lugares recomendables son el Restaurante Castilla, con un menú que oscila los 18€, El Alfar, que abre sólo fines de semana por la noche en verano (una opción ideal para visitar este antiguo taller de alfarería, ¿no crees? o El Mesón La Centinela, que además tiene muchas opciones sin gluten (y controlan del tema).

Si tú también eres celíaco o sensible al gluten no celíaco, hay más opciones buenas como el restaurante Abrasador Canela y Limón o el gastrobar El Pesca. ¡Para que también podamos disfrutar nosotros!

¿Dónde dormir?

Según la página de turismo oficial de Consuegra, hay una amplia oferta de alojamientos con mucho encanto, desde hoteles rurales hasta apartamentos casi cara a cara con los molinos.

Algunos de los más interesantes son Apartamentos Oncemolinos, que además aceptan perretes y es donde nos alojamos nosotros con Shawn (85-105€ la noche para dos y 7€ por mascota y noche); el Hotel Rural Casa Rural Azafrán Consuegra (80-85€ la noche para dos, con obligación de quedarse dos noche en fin de semana); o el Hotel Rural La Vida de Antes (75-95€ la noche para dos, según temporada) y que también admite perretes por 7€.

En la mayoría también ofrecen desayunos (por un extra), así que infórmate de ello si no te apetece andar complicándote por las mañanas. Si hace buen tiempo, algunos tienen terrazas y vistas al pueblo y los molinos. ¡Una pasada!

Y hasta aquí mi guía para disfrutar Consuegra como se merece: con buen calzado, ganas de comer bien y una cámara con batería (porque sí, los molinos te van a pedir a gritos muchas fotos).

Ahora cuéntame tú, ¿has estado ya en Consuegra o todavía lo tienes en tu lista de pendientes?

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