Madrid,  España

El secreto verde de El Retiro: descubre el Vivero de Estufas, el oasis botánico de Madrid

El Vivero de Estufas del Parque de El Retiro es uno de los espacios botánicos más desconocidos y fascinantes de Madrid.

Fundado en 1889, alberga un conjunto único de invernaderos históricos, estufas y áreas de cultivo que siguen funcionando más de un siglo después.

Este lugar, gestionado por el Ayuntamiento de Madrid, no solo produce plantas para los jardines municipales, sino que conserva un valioso legado de jardinería tradicional y horticultura urbana.

Su importancia es tal que forma parte del entorno del Paisaje de la Luz, declarado Patrimonio Mundial por la UNESCO. ¡Un secreto muy bien guardado!

Además, para acceder al Vivero de Estufas, tendrás que hacerlo a través de visitas guiadas muy limitadas, lo que convierte la experiencia en algo casi íntimo: un paseo por la memoria vegetal de la ciudad, lejos del turismo masivo de la ciudad y cerca de la esencia más verde del Retiro.

¿Quieres venir a conocerlo? ¡Pues sigue leyendo que te cuento cómo!

Un oasis botánico con historia

Antes de que Madrid se llenara de parterres coloridos, alineaciones de árboles y macizos de flor perfectamente cuidados, alguien tenía que imaginar, cultivar y proteger toda esa vegetación.

Ese «alguien» fue — y sigue siendo — el Vivero de Estufas del Retiro, el más antiguo de los tres viveros municipales que tiene la ciudad y uno de los grandes responsables del paisaje verde que hoy, por desgracia, apenas nos paramos a mirar.

Construido en 1889, el vivero nació como Reservado de Estufas del Retiro, un espacio pensado para centralizar los invernaderos que durante el siglo XIX estaban dispersos por Madrid.

En aquella época, los invernaderos de hierro y cristal eran símbolo de modernidad y estatus y la ciudad vivía una auténtica fascinación por la botánica y la horticultura ornamental.

La aristocracia madrileña los instalaba en palacios y jardines privados — como todavía podemos ver, por ejemplo, en el Palacio de Parcent –, siguiendo una moda llegada de Europa.

¡Pero las modas cambian!

Cuando el entusiasmo por estas estructuras fue decayendo, muchos de aquellos invernaderos quedaron obsoletos o resultaban demasiado costosos de mantener. Algunos fueron desmontados, otros desaparecieron con reformas urbanas y no pocos acabaron olvidados por ahí.

Fue entonces cuando el Ayuntamiento decidió reunir y conservar parte de ese patrimonio en un único lugar dentro del Retiro, muy cerca del Real Observatorio Astronómico.

Lo verdaderamente excepcional del Vivero de Estufas del Retiro es que ha llegado hasta nuestros días conservando la estructura original de un vivero decimonónico.

No se trata de un espacio reconstruido con fines museísticos, sino de un vivero real y en activo, que ha seguido funcionando de forma ininterrumpida durante más de 130 años.

Además, en sus 3,5 hectáreas de extensión se distribuyen hasta 19 invernaderos históricos únicos en España. Es un TESORO, con mayúsculas.

Algunos proceden de antiguos palacios y residencias privadas madrileñas, como el invernadero que perteneció al Palacio de Liria, hoy integrado (lo que sobrevivió de los bombardeos de la Guerra Civil, claro) en el conjunto del vivero.

Otros, en cambio, no sobrevivieron al paso del tiempo.

Muchos desaparecieron con las grandes remodelaciones urbanas del siglo XX, como ocurrió con la estufa del palacio de Fernán Núñez durante unas obras en los 40 o con el invernadero del antiguo palacete de los marqueses de la Puente y Sotomayor, donde actualmente se ubica la embajada de Estados Unidos.

El Vivero de Estufas es, en muchos sentidos, un refugio de lo que Madrid casi pierde para siempre. ¡Y por eso tienes que visitarlo sí o sí!

Por cierto, no muy lejos de este espacio — y casi como ese primo famoso que se llevó toda la atención — se encuentra el Palacio de Cristal del Retiro, diseñado para la Exposición de Flora de las Islas Filipinas de 1887.

Estoy 100% segura de que sabes de cuál te hablo, ¿verdad?

Concebido originalmente como invernadero, es hoy uno de los grandes iconos del parque y uno de los mejores ejemplos de la arquitectura del hierro en Madrid.

Si te fijas, el Vivero de Estufas comparte ese mismo espíritu y esa misma época, aunque desde una escala mucho más silenciosa, funcional y cotidiana. Hay gente que nunca ha oído hablar de él.

Eso sí, más allá de su valor histórico y patrimonial, el vivero sigue cumpliendo la función para la que fue creado: producir las plantas que dan forma a la ciudad.

Aquí se cultivan plantas de flor destinadas a jardines y parques, plantas de interior que decoran edificios municipales y una parte importante del arbolado urbano.

Ahora cuando vayas andando por las calles de Madrid no podrás evitar mirar a las decoraciones y los árboles y pensar: «yo sé algo que igual toda esta gente a mi alrededor no sabe».

¡Una sensación buenísima!

Cada temporada pueden llegar a manejarse hasta 150.000 variedades de plantas, con una especialización muy clara en flor ornamental.

Solo de pensamientos se cultivan hasta 50 variedades diferentes y de pelargonios — lo que comunmente conocemos como «geranios» — unas 143. ¡Y son solo un par de ejemplos!

Junto a los viveros municipales de Casa de Campo y Migas Calientes, el Vivero de Estufas del Retiro forma parte de una red verde esencial para la ciudad, protegida como lugar histórico.

Un sistema que trabaja en silencio para que los parques florezcan cada primavera y se renueven cada temporada.

Hoy, además, este espacio funciona como un auténtico museo vivo de la jardinería del siglo XIX.

Pasear por él es recorrer una enciclopedia de técnicas de cultivo, estructuras tradicionales, herramientas y métodos de la horticultura ornamental decimonónica que, afortunadamente, han llegado hasta nuestros días.

Todo ello en diálogo constante con los retos actuales.

El cambio climático, por ejemplo, ya está alterando las especies que pueden sobrevivir al invierno madrileño, permitiendo que algunas plantas exóticas prosperen donde antes no era posible.

Y todo esto lo aprendí allí, en el vivero, de la mano de algunos de sus trabajadores. ¿Ya tienes ganas de ir a recorrerlo o todavía necesitas más motivos?

Qué ver: espacios y colecciones botánicas

Entrar en el Vivero de Estufas del Retiro es recorrer un lugar donde conviven, de forma casi milagrosa, la historia de Madrid, la arquitectura del hierro y el cristal y el trabajo silencioso de generaciones de jardineros municipales.

Si eres de Madrid, déjame decirte que todavía hay muchas cosas que desconoces de tu ciudad.

Lo más llamativo del vivero es su extraordinaria colección de invernaderos históricos, considerada la más completa representación en España de los métodos de cultivo hortícola del siglo XIX.

En total, el recinto conserva 19 estufas antiguas originales de finales del siglo XIX y principios del XX, únicas en nuestro país, que fueron trasladadas al Retiro cuando desaparecieron de palacios aristocráticos, fincas privadas y antiguos viveros repartidos por Madrid.

Estas estufas conviven con invernaderos de diseño más moderno, construidos a partir de los 70, que nos permiten entender mejor la evolución técnica del cultivo.

Pero, querido lector, la producción vegetal sigue siendo una prioridad aquí, así que es importante que visites este lugar sabiendo que has llegado al lugar de trabajo de decenas de personas.

No molestes mientras exploras, por favor.

Hablemos, ahora sí, de algunas de las estufas más importantes del conjunto, que lo son por su identidad propia, su procedencia, su función original o su adaptación al espacio actual.

La Estufa número 1, conocida como El Barco por la singular forma de su cubierta — y es que realmente recuerda a la quilla invertida de una embarcación –, alberga la Exposición Permanente de Jardinería Tradicional de Madrid.

En su interior se conserva una valiosa colección de aperos, herramientas de cultivo, cajoneras, recipientes de siembra y materiales de riego que nos muestran cómo se trabajaba la tierra antes de la mecanización y la automatización de los viveros.

Muchas de estas piezas proceden de donaciones de jardineros municipales en activo y jubilados y han convertido este espacio en un auténtico museo del oficio, donde la técnica y la experiencia acumulada son tan importantes como las plantas.

¡Te darás cuenta que hay cosas que no han cambiado mucho!

Muy cerca se encuentra otra de las grandes joyas del conjunto, la Estufa nº 7, conocida como el Estufón del Palacio de Liria.

Este es, sin duda, el invernadero más valioso de los conservados en las Estufas Municipales del Retiro.

De grandes dimensiones y estructura monumental, estaba originalmente situado en los jardines del Palacio de Liria y fue trasladado parcialmente al Retiro en 1956, adaptándose a un espacio menor que el original.

Y si te parece grande ahora, espérate a saber que en realidad los tres módulos actuales son de los más pequeños. Con los bombardeos de Madrid en la Guerra Civil Española, se perdió el gran módulo central (mucho más grande) y otro módulo mediano (idéntico al que ahora se ha convertido en central). ¡Una monstruosidad!

En su interior encontrarás una gran colección de plantas tropicales. Entrar es como adentrarte en la selva.

Entre los invernaderos con historia propia destaca de manera especial la Estufa nº 24, conocida como el Invernadero de Bourguignon, una de las piezas más viajeras y elocuentes del vivero.

Se construyó a finales del siglo XIX para los viveros de la casa J. P. Martín e Hijo, situados en la calle López de Hoyos, junto al antiguo arroyo del Abroñigal, hoy soterrado bajo la M-30.

A comienzos del siglo XX pasó a ser propiedad del prestigioso jardinero francés Luciano Turc y tras la Guerra Civil, en 1940, fue vendido al florista y viverista holandés Juan Bourguignon, quien lo instaló en su vivero, también en López de Hoyos, cerca del cruce con la calle Arturo Soria.

En 2008, los hijos de Bourguignon cedieron esta estufa al Ayuntamiento de Madrid y entre 2011 y 2015 fue desmontada, restaurada y reconstruida en el Vivero de Estufas del Retiro.

Actualmente alberga una exposición dedicada a Luciano Turc, complementada con herramientas antiguas y una destacada colección de cactus y plantas crasas, funcionando como prolongación natural de la muestra que se encuentra en la Estufa nº 1.

Durante tu recorrido por el vivero, descubrirás otras estufas numeradas, cada una con su ficha histórica y con una orientación y función diferentes.

Algunas estaban pensadas para el cultivo de plantas ornamentales especialmente delicadas; otras se utilizaban para la aclimatación de especies exóticas o para la reproducción vegetal mediante semilla, esqueje o división de planta.

Los invernaderos más modernos son los números 13, 14, 21 y 22.

Destaca también la presencia de colecciones botánicas específicas, como la de suculentas, con cientos de ejemplares repartidos entre varias estufas y zonas exteriores.

Más allá de los invernaderos, el vivero conserva umbráculos destinados a filtrar la radiación solar y zonas de cultivo al aire libre.

También encontrarás aquí elementos fundamentales de la horticultura tradicional, como las cajoneras de bastidores de cristal — en las que el calor se generaba mediante la fermentación de estiércol y hojas –, los estanques de riego — imprescindibles en una época sin agua a presión — y las antiguas calderas que alimentaban los sistemas de calefacción.

El lugar también funciona un poco como «cajón desastre» y te darás cuenta nada más entrar. Aquí también se hallan trozos de esculturas, fuentes, placas conmemorativas

Restos que, de no ser por el vivero, habrían desaparecido hace muchísimos años.

¿Y por qué «estufas»?

El nombre del Vivero de Estufas del Retiro no es casual ni poético, sino profundamente técnico e histórico.

Cuando hoy hablamos de «estufas» enseguida pensamos en la calefacción de casa de la abuela, ¿verdad? Pues déjame decirte que en el siglo XIX el término tenía un significado muy concreto dentro del mundo de la horticultura y la jardinería ornamental.

Las estufas eran los invernaderos de la época. Ni más, ni menos.

Pero no eran simples estructuras acristaladas, sino auténticos sistemas de control climático diseñados para proteger las plantas del frío, regular la humedad y permitir el cultivo de especies delicadas o exóticas en una ciudad de inviernos duros como Madrid.

Su nombre procede precisamente del sistema de calefacción que incorporaban: una estufa de cobre conectada a una red de tuberías, también de cobre, instalada bajo el suelo o las mesetas del invernadero.

A través de este circuito circulaba el calor generado en las calderas, calentando el aire y la tierra por el principio del termosifón: el agua caliente, al pesar menos, sube por las tuberías y el agua fría baja, creando una circulación continua sin necesidad de bombas ni electricidad.

Por eso, cuando paseamos por el vivero, se sigue hablando de estufas y no simplemente de invernaderos.

Porque muchas de las estructuras conservan — o permiten identificar — los elementos originales de calefacción, ventilación y sombreo, como calderas, conductos, ventanas cenitales, persianas de mimbre o zarzos, pasarelas superiores y sistemas manuales de apertura.

Así, el nombre se mantuvo como homenaje a su función original y a la tecnología que los hizo posibles. El término «estufas» es, en definitiva, ¡una puerta al pasado!

Información práctica

Para terminar, seguro que lo que ahora te interesa más es saber cómo puedes visitar este sitio tú también. ¿Me equivoco?

Pues no te preocupes, que en este apartado te lo cuento todo. Aquí tienes toda la información necesaria para planificar tu excursión al Vivero de Estufas. Visitarlo es difícil, ¡pero no imposible!

¿Cómo llegar?

Una vez que sabes dónde está, llegar es muy fácil.

El Vivero de Estufas se encuentra dentro del Parque de El Retiro, en la zona suroriental del parque, muy cerca del Real Observatorio Astronómico. ¡Ojo, que no tiene acceso desde la calle!

Si ya estás dando un paseo por el parque, el vivero se localiza en una de las zonas menos transitadas del parque, no muy lejos de la estatua del Ángel Caído.

Si por el contrario vienes de fuera, los accesos más cercanos son los de Puerta de la Reina Mercedes, Cuesta de Moyano — siendo este el mejor — y Avenida de Menéndez Pelayo.

Para llegar, puedes hacerlo en coche, aunque es la opción que menos recomiendo; en metro, siendo Atocha (línea 1), Estación del Arte (línea 1) e Ibiza (línea 9) las estaciones más cercanas; en Cercanías Renfe, siendo Atocha la estación más cercana (líneas C-1, C-2, C-3, C-4a, C-5, C-7, C-8 y C-10); o en autobús, con parada cerca de las líneas 001, 19, 203, 27 y 34.

Desde cualquiera de estos puntos se llega caminando en unos 10-15 minutos.

¿Cómo lo puedes visitar?

Visitar el Vivero de Estufas no es sencillo y precisamente ahí reside parte de su encanto. El acceso solo es posible mediante visitas guiadas gratuitas organizadas por el Ayuntamiento de Madrid, con un aforo muy reducido.

No existe la opción de entrada libre ni visitas autoguiadas. Si encuentras la entrada abierta — que la encontrarás, porque es el acceso de los trabajadores — abstente de entrar, por favor.

Las plazas suelen abrirse aproximadamente un mes antes de cada visita y se agotan con rapidez, por lo que es recomendable estar atento a la programación — busca «Hábitat Madrid» en los posts de esta página web — y apuntarte en cuanto se anuncien nuevas fechas.

Para reservar plaza es necesario contactar con el Centro de Información y Educación Ambiental del Retiro, bien por teléfono o por correo electrónico.

Las visitas guiadas tienen una duración aproximada de dos horas y permite recorrer algunos de los invernaderos históricos más representativos, conocer el funcionamiento del vivero y entender su papel actual dentro de la jardinería municipal.

Gracias a ellas, podrás acceder a espacios que normalmente permanecen cerrados al público y las explicaciones aportan un contexto histórico y técnico que enriquece muchísimo la experiencia. ¡Valen un montonazo la pena!

Como en cualquier visita, es aconsejable llegar con unos minutos de antelación al punto de encuentro, llevar calzado cómodo y reservar tiempo suficiente — yo diría que te guardes toda la mañana — para disfrutar del recorrido.

Y luego, oye, ¿qué mejor forma de acabar el recorrido que dándote una vuelta por el parque y descubrir algún secreto que otro más?

En fin, si has llegado hasta aquí, quizá ya estés mirando el calendario para intentar conseguir plaza en una de sus visitas guiadas. O tal vez te hayas dado cuenta de cuántas veces has paseado por El Retiro sin saber que, a pocos metros, existía este pequeño universo de hierro, cristal y saber jardinero.

Si lo visitas, cuéntamelo. Y si ya has estado, ¡todavía más! Me encantará leerte y saber qué parte te llamó más la atención. Y ya sabes, si conoces a alguien a quien este rincón le pueda fascinar tanto como a ti, comparte el artículo con esa persona.

¡Nos vemos en el próximo rincón secreto de Madrid!

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One Comment

  • Ángela

    Gracias gracias gracias… En cada uno de tus reportajes me abres un mundo Nuevo. Como es posible… Yo no tenía ni idea, de todo lo de las estufas.. Es increíble toda mi vida de visitas al Retiro accediendo a él por la entrada, de Menendez Pelayo y ni saber q ESTE TESORO estaba ahí. De nuevo gracias gracias. Sí, habrá q meterse en el calendario y ver próximas visitas y conocer este legado. Gracias AMADA

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