La Ruta de las Caras de Buendía: una escapada familiar y dog-friendly en Cuenca
Si te apasiona el arte al aire libre y descubrir rincones únicos en plena naturaleza, no te puedes perder la Ruta de las Caras de Buendía. Ubicada en la Alcarria de Cuenca, este pequeño rincón de Castilla La-Mancha se encuentra en un entorno impresionante, además.
Esta ruta circular de aproximadamente dos kilómetros cuenta con unas 20 esculturas, cada una con su propio significado, y se puede hacer muy fácil en una hora. Ideal para llevar contigo a tus peques y peluditos, si los tienes.
Pero lo que verdaderamente hace única a esta ruta es que, a pesar de su creciente popularidad, conserva la esencia de un lugar casi secreto, alejado del bullicio y lleno de magia. Y el lugar en el que está, junto al Embalse de Buendía, es una preciosidad. Cuenca está llena de sorpresas.
También el hecho de que en medio del campo aparezcan caras, rostros y figuras humanas y mitológicas talladas en la piedra, ayuda a crear un halo de misterio, ¿no te parece? Da la sensación de que siempre han estado ahí esperando ser descubiertas.
El proyecto comenzó en los 90 y sigue siendo una de las sorpresas más originales de la región. No por nada Buendía forma parte de la red de Pueblos Mágicos de España, ¡qué te puedo decir!
Si con esta introducción ya he conseguido que te entren ganas de hacer la ruta, espérate a leer todo lo que tengo que contarte acerca de ella. ¡Sé que vas a querer planear tu escapada para esta misma semana!



Más allá de la roca: el origen
Situado a tan solo tres o cuatro kilómetros de Buendía, este rinconcito es un claro ejemplo de cómo la intervención humana puede fundirse con el paisaje natural y hacer algo maravilloso. Una pieza clave en el impulso del turismo de este pequeño pueblo conquense, sin duda.
La presencia de los rostros y las figuras talladas en la roca no solo ha embellecido el paisaje, sino que ha hecho que el pueblo reciba visitantes de todas partes del país, e incluso del extranjero, animados a detenerse en este punto para explorar cada una de las esculturas.
En 1992, los escultores Eulogio Reguillo, un reparador de fachadas, y Jorge Juan Maldonado, ceramista, decidieron plasmar su arte en las rocas de este lugar escondido. Armados con herramientas tradicionales como el pico o el cortafríos y su pasión por la escultura, comenzaron a dar forma a figuras y rostros tallados en la piedra arenisca que caracteriza la zona.
Lo que empezó como una obra personal de estos dos artistas pronto se transformó en un espacio abierto a nuevas creaciones, invitando a otros escultores a unirse a este proyecto espontáneo. Estos aportes han convertido la Ruta de las Caras en un espacio dinámico y en constante evolución.
Las esculturas que pueblan la ruta varían enormemente en tamaño, desde figuras de apenas 30 centímetros hasta imponentes rostros de cuatro metros de altura. ¡Pero todas impresionan muchísimo cuando se ven por primera vez!
El paraje donde se encuentran se conoce como «La Península» y su cercanía al Embalse de Buendía, rodeado de pinares, le da al lugar una atmósfera mágica, casi mística. Si tienes la suerte de visitarlo al atardecer en un día despejado como yo, la sensación de misterio se intensifica, mientras las sombras se van alargando lentamente, sumiendo el paisaje en una luz especial.
La historia del embalse es, además, una parte fundamental del paisaje. Construido entre 1956 y 1960, el embalse del Buendía fue diseñado para regular las aguas del río Tajo y abastecer de agua a las diversas poblaciones de la cuenca del río. ¿Sabías que bajo sus aguas quedaron sumergidos el pueblo de Santa María de Poyos y el balneario de La Isabela?
Sin embargo, lo que hace a la Ruta de las Caras aún más intrigante es el carácter de la obra misma.
Tal como ocurre con otras creaciones inesperadas en lugares remotos de España, las esculturas parecen haber sido abandonadas a su suerte, sin una explicación clara de su origen o propósito.
Quizás se trate de un intento de los artistas por conectar con lo más profundo del espíritu humano, o tal vez sea su modo de transmitir un mensaje que solo ellos conocen. ¡Quién sabe!
En cualquier caso, el resultado es un espacio que se puede interpretar de varias formas, y eso es algo que nos fascina a las almas curiosas: la oportunidad de crear historias propias mientras exploramos nuevos lugares del mundo.


«Las caras, Juan, las caras»
Como te decía, en total, la ruta alberga (por ahora) 20 esculturas, dos de las cuales están todavía en construcción. Todas ellas se encuentran distribuidas en cuatro grupos, dos en el pinar y dos junto a la orilla del pantano.
Para comenzar la ruta, te tendrás que adentrar a través de un portal de madera que te llevará directamente a un merendero, ideal si te apetece hacer un picnic aquí mismo (si el tiempo acompaña y no hace mucho frío, claro) o relajarte un poco.
El acceso es gratuito y sin horarios establecidos, lo que te permite explorar la zona a tu propio ritmo, y lo mejor de todo, puedes ir con tus peluditos.
A continuación, te cuento un poco más sobre las esculturas, su significado y la manera en que se distribuyen a lo largo del recorrido. ¿Estás ready? ¡Comenzamos la exploración!



Las tres primeras esculturas que encontramos en la ruta son la Moneda de Vida, que, como su nombre indica, representa una gestación; una cruz templaria, y Krishna, un dios que para los hindúes es la encarnación del gozo y del amor.
La senda está completamente señalizada y no tiene pérdida, así que no te preocupes. ¡Las vas a poder encontrar todas súper fácilmente! Solo tienes que prestar atención a todas las piedras con las que te cruces, porque en cualquier momento te puede sorprender alguna escultura.
De todos modos, Krishna, por ejemplo, tiene cuatro metros de alto. ¡Cómo para no verla!
Si seguimos el camino, en seguida vamos a dar con otras dos, Maitreya, un personaje importante en las prácticas religiosas de la antigua China, y Arjuna, un héroe de un poema épico hindú, el Mahabhárata.
Ni se te ocurra pestañear, porque las primeras siete esculturas están muy cerquita entre ellas.


Las siguientes dos, últimas de este primer tramo, son la Espiral del Brujo y Chemary, un gigante dormido de más de dos metros de altura que parece estar dormido. Por la forma de la piedra en la que está tallado, es verdad que parece estar saliendo de un libro. ¡Curioso!
Un poco más adelante — pero no mucho — nos encontramos con la primera de las dos esculturas que todavía están sin terminar.
De hecho, esta, al parecer, todavía no tiene nombre. Así que juguemos: ¿cómo la llamarías tú? A mí me parece un tela de araña gigante, así que he pensado en estas dos opciones: Red del Olvido, porque atrapa recuerdos olvidados; o Tejido Cósmico, porque igual al tocarla acabas en Marte.
¡En fin! Espero que seáis más imaginativos que yo, llegados a este punto.



Estamos ya en el ecuador de la ruta, con la novena y la décima a punto de revelarse ante nosotros. Estas son las esculturas que más mal rollito me dieron a mí, quizá por esos ojos tan grandes que tienen. ¡Penetrantes!
La Monja y el Chamán, una entre olivos y romeros y la otra vigilando el bosque desde un rincón, son bastante grandotas.
¡Por cierto! Al parecer, los autores dicen que el rostro del Chamán actúa como espejo, reflejando el estado de ánimo de aquellos que la miran. Yo no sé cómo estaría el día que fui…
No muy lejos, nos espera nuestro amigo Beethoven, con su pelo desordenado que parece ondear al viento del pantano. Y al llegar a este punto, si cierras los ojos y escuchas con atención, te envolverá la sinfonía más bonita que existe para los viajeros: el sonido de la naturaleza en su máximo esplendor.



Las esculturas talladas a continuación hacen referencia a varios duendes del bosque, incluido uno al que, por lo que sea, han decidido llamarlo Paleto. Se encuentran todos en un tramo de pared muy cercano a Beethoven, y hay unos cuantos.
Las más importantes son, el Paleto que ya he mencionado antes, el Duende de la grieta y el Duende indio, pero te animo a que busques todos los que puedas y los cuentes. Algunos tienen nombres bastante curiosos como El extraterrestre, las Caras de Cristina y Los Extraños.
Por la zona se pueden encontrar otras pequeñas caritas, aunque a mí me da que son más resultado del vandalismo que otra cosa. Ojalá se respetasen más estas obras, porque también hay algún graffiti por la zona, hecho por algún graciosillo.



Como curiosidad te diré que la única escultura que mira a la salida del sol es la siguiente de la ruta, De Muerte, que además es la más fotografiada del lugar. Aquí salen unos selfies divinos con el embalse de fondo, por si te estabas preguntando cuál es el mejor sitio para echar buenas fotos.
El autor, en este caso Jorge Juan, quiso simbolizar con ella un renacer. «Algo tiene que morir para que nazca lo nuevo».
Te aviso: ten cuidado, porque la siguiente escultura es fácil de pasar por alto. Está justo detrás de De Muerte, mirando hacia el pantano. Hablo de la Dama del Pantano, una figura tan evocadora que, cuando el embalse está a su máxima altura, el agua casi llega a tocarla.
¡Esa debe ser una imagen realmente impresionante!


Pasará un ratín hasta que llegues a la siguiente escultura, que es una cruz del temple en la Peña de las Vírgenes, frente al embalse. ¡Un signo de protección para las esculturas! Esta también es fácil de pasar por alto, así que, de nuevo, no te despistes mucho o te irás a casa sin verla.
Muy cerquita están la Virgen Flor de Lis (inacabada, e inspirada en la Virgen de la Almudena, patrona de Madrid) y la Virgen de las Caras, inspirada en Nuestra Señora de los Desamparados, la patrona de Buendía.
El último grupo de esculturas se encuentra paralelo al pantano, a menos de 200m de las Vírgenes y se conoce como el Grupo de la Cara del poder. Junto a la gran cara, hay otras más pequeñitas y algún que otro animalillo, como un zorrito.
Tienes que desviarte un poco del camino principal o te lo perderás, al estar fuera del trazado oficial.
¡Y con eso, has completado la ruta!




Información práctica
¿Cómo llegar?
Como ya te adelantaba antes, la ruta está a unos tres o cuatro kilómetros del pueblo de Buendía, en dirección hacia el embalse. Para llegar hasta ella puedes ir en coche, en bicicleta o a pie.
Si decides ir en coche o en bicicleta, desde Buendía puedes acceder hasta ella a través de una carretera asfaltada. Llegar es muy sencillo y el camino está muy bien señalizado.
Verás un pequeño parking y enseguida el pórtico de madera que da la bienvenida a la ruta. Si decides ir en bici, mi recomendación es que la dejes atada al comienzo de la ruta. No te va a ser muy cómodo acceder con ella a algunos de los lugares donde están las esculturas.
Tanto en bici como a pie, has de saber que la Ruta de las Caras está integrada en el PR-CU46, un sendero de pequeño recorrido que se desplaza por terrenos ligeramente ondulados y con poco desnivel.
A lo largo de este camino se puede llegar tanto al mirador de la Peña de la Virgen (precioso, os dejo alguna foto más abajo) como al camping de la Cespera.
Buendía está a dos horas en coche de Madrid, así que puede ser una muy buena escapada de ida y vuelta (aunque yo, ya sabéis, que siempre recomiendo que, en la medida de lo posible, pernoctéis en los pueblos. ¡Hay mucho que ver!). También está a una hora de Cuenca y Guadalajara.


Algunas recomendaciones
Si quieres que tu escapada sea lo más gratificante posible, permíteme ofrecerte algunos consejitos. Hay detalles clave que vale la pena tener en cuenta para evitar sorpresas inesperadas.
¡Aquí tienes una pequeña lista!
- No hagas la ruta en pleno verano — excepto que la hagas muy pronto por la mañana o ya cayendo el sol por la tarde, evitando las horas centrales de más calor — ni en pleno invierno. Las temperaturas pueden ser extremas. Yo te recomiendo hacerla en otoño o primavera.
- La entrada es completamente libre y gratuita, pero puedes — si te apetece — concertar una visita guiada con Alberto, el guía del pueblo (que además es estupendo). Para ello, deberás hacer una reserva previa a través del e-mail de la oficina de turismo: oficaturismobuendia@gmail.com.
- Si vas con bebés o niños pequeños que aún van en carro, ten en cuenta que el camino es pedregoso, hay desnivel y hay lugares donde no vas a poder acceder con él. Recomiendo usar mochilas de porteo o similares para esta ruta.
- De igual manera, las personas con movilidad reducida pueden encontrar serias dificultades para completarla.
No olvides llevar agua en cantidad, para ti, tu familia o tus peluditos, y recuerda que estás en plena naturaleza y que no hay muchas papeleras — solo en la zona del merendero –, así que recoge tus basuras y no dejes residuos en la zona. Y lo mismo digo para los desechos de tus mascotas.
Por cierto, en la propia oficina de turismo también puedes pedir información sobre las distintas actividades de multiaventura que se ofertan en la zona, como piragüismo, escalada o barranquismo.
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5 Comments
Alfredo
Interesante ruta para senderismo y disfrute de naturaleza y zona paisajística…muchas gracias por esta bonita redacción sobre tan mágico lugar.
María
La ruta es genial y a nosotros nos encantó. Ya sabes que nos encantan los paseitos así, curiosos. ¡Muchas gracias a ti por tu comentario!
Vir
¡Qué pasada de ruta! Me parece súper original las figuras de las caras talladas en la roca 🥰, hace años que le tengo ganas, además el entorno me parece precioso. Me ha encantado el artículo, amiga ❤️
María
Esta ruta mágica seguro que te encantaba. ¿Habéis ido a Buendía alguna vez o lo tenéis pendiente?
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