Ávila,  Pueblos Mágicos

Castillo-palacio de Magalia y una leyenda de amor prohibido en Las Navas del Marqués

En mitad de un mar de pinos y el aire fresco de la sierra de Malagón, hay un pueblo que sorprende por su tranquilidad: Las Navas del Marqués, en la provincia de Ávila.

No es casualidad que haya sido nombrado Pueblo Mágico de España este 2025.

¡Tiene ese algo especial que no se puede explicar del todo! Y justo ahí, en la parte más alta para que todo el mundo lo vea, está el Castillo-palacio de Magalia.

Impresiona desde fuera, claro, pero lo que más llama la atención no es solo su arquitectura. Es la sensación de que guarda historias, ¡muchas! Algunas se cuentan y otras solo se intuyen.

Una de ellas, que ha pasado de boca en boca durante generaciones, habla de un amor imposible. Un romance prohibido entre dos personas que no debían quererse, pero que lo hicieron igual, a escondidas, entre los muros del castillo.

No está escrita en los libros de historia, pero en el pueblo todos han oído hablar de ella. Y no es cualquier recuerdo. Fue un amor de los que no debían ser, de esos que deben esconderse…

Este post es para contarte esa leyenda, por supuesto, pero también para enseñarte todo lo que puedes ver y hacer si decides visitar este rincón del pueblo con tantísimo encanto. Porque sí, el castillo mola, pero lo que de verdad lo hace especial es lo que se siente cuando estás allí. ¿Nos vamos?

Ni típico, ni tópico: así es el castillo-palacio

No es el típico castillo medieval que encuentras por ahí, con su muralla imponente y su aspecto militar. Al contrario, el de Magalia tiene una elegancia discreta que no grita «fortaleza», sino que susurra «nobleza».

Fue mandado construir en el siglo XVI por Pedro Dávila y Zúñiga, el primer marqués de Las Navas como residencia familiar. Más que una fortaleza, lo que quería era un espacio que reflejara el poder de su linaje sin renunciar a la belleza de la arquitectura renacentista. ¡Y lo logró!

Sin embargo, este rincón ya tenía historia desde mucho antes: ahí sigue en pie la Torre del Homenaje, levantada en el siglo XIII como parte de las estrategias de defensa durante la Reconquista.

Don Pedro, que tenía más títulos que espacio en una tarjeta de visita (fue quinto Señor de Villafranca, tercer Conde del Risco y luego primer Marqués de Las Navas), recibió ese último nombramiento de manos de Carlos I por haber apoyado a la Corona durante las revueltas comuneras.

Junto con su esposa, María de Córdoba, decidió entonces construir este castillo-palacio y también el Convento de los Dominicos, que te enseñaré en otro post.

Durante más de dos siglos, fue el centro neurálgico de la vida política y administrativa del marquesado. Sus descendientes vivieron allí hasta que, ya en el siglo XVIII, se unieron con la familia Medinaceli y se mudaron más cerca de la Corte.

A partir de ahí, el castillo fue quedándose solo, y poco a poco empezó a deteriorarse. Como muchos otros lugares con historia, este espacio también ha tenido sus altibajos.

A principios del siglo XX, lo compró la Unión Resinera Española (Luresa), junto con los terrenos de la villa, y no fue hasta 1931 que se reconoció oficialmente su valor y se declaró Monumento Histórico Artístico — algo así como decir “esto hay que cuidarlo, porque es una joya”. ¡Y menos mal!

Unos años más tarde, en 1946, Luresa, decidió cederlo al Estado para que se le diera un uso cultural. Y así fue como empezó una nueva etapa para el castillo. En 1950 pasó por una gran rehabilitación y desde entonces ha tenido varias vidas: fue sede de una Escuela de Instructoras de Juventudes, también de una Escuela de Magisterio, y todo gestionado por la Sección Femenina de Falange.

La última gran reforma se hizo en 1980, y desde entonces el castillo sigue en pie, reinventándose una y otra vez. Hoy en día lo gestiona el Ministerio de Educación y Cultura, y aunque ya no se oyen espadas ni rezos, sigue siendo un lugar lleno de movimiento.

Pero, aunque sé que conocer la historia del castillo-palacio también te atrajo a este post, tú has venido aquí con hambre de leyendas, ¿verdad? Pues acomódate, que allá vamos.

«Magalia Quondam»

Grabadas en una piedra del muro exterior del castillo-palacio, están escritas unas palabras tan antiguas como enigmáticas:

«Magalia Quondam»

Su traducción más directa sería: «En otro tiempo, choza», o también «Érase una vez una casa rústica», «un lugar de buenos pastos», incluso «un paraíso perdido».

Sin embargo, hay quienes creen en una versión menos académica y más poética, que sirve como pórtico a una leyenda que aún vive entre los muros de piedra de este edificio:

«Magalia, ¿dónde estás?»

Porque así comienza una leyenda que, desde el siglo XVI, todavía estremece los cimientos del castillo que lleva su nombre. Dicen los habitantes de este pueblo abulense que, en los días de viento, aún se escucha un lamento desgarrado, que recorre los pasillos y se cuela por las rendijas de las torres:

«Magalia… ¿Dónde estás?»

La leyenda de Magalia

Cuenta la leyenda que don Pedro era un hombre de temple y poder, heredero del linaje de los Zúñiga, nobles de sangre y familia con mucha ambición. Construyó el castillo-palacio en 1540 sobre una antigua fortaleza medieval, por deseo de su esposa, doña María de Córdoba. Y allí creció su única hija, Magalia.

Magalia era bellísima, muy cabezona y de fuertes convicciones. Con unos ojos penetrantes que parecían ver más allá de tu alma y un espíritu libre, se asfixiaba entre los muros del poder y el deber.

Su padre, que la adoraba, vigilaba sus pasos con celo, como si intuyera que un destino inusual se cernía sobre ella. Y no se equivocaba…

Una noche de tormenta, cuando el cielo rugía como un mal presagio, Magalia desapareció.

No dejó más rastro que una capa blanca flotando en el torreón y el eco de unos pasos que no parecían del todo humanos. Había escapado por uno de los pasadizos secretos del castillo, el que conectaba con el Risco de las Navas, ayudada por una criatura que nadie había visto jamás, salvo, quizá, en sueños.

¡Un centauro!

Dicen que venía de las sierras madrileñas, de esos parajes donde la niebla lo oculta todo. Un ser mitad hombre, mitad bestia, que robó el corazón — o el juicio, según a quién preguntes — de la joven Magalia.

Lo que hubo entre ellos nadie lo sabe con certeza: amor, pasión, embrujo… Pero lo cierto es que huyeron juntos, galopando bajo la luna hacia un lugar que no aparece en los mapas.

Don Pedro jamás se repuso de aquella pérdida.

Dicen que su esposa, doña María, murió de pena y vergüenza, y que su epitafio — esculpido en piedra bajo el Cerro de la Cancha — lleva aún la marca de su dolor. El Marqués, aficionado a dejar su historia grabada en mármol, ordenó entonces una inscripción más críptica, más íntima, como si fuera un suspiro hecho piedra:

«Magalia, ¿dónde estás?»

Desde entonces, los días en que el viento azota con fuerza las almenas del castillo, los vecinos de Las Navas juran oír la voz de un padre desconsolado llamando a su hija perdida.

Algunos ven a una dama vestida de blanco cruzar los corredores del castillo, otros escuchan el llanto de un niño en lo más profundo de la fortaleza, y más de uno, al parecer, ha cruzado la mirada con un caballero vestido con su armadura, caminando bajo la luna.

Dicen que es don Pedro, que sigue buscando a su hija, que no descansa.

Porque la herida que dejó Magalia jamás cicatrizó.

Qué ver en el castillo-palacio

Visitar este castillo es como abrir una ventana al Renacimiento. ¡Viendo el exterior no te esperas lo que encuentras en el interior!

Y es que, aunque nació con alma de fortaleza, su interior te va a sorprender con la delicadeza y el refinamiento de un auténtico palacio. De ahí su nombre: castillo-palacio. Porque sí, tiene grandes torreones defensivos y muros súper robustos, pero al cruzar sus puertas todo cambia: estamos ante un lugar pensado también para el descanso y el disfrute.

La fachada principal ya nos da pistas: cuatro balcones volados, ventanas enrejadas con ese aire elegante del Renacimiento y una imponente puerta con arco de medio punto. Justo encima, un frontón triangular con el escudo de los Dávila nos recuerda quién mandaba aquí.

Pero uno de los rincones que más llama la atención es su galería gótico-mudéjar. ¡La vas a identificar enseguida!

Al entrar, el edificio nos recibe con unos escalones de piedra y un techo alto que impone. En la visita guiada, me contaron que en este espacio, antiguamente, el marqués resolvía los asuntos de los campesinos. Aquí hay una puerta (hoy cerrada) que conecta con un pasillo que, presuntamente, acaba en el interior del Convento de Santo Domingo y San Pablo.

Lo siguiente es acceder a su majestuoso Patio de Honor, con una estructura de dos alturas. ¡Precioso!

Las galerías del patio tienen un encanto innegable, con una exposición de litografías de obras del Museo del Prado de Madrid y una curiosa colección de baúles del siglo XIX.

En el salón de honor se guardan algunos de los tesoros más valiosos del castillo, incluido el pavimento más antiguo que aún se conserva. Todo un viaje en el tiempo.

Y si lo tuyo son los libros, no te pierdas la biblioteca. ¡Ya sabes que yo tengo especial debilidad por ellas!

Tiene dos salas conectadas por un pasadizo que recuerda a las fortalezas feudales. En la primera, un cuadro flamenco del pintor veneciano Aniconi, cedido por el Museo del Prado, representa una escena costumbrista que atrapa la mirada. ¡Literalmente!

Mini-truqui: observa la punta del zapato del protagonista de esta obra. La mires donde la mires, siempre está frente a ti, ¿verdad? ¡El efecto Gioconda!

La segunda sala, por su parte, alberga una de las tres bóvedas planas que existen en España (sí, solo tres), y dos de ellas están aquí. La tercera está nada menos que en el Real Monasterio de San Lorenzo de El Escorial.

La capilla, de construcción bastante más reciente, está en uno de los torreones más antiguos (siglo XIII). ¡Flipa con las pinturas murales cubistas!

Información práctica

Si después de leer sobre su historia y sus rincones mágicos te han entrado ganas de visitar el Castillo-palacio de Magalia, aquí va una guía rápida con todo lo que necesitas saber para planificar tu visita sin complicaciones.

Ubicación y cómo llegar

El Castillo de Magalia se encuentra en Las Navas del Marqués, en la Plaza Nueva, nº 1, y a medio camino entre Madrid y Ávila. Es un plan perfecto para una escapada de un día o un finde tranquilo.

Si vienes en coche, desde Madrid, hay 85 kilómetros y el trayecto es de una hora y 15 minutos, más o menos. Solo tienes que tomar la A-6 y luego desviarte por la M-505 hasta Las Navas. ¡Además está muy cerquita de San Lorenzo de El Escorial, otro Pueblo Mágico de España!

Desde Ávila, el trayecto es más cortito, de unos 35km, o media horita.

También puedes venir hasta aquí en tren. Renfe opera trenes desde Madrid (Estación de Príncipe Pío) hasta Las Navas del Marqués. El trayecto dura aproximadamente una hora y 20 minutos. Desde la estación puedes llegar al castillo dando un paseo de unos 15-20 minutos.

Si quisieras venir en autobús, Grupo Avanza realiza viajes entre Ávila y Las Navas del Marqués, y desde San Lorenzo de El Escorial también puedes tomar la línea 666 de Autocares Herranz que une ambos pueblos. ¡Échale un ojo a sus páginas web!

Horarios y tarifas

El jardín del castillo abre todos los días al público de manera gratuita. De lunes a viernes, permanece abierto de 8:00 a 17:00, mientras que los fines de semana y los festivos abre de 10:00 a 19:30 (en julio y agosto) y de 10:00 a 17:00 (el resto del año).

Durante la temporada navideña, del 21 de diciembre al 6 de enero, abre sólo de 10:00 a 17:00.

Pero, María… ¡Yo quiero conocer el castillo por dentro! Y por supuesto que lo harás. Para ello, sólo tienes que apuntarte a una visita guiada que ofrecen desde la oficina de turismo.

Las visitas guiadas al castillo tienen lugar los sábados a las 12:30, excepto en julio y agosto, que tienen lugar a las 10:00 y a las 11:15. Aunque se necesita un mínimo de 10 personas para que se lleven a cabo.

Tienen una duración de una hora y 20 minutos, más o menos, y la entrada cuesta 2€ por adulto (o 1,50€ por niño de entre 6 y 14 años). La entrada es gratuita para menores de 5 años.

Además, en los meses estivales, puedes visitar el castillo-palacio también los jueves a las 10:00 y a las 11:15, o el conjunto de monumentos de Las Navas (castillo-palacio, Convento de Santo Domingo y San Pablo, Iglesia Parroquial de San Juan Bautista y ermita del Cristo de Gracia) los viernes a las 10:00.

Esta última visita conjunta dura unas tres horas y media y cuesta 5€ por adulto y 2€ por niño.

Para reservar, escribe a hola@turismolasnavas.es o llama al 91 897 20 00 o al 91 897 24 04.

Los perretes, por si te lo estás preguntando, solo pueden entrar a los jardines. ¡Su acceso al interior no está permitido!

¿Te animarías a incluir este lugar tan mágico en tu próxima escapada? Cuéntame si ya lo conoces o si lo estás apuntando en tu lista. ¡Te leo en los comentarios!

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One Comment

  • Alfredo

    Que historia tan enigmática la de Magalia…una desaparición misteriosa y una búsqueda incansable hasta el día de hoy que los vecinos de la zona se esfuerzan por contar con detalles de voces,visiones,vientos etc etc.
    Sin duda un lugar que visitar.
    Gracias María.

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