Escondido en Ávila: el jardín botánico con flora de todo el mundo que muy pocos conocen
Muy cerca del pequeño pueblo de La Adrada, en Ávila, se extiende un lugar mágico que ha permanecido prácticamente oculto para el gran público durante décadas: el Jardín Botánico Valle del Tiétar.
Este espacio de unas nueve hectáreas alberga cerca de 2.000 especies vegetales provenientes de todo el planeta, en una mezcla única que combina plantas autóctonas con especies traídas desde Asia, América, África, Oceanía y Europa. ¡Samuel y yo aprendimos un montón durante la visita!
Esta diversidad solo es posible gracias a la ubicación privilegiada del jardín, protegido por la Sierra de Gredos, que le otorga un clima suave y condiciones ideales para el desarrollo de muchas variedades poco comunes en esta región.
Además, rodeado solo por un muro de piedra, permite el paso de la fauna local: ardillas, ciervos, corzos, tejones, aves rapaces… ¡Un jardín vivo dentro de la naturaleza! Aunque eso signifique que a veces sus dueños se encuentren con algún que otro desastre…
El objetivo de este espacio es claro: convertirse en un portal donde confluyan naturaleza, cultura y salud, pero también servir como escuela viva para todas las edades.
A lo largo de los años, el jardín ha crecido mucho gracias al esfuerzo de toda una familia, voluntarios, donaciones de plantas y semillas traídas de países muy variados y el apoyo de la Sociedad de Amigos del Jardín, creada en 2008.
Un claro ejemplo de que, al unir esfuerzos, logramos alcanzar cosas extraordinarias.



Un jardín con historia: los orígenes
Antes de entrar en el jardín, déjame que te cuente cómo nació el Jardín Botánico Valle del Tiétar, porque detrás de este rincón hay mucho (mucho) compromiso, amor por la tierra y paciencia.
Su historia comenzó hace varias décadas en una finca familiar en el Valle del Tiétar, justo al borde de la carretera CL-501, entre los pueblos de La Adrada y Piedralaves, en la provincia de Ávila.
Hace más de 50 años, una familia alemana compró dicha finca en una zona que, aunque sigue siendo muy poco conocida turísticamente, tiene un microclima especial y una riqueza natural impresionante, con una gran variedad de especies vegetales y animales.
Allí, durante años, fueron plantando árboles y flores, cuidando del terreno con muchísimo respeto y una gran dedicación. ¡Estos son los proyectos que más me gustan, los que nacen del amor!
Pero el jardín que hoy puedes visitar no fue algo que se planificara de un día para otro.
En 2002, Axel Mahlau, el actual responsable, su mujer y sus hermanos decidieron que querían compartir ese lugar con más personas.
Su intención no era que el jardín permaneciera como un lugar privado, sino convertirlo en un espacio abierto, educativo y comprometido con la conservación de la naturaleza. Querían que se convirtiera en una herramienta para enseñar, especialmente a las nuevas generaciones, la importancia de cuidar el medio ambiente y valorar la biodiversidad.
Este compromiso tiene mucho que ver con la vocación profesional de Axel, filólogo alemán y profesor ya jubilado, quien además es un apasionado de la biología y la botánica. ¡Un hombre con un gran conocimiento!



Desde sus inicios, el jardín se ha desarrollado con recursos limitados, sin recibir subvenciones oficiales, pero con el apoyo de numerosos amigos y colaboradores que han contribuido de diversas formas: aportando plantas y semillas, colaborando en las labores del jardín, organizando eventos y donando económicamente.
Esta colaboración culminó en la creación de la Sociedad de Amigos del Jardín Botánico Valle del Tiétar que te mencionaba antes, una asociación sin ánimo de lucro que apoya la conservación y difusión del jardín.
Gracias a todas estas aportaciones, el jardín ha experimentado diversas mejoras e innovaciones, como la ampliación de caminos, la construcción de un gran depósito de agua, la creación de arriates de flores y la plantación de nuevas especies.
Además, el jardín apuesta por la sostenibilidad, utilizando energías renovables, practicando técnicas respetuosas con el suelo y el agua, y cuidando de cada rincón para que funcione como un ecosistema equilibrado.
También se incorporan elementos artísticos y culturales, con obras de artistas locales que dialogan con la naturaleza y enriquecen la visita. ¡Si hasta se organizan conciertos y otros eventos en este lugar tan privilegiado!
Y para poner la guinda a todo este trabajo, en marzo de este año, la alcaldesa de La Adrada, Pilar Martínez, junto con el teniente-alcalde, entregaron a Axel el distintivo de calidad turística SICTED al Jardín Botánico Valle del Tiétar.
Un reconocimiento oficial que confirma la importancia y el buen hacer de este espacio, que busca crecer como un referente natural y turístico de la zona. ¡Y por eso hay que visitarlo!
Qué encontrarás en el jardín
Ya te habrás hecho una idea, pero por si acaso, no está de más decir que el Jardín Botánico Valle del Tiétar no es un simple espacio verde.
Este espacio es un refugio natural que refleja la enorme riqueza de la flora autóctona de la zona, un tesoro que muchas veces pasa desapercibido, incluso para quienes viven aquí. ¡22 años de mi vida con una casa a 15 minutos en coche y lo acabo de conocer!
Por eso, una de las grandes apuestas del jardín es mostrar al público todas esas plantas que crecen espontáneamente en los alrededores. Por ejemplo, alrededor de un pequeño prado encontrarás hasta 12 especies diferentes de árboles que crecen de forma natural, sin intervención humana, y eso ya te da una idea del valor ecológico que tiene este lugar.
Para que no te pierdas nada de esta riqueza local, el jardín tiene un recorrido especial donde agrupan las plantas más representativas del entorno, como jaras, retamas y brezos, además de las especies arbóreas más comunes. ¡Imposible perderte nada!



Eso sí, dentro del jardín, además de estas especies autóctonas, verás muchas otras plantas agrupadas según diferentes criterios, como flores de bulbos y vivaces en arriates, o especies que vienen de distintas regiones de España y del mundo, plantadas en pequeñas «islas».
Así puedes, por ejemplo, descubrir plantas que son típicas de la zona de las Islas Canarias, de la Selva Negra, en Alemania, o incluso de países como Venezuela, Siria, Brasil, Canadá o Australia.
Entre las zonas que más llaman la atención están las dedicadas a las plantas desérticas americanas — donde verás cactus, agaves y yuccas (no creo haber visto tantas juntas en toda mi vida) –, la sección de coníferas — con especies que resisten bien el frío y el viento — y los parterres con plantas medicinales, que recuerdan la historia de los jardines botánicos como lugares de cultivo para remedios naturales.
Recientemente, el jardín ha añadido nuevas áreas con frutales y árboles de hoja caduca, lo que aporta un cambio constante en el paisaje con las estaciones. Un lugar mágico, lo visites cuando lo visites.
¡Si hasta tienen flora de antes de que existiesen los dinosaurios!
También te llamarán mucho la atención sus muchos estanques, que no solo embellecen el lugar sino que crean microhábitats ideales para ranas, tritones, peces y moluscos, además de atraer a libélulas y a una variedad de aves.
Estos pequeños ecosistemas acuáticos son un espectáculo en sí mismos y demuestran cómo el jardín cuida y fomenta la biodiversidad.
Y como toque especial, el jardín también tiene animales domésticos como ovejas, cabras, cerdos enanos, burros, patos, ocas, pavos reales, gallinas y palomas.
Estos animales no solo forman parte de la experiencia, sino que muchas veces se pueden acariciar y alimentar, algo que suele encantar sobre todo a los más peques. ¡Una mini granja!



Cuatro formas de vivirlo
Pero para mí, una de las mejores cosas que tiene este jardín es que está abierto todo el año, por lo que puedes disfrutar de su belleza en cualquier estación.
En invierno, por ejemplo, florecen cítricos, madroños, abelias y nísperos, además de plantas como la Helleborus Niger o rosa de Navidad. En enero, empiezan a salir las primeras violetas, vincas y hortensias de invierno, y pronto llegan las mimosas, almendros y narcisos silvestres.
Mientras tanto, las coníferas mantienen su verdor durante todo el año, dando vida al jardín en los meses más fríos. Ya tengo ganas de enseñártelo en sus distintas fases.
La primavera, como era de esperar, es sin duda la temporada más colorida, con la floración de frutales y cientos de flores silvestres y cultivadas. El aire se llena de aromas, por ejemplo, de las rosas banksiae.
En verano, aunque hace calor, los árboles de hoja caduca siguen en plena forma y también florecen plantas aromáticas, adelfas, equináceas y hortensias, junto con los cactus, que están en su mejor momento. Los estanques rebosan vida con nenúfares, ranas y libélulas.
En otoño, el jardín se transforma en un espectáculo de colores gracias a tilos, arces japoneses, cipreses de los pantanos, robles americanos y zumaques, que tiñen el paisaje de rojos, amarillos y naranjas. Los crisantemos, salvias, naranjas y madroños aportan otros tonos igual de bonitos.



Y, aunque seguro que ya te habrás dado cuenta por ti mismo, el jardín no es un lugar donde simplemente se acumulen plantas. Axel ha seleccionado cuidadosamente las especies, priorizando aquellas que pueden vivir bien con las condiciones climáticas y sin un gran consumo de recursos, para que el jardín sea sostenible a largo plazo.
Esto no quita que haya ejemplares que necesitan cuidados especiales y que se atienden con mimo en espacios adaptados, como invernaderos. ¡Imposible no perderse aquí dentro!



Pero no todo son plantas…
Como lo lees, querido lector. ¡Aquí dentro entra mucho, mucho más que plantas!
Una de las cosas que más me sorprende del lugar es cómo el arte está presente de forma totalmente natural. No es algo que rompa el paisaje. ¡Al contrario!
Hay esculturas integradas entre los árboles, escondidas a veces, y te las encuentras de pronto. Son obras hechas por artistas locales, muchas de ellas por Luis Arencibia, escultor y artista español, y gran amigo de Axel, fallecido en 2021.
¡Si eres de Leganés, seguro que te suena mucho su nombre!
El jardín también tiene una programación cultural continua durante todo el año, que a veces es muy discreta — como el lugar –, pero tremendamente valiosa. Se celebran conciertos íntimos al aire libre, normalmente con música de autor, folk o acústico.


Y cuando piensas que eso es todo… ¡Llega la sorpresa!
Además de la música, el jardín organiza encuentros, talleres y actividades para todos los públicos. A veces hay quedadas espontáneas de gente que quiere intercambiar semillas o aprender a reconocer setas. Otras veces son talleres más organizados: de cocina vegetariana, de alimentación saludable, de idiomas, de relajación, e incluso de jardinería.
No es un jardín para pasear y ya (¡y menos mal!). Es un sitio al que puedes ir a participar, a ensuciarte las manos o a aprender algo.
Personalmente, me parece que hay algo muy valioso en la forma en que aquí se mezcla lo cultural con lo natural. No es un centro cultural dentro de un jardín, ni un jardín con actividades culturales añadidas. Es un «todo en uno». ¡Me encanta!



Información práctica
Si después de leer todo lo anterior, ya te estás imaginando entre nenúfares, mariposas y vegetación súper variada, seguro que quieres saber cómo llegar, cuándo ir o cuánto cuesta, ¿verdad?
Pues no te preocupes, porque aquí te dejo todo lo que necesitas saber para que tu visita al Jardín Botánico Valle del Tiétar sea lo más fácil y bonita posible.
¿Cómo llegar?
Llegar al Jardín Botánico Valle del Tiétar es sencillo, pero conviene saber exactamente dónde está, porque no se encuentra dentro del pueblo, sino un poco apartado, en plena naturaleza.
Si vienes en coche, deberás saber que está situado en el kilómetro 21,600 de la carretera CL-501, en el tramo que une La Adrada y Piedralaves, en un paraje conocido como «La Pinochera». No verás un gran cartel, ni una entrada muy grande. De hecho, ¡esa discreción es parte de su encanto!
Si vienes desde Madrid, tienes que tomar la A-5 — la autovía de Extremadura — y salir por la salida 123, en dirección a San Martín de Valdeiglesias.
Desde allí, sigue por la CL-501 en dirección a Arenas de San Pedro. Una vez llegues a La Adrada, continúa por la misma carretera y, tras pasar el pueblo, atento: unos dos kilómetros más adelante verás a tu derecha primero «El Paraíso del Tiétar» y luego el restaurante «Bellas Vistas», dos referencias claras que te indican que estás cerca.
Pocos metros después, a mano izquierda queda el complejo «La Cabaña». En ese punto ya casi estás. Puedes dejar el coche aparcado unos 50 metros más adelante, en la zona habilitada para visitantes, o, si tienes, por ejemplo, movilidad reducida, avanzar unos 100 metros más hasta la entrada directa.
Por el contrario, si llegas desde Piedralaves o desde Arenas de San Pedro, tendrás que conducir por la misma CL-501 en dirección a La Adrada. Poco antes de llegar al pueblo, justo después de una curva cerrada y un pequeño cambio de rasante, verás el acceso al jardín a tu derecha.
Si no dispones de coche, también puedes llegar en autobús desde Madrid. La empresa SAMAR tiene una línea que va desde Méndez Álvaro (Estación Sur) hasta varios puntos del Valle del Tiétar.
Al comprar el billete, elige dirección Arenas de San Pedro, y pide al conductor que te deje en la parada llamada «La Cabaña», que está justo en la zona del jardín. Desde esa parada, solo tienes que caminar unos 300 metros hasta encontrarte con la entrada principal, situada a tu izquierda.



Horarios y tarifas
El jardín está abierto a lo largo de casi todo el año, adaptándose a las estaciones, pero con el objetivo de mantener siempre un programa de visitas regular. ¡Pronto lo lograrán, seguro!
Ahora mismo, puedes ir sin cita previa los sábados y domingos de 11:00 a 13:00, y en el resto de días y horarios, tendrás que llamar por teléfono o escribir un WhatsApp a Axel para concertar una visita.
La entrada general cuesta 4€ por persona, aunque el precio puede variar si asistes a un evento, taller o concierto. Ah, y por solo 20 €, puedes hacerte socio del jardín y disfrutar de acceso ilimitado durante todo el año, además de obtener descuentos o entradas reducidas para actividades especiales.
¿Mi recomendación? Que estés atento siempre a sus redes sociales (Facebook e Instagram, sobre todo) para mantenerte al tanto de todo lo que hacen. Si tienes ganas de ir, no dudes en escribir a este teléfono: +34 640 380 302. ¡Te va a encantar!
Por cierto, es importante que tengas en cuenta que estos precios no siempre están publicados formalmente en ningún sitio online, por lo que es recomendable que confirmes esta info antes de ir.
El pago normalmente se realiza en efectivo a la entrada. Aunque para eventos concretos es habitual reservar y pagar por adelantado.

Consejitos de viajera
Para terminar, déjame darte algunos consejos prácticos y personales, de esos que he ido apuntando mentalmente después de pasar una mañana en el jardín.
- No vayas con un horario muy ajustado. Este lugar está lleno de plantas y detalles que merecen que le dediques tiempo. Además, Axel y su familia, que harán las veces de guías, tienen mucho que compartir contigo, y estoy segura de que tú vas a querer hacerles muchas (muchas) preguntas. ¡Disfrútalo con calma!
Lleva calzado cómodo. Mejor que lleves unas buenas zapatillas para pasear por caminos de tierra, subir y bajar sin problema y no preocuparte por el terreno. Hay sombra en muchas zonas, pero si vas en primavera o verano, la gorra y la crema solar no te van a sobrar.
No olvides una botellita de agua. ¡Siempre viene bien, y hay que mantenerse bien hidratados!
Si vienes con tu peludito (¡sí! ¡Espacio dog-friendly!) llévalo atado todo el tiempo. Sobrará decir que no deberás permitirle deambular por ahí, comiéndose las plantas o desenterrando bulbos, pero por si acaso… ¡Vigila a tu amigo!
Si puedes, evita los días (y horas) de más calor o los festivos. El jardín se disfruta mucho mejor cuando hay tranquilidad. ¡Y avisa de tu visita con todo el tiempo que puedas!
Cualquier época es una buena época. Sé que no se suelen visitar los lugares así en invierno, pero dale una oportunidad también en esas fechas. Te vas a sorprender, 100%.
Y por último, déjalo mejor de lo que lo encontraste. Puede parecer obvio, pero conviene recordarlo. No dejes residuos, respeta los caminos, no arranques flores ni toques lo que no se debe. Este jardín es fruto de años de trabajo paciente y los visitantes también debemos cuidarlo.
Si decides visitarlo, o si ya lo conoces, me encantaría saber cómo fue tu experiencia. ¿Hay alguna planta que te sorprendió? ¿O te cruzaste con algún animal en mitad del recorrido?
Puedes contarme tu experiencia en los comentarios, o escribirme directamente si tienes dudas o necesitas consejo para organizar tu escapada.
Y si crees que este artículo puede servirle a alguien más que ame la naturaleza y la tranquilidad, no dudes en compartirlo. ¡Sería de gran ayuda!
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