Conoce el Panteón de París, el monumento que honra a las grandes mentes de Francia
En el histórico Barrio Latino de París, sobre la colina de Sainte-Geneviève, se encuentra uno de los edificios más impresionantes y simbólicos de la ciudad: el Panteón.
Su fachada neoclásica — con sus columnas corintias y su enorme cúpula — llama la atención desde lejos y es un reclamo para los amantes de la arquitectura y los curiosos que pasamos cerca.
¡Impresiona mucho cuando lo tienes delante!
Pero el Panteón es mucho más que un monumento bonito. Su historia — tan compleja como la propia historia de Francia — lo convierte en una especie de espejo en el que se refleja la evolución del país desde el Antiguo Régimen hasta la República moderna.
La idea original del edificio nació en el siglo XVIII y tiene una historia súper curiosa. Además, en su cripta descansan alguno de los pensadores más influyentes de Francia.
¿Quieres conocer todos estos detalles? ¡Pues sigue leyendo!


De iglesia real a mausoleo de la nación
Vamos con un poquito de historia primero, ¿te parece?
Antes de ser el mausoleo laico que hoy conocemos, este lugar fue elegido por Clodoveo, primer rey cristiano de los francos, para construir una iglesia junto a la tumba de Sainte-Geneviève (Santa Genoveva, en castellano), la patrona de París.
Esto convirtió la colina en un centro espiritual y político, marcando el nacimiento del nuevo París tras la caída de Roma.
Siglos más tarde, la zona se consolidó como un foco de erudición y aprendizaje, albergando la abadía de Santa Genoveva. Esto daría origen a la Universidad de París. Como ves tiene un origen bastante chulo, diría yo.
Pero, querido lector, el edificio que podemos visitar hoy tuvo su origen en 1744, cuando Luis XV cayó gravemente enfermo durante la Guerra de Sucesión austriaca. ¿Y esto que tiene que ver? Pues dentro historia…
En su desesperación, el monarca invocó la protección de Santa Genoveva y, milagrosamente, se recuperó. Para agradecer su ayuda a la santa, decidió peregrinar a su tumba para rendirle homenaje.
Al llegar se encontró un templo bastante desmejorado — llevaba casi un milenio en la colina, imagínate — , así que prometió reconstruirla. ¡Pero las arcas del Estado estaban vacías!
Para financiar la obra, Luis XV organizó una gran lotería real y no fue hasta el 6 de septiembre de 1764, casi veinte años después de su promesa, que colocó personalmente la primera piedra del edificio.
Y la pregunta aquí es… ¿Le tocaría a alguien el premio gordo o fue todo una farsa para recaudar el dinero?


Sea como fuera, el encargo recayó en Jacques-Germain Soufflot, un joven arquitecto que hasta entonces era poco conocido, y cuya ambición era rivalizar con grandes templos europeos como San Pedro en Roma y San Pablo en Londres.
La audacia de su obra le valió elogios y críticas y aunque falleció antes de su finalización, dos de sus discípulos — Maximilien Brébion y Jean-Baptiste Rondelet — completaron el proyecto en 1790, año en que el Panteón se convirtó en el edificio más alto de París hasta la construcción de la Torre Eiffel en 1889.
Eso sí, la tranquilidad duró poquísimo. Apenas concluida su construcción, la Revolución Francesa cambió por completo su destino.
La muerte de Mirabeau en 1791 marcó la primera «panteonización» del edificio, seguida por la de Voltaire ese mismo año y la de Rousseau en 1794.
Así se convirtió en espacio de memoria y reconocimiento de quienes habían contribuido al progreso de Francia en la literatura, la ciencia, la filosofía y la política.


Sin embargo, el siglo XIX estuvo marcado por constantes oscilaciones entre iglesia y mausoleo según los cambios de régimen. Vayamos por partes, en una pequeña lista:
- En 1806, Napoleón Bonaparte devolvió el edificio a la Iglesia católica, aunque mantuvo la cripta para enterrar a los dignatarios del Imperio.
- En 1815, bajo la Restauración, volvió a ser completamente iglesia.
- En 1830, durante la Monarquía de Julio — el régimen constitucional en Francia bajo el reinado de Luis Felipe de Orleans — recuperó la función laica.
- En 1848, se rebautizó como Temple de l’Humanité con la Segunda República.
- Y en 1851, con el Segundo Imperio, regresó a la Iglesia.
No fue hasta 1885, en el funeral de Victor Hugo — autor de Los Miserables o Nuestra de Señora de París –, que el Panteón se consolidó definitivamente como mausoleo laico, función que, como sabes, mantiene hasta hoy.
Eso sí, incluso en el siglo XXI, el Panteón continúa evolucionando como espacio cultural, acogiendo exposiciones contemporáneas, conferencias, talleres y otras actividades. ¡Así que su historia sigue!
Qué ver en el Panteón
Ya te he dicho que por fuera impresiona un montón, así que vamos a empezar nuestro recorrido justo ahí, antes de cruzar su umbral. ¡Y luego entramos dentro!
Fachada y arquitectura exterior
La fachada del Panteón, de estilo neoclásico, está inspirada en los grandes templos de la Roma antigua: 44 columnas corintias sostienen un frontón del siglo XIX, en el que la República entrega coronas de laurel a los grandes personajes de la historia.
A la izquierda se representan científicos y filósofos, con figuras como Laplace, Berthollet, Monge, Voltaire y Rousseau; a la derecha, la historia y los militares, entre ellos Napoleón y estudiantes de la Escuela Politécnica.
La inscripción que corona la entrada, «Aux grands hommes, la patrie reconnaissante», resume muy claramente cuál es la misión del Panteón: ser un lugar de homenaje a quienes han hecho avanzar a Francia.
La planta del edificio es una cruz griega — cuatro brazos de igual longitud –, un diseño innovador en el siglo XVIII. Su triple cúpula de 83 metros de altura permite que la luz natural entre a través de 45 ventanales, además del óculo central.
Si te fijas bien, verás algunas ventanas tapiadas. Se trata de un vestigio de la transformación de iglesia a Panteón durante la Revolución. ¡Un detalle curioso que puede pasar desapercibido!


El interior: mucha luz, frescos y esculturas
Al entrar, la luz natural de las ventanas superiores y del óculo central de la cúpula inunda la nave, creando un ambiente bastante solemne.
Las paredes y bóvedas están decoradas con frescos que relatan la vida de Santa Genoveva, episodios históricos de Juana de Arco, Clodoveo o Carlomagno, y escenas patrióticas que celebran la República.
Resulta importante destacar también las esculturas, como La Convención Nacional, que representa la primera Asamblea de la República, y los monumentos a Rousseau y otros grandes hombres.
Una mezcla entre iconografía religiosa y símbolos laicos que reflejan la compleja historia del Panteón.


El péndulo de Focault
Uno de los elementos más emblemáticos del Panteón es el péndulo de Foucault, instalado originalmente en 1851 para demostrar la rotación de la Tierra. Esto ponía en las invitaciones que se mandaron para presenciar el experimento:
Le invitamos a venir a ver girar la Tierra.
¿Y quién no querría correr a comprobarlo?
Este experimento revolucionario atrajo a multitudes en su momento y hoy sigue fascinando a los visitantes. Desde 1995, lo que hay aquí es una réplica, eso sí. ¡Ojalá fuese el original!


La cripta y los grandes personajes
Bajando por las escaleras que conducen a la cripta, se llega a la parte más solemne del Panteón, la última morada de más de 70 personalidades francesas.
Entre ellos se encuentran filósofos como Voltaire y Rousseau, escritores como Victor Hugo, Émile Zola y Alexandre Dumas, científicos como Pierre y Marie Curie y figuras políticas y de la resistencia como Jean Moulin, Jean Jaurès o René Cassin.
Cada una de estas tumbas es un homenaje al compromiso con los valores de la República: libertad, igualdad, justicia, paz y tolerancia.
Las mujeres, históricamente ausentes, comenzaron a ser inhumadas a partir de 1995, con Marie Curie siendo la primera, seguida de Geneviève de Gaulle-Anthonioz, Germaine Tillion, Simone Veil y Joséphine Baker.
Algunas de ellas son homenajeadas aquí mediante cenotafios o inscripciones, al igual que otras figuras simbólicas como los Justos de Francia — ciudadanos no judíos que arriesgaron sus vidas para salvar a judíos durante el Holocausto — o Aimé Césaire, poeta y político martinicano.


Unas vistas impresionantes
Finalmente, si quieres vivir la experiencia completa, el Panteón tiene un mirador con vistas panorámicas de París.
Desde lo alto de la colina de Sainte-Geneviève, se puede contemplar la ciudad en toda su extensión, un recordatorio de la posición estratégica del monumento y de su intención original de servir como faro sobre la ciudad.
La subida puede costar un poquito — son 206 escalones –, pero el esfuerzo se recompensa con una perspectiva única y la posibilidad de apreciar el Panteón desde el exterior y el interior en un solo vistazo.
La entrada cuesta 3,5€ aparte de lo que ya cuesta entrar al Panteón y abre del 1 de abril al 30 de septiembre de 10:00 a 16:30 y hasta el 31 de octubre de 10:00 a 16:00.
¡Yo no pude subir, pero me habría encantado! Me lo guardo para la próxima (que la habrá).


10 (+1) curiosidades
Quien me conoce bien sabe que me encantan las curiosidades de los lugares con tanta historia, y que intento, siempre que puedo, recuperar al menos 10 de ellas. ¡Y yo te traigo siempre una más de regalito!
Aquí van algunas de las más interesantes sobre el Panteón de París:
Solo un presidente francés ha sido enterrado allí tras su muerte. En 1894, el presidente Sadi Carnot fue inhumado en el Panteón tras ser asesinado y hasta hoy sigue siendo el único jefe de Estado francés en recibir este honor.
La historia de las mujeres en el Panteón tiene matices poco conocidos. Si bien Marie Curie es conocida como la primera mujer admitida por méritos propios en 1995, mucho antes ya había una mujer enterrada allí. En 1907, Sophie Berthelot, esposa del químico francés Marcellin Berthelot, fue ingresada junto a él por una disposición especial en homenaje a su «virtud conyugal».
La cúpula del Panteón está formada por tres cúpulas superpuestas de piedra, una solución estructural bastante compleja para su época, ya que normalmente se usaba madera también para el «esqueleto».
Y si seguimos hablando de la cúpula, las ventanas altas que iluminan la nave no se ven desde el exterior, una ilusión arquitectónica pensada para mantener la pureza de la fachada clásica mientras se maximiza la luz interior.
La cripta del Panteón no está «bajo tierra» como un sótano típico, sino que tiene galerías con ventanas que dan al exterior. Desde luego, ¡no es una cripta al uso!
Por cierto, la capacidad original prevista para la cripta podría haber sido hasta de unas 300 tumbas, aunque hoy hay solo 81 personas enterradas.
Cuando las funciones del edificio cambiaban, incluso se colocaba o retiraba una cruz en la parte superior de la cúpula, dependiendo del régimen político en el poder.
Eso sí, originalmente en lo alto de la cúpula iba una estatua de Santa Genoveva, la patrona de París, que finalmente nunca se colocó.
El Panteón no siempre estuvo libre de controversias políticas, como lo muestra el hecho de que la tumba de Robert Badinter — quien lideró la abolición de la pena de muerte en Francia — fue objeto de una polémica antes de su homenaje en 2025.
Te he dicho antes que desde 1995 el péndulo de Focault que hay aquí es una replica, ¿pero dónde está el original? Expuesto en el Musée des Arts et Métiers, en una vitrina tras haber sido dañado en 2010.
Y, como curiosidad extra, te diré que la Biblioteca de Sainte‑Geneviève justo enfrente del Panteón guarda parte del legado intelectual francés del que este monumento es símbolo ¡Su colección se salvó durante la Revolución Francesa!


Información práctica
Se dice pronto, pero venir a visitar el Panteón es meterse de lleno en un lugar con más de 2.000 años de historia, arte y cultura francesa.
Pero para disfrutar de la experiencia, es útil contar con todo los detalles prácticos necesarios. ¡Y para eso estoy yo aquí!
¿Cómo llegar?
El Panteón se encuentra en la Place du Panthéon, en pleno Barrio Latino, rodeado de librerías y cafeterías con rollazo (por si al salir te apetece tomar algo).
Si vas en coche, no te preocupes, hay varios aparcamientos cerca, pero París siempre es París, así que llega con tiempo.
Mi consejo: si quieres disfrutar del paseo y del ambiente del barrio, lo mejor es el transporte público.
En metro, puedes bajarte en la estación Maubert-Mutualité (línea 10) o en Place Monge (línea 7). Ambas están a cinco minutos andando del monumento y el paseíto vale mucha la pena.
Si vienes en RER, la estación Luxembourg (línea B) es la más cercana.
Horarios y tarifas
El Panteón abre todos los días, así que tienes margen para organizar la visita.
Entre abril y septiembre abre de 10:00 a 18:30, mientras que de octubre a marzo el horario se reduce un poquito, de 10:00 a 18:00. Eso sí, toma nota: el último acceso es 45 minutos antes del cierre, así que no llegues a la carrera.
Algunos días cierran parcialmente o modifican horarios: el primer lunes laborable del mes suele abrir más tarde, hay cierres durante ciertos festivos como el 1 de enero, 1 de mayo y 25 de diciembre y a veces el mirador no está accesible por mantenimiento.
¡Infórmate bien en su página web!
El precio de la entrada depende de la época del año, pero está entre los 13€ y los 16€. Los menores de 16 años, jóvenes europeos hasta los 25 y las personas con discapacidad entran gratis.
También hay un billete combinado que incluye la Basilique Saint-Denis por 26€, ideal si quieres aprovechar el día y conocer otro lugar maravilloso.
Y atención a este detalle tan «parisino»: el primer domingo de enero, febrero, marzo, noviembre y diciembre, todos entran gratis. ¡Aprovecha!
Ahora quiero saber un poco más acercade ti: entre acceder a la cripta o subir al mirador, ¿qué harías primero una vez dentro?
Déjame tu respuesta en los comentarios y cuéntame si tienes algún secreto o curiosidad del Panteón que quieras compartir. ¡Me va encantar leerte!
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2 Comments
Ángela Ramos
Decidido, por favor,la próxima vez q vayáis a París… LLEVADME!!!!!. PRECIOSO
María
¡Tendremos que volver! 🩷