Empire State Building: guía de alturas, datos curiosos y vistas de 6 estados desde Manhattan
Pocos lugares representan Nueva York de forma tan universal como el Empire State Building.
Seguro que, después de la Estatua de la Libertad, más de uno pensamos en este rascacielos tan icónico cuando hablamos de este rincón de Estados Unidos. ¿Me equivoco?
Visible desde casi cualquier punto de Manhattan, acceder a este edificio es, además, una de las experiencias más deseadas por quienes visitan la Gran Manzana por primera vez.
Con más de 380 metros de altura (443,2m contando con la antena) y una genial localización, el Empire ofrece unas de las vistas más impresionantes de la ciudad, capaces de alcanzar — en días despejados — hasta seis estados distintos. Como lo lees.
Y como sé que este tipo de datos curiosos son los que has venido a buscar aquí, no te preocupes porque pienso darte un montón. ¡Sigue leyendo para no perderte nada!


De récord mundial a icono de Nueva York
Vamos a viajar en el tiempo hasta la Nueva York de 1928 y nos vamos a situar frente al Hotel Waldorf Astoria. ¿Lo visualizas? Pues disfruta de la vista, porque está a puntito de desaparecer.
Este edificio tuvo que ser demolido para dar paso al proyecto más ambicioso de su tiempo: el Empire State Building. La venta del terreno por $20 millones a la Bethlehem Engineering Corporation marcó el primer paso hacia la creación de este espacio emblemático.
En 1929, un grupo de visionarios decidió que Nueva York necesitaba un edificio que no solo destacara por su altura, sino que dejara claro quién dominaba la ciudad.
De este modo, John Jakob Raskob, exejecutivo de General Motors, junto con los hermanos Pierre y Coleman du Pont, Louis G. Kaufman y Ellis P. Earle, fundaron Empire State, Inc.
Para liderar el proyecto, colocaron al frente a Alfred E. Smith, exgobernador de Nueva York, un hombre acostumbrado a grandes desafíos y a lidiar con complejas redes políticas y empresariales.
El objetivo era ambicioso: superar al Edificio Chrysler, que por entonces era el rascacielos más alto de la ciudad, y construir un coloso que superase todo los récords del momento.
¡Un poco «guerra de egos», la verdad!


La construcción del Empire comenzó el 17 de marzo de 1930, en medio de la Gran Depresión, un periodo en el que el trabajo era escaso y cada empleo, una oportunidad de sobrevivir para los neoyorquinos.
Miles de obreros, muchos de ellos inmigrantes recién llegados de otras partes del mudno, se enfrentaban a temperaturas extremas, vientos cortantes del río Hudson y jornadas extenuantes de más de diez horas, escalando vigas de acero y levantando ladrillos a alturas vertiginosas.
Eso sí, el proceso de construcción fue rapidísimo para la época. ¿Sabías que el edificio se levantaba a un ritmo de cuatro pisos y medio por semana? A mí me parece flipante.
Finalmente, tras poco más de un año de construcción — 410 días, exactamente –, el rascacielos de 102 pisos estaba listo.
El 1 de mayo de 1931, el presidente Herbert Hoover inauguró oficialmente el edificio desde Washington, D.C., presionando un botón que encendió por primera vez sus luces y anunció al mundo que Nueva York tenía un nuevo gigante.
¿No será este el hombre que inventó el teletrabajo?



Así de rápido se convirtió también en el edificio más alto del mundo, un récord que mantendría durante cuarenta años, hasta que se completaron las Torres Gemelas del World Trade Center.
Pero más allá de este hecho, se transformó en un imán para curiosos y turistas: por apenas 10 centavos, cualquiera podía mirar a través de un telescopio y contemplar Manhattan extendiéndose hasta donde alcanzaba la vista, un lujo que parecía casi mágico en tiempos tan difíciles.
En seis meses, el edificio recaudó más de $3.000 solo en monedas de cinco y diez centavos, demostrando que la fascinación por este coloso (y lo que se podía ver desde él) era enorme.
Y como era de esperar, la fama del Empire no tardó en cruzar el umbral de la cultura popular.
En 1933, King Kong trepó por su fachada en la gran pantalla, inmortalizando al rascacielos en el imaginario colectivo y consolidando su estatus como icono de la ciudad y del cine mundial.
Mientras tanto, el edificio crecía en importancia económica: en 1946, había 15.000 empleados trabajando en él. ¡Se convirtión en una de las construcciones más rentables del mundo!


Durante los años siguientes, el Empire State Building siguió acumulando más y más récords. ¡No tenía suficiente!
En 1950, aunque estuvo apunto de ser demolido (sí, yo tampoco puedo imaginarme Nueva York sin el Empire) se instaló una nueva antena que, además de elevar la altura total a 430m, permitió que más emisoras de radio y televisión transmitieran a millones de hogares.
Tal fue el éxito que la Sociedad Estadounidense de Ingenieros Civiles lo reconoció como uno de los siete mayores logros de ingeniería de Estados Unidos, colocándolo junto a obras como la Presa Hoover o el Canal de Panamá.
En 1961, fue adquirido por Lawrence A. Wien, Peter L. Malkin y Harry B. Helmsley por $65 millones, el precio más alto pagado por un solo edificio hasta ese momento.
En 1969, el edificio sirvió como línea de meta para la carrera aérea transatlántica Daily Mail, y en 1976 se iluminó en rojo, blanco y azul para celebrar el Bicentenario de Estados Unidos, dando inicio al famoso programa de iluminación que aún hoy colorea el skyline neoyorquino.
¿Quién ha ido a Nueva York y no lo ha visto iluminado?



Dos años después, se celebró la primera carrera anual para subir sus 1.860 escalones, tradición que todavía sigue viva y que desafía a corredores de todo el mundo a enfrentarse a sus alturas.
¡Me he cansado sólo de escribirlo!
En 1981, la Comisión de Preservación de Monumentos Históricos de Nueva York declaró al Empire State Building un hito histórico, y en 1986 fue reconocido como Monumento Histórico Nacional.
Hoy, querido lector, subir sigue siendo mágico. Es una experiencia que, sin duda, nadie se debería perder si viaja a Nueva York. ¿Qué te parece su historia?
¿Cómo es la experiencia?
Subir al Empire es toda una experiencia.
Nada más cruzar sus puertas, ya empiezas a ver su magia: el vestíbulo Art Deco es una preciosidad. Aquí lo primero que te espera es una pequeña sesión fotográfica con fondo verde (opcional) para tener un recuerdo clásico del rascacielos que luego podrás comprar a la salida.
Si quieres saltarte esta parte, no hay problema: la verdadera aventura empieza en el museo del piso 2.
Aquí apareces de repente en los años 20 y 30, cuando Nueva York estaba en plena construcción y el Empire apenas tenía construidos los primeros pisos. ¡Genial para entender el proceso!
Entre paneles interactivos y maquetas, podrás conocer cómo era la ciudad antes de que los rascacielos dominaran el horizonte… Y, para darle un toque de película, incluso te encontrarás con el mismísimo King Kong.
¡Vas a querer sacarte mil fotos!


La subida se hace en dos ascensores distintos, y aquí empieza la diversión.
El primer ascensor te lleva hasta el piso 80, mientras en el techo proyectan una mini película que muestra la construcción del rascacielos.
Es curioso cómo los 410 días de trabajo de miles de obreros parecen condensarse en unos pocos segundos mientras tú asciendes a toda velocidad.
Eso sí, aunque no ves cómo subes, la ligera presión que notas en los oídos te recuerda la altura que estás alcanzando, pero la vista desde las ventanas del piso 80… ¡Te demuestran por qué vale la pena pasar ese ratito incómodo!
Aunque podrías quedarte allí sacando fotos, todavía queda otra cola para el segundo ascensor que te llevará al piso 86. Aquí comienza la verdadera magia, querido lector.
Al salir, primero te encontrarás con una zona cubierta, pero solo unos pasos más allá, te espera la terraza al aire libre.
Y ahí está: Manhattan a tus pies, extendiéndose en todas direcciones.
La panorámica de 360º es simplemente impresionante y los binoculares gratuitos que hay por toda la terraza te ayudan a descubrir cada detalle de la ciudad.
Desde aquí verás el Flatiron Building, justo al lado de Madison Square Park, la 5ª Avenida, el arco de Washington Square, los rascacielos del Distrito Financiero, el One World Trade Center, los ríos Hudson y East River, la Estatua de la Libertad, los grandes almacenes Macy’s, los rascacielos de Hudson Yards, Times Square, la aguja de la catedral de St. Patrick, un trocito de Central Park a lo lejos, el edificio Chrysler, el puente de Queensboro, el Gantry Plaza y su emblemático cartel vintage de Pepsi, el puente de Williamsburg, los puentes de Manhattan y Brooklyn…
¡Vaya repaso le das a la Gran Manzana en cuestión de minutos!
Pero no solo a la ciudad Nueva York: en días despejados, puedes divisar seis estados distintos: Nueva York, Nueva Jersey, Pensilvania, Connecticut, Massachusetts y Delaware.



Y oye, si todavía te queda energía y quieres llevar la experiencia a otro nivel, puedes pagar el suplemento para subir al piso 102.
Este mirador, bastante más pequeño y resguardado, ofrece otra perspectiva impresionante de la ciudad, aunque quizá los reflejos en los ventanales hagan que sacar fotos sea algo más difícil.
Aun así, hay a quienes les vale la pena. ¿Subirías?
Ah, por cierto, la visita puede durar entre 45 minutos y una hora, aunque no hay límite de tiempo: puedes quedarte todo lo que quieras.
¡Ideal si quieres quedarte a ver atardecer aquí y asegurarte un buen sitio!



10 (+1) curiosidades
Quien me conoce bien sabe que me encantan las curiosidades de los lugares con tanta historia, y que intento, siempre que puedo, recuperar al menos 10 de ellas. ¡Y yo te traigo siempre una más de regalito!
Aquí van algunas de las más interesantes sobre el Empire State Building:
En la parte superior del Empire se pueden experimentar vientos de hasta 80 kilómetros por hora. Lleva algo de abrigo vayas en la época que vayas porque hace frifri. El edificio, además, está hecho para soportar vientos de hasta 257 km/h, lo que le permite resistir huracanes y tormentas severas.
La antena pudo ser el aparcamiento de dirigibles más grande del mundo. Se planteó que pudieran amarrarse ahí, pero la idea finalmente no llegó a ningún lado. No había ninguna solicitud por parte de la empresa Zeppelin de tener ahí un puerto y la cantidad de viajeros en ese medio era bastante reducida. ¡Verlo así habría sido todo un espectáculo!
Los ascensores del edificio suben a una velocidad de 300m por segundo. ¡Se te taponan los oídos!
El edificio tiene un corazón oculto: una serie de túneles y pasadizos que conectan algunas parte del mismo, algunos de los cuales no son accesibles al público general… ¡Misterio misterioso!
Y para misterios… ¿Sabías que en la planta 103 hay una sala secreta? En su día fue utilizada como oficina privada y en la actualidad se encuentra cerrada al público. ¿Qué habrá dentro?
También en su interior hay una biblioteca privada — tampoco accesible al público — utilizada por los ejecutivos y empleados del edificio.
¡Tiene hasta una capilla de bodas! Si te quieres casar aprovechando unas vistas espectaculares de Nueva York, en la planta 86 está tu sitio.
El Empire tiene su propio sistema de reciclaje. El edificio implemento un sistema interior para reciclar más de 1.500 toneladas de desechos al año.
Y por tener tiene hasta su propia estación de policía en el interior. Es pequeñita, pero sirve para asegurarse de que todos los visitantes y empleados estén seguros y bien atendidos en caso de emergencia.
Durante la II Guerra Mundial, fue utilizado temporalmente como sede para las reuniones de las Naciones Unidas.
Y, como curiosidad extra, te diré que durante ese mismo periodo se utilizó como refugio aéreo para los habitantes de Nueva York, y sus luces se apagaban de noche como medida de seguridad.



Información práctica
Subir al Empire es toda una aventura y como toda aventura, un poco de preparación viene genial.
Pero no te preocupes, aquí te cuento todo lo que necesitas saber para que solo tengas que preocuparte por contemplar las vistas y dejarte llevar por el momento. ¡Allá voy!
¿Cómo llegar?
El edificio se encuentra en el número 20 de West 34th Street, entre la Quinta y la Sexta Avenida, en pleno centro de Manhattan. Es una de las zonas más transitadas y emblemáticas de la ciudad, por lo que lo ideal es llegar caminando, disfrutando del bullicio y la ciudad mientras te acercas.
Si vienes de lejos o prefieres el transporte público, hay dos paradas de metro muy cercanas: 34th Street-Herald Square (líneas R, N, Q, B, D, M, F) y 34th Street-Penn Station (líneas 1, 2, 3).
Otra opción cómoda y turística es la ruta Downtown del autobús turístico Big Bus (aunque no es barata, ojo), que hace parada frente al Empire State Building. Ideal si quieres descansar y disfrutar del trayecto con vistas.
Horarios y tarifas
Abre todos los días del año, pero los horarios varían según la época.
Durante el verano, el horario más amplio es de 10:00 a medianoche, y ten en cuenta que el último acceso es siempre 45 minutos antes del cierre. Para evitar multitudes, los mejores momentos son a primera hora de la mañana o tras el atardecer, sobre todo en temporada alta.
En cuanto al precio de la entrada, hay varias opciones según lo que quieras visitar y la experiencia que busques. Los precios que te doy son siempre los más baratos:
La entrada estándar Piso 86 — que incluye el mirador al aire libre del piso 86 y el museo del piso 2 — cuesta $44 para adultos, $38 para niños de entre seis y 13 años y $42 para mayores de 62.
La entrada completa Piso 86 + 102 — que añade el observatorio interior del piso 102 — cuesta $79, $73 y $77, respectivamente.
Si quieres ver atardecer, hay ciertas horas en las que tendrás que para un suplemento: si subes cerca de la puesta de sol, hay un coste adicional de $10.
Eso sí, elijas la que elijas, compra tus entradas con antelación, ya sea en la web oficial o a través de tarjetas turísticas, para evitar las largas colas que se forman en la taquilla.
Entre las tarjetas que incluyen el acceso al piso 86 se encuentran New York CityPASS, Go City New York, New York Pass y sus versiones C3 y C-All.
Algunas permiten subir dos veces en un mismo día (de día y de noche), otras solo una vez. Cada tarjeta tiene su propio sistema de reserva, así que conviene consultar las instrucciones en su web antes de planificar tu visita.
Recuerda también que los precios pueden variar según la fecha, la hora y la temporada, especialmente fines de semana y verano, así que revisa siempre la información actualizada en la web oficial antes de comprar.
Y ahora dime tú, ¿subirías solo al piso 86 o también al 102? ¡Cuéntamelo en los comentarios!


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