Nueva York

Una mañana a bordo de un portaaviones: todo sobre el Museo Intrepid de Nueva York

Jamás habría pensado que pasar una mañana en un portaaviones sería una de las experiencias más curiosas y entretenidas que se pueden vivir en Nueva York. ¡Pero así fue!

Me vi caminando por la cubierta del USS Intrepid, rodeada de aviones de combate, un submarino real, un transbordador espacial, y con el río Hudson de fondo.

Nada de lo que uno podría esperar encontrar en pleno Manhattan, ¿no crees?.

Y lo cierto es que el Intrepid no suele aparecer en las listas de “lo que tienes que ver sí o sí” en la ciudad. No es un museo típico, ni tampoco está lleno de turistas como otros sitios más conocidos. Y precisamente por eso creo que vale tanto la pena.

Por eso, lo que te propongo con este post es muy sencillo: un plan diferente y fácil de hacer en una mañana.

No sé si fue la sorpresa, el contraste con el resto de la ciudad o simplemente lo bien montado que está el museo, pero salí de allí encantada y quiero compartir mi experiencia contigo. ¿Te vienes?

Un poco de historia del USS Intrepid

Para entender lo impresionante que es el Intrepid, hay que saber un poco de su historia. ¡No te aburriré, lo prometo!

En este apartado te voy a contar lo justo para que te des cuenta de que no estás caminando por cualquier barco. Este portaaviones se construyó en plena Segunda Guerra Mundial y entró en servicio en 1943.

Desde entonces, estuvo metido «en casi todos los fregados» que te puedas imaginar: batallas clave en el Pacífico, ataques kamikaze, misiones de rescate espacial, operaciones durante la Guerra de Vietnam… Y, afortunadamente para nosotros, sobrevivió a todo.

Durante la Segunda Guerra Mundial fue atacado varias veces. Le cayó un torpedo que le dejó el timón atascado, y lo golpearon hasta cinco kamikazes. A pesar de eso, nunca se hundió. Lo reparaban, y volvía. De hecho, tenía fama de resistente.

Como curiosidad curiosísima, te diré que lo apodaban «The Fighting I», por su nombre en clave CV-11, pero también «The Dry I», porque pasaba tanto tiempo en dique seco recuperándose que parecía que vivía allí. ¡Qué cosas!

Después de la guerra, el barco no se retiró, sino que se actualizó, se adaptó a los nuevos tiempos, y en los años 60 participó en misiones espaciales. Fue el encargado de recuperar cápsulas de la NASA tras sus aterrizajes en el océano, entre muchas otras cosas.

Así que sí, ¡también tuvo su momento astronauta!

Y luego, en la Guerra de Vietnam, volvió al frente con un nuevo rol como portaaviones de ataque. En total, casi 30 años de servicio activo.

Pero todo acaba, incluso para un gigante como este.

En 1974 lo retiraron oficialmente y, durante un tiempo, su futuro fue bastante incierto. Hasta que un empresario y filántropo llamado Zachary Fisher decidió que no podía acabar desguazado como chatarra. Lo salvó y lo convirtió en museo.

Desde 1982 está atracado en el Pier 86, en el río Hudson, convertido en el Intrepid Sea, Air & Space Museum. Un museo flotante que todavía parece listo para zarpar.

Y ahora, décadas después de su última misión, sigue ahí, abierto a cualquiera que tenga curiosidad por lo que ocurrió dentro de sus pasillos. ¿Serás tú, querido lector, su próximo tripulante?

Qué ver en el Museo Intrepid: ¡recorrido rápido!

Hay muchísimo que ver en el Museo Intrepid, pero para no perderte nada, aquí te dejo una breve guía paso a paso con lo que a mí me pareció más interesante.

El museo se puede recorrer entero en unas tres o cuatro horas, más o menos, según el ritmo que lleves y las paraditas que hagas frente a aquello que más te guste. ¡Pero no tengas prisa!

El portaaviones en sí

Este es el corazón del museo. Estás sobre un barco que fue a la guerra, que sobrevivió a múltiples ataques y que hoy flota en el Hudson reconvertido en museo.

El simple hecho de poder caminar por su cubierta ya hace que valga muchísimo la pena haber decidido venir hasta aquí. Pero, afortunadamente, ¡eso no es todo!

Esta parte del museo vamos a dividirla en dos, ¿vale? La cubierta de vuelo y el puente de mando.

En la cubierta de vuelo se encuentran algunos de los aviones más emblemáticos del siglo XX. Puedes ver de cerca un F-14 Tomcat, un A-6 Intruder, el A-4 Skyhawk o el legendario avión espía A-12 Blackbird, el predecesor del SR-71, capaz de volar a más del doble de la velocidad del sonido.

También verás al final del todo el famoso avión Concorde Alpha Delta G-BOAD, de British Airways, que en 1996 hizo un viaje translántico de menos de tres horas.

Todos están al aire libre, alineados sobre la cubierta como si estuvieran listos para despegar. Si te gusta la aviación (o te suena Top Gun), este tramo te va a encantar.

Sin embargo, el puente de mando es un área que mucha gente pasa por alto. Para mí es clave. Desde aquí se controlaban todos los despegues y aterrizajes. Hay radares, mapas, teléfonos antiguos y varias salas de control.

También se puede acceder al vulture’s row, una pasarela exterior con vistas espectaculares de la cubierta y Manhattan al fondo. ¿Mi consejo? ¡No te lo saltes!

El submarino USS Growler

El USS Growler es uno de los pocos submarinos lanzamisiles nucleares abiertos al público en todo el mundo. ¡Y tienes la oportunidad de visitarlo!

Activo durante la Guerra Fría, hoy está atracado junto al Intrepid y puedes entrar para recorrer su interior. Eso sí, aviso que no es una experiencia para todo el mundo.

Aquí hay que agacharse, pasar por escotillas estrechas y avanzar por pasillos metálicos muy ajustados, lo que da una idea clara de lo duro que debía ser vivir y trabajar bajo el agua durante meses. Si no sufres de claustrofobia, vale mucho la pena entrar.

Si, por el contrario, tiendes a agobiarte en espacios reducidos, no te lo recomiendo mucho.

Un paseo dentro del hangar

En este espacio también vas a encontrar una colección impresionante de aviones de distintas épocas, desde la Guerra de Corea hasta la Guerra Fría. Hay piezas únicas como el Lockheed F-104 Starfighter o un MiG-21 soviético, para que compares las tecnologías de ambos bandos.

Además, hay varios helicópteros de rescate y combate, incluyendo el Sea King, similar al que recogía a los astronautas tras sus misiones espaciales.

En el museo hay simuladores para sentir la experiencia de pilotar, desde opciones algo más básicas (realidad virtual) hasta simuladores 4D o cabinas que giran. ¡Ojo! Algunos tienen un coste adicional.

También hay zonas interactivas con pantallas táctiles y exposiciones especialmente pensadas para niños, como el Exploreum, donde probar camas de tripulación o meterte en un helicóptero.

Ah, y verás que también hay exposiciones temporales que varían según la época, dedicadas a temas como la exploración submarina o los ataques kamikaze, ¡así que siempre hay algo nuevo para descubrir!

El transbordador espacial Enterprise

Aunque la zona dedicada a los viajes por el espacio, el Space Shuttle Pavilion, estaba siendo reformada cuando yo fui, no puedo terminar este apartado sin mencionar esta joya.

El Enterprise fue el primer transbordador espacial construido por la NASA. Nunca llegó al espacio, pero fue clave para probar los vuelos que hicieron posible el programa de transbordadores espaciales que vino después.

Según tengo entendido (y por las fotos que he podido ver en el museo) se ve desde abajo y también desde pasarelas elevadas, y está rodeado de paneles explicativos, vídeos y objetos interactivos.

Junto a él se exhibe una cápsula Soyuz rusa, que también permite comparar ambas tecnologías espaciales. ¿No suena genial?

Información práctica

Y ya, para terminar, aquí tienes todo lo que necesitas saber para preparar tu visita al Intrepid, desde cómo llegar hasta cuánto cuesta y algunos detalles que conviene saber con antelación.

¡Allá vamos!

¿Cómo llegar?

El museo está en el Pier 86, en la intersección de la 12ᵃ Avenida y la 46 St. West, en el lado oeste de Manhattan. Lamentablemente, esta zona está bastante mal conectada en transporte público.

Si quieres ir en autobús, las líneas M34, M42, M50 llegan hasta la 12ᵃ Avenida. En el subway, sin embargo, puedes ir en las líneas A, C, E, N, Q, R, S, 1, 2, 3, 7 hasta la 42 St., y después caminar o tomar el bus M42 hasta la 12ᵃ y subir hasta la calle 46.

Como ves, no es tarea sencilla, pero sigo manteniendo mi opinión de que de verdad vale mucho la pena.

Horarios y tarifas

El museo tiene varios horarios, dependiendo de la época del año.

En primavera y verano (del 1 de abril al 30 de septiembre) abre de lunes a viernes de 10:00 a 17:00 y los sábados, domingos y festivos abre de 10:00 a 18:00. En otoño e invierno (del 1 de octubre al 31 de marzo) abre todos los días — incluso los festivos — de 10:00 a 17:00.

Ten en cuenta que la última entrada es una hora antes del cierre, y que el museo cierra los días de Acción de Gracias y Navidad.

En cuanto al precio, la entrada general (13-64 años) cuesta $38, pero también hay algunas reducidas por $36 (mayores de 65 y estudiantes universatorios) y $28 (niños de entre cinco y 12 años). Los niños menores de cinco años entran gratis.

Si tienes un pase turístico — New York City Pass, Go City New York, New York Pass… –, échale un ojo, porque muchos de ellos incluyen la entrada general al museo.

Consejitos de viajera

Aunque realmente no tengo mucho más que decir (que no te haya dicho ya), sí que hay algunos consejos que creo que te podrán servir cuando planees tu visita.

  • Las fotos y los videos están permitidos, pero no se pueden usar trípodes ni palos selfie. Lo digo porque llamaron la atención a varias personas mientras estaba allí por este motivo.

  • No hay guardarropa ni taquillas, así que lleva lo justo contigo. Los bolsos grandes, las maletas y los carritos de bebé no se aceptan en el submarino Growler o el Concorde (que, por cierto, es una de las experiencias para las que tendrás que pagar un extra).

  • El Growler tiene una restricción importante: se debe medir mínimo un metro para acceder. ¡Importante, si viajas con niños muy pequeños!

  • Si te entra hambre, hay algunas opciones de restauración. Aquí encontrarás el Intrepid Marketplace — en la cubierta y el muelle — y el Aviator Grill — en el segundo piso del Welcome Centre y que abre a las 10:00. También hay alguna que otra máquina expendedora repartida por el museo.

  • Para terminar, yo aprovecharía que no estás muy lejos, para darte una vuelta por la zona de Hudson Yards, recorrer la High Line o visitar Little Island.

Y ahora dime, ¿eres de los que visitaría este museo o prefieres otros planes en la Gran Manzana?

Si eres del último equipo, déjame por comentarios dónde irías en Nueva York y por qué. Me encantaría leerte, y así saber qué no debería perderme en mi próximo viaje a la ciudad que nunca duerme.

¡Nos leemos en el próximo destino!

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