Nueva York

High Line: el paseo más instagrameable de Nueva York que (casi) nadie aprovecha bien

Vale, vamos a hablar en serio: si estás planeando un viaje a Nueva York y aún no tienes la High Line en tu lista, hazle hueco ya mismo.

Y si ya la tenías apuntada, quédate por aquí, porque lo más probable es que no estés planeando conocerla como se merece. Y yo, sinceramente, no puedo dejar que eso suceda. ¡Me niego!

La High Line no es solo un parque bonito ni un rincón chuli para sacar fotos y luego pasar de largo. Es un paseo elevado que atraviesa el barrio de Meatpacking District, Chelsea y Hudson Yards, sobre una antigua línea de tren que resucitaron los vecinos de la zona con muchísimo arte.

¡Un pequeño museo al aire libre! Te aseguro que vas a sacar más fotos de las que te caben en el carrete del móvil.

¿El problema? Que la mayoría de la gente hace un paseo exprés, sin saber por dónde entrar, sin pararse en los mejores puntos y sin exprimir todo lo que este lugar ofrece. ¡Y es una pena!

Este artículo es para que eso no te pase a ti, querido lector. Te voy a contar cómo recorrer la High Line como un auténtico pro: los mejores horarios, los puntos secretos, los sitios más fotogénicos, dónde comer cerca… ¡Bien de truquis viajeros!

Una historia que inspira

Este espacio es como si alguien hubiera decidido juntar un paseo ajardinado, una galería de arte al aire libre y varios miradores privilegiados por encima de las bulliciosas calles de Manhattan.

Y sí, es increíblemente instagrameable. Pero para entender por qué, hay que tirar un poquito de historia. Así que allá voy.

La High Line era una vía de tren elevada que se construyó en los años 30, en plena locura industrial. Por aquel entonces, los trenes pasaban a ras de suelo por la 10ª Avenida y causaban un montón de accidentes (de ahí su apodo más siniestro: la Death Avenue).

Así que decidieron elevar las vías y que los trenes pasaran por encima de todo.

Durante décadas, esos trenes llevaban carbón, carne, leche y todo tipo de mercancías a los almacenes de Manhattan. Pero como todo en Nueva York, las cosas cambian muy rápido: en los años 80 el tren dejó de funcionar y las vías quedaron abandonadas.

Crecieron plantas, la naturaleza se lo empezó a comer… y casi la tiran abajo. Spoiler: no lo hicieron. ¡Y menos mal!

En 1999, Joshua David y Robert Hammond, dos vecinos visionarios — que deberían tener una estatua, sinceramente — se organizaron para salvarla y convertirla en un parque.

Inspirados por un proyecto parecido en París — la Promenade Plantée — convencieron a la ciudad y consiguieron que la High Line renaciera como paseo verde en 2009.

Fotos, fotos y más fotos

Desde entonces, no ha parado de crecer, tramo a tramo, y se ha vuelto un lugar ineludible para todos aquellos que visitamos Nueva York.

¿Y por qué es tan fotogénica? Porque es una mezcla súper mágica: caminas por senderos rodeados de flores, arbustos y árboles, mientras al fondo ves el skyline de Manhattan, esculturas, murales y fachadas de cristal y ladrillo súper originales.

Todo con una luz perfecta, especialmente al amanecer o al atardecer.

A lo largo del camino hay bancos para descansar e instalaciones artísticas que van rotando, y te voy a dejar por aquí una pequeña lista con algunos lugares que ya son casi míticos:

  • The Vessel, un mirador muy curioso, con plataformas conectadas entre sí por distintas escaleras.
  • Little Spain, el mercado gastronómico del chef José Andrés y los hermanos Albert y Ferran Adrià. ¡Español, español! 
  • The Spur y las grandes esculturas de la High Line Plinth, que van cambiando con el tiempo. ¡Aquí hay baños! Por si tienes que hacer una paradita.
  • Los murales del brasileño Eduardo Kobra.
  • High Line Observation Deck, unas gradas de madera con vistas a la 10ª Avenida, donde hacer un alto del camino y ver pasar a los taxis. ¡Un descansito siempre viene bien!
  • Hotel The Standard, conocidísimo por las vistas que hay desde su azotea.
  • Pasarela del Chelsea Market, a la altura de la 15 St.
  • A la altura 23 St. hay unas gradas de madera y un mural muy grande que también va cambiando a lo largo del año. Cuando yo estuve estaba el que verás en una foto a continuación: «Thank you, darling».
  • El bloque residencial de Zaha Hadid, arquitecta irakí.

Eso sí, nada de lo que vas a ver aquí es improvisado. Cada rincón de la High Line, por más salvaje o natural que parezca, está pensado al detalle.

Caminar por aquí es sentirse rodeado de naturaleza en medio de Manhattan, con esa misma desconexión inesperada que se experimenta en Central Park: como si, por un momento, estuvieras en otro lugar.

Y claro, cada estación del año tiene su rollo: flores locas en primavera, verdes vibrantes en verano, tonos naranjas y rojos en otoño, y nieve entre rascacielos en invierno.

¡Un lugar para visitar en cualquier momento!

Información útil

Antes de lanzarte a recorrer la High Line con cámara en mano y ganas de pateártela entera, te dejo algunos datos prácticos que te van a venir muy bien.

Porque sí, ¡Nueva York se vive mejor cuando vas bien preparado!

¿Dónde está y cómo llegar?

La High Line empieza en la 34 St., en Hudson Yards, y termina en la esquina de Gansevoort Street y Washington Street, en pleno Meatpacking District (una zona con mucho rollo, por cierto).

Va paralela al río Hudson, entre las avenidas 10 y 12, así que básicamente estarás paseando por el lado oeste de Manhattan con unas vistas increíbles.

Hay un montón de accesos: puedes entrar por las calles 14, 16, 18, 20, 23, 26, 28, 30 o 34, según por dónde te pille. Algunos accesos tienen escaleras y otros están adaptados con ascensor, así que está todo pensado para que nadie se quede fuera.

Eso sí, yo te recomiendo recorrerla entera, aunque tengas todas estas opciones.

¿Y cómo se llega? Muy fácil. Estas son algunas opciones de metro que te dejan cerca:

  • Líneas L, A, C, E: bájate en 14th St & 8th Av
  • Líneas C y E: bájate en 23rd St & 8th Av
  • Líneas 1, 2, 3: bájate en 14th St & 7th Av

Después solo hay que caminar un poco… ¡y ya estás en uno de los paseos más bonitos (y fotogénicos) de toda la ciudad de Nueva York! Te va a encantar.

¿Y si me entra hambre?

En el Meatpacking District vas a encontrar muchos restaurantes (y tiendas de lujo) donde poder hacer una paradita y comer/cenar bien a gusto, aunque yo te voy a recomendar que vayas al Chelsea Market.

¡Y no sólo por la comida! Y es que, ya de paso, te cuento: este espacio, que ocupa una manzana entera, es el lugar donde nacieron las famosísimas galletas Oreo (las destapas, chupas la crema, las mojas en leche…).

De hecho, la primera Oreo de la historia se horneó aquí en 1912. Cuando pasees por dentro, fíjate bien porque vas a ver un montón de guiños y dibujos de galletitas por todas partes.

La fábrica funcionó hasta 1958, pero cuando el espacio se reconvirtió en mercado en los años 90, decidieron conservar su esencia industrial: techos altos, ladrillo visto, tuberías a la vista y una estética con muchísima personalidad. Solo caminar por su pasillo central ya vale la visita.

Para comer, encontrás de todo: desde marisco fresco (como el famoso lobster roll de The Lobster Place, que es algo carillo) hasta tacos, sushi, noodles, pizzas…

Sin gluten podrás comer en Friedman’s Lunch, que ofrece desde gofres y tortitas hasta clásicos de la gastronomía noeoyorquina, como los

Si no encuentras mesa (algo muy normal si vas en fin de semana), no pasa nada. Pide algo para llevar y siéntate en alguna de las mesas repartidas por el mercado. También puedes salir del mercado y comer en algún banquito de la High Line. ¡Planazo!

Y si te pica la curiosidad, baja a la planta subterránea y encontrarás Chelsea Local, donde los neoyorquinos hacen la compra: carnicerías, queserías, fruterías… Todo muy auténtico y algo menos turístico.

¿Qué más puedo hacer por la zona?

Ya que estás por la High Line y el Chelsea Market, aprovecha para seguir explorando, porque esta zona de Nueva York tiene mucho más que ofrecer sin necesidad de alejarte demasiado.

Una parada imprescindible es The Edge, en Hudson Yards. Es uno de los miradores más nuevos (y flipantes) de la ciudad. Tiene una plataforma de cristal que literalmente cuelga del edificio a 345 metros de altura.

Si no tienes miedo a las alturas, ¡las vistas te van a dejar sin palabras!

Lo mejor es ir al atardecer: la luz, el skyline, el río… Todo un espectáculo. Y lo mejor es que está justo al final (o principio, según por dónde empieces) del recorrido de la High Line, así que lo tienes a tiro de piedra. ¿No te parece ideal?

Si lo tuyo son más los planes tranquilos, no te pierdas Little Island. Es un parque flotante sobre el río Hudson, con estructuras que parecen flores gigantes (¡o tacones!) saliendo del agua.

Está más o menos a la altura de la 14 St., así que tampoco tienes que desviarte mucho de la High Line para llegar. Tiene zonas verdes para tumbarse, caminos con vistas al río, y hasta un pequeño anfiteatro para conciertos o actuaciones. Muy fotogénico y con un ambiente súper agradable.

Ambos sitios están muy cerca entre sí, así que puedes montar una tarde redonda de paseo, comida rica y vistas espectaculares sin salir del West Side de Manhattan.

¿Y tú, ya has paseado por la High Line o te la estás guardando para tu próximo viaje a Nueva York? Cuéntame en los comentarios cuál fue tu rincón favorito del recorrido, o cuál te mueres de ganas de descubrir. ¡Te leo!

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