Dinamarca

Castillo de Frederiksborg y sus jardines: el plan perfecto para una excursión desde Copenhague

A menos de una hora de Copenhague se encuentra el castillo más grande de Escandinavia.

Hablamos del Castillo de Frederiksborg, en la ciudad de Hillerød. ¡Impresionante!

Construido a principios del siglo XVII por el rey Christian IV, este castillo renacentista se levanta sobre tres islas en el lago Slotssø, lo que lo hace muy, muy especial.

Y para especiales, los jardines que lo rodean. Con una combinación mágica entre estilo barroco y romántico y un montón de senderos para pasear y hacerse fotos, son un must en la zona.

Además, desde la reconstrucción del castillo tras un gran incendio en 1859, alberga el Museo Nacional de Historia de Dinamarca, donde podrás observar más de 500 años de historia del país a través de retratos, muebles y otras muchas obras de arte.

Su cercanía a Copenhague, lo fácil que es llegar en tren y la variedad de cosas que hay para ver y hacer dentro y fuera de sus paredes lo convierten en una de las mejores escapadas de un día para quienes visitamos la capital danesa.

¡Razones más que suficientes para que lo incluyas en tu itinerario de viaje!

Un poco de historia

Para entender un poquito más acerca de Frederiksborg, hay que situarse a principios del siglo XVII.

Dinamarca era entonces un reino con peso en el norte de Europa y el rey Christian IV tenía muy claro cómo quería que se viera su país: fuerte, moderno y culturalmente avanzado.

En otros posts, ya te he contado como Christian IV fue un gran impulsor de la arquitectura en el país al mandar construir (o reconstruir) numerosos edificios por todo el reino, como la Rundetaarn y la Iglesia de la Trinidad o los castillos de Kronborg y Rosenborg.

Sin embargo, Frederiksborg fue su proyecto más ambicioso.

El castillo se levantó en Hillerød, sobre el lago Slotssø, en el mismo lugar donde ya existía una residencia real más modesta construida por su padre, el rey Frederik II.

Christian IV decidió transformarla por completo y construir un gran castillo renacentista que sirviera como residencia y lugar de ceremonias para la monarquía danesa. Las obras comenzaron en 1602 y se prolongaron durante casi veinte años.

Desde el principio, Frederiksborg se concibió como algo excepcional. El castillo se construyó sobre tres islas, rodeado de agua, con patios amplios, fachadas ricamente decoradas y una organización pensada tanto para la vida diaria de la corte como para grandes eventos oficiales.

Cada sala tenía una función concreta y estaba decorada con riquísimas pinturas, tapices y mobiliario que hablaban del poder del rey y de la historia del país. Estoy segurísima de que vas a flipar con el nivel de detalle que vas a encontrar aquí. ¡No sabrás dónde mirar!

Durante los siglos XVII y XVIII, Frederiksborg fue uno de los centros más importantes de la monarquía danesa. Aquí se celebraron coronaciones reales y grandes recepciones.

¡Pero todo cambió en 1859! Lamentablemente, un incendio destruyó gran parte del edificio.

El fuego se originó en un sistema de calefacción y se propagó rápidamente, dañando techos, salones y muchas decoraciones originales. Fue un golpe muy duro para el patrimonio danés y durante un tiempo se temió que el castillo se perdiera para siempre.

Menos mal que Frederiksborg tuvo una segunda oportunidad.

J. C. Jacobsen, fundador de la cervecera Carlsberg, entendió la importancia cultural del castillo y decidió financiar su reconstrucción. Su idea no era devolverlo a su función como residencia real, sino transformarlo en un lugar abierto al público, dedicado a conservar y contar la historia del país. ¡Y así se hizo!

En 1878, Frederiksborg reabrió sus puertas como el Museo Nacional de Historia de Dinamarca.

Eso sí, para mí — y seguro que para cualquier que lo visite — uno de los espacios más especiales es la Capilla del Castillo, ya que data del año 1617. Sí, querido lector, sobrevivió al incendio casi intacta. ¿No te parece magnífica?

Qué encontrarás dentro

Y sin más dilación… ¡Comienza el paseo!

Nada más entrar al recinto, antes incluso de acceder al interior del castillo, aparece uno de los elementos más reconocibles del conjunto: la Fuente de Neptuno.

Se encuentra en uno de los patios exteriores y fue concebida alrededor de 1620 como una gran obra escultórica destinada a glorificar a Dinamarca como potencia nórdica. De ahí que la figura del dios Neptuno simboliza al rey danés dominando los mares.

Eso sí, la que vemos hoy no es la fuente original, ya que esta desapareció en el siglo XVII. La que se ve hoy es una reconstrucción realizada a finales del siglo XIX, gracias al apoyo de J. C. Jacobsen.

Tras este primer impacto, se llega al patio principal, un amplio patio rectangular donde obtendrás una de las vistas más bonitas de las fachadas renacentistas del castillo. Es un espacio que ya deja claro la importancia que tuvo Frederiksborg en su época.

Una vez dentro, el recorrido por las estancias más destacadas empieza con la Sala de los Caballeros, también conocida como la Sala de la Rosa. Este espacio se utilizaba como sala de banquetes para recibir a los nobles de la corte.

Es una sala elegante, pensada para impresionar, y su techo está reconstruido siguiendo fielmente el aspecto que tenía en tiempos de Christian IV. Así podemos hacernos una idea bastante real de cómo se vivían estos grandes encuentros sociales.

Muy distinta es la Sala de Audiencias, uno de los espacios que mejor refleja el protocolo de la época. Aquí el rey recibía a nobles y dirigentes internacionales y, según se explica durante la visita, no era raro que los invitados tuvieran que esperar durante horas en una antesala sin sillas.

¡Imagínate!

Solo después eran conducidos por un pasillo muy ricamente decorado hasta la sala donde el rey los esperaba. Todo en este recorrido estaba pensado para marcar jerarquías. Un «aquí mando yo» en toda regla.

La Sala de Ceremonias muestra el estilo más recargado del absolutismo danés. En ella verás retratos históricos, mobiliario del siglo XVIII y lámparas de cristal. Es una sala que resume bien cómo el castillo fue adaptándose a los gustos y estilos de cada época.

Pero si hay un espacio que destaca por encima del resto, ese es, como ya te adelantaba antes, la Capilla del Castillo. Es la única zona de Frederiksborg que quedó intacta tras el gran incendio y, por eso, es también la más impresionante.

Conserva la decoración original de la época de Christian IV y fue escenario de la proclamación de los reyes daneses entre los siglos XVII y XIX.

A día de hoy sigue funcionando como iglesia parroquial, aunque yo no sé si me podría concentrar en escuchar al cura con tanta belleza alrededor.

Y es que entre sus elementos más importantes se encuentran el retablo y el órgano Compenius, que data de 1610 y que todavía se utiliza. Cada jueves a las 13:30 se celebra un recital abierto a los visitantes del museo, así que ya sabes… ¡Haz que cuadre tu visita con este momentazo!

Todo este recorrido forma parte del Museo Nacional de Historia, creado a finales del siglo XIX cuando la familia Carlsberg se hizo cargo del castillo.

En la exposición se reúne todo lo que pudo recuperarse tras el incendio de 1859, junto con un montón de piezas donadas después.

Un detalle curioso es que algunas de las pinturas donadas tras el incendio no representan fielmente los hechos históricos que muestran. Al haber sido realizadas muchos años después, algunos artistas se permitieron adaptar la historia a la visión que se tenía de ella a finales del siglo XIX.

Esto se aprecia, por ejemplo, en la vestimenta de los personajes, en el tamaño de los caballos o incluso en la presencia del propio J. C. Jacobsen en escenas históricas en las que nunca estuvo, como la coronación de Christian IV en 1596.

Curioso, ¿verdad? ¡Fíjate en cada detalle!

Sus jardines: el «Versalles» escandinavo

Los jardines del Castillo de Frederiksborg son uno de los grandes atractivos de la visita y, para muchos, incluso más memorables que el propio interior del castillo. Y si el interior es impresionante… ¡Imagínate lo que esto quiere decir!

La parte más conocida es el jardín barroco, diseñado en 1725 como un jardín de estilo francés, siguiendo principios muy claros de simetría y perspectiva, con el eje principal alineado directamente con el castillo.

¡Y de ahí que lo comparen mucho con los jardines del Palacio de Versalles, en París!

Pero, querido lector, no siempre ha estado así. Durante décadas, este jardín ha estado prácticamente abandonado, hasta que en 1996 se reconstruyó fielmente a partir de los diseños originales.

Gracias a esta restauración, hoy se puede recorrer tal y como se concibió en el siglo XVIII.

Uno de los elementos más llamativos son los monogramas reales, realizados con boj y dedicados a distintos monarcas daneses. A lo largo del recorrido también verás cascadas artificiales y terrazas que descienden suavemente hacia el lago, creando distintos niveles y ofreciendo unas vistas muy bonitas del castillo desde abajo.

¡Te vas a querer hacer fotos en todas partes! Lleva la cámara con la batería bien cargada.

Justo al lado de esta zona tan estructurada, el ambiente cambia de forma notable. A la izquierda del jardín barroco se extiende un jardín romántico de inspiración inglesa, mucho más libre y natural.

Los caminos son sinuosos, la vegetación es más abundante y aparecen pequeños lagos. Aquí se encuentra el Bath House, un pequeño edificio que todavía hoy es utilizado ocasionalmente por la familia real danesa, por ejemplo durante almuerzos relacionados con jornadas de caza.

Y más allá de estos jardines, el castillo está rodeado por un amplio parque paisajístico de varias hectáreas, que contrasta claramente con la geometría del jardín barroco y ofrece un entorno más natural, con grandes praderas, zonas boscosas y el lago Frederiksborg como elemento central.

Es un espacio perfecto para dar un paseo largo o recorrerlo en bicicleta, y seguro que terminas pasando aquí más tiempo del previsto. ¡Tenlo en cuenta cuando prepares la excursión!

Información práctica

Visitar el Castillo de Frederiksborg es sencillo, incluso si no se dispone de mucho tiempo en Copenhague.

Está bastante bien conectado, se puede recorrer por libre (aunque las audioguías te ayudarán a entender mejor lo que estás viendo) y los horarios son bastante amplios durante buena parte del año.

Aun así, nunca está de más tener claras algunas cuestiones prácticas antes de ir, sobre todo para elegir bien cómo llegar y calcular cuánto tiempo dedicarle. ¡Te lo cuento todo!

¿Cómo llegar?

El castillo se encuentra en Hillerød, a unos 40 kilómetros al norte de Copenhague, y hay varias formas de llegar.

La opción más habitual es el tren. Desde la Estación Central de Copenhague se puede tomar la línea A del S-train hasta Hillerød. El trayecto es directo y cómodo. Una vez en la estación, el castillo se encuentra a unos 15 minutos andando, en un paseo muy agradable y precioso.

Otra alternativa es el autobús. Las líneas 301 y 302 llegan hasta la parada de Frederiksborg Slot, que es la más cercana al castillo. Puede ser una buena opción si ya te encuentras en la zona o si encaja mejor con tu ruta.

Si, por el contrario, no te apetece preocuparte ni por transportes ni horarios, existe también la posibilidad de reservar una excursión organizada desde Copenhague.

Por unos 60€, Civitatis ofrece una opción que incluye el traslado y la visita con un guía de habla española, lo que puede ser interesante si quieres profundizar un poco más en la historia del castillo sin organizar nada por tu cuenta.

¡Eso sí! Si tienes la Copenhagen Card, yo te diría que fueras por tu cuenta: ¡incluye el transporte!

Horarios y tarifas

El Castillo de Frederiksborg abre prácticamente todo el año, aunque los horarios varían según la temporada.

Del 1 de abril al 31 de octubre, el castillo abre todos los días de 10:00 a 17:00, que es el periodo más cómodo para visitarlo con calma.

Del 1 de noviembre al 31 de marzo, el horario se reduce entre semana: de lunes a viernes abre de 10:00 a 15:00, mientras que los fines de semana mantiene el horario de 10:00 a 17:00.

En cuanto a las tarifas, la entrada general tiene un precio de DKK 115 (unos 15,50€). Los estudiantes acreditados, las personas mayores de 65 años y los grupos de más de 10 personas pagan una tarifa reducida de DKK 95 (o unos 12,70€).

La entrada es gratuita para los menores de 18 años, así que es un planazo para ir en familia. Si tienes la Copenhagen Card, también está incluida la visita y no tienes que pagar nada.

Ahora que conoces el Castillo de Frederiksborg y sus jardines, me encantaría saber tu opinión: si tuvieras que elegir, ¿qué espacio te atrae más? ¿Te perderías entre los salones históricos o pasarías horas explorando los jardines barrocos?

Déjame un comentario y comparte conmigo tu experiencia o tus planes de visita. ¡Te leo!

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