Descubre el Palacio de Parcent y por qué se conocía como la Casa de los Siete Jardines
Puede que hayas pasado por la calle San Bernardo más de una vez sin saber que, tras una fachada bastante sobria, se esconde uno de los palacios más antiguos del centro de Madrid.
Verás que el Palacio de Parcent no llama especialmente la atención desde fuera, y quizá por eso muchos todavía no sabéis que fue residencia de nobles y testigo de algunas de las transformaciones más importantes de la ciudad.
¡No pasa nada! Para eso estoy yo, para contarte toda su historia.
Durante un tiempo se le conoció con un nombre bastante peculiar: la Casa de los Siete Jardines. Suena a leyenda, pero lamento decepcionarte: no tiene nada que ver con una.
Detrás de ese apodo hay una historia real, ligada a la evolución del barrio y al propio edificio, que ha cambiado de forma, de dueños y de usos desde el siglo XVIII.
Este palacio tiene casi tres siglos de vida y aunque no es de los más famosos, es uno de los más interesantes si te gusta descubrir lugares con muchas capas de historia.
Lo que hoy es una sede oficial del Ministerio de Justicia, en su día fue una casa señorial con salones decorados por artistas franceses, una galería de inspiración romana y un invernadero. Y conocer un lugar así es también entender cómo ha cambiado Madrid, desde sus calles hasta su forma de vivir.
Además, hoy en día solo se puede visitar en momentos puntuales del año, y por eso sigue siendo un gran desconocido para la mayoría. ¿Te vienes a descubrirlo conmigo?



Un palacio con muchas (muchas) vidas
La historia del Palacio de Parcent arranca en 1728, cuando la marquesa de Mejorada y de la Breña adquirió varios solares y casas en una zona entonces aún bastante despejada de Madrid, entre las calles San Bernardo, Espíritu Santo y San Vicente Ferrer.
Su idea era clara: construir una residencia que siguiera el modelo de los palacios urbanos con jardín trasero, tan típicos de la época.
El encargo recayó en Gabriel Valenciano, arquitecto discípulo de Pedro de Ribera. Las obras comenzaron en 1729 y pronto se levantó un edificio organizado en torno a un gran patio central y un extenso jardín posterior.
Este tipo de disposición era súper frecuente en las casas nobiliarias de la calle Ancha de San Bernardo, una vía que en el siglo XVIII empezaba a llenarse de palacetes de familias poderosas. ¡Todavía se pueden ver e intuir muchos de ellos!
Hacia 1740, sin embargo, la familia se trasladó a otra de sus propiedades y el palacio quedó vacío. A partir de ahí comenzó un largo periodo de abandono y deterioro, hasta el punto de que en 1846 el Ayuntamiento de Madrid exigió a sus propietarios que acometieran reformas urgentes.
No sería hasta entre 1860 y 1865 cuando el edificio volvería a brillar, gracias a una profunda reconstrucción ordenada por el marqués de Guadalcázar.
La intervención fue importante: se homogeneizaron las fachadas, se actualizó la estructura y se encargó la decoración interior a uno de los artistas más reconocidos de su tiempo, el francés Pierre Victor Galland. Él fue responsable del diseño del Salón de Baile, donde pintó escenas alegóricas con referencias a los cinco continentes y al arte musical, todo con un estilo refinado que todavía se conserva.



En la segunda mitad del siglo XIX, el palacio vivió nuevos cambios de uso. Durante unos años fue residencia de la duquesa de San Fernando, y más tarde albergó un colegio de niñas.
Pero poco a poco volvió a caer en el abandono, hasta que en el año 1900 fue comprado por el diplomático mexicano Manuel de Iturbe del Villar, que estaba casado con la condesa de Belvís, Trinidad von Scholtz Hermensdorff.
Esta etapa fue decisiva para el aspecto que hoy tiene el edificio. Iturbe encargó una remodelación completa, que reformó el palacio con un estilo claramente neobarroco, muy en línea con los gustos franceses de la época.
Se añadieron elementos decorativos lujosos, se construyó una espectacular galería de inspiración romana — con mármoles, espejos y columnas jónicas –, y se amplió el edificio por la calle San Vicente Ferrer.
Tras la muerte de Manuel de Iturbe, la condesa de Belvís se casó con el duque de Parcent, y fue entonces cuando el edificio pasó a conocerse con el nombre que aún hoy mantiene.
Por si no la conoces, la duquesa de Parcent, que da nombre al palacio, fue una figura muy relevante: mecenas, coleccionista de arte, promotora de las artes decorativas españolas y organizadora de exposiciones como la del Traje Regional e Histórico en 1925, origen del actual Museo del Traje.
Convirtió el palacio en un espacio de encuentros culturales, tertulias y exposiciones, muy activo en el Madrid de principios del siglo XX.
En 1945, su hija vendió el edificio al Instituto Nacional de Previsión — que suena raro, lo sé, pero se encargaba, básicamente de la atención sanitaria y de la protección social del momento –, y poco después fue sede del Ministerio de Trabajo.
Más adelante volvió a quedar en desuso hasta que, ya en 1982, fue adquirido por el Ministerio de Justicia, que emprendió una gran restauración en los años 80 para adaptarlo a oficinas públicas.
Desde entonces, el palacio ha mantenido su función institucional: hoy alberga dependencias como la Secretaría General Técnica y la Dirección General de Cooperación Jurídica Internacional.



En 1995 fue declarado Bien de Interés Cultural, y entre 2011 y 2012 se rehabilitaron el jardín y el invernadero.
Así que sí, querido lector, el edificio actual es el resultado de todas esas capas: la estructura y distribución original del siglo XVIII, los acabados y decoraciones del XIX, y las ampliaciones del XX.
Es uno de los pocos palacios madrileños que reflejan de forma tan clara la evolución de la ciudad y de su arquitectura, pero también el papel que tuvieron algunas mujeres en ese proceso. El caso de la duquesa de Parcent — adelantada a su tiempo, activa, y comprometida con la cultura — es un claro ejemplo.
Visitarlo — si se presenta la ocasión — es una forma genial de conocer Madrid desde otro prisma. ¡Es una visita muy recomendable!
Pero, y ahora sí te contestaré, ¿por qué se conoce como la Casa de los Siete Jardines? ¡Pues no tiene mucho misterio!
El nombre viene de su ubicación, ya que una de sus fachadas da a la actual calle de San Vicente Ferrer, que en el siglo XVII se conocía como la calle de los Siete Jardines, ya que muchas casas de la zona escondían huertos y jardines tras sus muros. Así de simple…


De paseo por dentro: ¡una sorpresa tras otra!
No sé a ti, pero a mí me pasa mucho con Madrid: entro en un edificio que por fuera no dice gran cosa y de repente aparezco en otro siglo. ¡Pues el Palacio de Parcent es justo así!
Desde la calle, parece una sede administrativa más, pero cuando cruzas la puerta…
Es verdad que no es nada muy espectacular (si ya conoces otros de los muchos palacios que tiene Madrid), pero tiene mucha personalidad y, como ya has visto, mucha historia.
Me parece precioso que tras tanto cambio, sus salones todavía conserven su decoración original y que su jardín — con lo difícil que es mantenerlos — siga ahí, resistiendo el paso del tiempo entre las oficinas de un ministerio.
Y ahora te dejo por aquí algunas de las cosas que encontrarás dentro del palacio si tienes la suerte de visitarlo por dentro. ¡No te lo pienses, llegado ese momento!
El vestíbulo y la escalera principal
Nada más entrar desde San Bernardo, te recibe una escalera que no es espectacular en tamaño, pero sí en equilibrio. Tiene forma de U, con una lámpara central y paredes decoradas con molduras, columnas y motivos clásicos.
¡Y un azul precioso! Empiezas la visita pensando: ¿pero cómo no conocía yo este sitio?
Un detalle curioso: la escalera no es completamente simétrica porque tuvieron que adaptarla a la forma de la parcela. Subirla tiene algo ceremonial (ojalá haber llevado un vestido largo puesto) y, desde luego, un toque muy peliculero.
En el techo hay frescos con querubines y, más arriba, retratos de figuras relevantes del ámbito jurídico, para que no olvides que, aunque es un edificio con muchísima historia, ahora también tiene una función práctica bastante presente.


El Salón de Baile
Es la joya del palacio. ¡No admito discusión!
Y no porque sea el más grande o el más lujoso, sino porque sigue guardando el carácter que tuvo desde el siglo XIX, cuando lo rediseñaron a lo francés. El techo (¡ay, el techo!) está decorado con escenas alegóricas pintadas por Pierre Victor Galland, que trabajó también en la Ópera de París.
Hay referencias a los cinco continentes, a la música, a las artes y a la idea de «civilización» de la época en la que se diseñó. Todo muy del gusto de las élites del momento.
El suelo es original, y si eres de mirar al suelo tanto como al techo (como yo), vas a flipar un montón. Dibujo geométrico, madera, bien conservado.
Y si te fijas bien y eres un pelín observador, verás que hay una puerta con el escudo de la Primera República. Sí, ese pequeño detalle sigue ahí, como un guiño a otra etapa del edificio.
Este salón sigue usándose para actos institucionales hoy en día, pero cuando lo ves vacío, te puedes imaginar perfectamente como habría sido asistir aquí a una fiesta del siglo XIX con vestidos hasta el suelo y conversaciones discretas tras los abanicos.
¡Muy Bridgerton, esa imagen!



La antesala (o antecámara)
Justo al lado del salón, hay una sala más pequeña que por su tamaño no está pensada para llamar la atención, pero que inevitablemente lo hace. ¡Y es que tiene espejos por todas partes!
Tal y como están colocados, estos espejos sirven para reflejar la luz y dar una falsa sensación de amplitud. Ideal para los lugares más reducidos, y para dar ese toque de dramatismo teatral tan característico de las casas señoriales de la época.
Además, aquí Galland también metió mano y la decoración gira en torno a símbolos de las estaciones, la música, la astronomía. Es un espacio de transición, pero cuidado al milímetro.
¡Una preciosidad!
La galería de inspiración romana
Columnas jónicas, simetría y un aire clásico que contrasta con el resto del palacio. La construyó Manuel de Iturbe a principios del siglo XX, siguiendo una estética neoclásica muy francesa pero con referencias romanas bastante claras.
En su momento, sirvió como una especie de galería privada de arte.
Aquí podríamos imaginarnos hileras de esculturas, cuadros, objetos decorativos y piezas de colección perfectamente expuestas. Un sitio «sencillo», pensado para mostrar sin presumir, que en esa época era casi una forma de presumir todavía más.
Una sala con falsa modestia, digamos.
Este es uno de los espacios que mejor muestra cómo fue cambiando el palacio según las modas y los dueños. Y también es uno de los más silenciosos: verás que al entrar enseguida la gente se calla (por razones que desconozco).



El patio, el jardín y el invernadero
Una de las cosas que definen a este palacio, como a muchos del siglo XVIII, es su distribución en torno a un gran patio central. Ese patio organiza el edificio y permite que haya luz natural en varias zonas.
Hoy está cubierto por una estructura de hierro y cristal que conecta las galerías y lo convierte en un espacio de paso, pero sigue cumpliendo su función original: abrir el edificio hacia dentro.
Al fondo, ya fuera del cuerpo principal del palacio, se encuentra el jardín.
Es un jardín urbano con cierto aire decimonónico. No tiene grandes fuentes ni esculturas, pero sí árboles antiguos, parterres y un trazado muy sencillo. Fue restaurado entre 2011 y 2012, en una intervención que también recuperó el invernadero, que llevaba años en mal estado.
De hecho, el invernadero es probablemente uno de los elementos más singulares del conjunto. Tiene estructura de hierro y cristal y forma de exedra, es decir, semicircular. No es muy grande, pero es importante por ser uno de los pocos de su época que aún se conservan en Madrid.
Lo más habitual es verlo cerrado, ya que el acceso no está abierto al público, pero desde el jardín se puede ver bien la estructura y ya solo por eso vale la pena acercarse.
En conjunto, esta parte del palacio refleja bastante bien el ideal de residencia urbana con jardín privado, que era muy común entre la nobleza del siglo XVIII y XIX. ¡Uno de los pocos palacios que todavía quedan en pie con esa disposición intacta!



Informacion práctica
Al formar parte de un ministerio, el Palacio de Parcent no es un museo que está abierto todos los días. Por eso merece la pena estar al tanto de los pocos días al año que sí que abre sus puertas al público general.
En este apartado te dejo toda la información necesaria para que, como yo, también tengas la oportunidad de visitar su interior. ¡Allá va!
¿Cómo llegar?
El Palacio de Parcent está en una zona muy céntrica de Madrid, así que llegar es súper fácil.
Se encuentra en la calle San Bernardo número 62, en el barrio de Universidad — más conocido como barrio de Malasaña –, y lo ideal es llegar en transporte público (o caminando si estás por la zona).
Si vienes en metro, tienes varias estaciones cerca, como la de Noviciado (línea 2) a tres minutos andando, la de San Bernardo (líneas 2 y 4), la de Santo Domingo (línea 2) o la de Callao (líneas 3 y 5).
En autobús, paran cerca — sobre todo en Gran Vía o San Bernardo — las líneas 3, 44, 147, 1, 2, 133 y 138.
Finalmente, si quieres venir en coche (no te lo recomiendo) debes saber que se encuentra en zona de Madrid Distrito Centro, así que necesitas tener etiqueta ambiental.
Excepto que tu coche sea ECO, no podrás aparcarlo en esta zona y lo más práctico será dejar en un parking público cercano, como el Parking Santo Domingo, el Parking Isabel La Católica o el Parking Plaza de España.



¿Se puede visitar?
Como ya te he dicho, por ahora no está abierto al público, ya que sigue siendo un edificio institucional.
Sin embargo, existen programas especiales en la Comunidad de Madrid que permiten acceder a su interior, como el programa «¡Bienvenidos a Palacio!», iniciativa de la que forma parte desde 2023.
Normalmente, la convocatoria se abre a principios de septiembre (el día 3, en 2025) y puedes inscribirte gratuitamente online en esta página para reservar tu visita. ¡Eso sí! Las plazas son súper limitadas y se agotan enseguida, así que te toca estar atento y apuntarte cuanto antes.
Y ahora dime, ¿lo conocías? ¿Has tenido la oportunidad de visitarlo por dentro en alguna edición?
Si aún no lo has hecho, quizá este post te haya dado un buen empujón para anotarlo en tu lista para la próxima. ¡Te leo en los comentarios!
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3 Comments
Ángela Ramos
Ohhhhh que bonito es!!! Recuerdo nuestra tarde de visita…. Es espectacular y recuerdo cada paso q dimos. Esas habitaciones una, detrás de otra… Como un pasillo ancho… Donde antaño tb se representaban obras de teatro o se leía poesía o se hacían exposiciones… Para sus invitados.
QUIERO MÁS VISITAS A MÁS PALACIOS… ESTO ES UN VICIO 😜😂
Gracias Amada por llevarme y enseñarme nuestro Madrid… ES ESPECTACULAR y lo tenemos todo a tiro piedra… Que gran desconocida es esta ciudad!!!
María
¡Este me encantó! Pasar tantas veces por delante y no saber lo que escondía… 😍
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