La Rioja

Descubre la Concatedral de Logroño: ¿por qué se la conoce como ‘la Redonda’ si no lo es?

Logroño es mucho más que tapas y vinitos en la calle Laurel.

Basta con levantar la vista en la Plaza del Mercado para encontrarse con una de las joyas históricas de la ciudad: la Concatedral de Santa María la Redonda.

Su imponente (y muy bonita) fachada barroca, flanqueada por dos torres gemelas, domina el casco antiguo. ¡Es dificilísimo no verla!

Pero si te has parado a mirarla bien (y te has hecho la misma pregunta que yo), seguramente te haya sorprendido algo: ¿por qué se llama «la Redonda» si no tiene nada de redonda?

En este post respondo a esto y, además de darte una vuelta por el templo, te cuento muchas otras cosas que quizá no conocías sobre este emblemático edificio logroñés.

Pero para ello… ¡Tenemos que empezar hablando de su historia!

De templo medieval circular a concatedral barroca

El sobrenombre «la Redonda» no es ninguna rareza inventada, y es importante empezar por aquí este apartado. ¡Tiene más de 900 años de historia!

El origen está en una iglesia anterior a la actual, construida en el siglo XII, que tenía una planta románica octogonal. Era pequeña, sencilla y estaba ubicada fuera del centro urbano de aquel entonces, en una zona de arrabal separada del trazado oficial del Camino de Santiago.

Aun así, formaba parte del entramado religioso que surgió con fuerza cuando el rey Alfonso VI de León, en 1095, concedió a la zona un fuero franco para favorecer el asentamiento de nuevos pobladores y peregrinos.

En ese contexto, Logroño empezó a crecer, y con él, también su red de iglesias. Se construyeron varios templos clave, como Santa María de Palacio, Santiago el Real, San Bartolomé… y, por supuesto, Santa María de la Redonda.

La pequeña iglesia ocupaba aproximadamente la mitad del espacio que ocupa el templo actual, y estaba inspirada en otras construcciones similares del Camino navarro, como las de Eunate o Torres del Río, con forma poligonal y un uso claramente vinculado al culto mariano.

Con los años, la importancia del templo fue creciendo, en paralelo al desarrollo urbano.

En 1431, Logroño fue reconocida como ciudad. Y solo cuatro años después, en 1435, esta iglesia se convierte en colegiata, al fusionarse con la Colegiata de San Martín de Albelda.

Este fue un punto de inflexión, ya que a partir de entonces el templo empezó a ampliarse y a tomar forma como el gran edificio que vemos hoy. ¡Y su planta redonda desapareció para siempre!

El estilo románico dio paso al tardogótico — muy habitual en el norte peninsular –, aunque no quedó ni un resto del edificio original. Lo único que permaneció fue el sobrenombre.

Durante el siglo XVI, se construyó el cuerpo principal de la iglesia. En este momento empieza la historia del templo actual. Eso sí, no fue hasta el siglo XVIII que llegó la gran transformación exterior, añadiendo la portada barroca que vemos hoy y las torres gemelas.

En paralelo, Logroño seguía reforzando su papel como punto clave del Camino de Santiago. El antiguo puente sobre el Ebro, atribuido a Santo Domingo de la Calzada y San Juan de Ortega, hizo de paso natural para los peregrinos. ¡Una ciudad importante!

En 1931, fue nombrado Monumento Nacional y en 1959, bajo el papado de Juan XXIII, el templo dejó de ser colegiata para convertirse en concatedral. Este título solo lo comparten en La Rioja las iglesias mayores de Calahorra y Santo Domingo de la Calzada.

Desde entonces, Santa María de la Redonda forma parte del trío principal de sedes episcopales de la diócesis riojana. ¡Y a mí solo me queda por conocer una de ellas!

El interior: belleza y arte al alcance de todos

Nada más entrar en la Concatedral, lo que te encuentras es un espacio amplio, limpio y muy equilibrado. Las tres naves, a la misma altura, avanzan en paralelo y están cubiertas por bóvedas de crucería estrellada, que se apoyan en columnas redondas.

Es un estilo gótico tardío, de los tiempos de los Reyes Católicos, con una estructura clara y bien proporcionada. Una preciosidad.

Además, entre los muros verás pequeñas capillas que se abren entre los pilares. Cada una guarda algo distinto: tallas, retablos, pinturas o rejas forjadas. Muchas de las piezas llegaron aquí desde otros templos y se han conservado con mucho cuidado.

A continuación te detallo algunos de los espacios que merecen ser observados con mayor detenimiento. ¡Vamos allá!

La falsa girola

Detrás del altar mayor hay una ampliación del siglo XVII que imita un deambulatorio, aunque en realidad no lo es. Se construyó para dar más presencia al templo cuando se convirtió en concatedral.

Lo que ves hoy es una estructura rectangular con tres capillas cubiertas por cúpulas. Cada una tiene su estilo, y todas están conectadas entre sí.

En la capilla sur está el sepulcro del obispo Pedro González del Castillo. Era un hombre culto, con muchos contactos en Roma, que reunió varias obras para decorar su lugar de descanso. Algunas se perdieron con las reformas, pero aún se conservan elementos de gran valor.

Muy cerca está una de las piezas más conocidas de la concatedral: un pequeño Calvario atribuido a Miguel Ángel (aunque su autoría no está demostrada, que conste). Eso sí, para verlo bien tendrás que activar su luz con una moneda.

Está guardado detrás del altar mayor, casi escondido, y si no sabes que está ahí, es fácil pasar de largo. ¡Fíjate bien!

El mausoleo de Espartero

En otra capilla de esta zona descansan los restos del general Espartero y su esposa, Doña Jacinta Martínez de Sicilia.

Es un mausoleo del siglo XIX, sobrio y grande, que llama la atención por lo inesperado: no es habitual encontrar una tumba así en una iglesia.

La capilla de Nuestra Señora de los Ángeles

Al fondo del templo, casi como una iglesia dentro de la iglesia, está esta capilla del siglo XVIII. Es de planta octogonal y se accede por unas puertas de cristal.

Dentro, una cúpula pintada al fresco muestra la Asunción y la Coronación de la Virgen. En el altar hay una imagen antigua de la Virgen con el Niño, muy bien conservada.

Todo el conjunto tiene una decoración rica, pero sin muchos excesos. ¡A mí es la zona que más me gustó!

El coro, su sillería y órgano

Al fondo de la nave central, justo antes de llegar a la capilla de Nuestra Señora de los Ángeles, se encuentra el coro. Está cerrado por una reja barroca y tiene una sillería de nogal del siglo XVI preciosa.

Los asientos bajos están decorados con motivos arquitectónicos, mientras que los altos muestran bajorrelieves de santos tallados con todo lujo de detalles.

Y justo encima de la sillería, se alza el órgano de la Concatedral. Un instrumento impresionante, tanto por su tamaño como por su sonido.

Eso sí, lo que no se ve es lo más sorprendente: en su interior, el órgano esconde un auténtico bosque de tubos. Nada menos que 2.678, que permiten una variedad enorme de timbres y registros. ¡Tocarlo (y escucharlo, por supuesto) debe ser una auténtica experiencia!

De hecho, por si te interesa, cada 1 de enero se celebra un concierto de órgano con entrada gratuita, organizado por el Ayuntamiento junto a una asociación local. ¿Planazo de Año Nuevo?

El retablo mayor

Preside el templo un gran retablo barroco, terminado en 1668. No es de los que abruman por su tamaño o por la cantidad de figuras. Al contrario: hay mucho relieve decorativo, pero pocas esculturas.

En el centro se representa el Árbol de Jessé, con una Virgen del siglo XV en lo alto. A los lados, San Pedro y San Pablo, y arriba, Cristo crucificado.

Las capillas laterales

En los laterales de la iglesia, entre los contrafuertes, hay otras capillas más pequeñas. Algunas tienen imágenes muy antiguas o pinturas de gran valor.

Hay también reliquias y piezas que llegaron desde antiguos monasterios de la zona. Si te gusta explorar sin seguir un orden, este paseo entre capillas es ideal para ir perderse un poco dentro del templo.

Y por favor, no olvides admirar las rejerías. ¡Son una maravilla en sí mismas!

Las dos torres… ¿pero gemelas?

Si hay algo que define el perfil de Logroño desde hace más de dos siglos son las dos torres de la Concatedral. Están ahí, en lo alto, marcando la silueta de la ciudad.

Para muchos, son como el cartel de bienvenida que ve el viajero al llegar. Y sí, se las conoce como «gemelas», pero en realidad no lo son.

A simple vista parecen idénticas. De hecho, seguro que si alguien las intercambiara de sitio durante la noche, pocos notarían la diferencia. Pero basta fijarse un poco más para descubrir que no tienen exactamente la misma altura: la torre norte (San Pedro) mide 56 metros, mientras que la sur (San Pablo) se eleva hasta los 58,15m.

Ambas comenzaron a construirse en 1742, sobre lo que antes eran unas espadañas mucho más modestas. La obra se llevó a cabo durante 14 años y, desde que se terminaron en 1756, no han dejado de vigilarnos desde las alturas.

Y en ellas, las campanas, que suenan cada día pero que se hacen notar especialmente en fiestas. La más grande es la María, colocada en el siglo XVIII en la torre sur. Pesa 2.300 kilos y, cuando hizo falta restaurarla hace unos años, no hubo forma de bajarla por su tamaño.

¡Tuvieron que trabajar con ella allí mismo, entre andamios y poleas!

A su alrededor están otras como la Trinidad, San Francisco de Asís o la Sagrada Familia. ¡En total son 12!

Detalle curioso extra del exterior: en uno de los muros laterales de la iglesia hay un reloj muy peculiar. Tiene tres esferas independientes, una para horas, otra para minutos y la tercera para segundos. ¡Increíble!

Información práctica

Para que no te quedes con ninguna duda, aquí tienes todo lo que necesitas saber con antelación para visitar la Concatedral sin problemas.

¿Cómo llegar?

La Concatedral de Santa María de la Redonda está en pleno casco antiguo de Logroño, entre la Plaza del Mercado y la calle Portales, una zona ideal para recorrer a pie, perfecta si ya estás cerca o quieres combinar la visita con un paseo por el centro.

También puedes llegar fácilmente en autobús urbano, usando las líneas 2, 5, 7, 9 y 10, o en taxi.

Si vas en coche, el parking del Espolón queda muy cerca. La entrada principal está en la fachada sur por la calle Portales, y es totalmente accesible.

Horarios y tarifas

En cuanto a los horarios, varían un poco dependiendo de lo que quieras hacer en el interior.

Si quieres entrar a rezar o asistir a misa, el templo abre todos los días de 08:30 a 13:00 y de 17:00 a 21:00. Si, por otro lado, lo que quieres es visitarla como turista, puedes hacerlo todos los días de 10:00 a 13:00 y de 17:00 a 20:00, excepto los domingos y festivos por la mañana.

La visita puede durar lo que tú quieras que dure, pero si quieres fijarte bien en los detalles y dar una buena vuelta, necesitarás al menos media hora para ello (hay audioguía disponible, si la quieres).

Y me he dejado lo mejor para el final: ¡entrar es gratis! Un plan genial y low cost, para que puedas ahorrar unos euros y luego disfrutar tomándote algo por el centro con ellos.

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